jueves, noviembre 17, 2022

El miedo vive en el suelo

Mi imagen estampada contra el suelo

Hay supersticiones que están muy arraigadas en la sociedad. ¿Quién no ha escuchado que si se rompe un espejo son siete años de mala suerte o que si te cruzas con un gato negro la desdicha rondará por tu vida? Me encantan los gatos, como todos los animales, y no temo a los espejos, pero hoy tengo miedo. 
    De pequeña escuché entre susurros una leyenda de mi familia: aquella tarde lluviosa de hace muchos años, al volver del funeral de mi abuelo encontraron caído en el suelo del salón su enorme retrato. Pálidos como la pared, observaron el hueco de las alcayatas y tacos que sujetaban el gran cuadro sin entender cómo había sucedido. "Esta ha sido su despedida, su forma de decirnos adiós", comentó alguien para paliar el susto de todos los presentes. 
    Al entrar en casa de mi abuela la tarde que falleció, lo primero que observé es que otro retrato había caído al suelo. El corazón se me encogió. Jamás conté la historia al resto de la familia y menos al protagonista del cuadro. "Esta noche el espíritu de tu abuela se ha despedido de todos vosotros y con la fuerza de su alma ha descolgado el cuadro, no tengas miedo", dijo la mujer que cuidaba de ella al contemplar la lividez de mi rostro. 
    Esta mañana, al ir a poner una lavadora ─que por mucho que vaya de moderna soy una maruja─, me he topado en el suelo con mi foto caída, el cristal roto, el marco desmontado... No he podido contener mi grito de horror, tan intenso que hasta la perra se ha asustado y ha salido espantada. 
    ¿Será una señal del destino? No sé, pero estoy acojonada, temerosa, aterrorizada. No solo por ver mi imagen estampada, sino por el cúmulo de cristalitos... ¡Y la puñetera Conga sin batería! En fin, voy a por la escoba que no es día para percances ni cortes en los pies. Huy, qué miedito. 
    Y, si me lo permitís, un pequeño epitafio bloguero: "A la gente que quiero, que sepa que la adoro. Y a los que les caigo mal, pues ellos se lo han perdido". 
    Hala, a barrer cristales, supersticiones y a comprar otro marco de fotos.

martes, noviembre 08, 2022

Lecturas otoñales


Dicen que la lectura es para la mente lo que el ejercicio para el cuerpo. Ya que soy incapaz de ir al gimnasio, me consuelo con el ejercicio mental. Aquí, mis últimas lecturas.

El caso Christie (Nina Gramont. Umbriel) 
Tras desaparecer durante once días, un halo de misterio rodeó la vida de la escritora Agatha Christie. ¿Qué sucedió con ella tras hallar su coche empotrado contra un árbol y sus pertenencias en el interior? El despliegue policial abarcó toda Gran Bretaña para localizarla viva o muerta. Los periódicos cubrieron el suceso y barajaron distintas hipótesis: un asesinato cometido por su marido, una campaña para promocionar su nueva novela, una desgarradora muerte a manos de un asesino en serie... Sin embargo, cuando nadie apostaba por ello, apareció en la ciudad balneario de Harrogate, en Yorkshire, registrada como Teresa Neele ─el mismo nombre que la amante de su marido─. La familia relató que Christie sufría amnesia y no recordaba nada de lo sucedido. Más morbo para el misterio.
   Con estos ingredientes y documentación de la época, Nina Gramont hila una novela para explicar qué ocurrió durante esos días en la vida de Agatha Christie. Un libro entretenido pero que no desvela lo que realmente sucedió, pese a que hay veces que la imaginación se acerca mucho a la realidad, o no.    

Punto ciego (Laura Hawkings . Planeta)
Publicar un nuevo libro tras el éxito de "La chica del tren" es complicado. Las expectativas se multiplican y, a veces, llega la decepción. "Punto ciego" es un thriller que se lee en un suspiro, pero es demasiado previsible. Además, a mitad del libro se intuye quién es el asesino y que aparezca alguien del pasado y no seas capaz de reconocerlo se me antoja imposible. 
Una novela perfecta para un guion de cualquier película que se emite después de comer en Telecinco o Antena 3.

Una madre (Alejandro Palomas. Destino)
Un perro (Alejandro Palomas. Destino)
Un amor (Alejandro Palomas. Destino)
Las trilogías no me tientan, aunque siempre hay excepciones. La singular familia de Fernando, Fer para los amigos, y más su madre Amalia, se cuelan en la vida del lector en una cena de Nochevieja. Entre conversaciones, discusiones y recuerdos se entretejen las relaciones entre ellos, las personalidades, los traumas... Al final te sientes un observador indiscreto: ríes, lloras, sufres y les coges tanto cariño que te da pena abandonar su vida, y la de sus perros. Adicción lectora.  

Las otras niñas (Santiago Díaz. Reservoir books)
El buen sabor de boca (más bien de ojos e intelecto) que me dejó "El buen padre" me lanzó a la última novela de Santiago Díaz. De nuevo, la inspectora Indira Ramos con su TOC, sus manías e insoportable carácter, pero que se hace querer, investiga un gran caso. ¿Qué ocurriría si  se descubriera a través de una huella dactilar que sigue vivo el asesino más sádico de España? No quiero desvelar más, pero bajo esta premisa y otro caso paralelo en el que está implicada una compañera de la comisaría se desarrolla la acción que atrapa al lector: intriga, amor, manías... Todos los ingredientes para no dejar de leer.

No soy un monstruo (Carme Chaparro. Espasa)
La desaparición de un niño en un centro comercial desata la histeria. Se repite la pesadilla que conmocionó hace años a la sociedad. La cobertura informativa a manos de la periodista más aclamada de la televisión, la investigación policial, un hacker... Una novela ágil con una trama que entretiene, aunque el inesperado final me ha parecido un poco rocambolesco.