jueves, diciembre 03, 2015

Más que una amiga, una cabrona. Te odio

Ya no me engañas. Te he aguantado muchos años, te he sufrido y ya estoy más que harta. Te odio. Todas las mañanas te engatuso para que me hagas feliz, para que me engañes un poquito, no mucho, sólo lo justo para salir de casa con una gran sonrisa. Pero tú no puedes, tú tienes que ser sincera, escupirme a la cara la realidad y, querida falsa amiga, hundirme en la miseria. Te odio.
Hace quince días fui feliz. Te quedaste sin energía y decidí hacerte sufrir. Ahí te quedas, monina. Paso de ti. Me zambullí en la felicidad y regalé a mi ser mil placeres. Descontrol absoluto. Por la mañana me levantaba feliz, sin cargo de conciencia por no tener que subirme sobre ti, asquerosa balanza del baño que me ha amargado toda mi vida. Sí, te quedaste sin pilas y decidí no cambiarlas hasta después de Navidad. ¡Locura gastronómica, alcohólica y lujuriosa! Desenfreno cárnico hasta hoy, el día que he sacado un jersey de invierno del armario y he tenido que ceñir mi cuerpo exceso en esa lana que apretaba mis pechos y michelines. ¡Por Dios!, he gritado al verme reflejada en el espejo y te he oído, sí asquerosa amiga, he escuchado tu risa de báscula. Te odio, has ganado la batalla: ¡he comprado pilas para que me tortures! Pero hasta mañana gozaré de mi vino, mis quesos y te haré sufrir un poco más, cabrona.
Te odio, pero nunca olvides que mi autoestima es más fuerte que tú, querida.

martes, diciembre 01, 2015

Negras lecturas


Me atraen las mentes enrevesadas que imaginan historias complejas, que matan y generan intriga. Adoro la novela negra que me sumerge en el lado oscuro y me hace navegar por complejos cerebros que maquinan maldades. Este otoño estoy negra.  
  • "Alex", de Pierre Lemaitre
    La angustia se vive desde el principio de la novela hasta que de pronto un giro de volante desbarata tus pensamientos y te mete a empujones en una historia aún mejor. Una más que recomendable lectura. La más negra y seductora del otoño.
  • "Revival", de Stephen King
    Qué decir de este autor que ha marcado mi vida. "Misery", un clásico imprescisdible. "Verano de corrupción", una pasión... King y su imaginación desbordante y siniestra acaparan al lector con una historia que se traslada a lo largo del tiempo por un hilo conductor eléctrico. Un pastor evangélico, un mago del ilusionismo, un predicador que sana a los enfermos... Y de fondo, la música y la admiración como motor.
  • "Tiempos de hielo", de Fred Vargas
    Hay amigos que nunca se olvidan y te ilusiona volver a encontrar. Adamsberg, de la Brigada Criminal de París y el comandante Danglard deben descifrar unos misteriosos suicidios vinculados a un grupo admirador de la Revolución Francesa y, sobre todo, de Robespierre. Entre medias, el Círculo Polar, la nieve, herencias, amores y maltrato. Una historia para los amantes de esta escritora que en esta ocasión no me ha atrapado con su fuerza habitual.
    "Vive unos días para pensar en mí. Duerme para soñar conmigo. Adiós. Ese mismo día al mirarte gozaré con tu terror"
  • "Nieve y neón", de Jesús Ferrero
    La novela se desarrolla en la época de la caída del Muro de Berlín, de la apertura de frontera y el cambio de vida. La ciudad es un hervidero pero en el punto de ebullición se encuentran tres mujeres. Agatha, la muchacha que recorre en bici la capital; su madre, una cabaretera, y su tía, enamorada de un asesino que quiera abandonar la delincuencia. Muertes, casualidades, persecuciones, un perturbado sexual...
    "Lo peor de nuestra vida se puede mezclar indisolublemente con lo mejor"
  • "La costilla de Adán", de Antonio Manzini
    El subjefe Rocco Schiavone, relegado de Roma a Aosta por intentar defender la justicia, descubre que tras un suicidio se esconde un asesinato. La trama para resolver el caso nos desvela el carácter de Rocco, sus debilidades, su dolor, su intuición y su peculiar manera de aplicar la ley. Pon un subjefe en tu vida.
    "La vejez es la venganza de los feos. Porque es una capa de barniz que mata toda la belleza y reduce a cero las diferencias."
  • "La luz que no puedes ver", de Anthony Doerr
    Dos historias en la II Guerra Mundial. Marie-Laure, una niña ciega que vive en París y Werner, que habita en un orfanato alemán. Ella debe huir de la ciudad y proteger un secreto. Él se convierte en un experto en la construcción de radios. La trama se desarrolla en época de guerra y necesidades, pero engancha al lector por mantener los sueños, las esperanzas. Una gran lectura. 
    "Hay cierto tipo de penas que jamás cicatrizan"
ANTIGUAS CRÍTICAS

P.D.: Mil gracias a Antonio Fontana por sus recomendaciones y mimos literarios. 

martes, octubre 13, 2015

Oye, Patxi, que me he "enamorao"

Una iluminada, en la Alhóndiga, Bilbao
No lo niego: mi cabezonería me impedía ir al País Vasco ─la única zona de España que aún no conocía─. Pero, ay, Patxi, que como estoy muy harta del nacionalismo catalán y Artur (para mí siempre será Arzur), dije a mis hombres "olé mis cojones, nos vamos para allá". Y, ay, Patxi, qué sorpresa, más bien sorpresón. Joder con Bilbao, que me ha "enamorao". Qué ciudad, hostia tú, con su Guggenheim, su Alhóndiga, su Puente de Vizcaya, su funicular y, oye, lo mejor, su gente. ¡Qué simpatía! Por no hablar de los pintxos, el chacolí, el casco histórico... Oye, Patxi, que San Sebastián también me ha gustado con su Playa de la Concha, el Monte Igueldo, el Peine del viento (que nos lo imaginamos porque lo están rehabilitando y no se puede ver), la Calle 31 de agosto repleta de bares y buen comer. Ahora, Patxi, que al corazón, corazón, me ha llegado Bilbao con su paseo alrededor de la ría Nervión. Y como yo soy muy gata, de Madrid, Madrid, y para mí todo está al lado, pues oye tú, que nos pateábamos 15 kilómetros diarios para conocer la vida de la calle, vuestras casas con sus balconadas, las estatuas y los monumentos. Hostia tú, que además Alonso reservó en un hotel de locura, pegadito al puente Calatrava, y caíamos rendidos y los niños felices como perdices (como anchoas, que estamos en el País Vasco). Joder, Patxi, qué paisaje, qué verdor... Hostia tú, que me he "enamorao".


Bilbao: Puente Vizcaya, Museo Guggenheim y la piscina del techo de la Alhóndiga

Vista panorámica de Bilbao y su centenario funicular

En San Sebastián, Playa de la Concha, la catedral y una escultura de la Calle 31 de agosto

Más imágenes en https://instagram.com/emmaptojo



lunes, octubre 05, 2015

Cine, teatro y amigos


Al inicio de la película "Irrational man" Joaquin Phoenix se arrastra por el celuloide con la petaca de whisky a su vera ─su fiel amiga─, su carácter amargado y su barriga cervecera hasta que poco a poco se transforma en otro personaje, en alguien con carisma y, sobre todo, con una meta en su vida. 
Es viernes por la tarde, no tengo que ir al trabajo y me concedo uno de mis caprichos: ir al cine para disfrutar de Woody Allen y su nueva película. Un momento de soledad ante un fin de semana repleto de actividades.
El sábado se asoma con una leve llovizna y nubarrones negros. Un susto pasajero que no nos impide degustar la sabrosa fideuá en casa del chef Raúl y Elena, la última del verano, con el resto de amigos, las risas y los gin-tonics. A las ocho Alonso y yo cruzamos nuestras miradas, tenemos que irnos, nos esperan unas butacas, mi regalo de cumpleaños. El coche recorre las calles de Madrid ─qué maravillosa es mi ciudad con sus luces, sus edificios y monumentos─. En el Teatro Cofidís Alcázar gozamos con la fantástica obra "El nombre" y las interpretaciones de lujo de Jorge Bosch, Antonio Molero, Amparo Larrañaga, Kira Miró y César Camino. La cautiva magia del teatro. 
El domingo, comida con los primos de Alonso. La excusa perfecta para volver a saltarme la dieta por segundo día consecutivo, descubrir misterios familiares y una foto de hace 80 años que acaparó toda la atención y nos invitó a jugar al "quién es quién".
Ahora, para descansar, me voy a trabajar porque hay fines de semana que los astros se conjuran y las fuerzas se desvanecen.
¡Feliz semana!

domingo, septiembre 27, 2015

Sueños de verdad con Dani Martín


Hay noches que se convierten en un sueño y entre dulces codazos se abren un hueco fijo en el laberinto de los recuerdos y en el corazón. Anoche fue una de ellas. La voz de Dani Martín llegó a mis oídos de la mano de mi hermano Pepe en 2005, un verano con la banda sonora de “Zapatillas” retumbando en el jardín: música española, la que me gusta, la que me hace sentir, la que entiendo. Con los años me enamoré de sus letras y mi hijo Diego, entonces un bebé, educó sus oídos con sus canciones. Este año, el tiempo vuela, Diego ha cumplido 16 años (“16 añitos”) y qué mejor regalo que acudir los dos, madre e hijo, al concierto “La cuerda floja” de Dani Martín, un cantante que aúna generaciones alrededor de su arte. En la Plaza de las Ventas, en mitad del ruedo, cantamos como locos, gritamos, saltamos, bailamos, reímos y yo ─soy así, no lo puedo evitar─ lloré en varias ocasiones. Lágrimas de emoción y felicidad. Rebusco palabras en mi cabeza para intentar hilar mis recuerdos con cordura y educación, pero solo se me ocurre escribir que joder qué noche en mi Madrid, con ese “peazo” madrileño que adora los boquerones en vinagre, las birras y al Atlético de Madrid, con mi hijo al lado y la luna sobre nosotros. Acojonante.





PD. Mil gracias a ese amigo que me consiguió lo imposible.

#yoestuvealliytuno

jueves, septiembre 24, 2015

Mil gracias


Me siento como el emoticono de la gran sonrisa: feliz por vuestras felicitaciones, querida por haber acaparado un instante de vuestra vida, orgullosa de teneros y quereros. Mil gracias.

martes, septiembre 08, 2015

Mis tréboles de cuatro hojas

El césped abarca la inmensidad, la amplia extensión verde es hipnótica, muevo las hebras, observo con detenimiento hasta que de pronto ocurre el milagro, después de mucho tiempo y miles de intentos frente a mí aparece el tesoro mágico: un maravilloso trébol de cuatro hojas. Emoción a flor de trébol. Lo arranco con mimo, lo llevo a casa y lo introduzco entre las hojas de un libro grueso para que se seque y así conservarlo de por vida.
La amistad es similar. Vivimos en un campo lleno de personas y solo algunas se convierten en especiales, en amigos de verdad, en tesoros que hay que cuidar con esmero porque por el camino aparecen azadas, cortacéspedes o alimañas que en ocasiones destrozan los tréboles.
¿A cuento de qué viene este golpe sentimental? Tal vez, y solo es una suposición con visos de afirmación, este fin de semana he compartido un momento muy especial con varios tréboles de mi vida. Instantes que no se pueden contar pero que sabes que tienen un hueco especial en la memoria que jamás podrás olvidar. Esos tréboles secretos que es mejor mantener en el anonimato general y en mi corazón particular.

lunes, agosto 31, 2015

Por el placer de leerte


El vicio de la lectura es como el amor, inexplicable, pero ambos me hacen sentir, reír, suspirar, llorar... En estos últimos meses he temblado de miedo, amado, sufrido y me he llevado alguna que otra decepción literaria. 
  • "El amante japonés", de Isabel Allende.
    Amores y desamores en la ciudad de San Francisco, cartas del pasado que reviven los deseos de juventud, amantes secretos que mantienen la pasión a lo largo de su vida, dolor que te hace huir... Como siempre, Isabel Allende es una apuesta segura.
    "Todos tenemos demonios en los rincones oscuros del alma, pero si los sacamos a la luz los demonios se achican, se debilitan, se callan y al final nos dejan en paz"
  • "No está solo", de Sandrone Dazieri.
    Un auténtico thriller repleto de golpes de efecto. Una historia con sufrimiento y tensión que te atrapa desde la primera página. Altamente recomendable.
  • "Música para feos", de Lorenzo Silva.
    Silva abandona a Chamorro y Bevilacqua para adentrarse en una historia de amor entre un hombre maduro y una mujer joven. Dos desconocidos que se topan una noche y nace una relación con un secreto que planea sobre ellos. Una novela con mucha sensibilidad.
    "Cuando nadie te quiere, siempre te queda la opción de quererte un poco tú" 
  • "El mal camino", de Mikel Santiago.
    Intriga y suspense en la Provenza. Un escritor de éxito, una estrella del rock en declive, nuevas amistades y muertes muy, pero que muy sospechosas. Gran tensión.
    "Déjame que te cuente algo del insomnio: es solitario. La ciudad entera duerme y tú eres como un búho con los ojos abiertos"
  • "La chica del tren", de Paula Hawkings.
    La novela del verano: el paisaje desde el tren, Rachel ─alcohólica con una gran imaginación, en paro y abandonada─, una mujer que desaparece, un matrimonio repleto de secretos, un mentiroso compulsivo... Lo mejor, leerlo.
    "No puedo arriesgarme a mirar atrás. Eso es siempre una mala idea."
  • "Las sirenas del invierno", de B. J. Zitwer.
    Hacía tiempo que no leía el típico novelón rosa, pero al final lo terminé. Lo mejor, descubrir los parajes donde vivió J. M. Barrie, el autor de "Peter Pan". 
    "Me gusta cocinar, pero solo para la gente que me cae bien"
  • "Setecientos millones de rinocerontes", de Manuel Vilas. Novela original compuesta por distintas historias. Un libro extraño que me ha gustado, aunque no me atrevo a recomendar a todo el mundo. Me ha aportado un nuevo conocimiento: la abada es la rinoceronte hembra.
Ahora, entre mis manos y mi Kindle, me tiene atrapada "La luz que no puedes ver", de Anthony Doerr. 


Libros que mejor olvidar
  • "La templanza", de María Dueñas.
    Los libros te tienen que enganchar y en este caso me ha costado, me ha parecido una historia lenta y pesada. Después de leer tres libros suyos se acabó nuestra relación.
  • "El peso del corazón", de Rosa Montero.
    Como articulista me encanta y su libro anterior me encandiló. Empecé a leer su nueva novela emocionada hasta que descubrí que era ciencia ficción, un género que no despierta mi interés y abandoné la lectura.

miércoles, agosto 26, 2015

El ventilador asesino


─Me gusta ─digo en voz alta mientras las aspas giran y mueven el aire levantino.
─¿El qué? ─pregunta mi Alonso que nunca sabe a qué me refiero cuando hablo sola.
─El ventilador de techo. Creo que voy a poner uno en nuestra habitación de Madrid.
─No sé, seguro que alguna vez ha caído un ventilador y ha matado a alguien...
Le miro emocionada, estiro el brazo hasta la mesilla, cojo el móvil, abro Google y busco "muerte por ventilador". El buscador localiza 180.000 resultados. Mi sueño desaparece y empiezo a navegar por la red como una loca y descubro la historia del "ventilador asesino".
Cuenta la leyenda que en Corea del Sur creen que si un ventilador está enchufado en una habitación cerrada causa una muerte instantánea. Es tal la creencia coreana que hasta los médicos recomiendan abrir una ventana o una puerta mientras giran las aspas del ventilador eléctrico como medida preventiva para evitar náuseas, asfixia, parálisis facial y, en último extremo, la muerte.
No sé si será verdad, pero desde que me he enterado cada noche que duermo con el ventilador encendido soy incapaz de cerrar el ojo si la ventana no está abierta porque, seamos realistas, más vale prevenir que enterrar. 

Otras muertes que me causan inquietud:
Desajuste mortal 

miércoles, agosto 05, 2015

Mal de amor

Hay amores que empiezan con mal pie (literal) y el nuestro fue así desde el principio. Nunca surgió el desamor porque nunca hubo amor entre nosotros: solo una compleja relación para mantener el equilibrio y pisar con garbo.
Cuando era joven me ruborizaba de vergüenza si alguien veía mis horrorosos pinreles que, por obra y gracia de la genética, heredaron los antiestéticos juanetes de mi abuela. Hiciera frío o calor, los ocultaba dentro de calcetines multicolores para que nadie contemplara su fealdad.
Con poco más de veinte años me operé del pie izquierdo y me convertí en el sueño erótico de los filibusteros del mar del Norte por la enorme cicatriz que rasga mi piel desde el tobillo hasta los dedos. En el interior, un tornillo sujeta mi hueso, pero es tan aburrido que ni siquiera pita cuando paso por los arcos de seguridad en los aeropuertos. Una desilusión.
Las técnicas de cirugía mejoraron y la operación del pie derecho no dejó ninguna marca sobre mi piel. Una desilusión para los piratas.
Una mañana noté la pena de mis pies. Se sentían solos, odiados, sin amor. Los miré con ternura, les pinté las uñas y asumí que eran míos, que los tenía que cuidar, enseñar y amar.
Este verano el pie derecho y su esguince se han convertido en los protagonistas de mis vacaciones y, aunque lo sufra, no paramos de conocer fisioterapeutas, darnos baños en el agua, pasear por la playa y beber tintos de verano. Mis pies y yo, un auténtico amor, aunque duela.

La juerga del verano: mi pie, mi esguince y yo

sábado, agosto 01, 2015

Nunca seré una espía

Momentos de recuperación I
¿Cómo es posible que después de una persecución, tropecientas caídas, puñetazos y disparos el protagonista de cualquier película de acción esté al día siguiente fresco como una lechuga? Es imposible, un mero recurso cinematográfico... ¡Por Dios, que yo he sufrido un absurda caída y me siento como una mierdecilla con rizos! ¡Una auténtica birria! (no birra, que sería un placer).
Vamos, que además de estar convaleciente por mi esguince tengo que asumir que jamás podré ser la súper agente 008 con licencia para matar. Con la ilusión que me hacía. En fin, me consolaré con ser la agente 008 con licencia para amasar y rematar bizcochos a 200°. Qué pena, penita, pena, Peña.

PD: Mil gracias a los que me están mimando para acelerar mi recuperación. Y en especial a la "mia mamma" por ser el "o sole mío".

Momentos de recuperación II


jueves, julio 30, 2015

Menuda mala pata

Qué mala pata, pirata

Pasear por el pantano de La Jarosa (Guadarrama), trepar por las montañas con mi hijo Álvaro, reír... El día serrano se antoja perfecto hasta que de vuelta hacia el coche, con el sudor recorriendo mi frente, sueño con la cerveza que me voy a tomar en la terraza que está junto a la ermita. Imagino cómo se desliza el líquido amarillo por el grifo, cómo la espuma empieza a burbujear, cómo el frío calma mi calor... Me imagino..
–¡Ayyyyy!
–¡Mamá, qué haces en el suelo!
–¡Me he caído! 
–¿Te has hecho daño?
Siento el esguince vibrar en mi tobillo, el dolor, la rabia por una caída tan absurda al borde de la carretera.
–No es nada, tranquilo –miento para ocultar mi preocupación por llegar hasta el coche, conducir hasta casa e ir al ambulatorio.
Pese al dolor, lo logro y mi hermano Pepe me lleva a urgencias con mi pie izquierdo calzado con una zapatilla de deporte, una chancla en el derecho y mis mallas negras ceñidas a los muslos. Puro antiglamour.
El diagnóstico no tarda en llegar: esguince. Tratamiento: pierna vendada, antiinflamatorios, reposo absoluto, muletas y mucha mala leche.
Ay, las vacaciones, ese periodo estival que te hace descansar por mandato médico y soñar con la cerveza de grifo. ;-)

Embalse de La Jarosa, antes de la caída


martes, julio 28, 2015

En el nombre de EMMA



Confieso que cuando leo o escucho "Emmita" o "Emmurri" no puedo evitar sonreír. Solo me llaman así las personas que mucho me quieren o me conocen desde la infancia. Una forma de expresar su cariño con un diminutivo con poderes aumentativos.
Mi nombre es sencillo, corto y elegante, pero siempre ha creado confusiones en la gente a la hora de escribirlo: "Enma", "Ema", "Elma"... ¡Incluso " Enhma"! Juro que cada vez que veo alguno de estos horrores tipográficos sufro taquicardias y espasmos asmáticos.
A principios del siglo pasado, mi tatarabuelo, un ávido y gallego lector, se enamoró de Emma, la protagonista de "Madame Bovary", de Gustave Flaubert. Cuando nació una de sus hijas decidió llamarla Emma y, desde entonces, ese nombre ha pasado de generación en generación hasta llegar a mí y a mis rizos.
Emma, de origen germánico, no es diminutivo de Emmanuelle, Manuela o Inmaculada. Emma es un nombre de cuatro letras con personalidad propia y diminutivos aumentativos.
Para muchos siempre seré Emma, para un puñado selecto Emmurri, Emmita o Emmurrieta, pero siempre con dos emes, que conste.

sábado, julio 25, 2015

Dichas y desdichas de mi melena rizada


"Ay, qué suerte tienes, me encanta tu pelo rizado", me dicen las mujeres de pelo liso desde mi más tierna infancia. Sonrío. Sí es maravilloso pero...


Hay días que salgo de casa con el pelo aún mojado y de pronto noto que la gente del trabajo o en el supermercado me mira como si vieran a un extraterrestre. En ese momento sé que algunos de mis rizos se han escapado y se elevan sobre la cabeza como si fueran las antenas de un marciano.
Otras veces, mis rizos se emocionan y crean unos tirabuzones tan perfectos que me imagino a Luis XIV, el Rey Sol, hipnotizado por mi gracia, mis rizos, mi piel blanca y mis carnes convirtiéndome en la Reina Luna del firmamento. ¡Qué rabia haber nacido con varios siglos de retraso!


Las mujeres de pelo rizado ahorramos mucho en horquillas: ¡con un simple lápiz creamos un moño que aguanta hasta un tornado!
Las féminas de pelo liso creen que las melenas rizadas no se deforman. Falso. ¡Menuda pesadilla es despertarse de la siesta y descubrir que medio pelo ha perdido su volumen y sus flexibles rizos!


Eso sí, el día que me aliso el pelo todos los hombres me dicen que qué guapa estoy (¿acaso estoy fea con el pelo rizado?), pero la belleza dura un instante porque la naturaleza decide colocar una nube sobre mi cabeza y la lluvia (¡arggg!) devuelve la libertad a mis rizos.


Menos mal que ahora llega el verano, el sol, la playa... Sí, mi momento de lucir mi  salvaje pelo al estilo Boney M por la humedad del ambiente. Mientras, el resto de las mujeres presumirán de sus fantásticas melenas lisas que vuelan al viento de levante y yo rebuscaré entre mis rizos algún cangrejo que ha confundido mi pelo con el coral negro del caribe.

¡Viva el pelo rizado!

viernes, julio 17, 2015

Cómo hacer una pared imantada

Una pared magnética, puro glamour

Quince días sola, sin niños. Podría tumbarme a la bartola, darme un baño en la piscina, disfrutar del paso del tiempo, del crecimiento de las petunias, pero... ¡no puedo! Mi mente empieza a tener ideas, les da forma y los nervios me hacen saltar de la hamaca.
─¡Voy a pintar el cuarto de Álvaro! ─grito a la salamanquesa que toma el sol sobre el ardiente suelo y que huye ante mi alarido.
Azul, blanco, amarillo... Me imagino el cuarto con distintos colores hasta que me decido por un gris arena. Subo a la habitación y los dinosaurios que decoran las paredes me suplican que no los eche, que quieren seguir allí. 
─Lo siento, no puede ser ─musito con pena─, Álvaro ya tiene once años y necesita un ambiente más juvenil.  Además, le voy a dar una sorpresa...

Paso 1: preparar la habitación
Igualar paredes y proteger las distintas partes para que no se manchen

Preparativos

Paso 2: sorprender
Una tarde en una tienda de Loewe, Gucci o Roberto Verino no me atrae lo más mínimo, pero una tarde en Leroy Merlin o una gran ferretería me vuelve loca y eso es lo que me pasó: me volví majara ante un nuevo invento que han sacado, una pintura magnética que imanta la pared. Después de muchas dudas decidí ponerlo en práctica y pinté una pared de negro. Pero no una capa, ni dos, ni tres... ¡5 capas! ¡Y cada una en distinto sentido para potenciar la imantación! ¡Me convertí en la karate kid de la pintura! Arriba, abajo, izquierda, derecha...

La loca de la brocha

Negro sobre negro
Paso 3: Cubrir la pared negra
Después de dejar secar la pintura imantada, es el momento de cubrirlo con el color deseado ─en este caso, gris arena─ y disfrutar de la creación: una pared con efecto magnético que permite colocar todos los posters o imágenes que se desee con imanes. La forma perfecta par no destrozar las paredes con chichetas o clavos. La locura de cualquier niño o mayor (¡creo que voy a imantar toda mi casa!)


Resultado final

jueves, julio 09, 2015

Envidia cochina

¿Pintura negra?

Pero qué envidia me dan mis hijos. Diego, en Malta, despendolado y disfrutando como un loco. Amigos daneses, franceses, italianos... Fiestas, excursiones, playa. Tres semanas de desenfreno y, espero, algo de inglés. Álvaro, el pequeño, en un campamento multiaventura en Cazorla: tirolinas, rocódromo, piraguas, pádel surf... Y mientras, la madre de las criaturas currando y pintando el cuarto del pequeño en mis ratos libres. Una auténtica sufridora. 
Eso sí, cuando se duerme el sol nos lanzamos a disfrutar de Madrid la nuit.

P.D: En breve os desvelaré por qué he pintado la pared de negro. Lo más de lo más. Y ahora, unas fotitos de Malta que me manda mi hijo para ponerme los dientes largos... Ay, menos mal que los adoro




viernes, julio 03, 2015

Rick Astley nunca me abandonará

¡Emma y Rick Astley!

Recorro las calles de Madrid en mi sauna particular. El aire acondicionado me ha abandonado y no hay forma de respirar aire fresco. Abro las ventanas del coche y el tórrido calor se cuela sin compasión. En la radio suena "Thriller", de Michael Jackson. Mi primer recuerdo me traslada a la Nochevieja de 1982 en casa de mi abuela Mary. Como marcaba la tradición todos íbamos vestidos de gala (¡aquellos dorados eran un poema sin rima!). Primos, tíos, padres... Todos arremolinados alrededor de la televisión para admirar la gran obra de arte: el videoclip de "Thriller". Lo más de lo más del momento. 
La música sigue sonando. Regreso al presente y por mi mente bailan Álvaro y sus amigos disfrazados de zombis con camisetas hechas jirones y caras terroríficas. "Ahora, la banda sonora de Piratas del Caribe", dice la locutora. Retiró la gota de sudor que resbala por mi frente, miro la radio y pienso que padezco alucinaciones. Todo lo que escucho me hace sentir la ausencia de mis hijos. Uno en Malta, otro en Cazorla. El mayor me tiene olvidada, el pequeño me añora como yo le añoro a él. C'est la vie
Por fin, una canción española, de las que a mí me gustan, de las que me hacen sentir, llorar o reír. Canto para espantar el calor, sonrío, sudo y repaso mis planes para los próximos quince días: cenas, noches locas, pintar un cuarto, piscina, relax... 
Aparco el coche-sauna en el parking, entro en el periódico y de pronto el día se ilumina, ¡Rick Astley en la redacción! Por Dios, la de bailes que me he marcado al son de "Never gonna give You up" o  "Whenever You need somebody". Presa del ritmo me levanto, me acerco hasta él, me agarra con su brazo y ¡foto para el recuerdo!

Never gonna give you up
Never gonna make you cry
Never gonna say goodbye
Never gonna tell a lie and hurt you
Never gonna let you down
Never gonna run around and desert you

Los mejores zombis de "Thriller", de Michael Jackson

El más pirata de los piratas del Caribe

jueves, junio 25, 2015

¿Dónde están los calcetines que desaparecen?

Después de años de investigación, he resuelto el misterio que tanto perturba a la gente: ¿dónde están los calcetines que desaparecen? Os diré que no es cierto que la lavadora se los coma, ni que se oculten al final de un cajón... No, los calcetines también tienen sus sentimientos, sus amores y odios. Desde que nacen, sin tener en cuenta su lanoso corazón, los emparejan con otro calcetín. Pasa el tiempo y, como sucede en muchas parejas, el tedio, el cansancio y el desamor empieza a mellar su unión. La envidia alimenta los celos y las quejas bombardean la relación: ¿por qué siempre tengo que ir en el pie izquierdo?, se queja con frecuencia el calcetín izquierdo deseoso de abrigar al pie derecho. 
   Entre vuelta y vuelta en el tambor de la lavadora, los calcetines lloran sus penas a sus amigos: "fíjate si será egoísta que no es capaz de cederme un día el pie derecho", "uf, si yo te contara, mi pareja está todo el día criticándome porque mi zona de talón se está desgastando y teme que el humano nos tire a la basura", "pues nosotros nos llevamos muy bien. Bueno, alguna que otra discusión, pero poca cosa"...
   Los calcetines son buena gente pero algunos imaginan un futuro distinto, sueñan y esperan a que les llegue la oportunidad... Sí, esperan hasta que un día la pinza de tender se despista, los sujeta con poca presión y aprovechan para huir y abandonar a su pareja en busca de una vida mejor. 
"Te voy a contar un secreto: Pedro y María se han separado", le cotillea el calcetín Pepe a Cristina en el cesto de la ropa sucia. "¿En serio? ¡Qué fuerte, qué fuerte!".
Cuando el humano descubre la soledad de uno de sus calcetines se vuelve loco y activa la busca y captura. ¿Estará debajo de la cama?, ¿se habrá colado por los cojines del sofá del salón?, ¿se lo habrá comido la lavadora?...
Mientras, un calcetín deambula en busca de su próximo amor, su soledad o nuevas aventuras.

domingo, junio 14, 2015

Amigos de la infancia

¿Qué travesura estaríamos planeando?

Su mirada azul se cruzó con mi mirada verde cuando aún no balbuceábamos palabras y nuestra mayor preocupación era perder el chupete por los recovecos de la cuna. Era la década de los setenta, en el siglo pasado. La amistad de nuestros padres nos invitó a conocernos y, cosas de la vida, supimos alimentar y mimar nuestra relación. Pasaron los años y el patio de casa se convirtió en nuestro nexo de unión jugando a polis y cacos, al churro o al escondite inglés. Compartimos aula en la guardería, con la horrorosa señorita Loreto. Después, él estudió en el instituto San Isidoro y yo acudí al Saint-Dominique, un colegio de monjas en el que nunca me sentí yo misma porque mi vida estaba fuera de allí, rodeada de los amigos del patio, mis primos y sobre todo de mi amigo del alma, Alberto.

   La adolescencia nos llevó a las confidencias, a los secretos, a las notas falsificadas, a las bromas telefónicas que alguna que otra vez se nos fueron de las manos, a las cervezas en su habitación antes de salir de copas... La gente hablaba y murmuraba "seguro que entre Emma y Alberto hay algo" y nosotros nos reíamos porque más que amigos éramos como hermanos.

No puedo contar en esta breve entrada del blog todo lo que vivimos, lloramos o reímos. Ni cómo una enfermedad acaparó su cuerpo y luchó con todas sus fuerzas hasta salir vencedor. Son tantas historias, tantas noches hablando hasta el alba, tantos brindis frente al Bernabéu, tantos bailes al son de INXS o Brian Adams... Aún recuerdo el día que le disfracé de chica, le maquillé y nos fuimos a una discoteca, ¡la cara que puso al entrar en el baño de mujeres y cómo engañó a todo el mundo! 

Parecía una amistad indisoluble. Incluimos a nuestras respectivas parejas en nuestro pequeño círculo y nos consolamos mutuamente cuando nuestras relaciones se rompieron.

La vida continuó: bodas, hijos, bautizos, cenas, viajes a La Coruña, comidas... Todo parecía perfecto, hasta que un día la distancia surgió entre nosotros. 

¿Por qué hay amistades que se pierden y no aguantan el paso del tiempo? ¿Qué momento genera un cambio que hace que los amigos se separen?
Han pasado muchos años, pero hoy la nostalgia me ha recordado que es su cumpleaños y los recuerdos me han bombardeado. 
¡Felicidades, querido amigo!


Alberto y Emma

jueves, junio 11, 2015

Entre varias aguas

Coches al agua

Mi amigo insomnio abusa de su confianza y aparece por mi ser a la hora que le viene en gana. Esta noche me ha despertado a las tres de la mañana con olor a tierra húmeda y con el tintineo de pequeñas gotas de agua resbalando por la noche. Sigilosamente me he escapado de la habitación con mi libro y mis gafas y me he acurrucado en mi rincón secreto: el sofá de debajo del ventanal del salón que acababa de abrir. Estaba inmersa en la lectura de "Setecientos millones de rinocerontes", de Manuel Vilas, cuando la naturaleza enfadada ha perturbado mi calma. Los truenos, rayos, relámpagos y centellas han acaparado todo el protagonismo y han despertado bruscamente mis paranoias. ¿Y si se cuela un rayo?, ¿y si la lluvia tira el árbol de la vecina?, ¿y si ese trueno tan estrepitoso rompe los cristales?... Sin hacer ruido y con el miedo navegando por mis venas he cerrado la ventana, he subido a la habitación y me he refugiado atemorizada bajo el edredón hasta que el granizo me ha despertado con su fuerza.
   Después de una gran noche se me antojó que el día iba a ser tranquilo: dejé a los niños en el cole, me fui a desayunar con una gran amiga hasta que de camino al trabajo me atrapó un enorme atasco. Intenté ir de lista, atajé por el aparcamiento del parque y de pronto el agua se hizo dueña de las carreteras, aceras y rotondas.  Sentí de nuevo el pánico: ¿qué hacía en medio de una riada?, ¿me arrastraría el agua hasta el mar Mediterráneo?, ¿tendría que venir la policía a socorrerme?... Aterrada susurré al volante "venga, nene, tú puedes mucho", pisé acelerador, rogué a mis fantasmas que no dejaran que el agua me llegara al cuello y, como siempre, no me defraudaron. 


Rotonda de la avenida de Logroño, Madrid

domingo, mayo 31, 2015

Más cine, por favor

Fotogramas de mi vida

Hay regalos que nunca se olvidan. En 1984, cuando cumplí 14 años, mis padres me invitaron a comer a un restaurante chino de la calle Ibiza. El color rojo dominaba la decoración del local, las paredes sostenían cuadros de mujeres vestidas con kimono, del techo colgaban farolillos con borlones rojos y la vajilla lucía flores de loto. El sushi aún no había aparecido en nuestras vidas, entonces el menú se componía de rollitos de primavera, pollo con almendras, arroz tres delicias y de postre, nata con nueces. La emoción me impedía saborear con placer. Solo deseaba que llegaran las cuatro y media de la tarde para completar mi regalo: ¡ir al cine a ver una película para mayores de 14 años!
  Entré en la sala con sabor a salsa agridulce y de pronto me sentí mayor, como si la visión de aquella película me obligara a abandonar la infancia y me empujara a la temida adolescencia.
   Me senté en la butaca, se apagaron las luces y me sumergí en el auténtico miedo de la mano de Spielberg, su espiritual "Poltergeist" y su terrorífico"¡ya están aquí!".
   Antes de ser mayor, recuerdo mi dolor en "Campeón" al oír al niño de pelo rubio gritar desgarrado "¡Papá, despierta, por qué no te despiertas!", los llantos desconsolados junto a mis primos en una película sobre el Yeti y las palomitas que tomaba cuando sonaba en el descanso "¡Movierecord! Visite nuestro bar"
   La gran película de 1982 fue "ET". Después de largas colas, mis padres consiguieron entradas para el primer día. A mi lado se sentó Luis, el hijo de unos amigos suyos y mi pasión de los 12 años. Conseguí mantener la compostura hasta el final, cuando Elliot se despidió del extraterrestre. En ese instante mis grifos lacrimales jarrearon infinitas lágrimas, el hipo me dominó y la congestión enrojeció mi cara como si fuera un tomate de ensalada. "¡Tierra trágame!", rogué cuando encendieron las luces.
   "A partir de ahora podrás ir a la cárcel", escuché al cumplir 18 años, pero esa tarde me fui con mi amiga María y nuestros corazones enamoradizos a ver "Darty dancing" y deseé algo que nunca he conseguido: bailar como los protagonistas.
   La adolescencia me trasladó a la época de los subtítulos en los Renoir, Alphaville... un nuevo estilo de cine: "Reservoir Dogs", "Delicatessen", "Azul", "Clerks", "Tacones lejanos", "El silencio de los corderos" y las cervezas en los bares. 
  Con"Frenético" (1988) y mi adorado Harrison Ford descubrí el placer de la soledad frente a una pantalla. Una escapada conmigo misma que siempre me ha gustado alimentar.
─¿Dónde vas con tanta prisa?─, me preguntó un chico al salir del trabajo hace más de veinte años.
─Al cine.
─¿Has quedado con tus amigos?
─No, voy sola.
Me miró extrañado.
─¿Te puedo acompañar?
─Claro, si te gusta Woody Allen. Voy a ver "Misterioso asesinato en Manhattan"...
Aquel chico se subió a mi calabaza, mi antiguo coche, compartió mi soledad cinematográfica y con el tiempo el cine nos unió, pero... esa es otra historia.
Cine, más cine, por favor.


P.D.: Mis padres son únicos, especiales, nada tradicionales, singulares, pero siempre nos han inculcado grandes placeres: el cine, los viajes, los libros, el buen comer, la música... Mil gracias.

martes, mayo 26, 2015

¡Un puticlub en mi jardín!


─¡Pero qué has puesto en el jardín!─gritaron mis hombres.
Mis ojos no daban crédito. Una explosión de color iluminaba la noche. Un baile de luces rojas, azules, amarillas y verdes. Un auténtico horror.
─¡Pero si parece un puticlub!─susurró Alonso a mi oído.
─Sí, pero de los cutres ─asentí sin comprender las señales lumínicas.
Juro que mi intención fue buena, que barrunté la idea paseo arriba paseo abajo por los pasillos de Leroy Merlin hasta que me decidí. 
─¡Ay, qué monísimas van a quedar estas luces solares blancas con forma de estrella en el jardín! Van a crear un cálido y romántico ambiente nocturno─ me dije a mí misma.
─Sí, van a quedar ideales─me contesté─, deberías llevarte dos y así lucirá más.
─Pues tienes razón, querida Emma─ me reafirmé.
Con la ayuda de una escalera coloqué las guirnaldas de estrellas por el jardín, ubiqué los paneles solares y esperé con ansiedad a la noche hasta que la nocturnidad convirtió mi casa en un puticlub multicolor.
─Mamá, no sirven ni para Navidad... ─exclamó Álvaro con su clásica sinceridad─ ¡Y encima has comprado la manguera de la teletienda!
─La he comprado en Leroy Merlin y crece de 2,5 m a 7.5m. Impresionante.
Alonso me miró conteniendo la risa. ¡No solo el jardín se ilumina con luces de puticlub sino que además la manguera crece hasta los 7,5 metros! 
Una casa muy, pero que muy erótica.

Las estrellas durante el día


viernes, mayo 22, 2015

¿Por qué no me llevo bien con los mecánicos?


─Buenas tardes, le llamo porque he pinchado dos ruedas de mi coche y quería saber si la grúa podría acercar mi vehículo a su taller para cambiarlas hoy.
─¿Ha pinchado dos?─ pregunta con intriga el técnico del taller.
─Sí, una delantera y otra trasera. Había un hierro en la carretera, he pasado por encima de él y ha destrozado mi coche. Una auténtica atracción férrea.
─¿Qué ruedas lleva su coche?
─Pues no lo sé, redondas.
─Pero necesito el modelo.
─¿Y eso dónde lo miro?
─En la ficha técnica.
Rebuscó en la cartulina verde hasta que descubro unos extraños números.
─¡Ya lo he encontrado! 185/65 R14 86H.
─¿Ese es el modelo de rueda que lleva actualmente su coche?
La mala leche me empieza a bullir.
─Pues me imagino que sí.
─Sería mejor que mirase si los números de las llantas coinciden con los que aparecen en la ficha técnica. 
Mi compañero Emilio al verme en pleno ataque de nervios me acompaña al parking para fotografiar las ruedas y comprobar los "numeritos". Malhumorada por tanto paseíto, vuelvo a llamar.
─Espere un momento─ me dice el mecánico del taller─ voy a ver si tengo ese modelo de rueda. Por cierto, ¿la llanta es de aluminio o de aleación?
Siento unas ganas imperiosas de insultarle por hacerme ese tipo de preguntas pero me callo porque me tiene "cogida por las ruedas".
Por fin llega la grúa y nos traslada (a mi coche y a mí) al taller.
El mecánico me mira con sonrisa picarona y leo su pensamiento: "Ay, mujer tenías que ser. Mira que no saber qué tipo de rueda ni de llanta usa tu coche".
Mientras rellena mi ficha de datos y las características técnicas del vehículo, me acribilla.
─¿Las ruedas tienen tornillo de seguridad?
─Ni idea, solo sé que si muevo el volante se bloquea... ─le contesto con cara de mujer tonta.
En realidad le diría que tiene el coche frente a sus narices, que él sabrá si tiene ese puñetero tornillo o no, que yo solo lo conduzco y no sé ni la potencia ni los caballos ni la fecha exacta de cuando lo compré. Eso sí, usa gasolina de 95. 
El mecánico me mira con cara de "mujer tenías que ser", sonríe y me remata:
─Si quieres vete de compras y en hora y media tendrás tu coche con las cuatro ruedas nuevas y nivelado.
Antes de irme, no puede contener simular aún más mi papel de "mujer tonta"...
─¿Hace falta que le deje las llaves del coche?─ le pregunté con cara de duda filosófica.
El mecánico abrió los ojos estupefacto y exclamó: "¡por supuesto!" Y la felicidad le invadió por estar ante la típica mujer que no tiene ni idea de automóviles. Ay, si supiera cuántas ruedas cambié a mi adorado "Calabaza", mi Seat 1450.
Qué manera más fácil de hacer feliz a un hombre.

Aclaración:
Hay gente que adora los coches, que los mima como si fueran sus mascotas, los limpian con esmero y conocen sus características técnicas a la perfección. Lo confieso: yo no soy así. Mi coche me transporta, es analógico, no pita si no me pongo el cinturón, no sufro si me doy un pequeño golpe ni sé cuántos roces tiene. El maletero está repleto de cachivaches que almaceno desordenadamente; en el interior descansan varios botes de coca-cola light, bolsas de chucherías y tiquets de compra. Sí, soy un desastre pero le tengo mucho cariño y espero que me dure muchos años. ¡Y más ahora que tengo cuatro ruedas redondas nuevas!

Aclaración 2:
Tanta ira contenida produjo una afonía total en mi dulce voz que me sumió en el silencio más de cinco días. Ahora, no paro de rajar. ;-)