lunes, mayo 29, 2023

Elecciones con olor a Aftersun

Ofendida, indignada, enfadada... Así me siento hoy desde que Pedro Sánchez ha convocado las próximas elecciones nacionales para el domingo 23 de julio. A ver, Pedrito, que mucha gente está en esas fechas de vacaciones o degustando una grasienta barbacoa entre chapuzones en la piscina o saboreando una paella con vistas al mar. Claro, ahora me dirás que no me preocupe, que para esos casos existe la opción del voto por correo. Muy listo, Pedrito. ¿Y qué hago si me toca ser presidente o vocal de la mesa electoral? ¿Me voy al colegio embutida en mi bañador ajustado, con mi sombrero de paja, mis gafas amarillas o rosas ─depende del modeli que me ponga ese día─ que combinan con el pareo y olor a Aftersun o Beforesun? ¿Pero por qué nos tratas así? Pedrito, has fastidiado, y mucho, a todos los sectores que se dedican a la comunicación. ¡Si hasta a Angels Barceló casi le da un ataque al escuchar la temible fecha que has propuesto! Eso no se hace, majo. Vale, entiendo que estés acojonado, que no me extraña, pero la culpa es tuya no del resto de los españoles que nos visualizamos ese domingo tumbados en la toalla sobre la fina arena, el césped o la hamaca junto a una cerveza bien fría, unas patatitas fritas y unas aceitunas rellenas. Que digo yo, que qué te costaba convocar las elecciones en septiembre, por ejemplo, o haberlas unificado junto con las municipales. Tal vez aún no te hayas dado cuenta, pero estoy de muy mal humor, que trino como los pajaritos. Eso sí, te juro por Dios, al estilo Escarlata O'Hara, que pienso votar pase lo que pase y aunque no diga a quién se sabe a quién no. 

miércoles, mayo 17, 2023

Amigas vitamina


Una inyección de bótox, otra de ácido hialurónico. Muchas féminas logran su felicidad entre pinchazo y pinchazo. Un efímero engaño para lograr que el espejo refleje su imagen sin arrugas y obviar el paso del tiempo. Otras, en cambio, nos tenemos que pinchar vitamina en vena, que no elimina las arrugas pero alegra la vida. Y nada mejor que una escapada de mujeres, no unas cualquieras, sino cinco locas amigas que se conocen desde finales de los ochenta y han compartido tanta vida juntas. Lo esencial y fundamental es abandonar ─desde el cariño, que conste─ todas nuestras maletas: parejas, hijos, perros... No por falta de amor, no os confundáis, sino porque a veces es necesario desconectar cuatro días del mundo real y gozar de las confidencias, secretos, risas y gilipolleces, que son muchas. Porque no es lo mismo zamparse dos bolsas de regalices rojos, kikos, cervezas y tintos de verano –unos con casera y otros con limón–, entre nosotras que bajo la mirada del resto. Porque hay intimidades que sólo se relatan en un entorno de confianza sin juicios ni críticas y multitud de consejos llenos de cariño.
    La organización del evento anual requiere cierto trabajo: ajustar las agendas, preparar las bolsas ("por favor, meted lo imprescindible para quepa en el maletero") y llenar la mochila de ilusión. 
    Viernes, cinco de la tarde, cinco amigas y un destino: Alcocéber.
    Hasta aquí, como diría Mayra Gómez Kemp, puedo leer o quiero contar. Tal vez, unos brochazos de momentos únicos: el paseo por la sierra de Irta, las calas, la subida hasta Santa Lucía, los pinos Norfolk, nuestros photocall, chapuzones desde la tabla al azul Mediterráneo, la clase de yoga, la fantástica casa de C&C... Y mucha, muchísima vitamina. ¡Gracias, mis "suculentas" amigas!