jueves, diciembre 31, 2020

Lágrimas 2020



«Sufro la inmensa pena de tu extravío
Siento el dolor profundo de tu partida
Y lloro sin que tú sepas que el llanto mío
Tiene lágrimas negras
Tiene lágrimas negras
Como mi vida»

Las lágrimas se han convertido en mis compañeras de vida este 2020. Lágrimas negras de rímel corrido, ríos de tristeza con afluentes propios: Yoda, mi abuela... Territorios turolenses de mi infancia que jamás volveré a pisar. Familiares de amigos que se fueron sin avisar. Mucho penar.
El horizonte perdió su visión infinita, nos encerramos entre cuatro paredes y tapamos las leves sonrisas con mascarillas.
De pronto, pequeños arcoíris se colaron por las rendijas: la convivencia familiar, los juegos, los huevinares... Martín y Alma, nuevas vidas que nos regalaron alegría. Brindis en el pilón, paseos por la playa, pequeños detalles que alejaron la tristeza. Besos y abrazos perdidos en la distancia, necesidad de fundir nuestros cuerpos, de tocarnos, sobarnos. Fiestas sin celebración, cumpleaños en la distancia, navidades solitarias, bullicio sordo, sueños rotos, viajes sin ida... 
En breve 2020 se esfumará, el año más difícil y doloroso. La esperanza se intuye al final del túnel. No tengo sueños para 2021, solo ansias de juntarme con los míos, de abrazar hasta romper las costillas y dejar que las lágrimas negras se transformen en lágrimas de emoción. Aún es pronto, la inocentada de 2020 me obliga a estar confinada, pero el reloj marcará las horas, y el tiempo pasará. Bienvenido, 2021.