sábado, febrero 23, 2013

El sueño de una urbanita, el Camino de Santiago

10,24 kms.

El domingo por la mañana la pereza se sujeta a mis legañas y mis pestañas se entrelazan para impedir que abra los ojos. Entre bostezo y bostezo recuerdo la cena entre amigos, la sidra escanciada con un aparato supersónico, el vino blanco, el lambrusco, las risas, las copas, las historias... De pronto me quedo sin respiración y mi mente revive cómo la emoción nos embriagó y el optimismo se desbordó. Las palabras retumban aún entre mis neuronas: "Perfecto, en mayo hacemos el Camino de Santiago, un mínimo de 100 kilómetros, 25 kilómetros diarios. Venga, ¿quién se apunta?" Los hombres no se lo pensaron dos veces y decidieron ser los conductores del coche-escoba (¡cobardes!). El sector femenino, en cambio, mostró una gran disposición repleta de optimismo. "¡Me apunto, me apunto!" ─grité entre sorbo y sorbo del gin-tonic─ . Antes de atragantarme por el entusiasmo maticé mis condiciones, recorreríamos el Camino de Santiago con un puntazo de glamour: sin mochilas pesadas, las noches en un buen hotel y de vez en cuando, un ribeiro.
Ha pasado la semana y el miedo se ha agarrado a mi ser: ¡pero cómo se me ocurre hacer el Camino con Cristina, una experta en maratones, una máquina de correr; Blanca, que está todas las semanas practicando spinning y Nuria, adicta a las grandes caminatas. Y ahí estoy yo, jugadora de pádel, con mis kilos de más, dos pies operados, con el tornillo que se cayó de mi cabeza acoplado en uno de mis pies, alergia, asma y otros desperfectos que prefiero no nombrar.
El lunes se asomó a mi ventana lluvioso y gris, un antiglamour que me obligó a desistir de mi entrenamiento matutino. La semana se escapó entre el frío y la fina lluvia que arrastraba mi fuerza de voluntad. Hoy sábado, por fin, mi estrés me ha empujado hasta la puerta, me he colocado mi fitbit (un aparatito súper snob que mide todo: calorías, kms, pasos...) en el sujetador y he partido rumbo al infinito. ¡He caminado diez kilómetros! Soy la caña, pero, ay, no me puedo mover...
(Continuará, o no) 

viernes, febrero 22, 2013

La vaca Peña Tojo



Siempre me han encantado las vacas, pero descubrir que una vaca se llama "Peña Tojo" me empieza a mosquear... ¿Querrá ligar el ganadero conmigo?, ¿existirá un cierto parecido físico entre nosotras? ¡Pero si encima es un semental de leche! ¡Muuu!, cuántas dudas.
Y ahora que lo pienso: ¿el cuadro de la vaca que me regalaron estas Navidades será un retrato de la vaquita "Peña Tojo"?
Ay, estas intrigas vaquerizas me están matando.