jueves, junio 13, 2019

Mi infancia televisiva


Con la muerte de Chicho Ibáñez Serrador he regresado al pasado, a los años donde solo existían dos canales de televisión, y uno de ellos era más anecdótico que real. Todos los niños de aquella época compartíamos las mismas vivencias televisivas, llorábamos la desesperación de Marco por encontrar a su madre, no te vayas, mamá, no te vayas de aquí, soñábamos que el mono Amedio era nuestra mascota y se posaba en nuestro hombro; corríamos por la ladera verde de la montaña junto a Heidi, Copito y Niebla. Con la abeja Maya y su amigo Willy buscábamos miel entre las flores, saltábamos por los pétalos y huíamos de la temible araña Tecla. Orzowei fue un adelantado a su tiempo con su traje "animal print" y Pipi Calzaslargas, Pipilota para los niños soy, nos empujó a la rebeldía infantil.  Las tardes eran territorio del circo de los payasos, del cómo están ustedes, Espinete, Barrio Sésamo y la diferencia entre delante y detrás. La televisión nocturna reunía a la familia alrededor del 1,2,3, responda otra vez, los amigos y residentes en Teruel y esos apartamentos en Torrevieja, Alicante. ¡Qué desilusión sufrí al descubrir que no existía la urbanización Ruperta en Torrevieja! Ay, yo que me imaginaba a todos los ganadores junto a Chicho, Mayra Gómez Kemp, Bigote Arrocet y las secretarias con sus enormes gafas chapoteando en la piscina comunitaria y gritando: ¡veintidós, veintidós, veintidós! 
        En verano todos lloramos la muerte de Chanquete y silbábamos la melodía de Verano azul cuando salíamos con la pandilla en bicicleta. En la preadolescencia, planeábamos mil estrategias para ocultar los dos rombos y poder ver Historias para no dormir, que nos desvelaba toda la noche, sin saber que al poco tiempo íbamos a ser colonizados por extraterrestres reptiloides que se alimentaban con ratas de cloaca y adoraban la letra V.
         Un pasado televisivo que une a toda un generación. 
         ¡Campana y se acabó!

domingo, junio 02, 2019

Muerte en las alturas


Voy a morir. Aun así, cuerpo presente, la muerte es el menor de mis males. Lo dramático, absurdo y surrealista es la situación que me rodea. Mi ser yace en el pico de una montaña y es imposible que una ambulancia pueda acudir hasta aquí para socorrerme. Tal vez, con suerte, un helicóptero surque el cielo, descienda una camilla y traslade mi cadáver hasta el tanatorio. 
    Mi drama comenzó a primera hora de la mañana, cuando partí con mi Alonso y Yoda ─mi pequeña schnauzer─ hacia San Mamés, un pequeño pueblo de la provincia de Madrid. Desde allí, anduvimos hacia la montaña, recorrimos la senda que transita por el pinar, trepamos hasta la cima y observamos saltar el agua desde el pico de la montaña formando una chorrera de 30 metros de altura. El paraíso terrenal a un paso del Embalse de Riosequillo, en Buitrago de Lozoya. 
    Un paisaje idílico, arriba el agua, al fondo el pinar... Y de pronto mi mundo empezó a girar con virulencia: el suelo se movía, me sentía como una peonza que no para de voltear, giros, vueltas... Psicodelia en mi cabeza.
   ─Alonso, sujétame que me voy a desmayar.
   A mi alrededor todo se desplazaba a velocidad vertiginosa. Cerré los ojos, el mareo revolvió mi estómago. Lo supe, iba a morir. "No, aquí no", rogaba desesperada. "¡Cómo voy a fallecer en el pico de una montaña! No puede ser que mi vida sea un show hasta el final".
   ─¿Cómo estás?
   ─Muy mal ─contesté con los ojos cerrados pero con la sensación de estar en una noria descontrolada que no para de girar. Le quería decir que me iba a morir, que llamara al 112 para que movilizaran un helicóptero y a los efectivos sanitarios, pero para qué asustarle. Antes muerta que negativa. 
   He pasado tres cuartos de hora tumbada en unas rocas de granito, abro los ojos, la sensación de movimiento se ha ralentizado. La muerte se aleja como el agua por el riachuelo. Sigo viva. Menos mal. ¡Que suspendan el helicóptero!

Diagnóstico
"Has sufrido un vértigo postural paroxístico benigno idiopático ─determinó al cabo de unos días la otorrina─. Además de la sensación de vértigo y mareo, mucha gente piensa que va a morir." 
         ¡A mí me lo vas a contar!     



La chorrera de San Mamés

viernes, mayo 10, 2019

Libros que me persiguen



No puedo ser objetiva porque estoy obsesionada, atrapada por una autora (o autor) que firma sus libros con el seudónimo Carmen Mola, y me está volviendo loca. No solo por sus novelas adictivas, hay más. Sus personajes son reales, deambulan por mi Madrid, destripan el funcionamiento de la policía española y nos alejan de los estereotipos norteamericanos con los que nos bombardea la televisión.
   Me he enamorado, y es poco habitual en mí. Adoro la malicia, el mal escrito negro sobre blanco, las miserias humanas, los traumas que marcan la vida, el dolor del alma, del cuerpo. Sí, los autores nórdicos me cautivan, Fred Vargas me apasiona, y ahora llega Carmen Mola con "La novia gitana" "La Red Púrpura", con su Brigada de Análisis de Casos, su inspectora Elena Blanco y su drama familiar, sus compañeros de trabajo y los malos, malos malísimos... La maldad cruel que arranca la piel, destroza el alma.
   Hay más. Siento que conozco a Carmen Mola, que se mueve en mi círculo, por mi barrio. En "La novia gitana" pensé que era casualidad que apareciera, por ejemplo, la Piovera. En "La Red Púrpura", la trama se desarrolla en la zona de El Plantío, alrededor de Cristo Rey, Cuatro Caminos, la casa donde vivía Julio Iglesias o Carmen Martínez-Bordiú... ¡Incluso aparece Guadarrama! Por no hablar de otros detalles más íntimos. Sí, tal vez sea una paranoia, pero me está volviendo más loca.
   Mi adorado Madrid también es el escenario de "Reina roja", de Juan Gómez-Jurado: una trepidante novela en la que las páginas se convierten en auténticos fotogramas de una película de acción y misterio. Un estilo muy Gómez-Jurado que te atrapa desde la primera línea y te arrastra de la mano por los túneles de la capital.
   Y de pronto, cae en mis manos "Los colores del incendio", el último libro de Pierre Lemaitre, el autor del que he hablado maravillas, que me cautivó con "Alex""Rosy & John" y "Camille". Pero hay veces que la ilusión se convierte en desilusión, que las páginas se te hacen eternas y no te agarran con la fuerza de un ciclón. Muy correcto, muy descriptivo, muy pesado.


Frases que enamoran el alma:
«Hay afectos que permanecen, aunque uno quiera soltarlos del todo».
("La Red Púrpura”, de Carmen Mola)

–¿Qué fue lo que lo jodió?
–Lo que lo jode todo siempre. El amor verdadero.
("Reina roja", de Juan Gómez-Jurado)

ANTIGUAS CRÍTICAS EN EL BLOG

lunes, mayo 06, 2019

Socorro, amiga desaparecida



Queridos, busco a una amiga desde hace más de un año. Desapareció sin avisar. No dejó ni un mensaje y no da señales de vida. No contesta al whatsapp, ni publica fotos en Instagram, ¡ni siquiera se conecta al Facebook! Y de twitter, ni hablamos. En fin, que me siento fatal: abandonada, triste, melancólica... Un dolor que me hace recitar:

Vivo sin vivir en mí,
y tan gorda vida espero,
que muero porque no muero.

     Por favor, si os topáis con ella decidle que la necesito, que mi vida es un sinvivir, que el verano ya llegó, ya llegó y la fiesta comenzó... Mi amiga no es muy simpática, ni maja. Lo confieso, es bastante capullita, pero la necesito. Se llama Fuerza de voluntad, y me ha abandonado. 
     Por favor, si la veis decidle que Rotondy la busca desesperadamente, que la quiero, que siempre le haré caso... Vuelve, querida, vuelve.
     Gracias, amigos 

lunes, abril 29, 2019

Mi sadofisio es un ostiópata


─Ay, ay, para, ay, ay... ¡joder! ─grito desesperada tumbada boca abajo o de cúbito supino, que parece más culto y finolis, en la camilla de mi fisio, mi sadofisio para vosotros.
     No puedo ver su cara, pero estoy convencida de que sonríe cada vez que grito, que goza clavándome esas agujas en mi glúteo y llega al éxtasis cuando las retuerce para causarme un tormento insoportable.
     ─Hoy estás aguantando muy bien el dolor ─susurra con su dulce voz entre mi alarido ¡ay! y mi chillido ¡mierda!
     ─Sabrás que hay pacientes que te odian –bufo con mala leche.
     ─¡Qué exagerada eres, Emma! Relájate, que te voy a poner la quinta aguja.
     ─Aún no entiendo cómo te pago. ¡Eres un auténtico maltratador!
     El pinchazo anula mis palabras. Mi sadofisio me martiriza, me lleva hasta el sumo dolor, y cuando siento que la parca se asoma con su guadaña, reduce la tortura y el suplicio hasta que me relajo, me confío y... ¡Vuelve a la carga con el retorcimiento de agujas!
     Por fin, para. Respiro. Aún no ha terminado, lo sé, porque además de sadofisio es osteópata, para vosotros ostiópata: me machaca de lo lindo, no para de realizar  giros incomprensibles en mis vértebras, estiramientos surrealistas como si fuera elastigirl ─la superheroína de los Increíbles, me cruje los huesos, me descoyunta.
     Una hora de tortura y, para dejar su marca, llena mi espalda de esparadrapos de colores o, para los expertos, tiras de kinesio para disminuir la inflamación y el dolor.
    ─Emma, dentro de quince días te quiero ver de nuevo en la consulta.
    Asiento sin fuerzas, con la cara sudorosa, la mandíbula desencajada por la presión que he realizado contra el hueco de la camilla para mitigar el dolor... Salgo de la consulta. Parezco una anciana de más de ochenta años: arrastro mi pierna machacada por tanta aguja y deambulo como una momia con las vendas de colorines adosadas en mi espalda.
    Por la carretera, de vuelta a casa, los coches me adelantan como si fuera una tortuga, y lo soy. No tengo fuerzas, todo me resbala, me duele hasta el alma, pero sé que pasado mañana estaré mucho mejor, que su tortura está dando resultado y que en quince días volveré porque, lo confieso, me estoy convirtiendo en una auténtica masoca

lunes, abril 08, 2019

EMMArañan mi nombre


       Mi querido y estimado Flaubert:
       Aunque tú no lo sepas, tenemos un problema que crispa mis frágiles nervios y no sé cómo solucionar. No te lo vas a creer pero aún hay personas que escriben mal el nombre de Emma, la protagonista de tu gran novela Madame Bovary. A ti, y a mi tatarabuelo, debo mi bello nombre y me desespera que emmarañen las cuatro letras que identifican mi ser, que confundan las minúsculas con las emmayúsculas. Por no hablar de aquellos  que se emmascaran bajo una apariencia cultureta y ni siquiera son capaces de emmarcar los cuadros con arte y creatividad.
     Amado Flaubert, nací emMadrid, mis emmatíes transportan el oxígeno por mi sangre, me emmancipé hace muchos años y, no sé por qué, creo que padezco una emmaobsesión.
       Saludos, mi adorado Gustave.
       Siempre tuya.
       EMMA

lunes, marzo 25, 2019

Buenos días, princesa


Le veía cada mañana junto al paso de cebra. Su blanca sonrisa contrastaba con su negra piel. Paseaba alrededor de los coches que paraban ante el rojo semáforo, eliminaba los anuncios que alguien había colocado en los limpiaparabrisas, agitaba su gran mano para saludar sonriente a cada conductor ─pese a que muchos ni se dignasen a mirarle─, y si le daban una pequeña propina se ponía exultante de felicidad. 
    ─¿Cómo te llamas? ─le pregunté al cabo del tiempo.
    ─Mondei, como lunes en inglés.
El coche de detrás, impaciente por las prisas de la ciudad, apretó con insistencia el claxon para que avanzara.
   ─Adiós, Mondei.
   ─Hasta mañana, princesa.
Nunca me han gustado los diminutivos, ni los términos cursi-amorosos, salvo con MondeiSolo él me llama princesa. Cada vez que coincidimos en el cruce se acerca hasta la ventanilla de mi viejo coche, sonríe y, como a muchas otras, me convierte en un personaje de cuento que vive en un palacio con su corona y su trono. Poco a poco, he sabido que llegó a España desde Senegal, que su vida no ha sido ni es nada fácil, que prefiere que le dé comida porque una parte del dinero que consigue se lo tiene que entregar a la mafia con la que se endeudó para venir a España. Los alimentos, en cambio, son solo para él y me lo agradece con un paquete de kleenex
    A veces desaparece un par de días, no muchos, los suficientes para que la angustia me presione un poco el alma.
    ─Buenos días, princesa.
   ─¿Todo bien, Mondei? Hace tiempo que no te veo.
    ─He estado un poco mal de salud... Ya me he recuperado.
El tiempo ha marcado las arrugas en su cara, pero nada ha podido borrar su blanca sonrisa. 
    El semáforo se pone en verde. El conductor de detrás aporrea su claxon. Él no sabe quién es Mondei y tal vez considere que todos los inmigrantes son unos ladrones. ¡Qué pena!
    ─Adiós, princesa.
   ─Hasta mañana, Mondei.

miércoles, marzo 20, 2019

Succión bucal


La luz me ciega, los recuerdos me bombardean y el miedo me aprisiona. Todo lo que voy a contar es cierto, aunque modificaré los nombres de los protagonistas para proteger su identidad y su vergüenza.
─¿Te has enterado de lo que le ha ocurrido a Natalia? ─me comentó garganta profunda por teléfono.
─No, ¿qué le ha pasado?
─Muy fuerte. Te lo voy a contar pero no te rías, que es muy serio, que la pobre lo está pasando fatal y no para de tomar antiinflamatorios para paliar su dolor.
─¿Ha sufrido un accidente?
─No, es algo más surrealista. ¿Conoces el aparato succionador de saliva que te colocan en la boca mientras te realizan una limpieza de boca?
─Sí, el aspirador de babas.
─Eso, eso. Pues no sé cómo lo hizo, pero Natalia succionó con ese aspirador la campanilla de su boca y ahora en vez de campanilla tiene un badajo.
─Estás de coña.
─Que no, que no, te lo juro, que hasta el dentista le ha pedido permiso para publicar las fotos de su campanilla en el foro odontológico al que va a acudir. Ay, pobre. Su habla es un poco gangosa y si baja la cabeza el badajo le da contra la lengua.
─¡Qué grima! ─comento sin aguantar la risa.
─Uvulitis, así se llama la inflamación de la campanilla.
─Alucina, vecina.
Al cabo de una semana, la pareja de Natalia sufrió los mismos síntomas: su campanilla se inflamó hasta el infinito y más allá.
─¿Qué te ha sucedido? ─pregunté con intriga a Pedro (nombre falso).
─Ay, que me fui de fiesta con los amigos, que si cerveza arriba y gin tonic abajo, que si risas y más risas... Vamos, que llegué a casa catatónico, me dormí de cúbito supino y entre la sequedad por la boca abierta y los estruendosos ronquidos se me ha inflamado la campanilla. Ay, que no puedo hablar...
   Ahora estoy tumbada en la camilla del dentista para mi limpieza anual, el succionador baila por mi boca, mi campanilla tiembla de terror y yo estoy totalmente acojonada.
¡Amo mi campanilla, no quiero un badajo!

Natalia y Pedro, una pareja muy uvulítica

jueves, marzo 07, 2019

Grandes autoras, grandes mujeres


Somos iguales, hombres y mujeres. Los escritores tienen el poder de transmitir historias a través de sus libros. Nos cogen de la mano y nos lanzan a un viaje infinito entre hojas blancas con tinta negra. Ante nuestros ojos surgen otros mundos, otras situaciones. Sentimos, lloramos, tememos, suspiramos, nos excitamos, reímos... Somos iguales, pero tal vez hoy, 8 de marzo, voy a presumir de alguna que otra autora que me ha pellizcado el corazón.
  • Fred Vargas. "Cuando sale la reclusa".
  • Isabel Allende. "La casa de los espíritus".
  • Carmen Laforet. "Nada".
  • Almudena Grandes. "Las edades de Lulú"
  • Patricia Highsmith. "El talento de Mr. Ripley".
  • Arundhati Roy. "El dios de las pequeñas cosas".
  • Laura Esquivel. "Como agua para chocolate".
  • Dolores Redondo. "Trilogía del Baztán".
  • Julia Navarro. "Dime quién soy".
  • Donna Leon. Serie Brunetti.
  • Rosa Montero. "La ridícula idea de no volver a verte".
  • Camilla Läckberg. Serie Fjällbacka.
  • Clara Sánchez. "Lo que esconde tu nombre".
  • Marta Sanz. "Black, Black, Black".

martes, febrero 26, 2019

Mis amigas "divors" son divinas



El día que escuché a Ágatha Ruiz de la Prada definirse como divor me enamoré. No de ella, sino de la palabra, tan fantástica, tan glamurosa. Ay, que no es lo mismo ser una divorciada que una divor. Así que puedo presumir y presumo de tener muchas amigas divors con las que comparto noches fantásticas. ¡Nada mejor que un puñado de mujeres con lengua viperina delante de un buen vino, un gin tonic u otras cosas!
      Entre mis amigas hay divors de nueva generación, cosecha del 18; otras crianza y reserva de más de 10 años. Incluso muchas locas han abandonado el status divor y conviven de nuevo con otra pareja (arrejuntá). ¡Y alguna exdivor se ha vuelto a casar (recasá)! Fiesta, fiesta.
      La primera época de las divors no es fácil, suelen estar tristes, dolidas... Hasta que llega ese día que se miran al espejo, sonríen, se dan cuenta de su valía y empiezan a quererse.
      Unas se crean perfiles en apps de contacto y desatan su salvaje sexualidad; otras se apuntan a diversas actividades deportivas, clases de cocina o alpinismo; alguna que otra descubre que como ella no hay nadie en el mundo y no quiere saber nada de relaciones de pareja... En la variedad está el gusto y lo que te cuenta una divor siempre es secreto, palabrita de divor o amiga de divor.
      Eso sí, os puedo confesar que mis divors son geniales, divertidas, divinas y las quiero mucho, mucho, mucho.

domingo, febrero 17, 2019

En el nombre de los hombres


Este año dos políticos españoles han sido padres. Él a sus 40 años, algo mayor, pero sin llegar a ser papiabuelo. Ella, superada la treintena. Desde aquí mis felicitaciones porque como madre creo que es lo mejor de la vida, y hablo como sufridora de un hijo horrorescente y otro más mayor que me impide dormir cada noche que sale de juerga. Es decir, ya he superado el proceso bebé, parques, pañales, guardería, primaria y secundaria. Pese a ello no soy capaz de dar consejos a otros padres porque la experiencia de cada uno frente a su prole es diferente.
         Acabo de leer en twitter una declaración de la madre treintañera: "Ha llegado la hora de que los hombres asuman la corresponsabilidad de ocuparse del cuidado de sus hijos". Alucinada me he quedado. Tanto que he limpiado las lentes de mis gafas para comprobar que lo que leía era cierto. Vivo rodeada de hombres y como mujer me cansa que se generalice siempre la actuación del sexo masculino. Mi pareja, como diría Pedro Corral, ejerce de padre desde las 10 de la mañana del 19 de septiembre de 1999. Es cierto que no compartimos la baja de maternidad porque ese derecho me lo tenía merecido por mis nueve meses de embarazo, el parto y amamantar a mis churumbeles durante una larga temporada. Me parece muy bien que haya gente que divida ese tiempo, pero porque yo no lo haga no quiere decir que mi pareja sea mal padre. También me cogí una reducción de jornada laboral para el cuidado de mis hijos, compatibilizar mejor la vida familiar y apaciguar mi necesidad de estar junto a ellos. ¿Acaso eso quiere decir que él es un mal padre? No, al contrario, fue un acuerdo que decidimos ambos, por el bien de nuestra familia. 
         Ahora que son mayores y la vida deportiva de mis hijos acapara cada fin de semana reconozco que me quedo remoloneando en la cama mientras el padre de las criaturas se los lleva a los partidos que tienen que disputar. ¿Acaso yo soy mala madre?
        No me gusta juzgar a la gente, pero tampoco soporto a las personas que se creen por encima de los demás y aleccionan desde su perfección a la humanidad.

Esta entrada en el blog se la dedico a los hombres-padres de mi familia, amigos y compañeros de trabajo que se corresponsabilizan del cuidado de sus hijos, la amplia mayoría. Va por vosotros, queridos.  

lunes, enero 28, 2019

Libros oscuros, libros de amigos

@emmapt

Mi mente oscura me sumerge en historias de venganzas, asesinatos, abusos... Pura novela negra. Mi corazón, que también lo tengo, me tienta a leer libros escritos por autores que conozco -amigos o compañeros- y así zambullirme en otros estilos literarios como la poesía o novela histórica.

4321 (Paul Auster. Seix Barral)
No me gusta saber el argumento de una película antes de verla ni de un libro antes de devorar sus páginas. Adoro la sorpresa, que me invada el argumento sin tener un juicio previo o distorsionado de ella. Admito que la novela de Paul Auster al principio me volvió loca, tanto que pensé que la descarga en el Kindle había fallado. Un caos. Seguí leyendo hasta que descubrí que el eje principal del argumento es el azar, la obsesión de Auster. No es un libro, son cuatro protagonizados por Archie y los distintos desenlaces de su vida. De fondo, la historia de Estados Unidos, las revueltas estudiantiles, la crisis económica... 4321, cuatro vidas en mil páginas. Muy Auster.

El heredero (Jo Nesbø. Reservoir Books)
Jo Nesbø abandona a Harry Hole, el protagonista de El muñeco de nieve o El leopardo, y nos embarca en una oscura venganza. A Sonny Lofthus siempre le han engañado. Su tristeza le lanza a inculparse de más delitos de los que ha cometido. Refugia su dolor en la cárcel y en las drogas hasta que descubre el engaño y perpetra su venganza. Una gran novela ambientada en Oslo que desgrana la corrupción policial y se matiza con una historia de amor. Muy recomendable.   
«El pasado de una persona está escrito en su mirada, y merece la pena intentar aprender a leerla».

En el abismo (Aranaldur Indridason. RBA)
Aún recuerdo la noche de insomnio de aquel de verano de 2009 cuando, desesperada, cogí el libro La mujer de verde de la estantería del salón. Las páginas  de Indridason evadieron aún más mis sueños. Y de nuevo lo ha conseguido: el arranque de En el abismo es trepidante, obsesivo. Varias historias se entremezclan alrededor del policía Sigurður Óli: un asunto de abusos a un menor que ha prescrito hace años, un chantaje sexual que termina en asesinato, unas operaciones económicas nada legales... Una novela barnizada de frío islandés que a veces pierde fuelle, pero engancha hasta el final.

La Desaparición de Stephanie Mailer (Joel Dicker. Alfaguara)
Las novelas anteriores de Joel Dicker me engatusaron, remoloneé entre sus páginas hasta que descubrí quién era el asesino en La verdad sobre el caso Harry Quebert o en El libro de los Baltimore. En cambio, su última novela es amena, entretenida, pero falta un poco de 3 en 1 para que ajusten todas las piezas. Mucho menos de lo que yo esperaba.

GRANDES AUTORES, GRANDES CONOCIDOS  

Cuaderno de Hollywood (Alfonso Armada. elcercano.com)
Si la escritura fuera un piano, Alfonso sería un virtuoso pianista. No hay tecla literaria que se le escape. Las páginas de sus libros esconden sus historias como corresponsal de guerra en Sarajevo o Ruanda; sus viajes por las carreteras secundarias de España; su visión como corresponsal de Nueva York, donde vivió el atentado del 11S; sus devaneos en Rusia y su pasión por la familia y su Vigo. Ahora, su hiperactividad literaria se asoma en forma de poesía con Cuaderno de Hollywood: un salpicón de poemas donde se esconde James Ellroy, Hollywood, Sunset Boulevard, el cine... Pasión cinéfila entre rimas.

Don Juan contra Franco: Los archivos secretos de la última conspiración monárquica. (Juan Fernández-Miranda y Jesús García Calero. Plaza&Janés)
La idea de escribir este libro, como cuentan sus autores, surgió en 2016. Aquellas navidades recibieron en la redacción de ABC un regalo con olor a papel envejecido: los documentos que los espías del régimen entregaban a Franco para informar sobre los movimientos de los monárquicos que conspiraban contra la dictadura. Franco, con su lápiz de dos colores, subrayaba aquello que más le preocupaba ─azul lo bueno y rojo lo malo─  y ordenaba desterrar o encarcelar a los más conflictivos. Incluso a mujeres como Luisa de Narváez, la duquesa de Valencia. Página a página se desvela cómo se fraguó la conspiración de Don Juan contra Francisco Franco y cómo logró que a través de su hijo Juan Carlos se instaurará de nuevo la monarquía en España. Un gran libro para conocer una época de nuestra historia desconocida para muchos.

Moscas (Agustín Pery Riera. Pepitas de calabaza)
La imagen idílica de sol, playa y relax de Mallorca salta por los aires tras leer "Moscas". Pery convierte la isla de la calma en el ring de la corrupción. Nadie se salva. No hay buenos y malos. Todos huelen a excrementos, miseria humana, y las moscas revolotean alrededor del hedor. Una novela negra que te arrastra de la mano de Alto, el inspector norteño de homicidios, entre sobornos, jueces, sicarios, zorras de alta esfera, periodistas, priores... Una ametralladora textual que dispara frases cortas, exabruptos e insultos para atinar en la sucia diana de la corrupción política y personal. 

ANTIGUAS CRÍTICAS EN EL BLOG

viernes, noviembre 23, 2018

Sin vergüenza y con las bragas de Bridget Jones

    

   
Nunca he sido vergonzosa, y la poca vergüenza que tenía la perdí en el embarazo de mis hijos. La estampa idílica de una madre con su retoño recién parido en su regazo oculta una realidad que poca gente quiere desvelar. Horas antes de que nazca el bebé, las mujeres perdemos todo nuestro pudor y adquirimos la costumbre de abrirnos de piernas en cuanto oímos que se abre la puerta de la habitación. No por guarrillas ─en ese momento los deseos sexuales son inexistentes─ sino por el goteo continuo de enfermeras que te meten mano para ver cuánto ha dilatado el cuello del útero; ginecólogos que calculan vía uterina el tiempo que falta para el parto y, de paso, una persona con bata blanca que pasaba por allí y no sabes a cuento de qué también te mete mano. 
      Los resquicios de vergüenza que aún me quedaban volaron este año cuando me convertí en un helado crocanti por culpa de la trocanteritis, que, para quien no lo sepa, es una bursitis que se genera en la cabeza del fémur y te impide caminar con estilo. Realmente te hace arrastrarte como una anciana de más de cien años. 
      Comprar un tacataca rondaba por mi mente, pero antes acudí a la consulta del traumatólogo al que relaté con cierto humor mi incapacidad para mover el esqueleto con soltura y mi temor a que se declarase un incendio en el trabajo y me chamuscara ante la imposibilidad de salir corriendo. Le di tanta pena-risa que me infiltró unos cuantos corticoides mientras me contaba su historia de amor (le trasplantaron el riñón de su mujer, eso es love y lo demás son tonterías)
     Durante un tiempo mejoré, tanto que hasta pensé en hacer varias volteretas laterales por la playa. Mi ilusión duró un suspiro, el crocanti volvió a aprisionar mi fémur y decidí ir al fisio de mi hermano Roberto. ¡Qué espectáculo! Mientras esperaba a que me llamaran para mi sesión de reparación, pasaba frente a mí gente perfecta, musculada, sin un gramo de más. Y allí estaba, en el centro especializado para deportistas de élite con mi cuerpo body-positive, mis michelines e imperfecciones.
    ─¿Qué tal te ha ido?─, me preguntó mi hermano.
   ─Parece que mejoro, pero mi imagen tumbada en la camilla con mis bragas Bridget Jones para disimular mis michelines, el fisio clavándome dos agujas en la cadera para recargarme como si fuera una batería de coche, ese masaje con gel que ardía... Entre tú y yo, un horror. Y sabes lo más fuerte.
   ─Cuenta.
   ─¡Que al salir me he cruzado por la calle con Belén Esteban! Muy fuerte, hermanito, muy fuerte.

domingo, noviembre 18, 2018

Una bruja es una bruja


No soy supersticiosa. Bueno, un poco. Antes lo era muchísimo, hasta que me cansé. Era agotador. Ahora tengo hortensias y cactus en el jardín. Incluso soy capaz de pasar por debajo de un andamio, eso sí, con los dedos cruzados. Adoro los gatos negros. Entrego el salero en la mano, aunque si se cae un poco de sal tomo un pellizco y lo lanzo hacia atrás. Admito que algunos amuletos decoran mi casa y mi coche. Pequeños detalles sin importancia como la herradura del jardín, la sal y el vinagre de la cocina para espantar la mala suerte, las campanas que cuelgan detrás de la puerta de la entrada para avisar en caso de que se cuele un espíritu maligno en mitad de la noche, la Cruz de Calatrava en la mirilla,  el orgonito ─sustancia compuesta de briznas de metal, resina de poliéster y cobre que transforma la energía negativa en positiva─ del salón, un horroroso elefante con la trompa hacia arriba que alguien me regaló y tengo escondido en el arcón de las bebidas alcohólicas porque no puedo deshacerme de él... En el coche llevo unos chiles rojos y un colgante de cristos rumanos. En la cartera, a mi San Antonio y un dólar... Y otros amuletos que no puedo desvelar.
Juraría que no soy supersticiosa, pero una bruja es una bruja... Y las brujas haberlas, haylas.

martes, octubre 23, 2018

Máster en vaqueros: slim, skinny, straight, cropped...

   
Perdida entre vaqueros

 ─Hola, ¿te puedo ayudar en algo? ─me pregunta una chica pizpireta al ver mi cara de estupor en la sección de ropa masculina.
     ─Estoy buscando unos vaqueros para mis hijos.
     ─¿Qué tipo de denim prefieres?
     ─¿Perdón?
     ─El denim es el tejido con el que se elaboran los pantalones.
     ─Te refieres a lo que en los noventa llamábamos tela vaquera.
     ─Eso, eso. Bueno en estos estantes tenemos distintos modelos de denim. ¿Qué estilo se ajusta más a sus gustos: slim, skinny, loose, straight, cropped o carrot fit?
     ¡Dios mío me acaban de teletransportar a EE.UU. y no me he enterado! ¿Pero por qué me habla esta chica en inglés?
    ─Pues me has dejado helada... No sé ni qué contestarte.
    ─Ay, no estás a la última.
    ─Pues va a ser que no... ─le contesto con unas ganas imperiosas de darle un puñetazo en la nariz, aunque no sea políticamente correcto.
    ─Pobre, te lo voy a explicar ─otra frasecita así y la estampo─. Los skinny son pantalones estrechos.
    ─Los pitillos de toda la vida, ¿no?
    ─Exacto, lo has pillado. Los slim fit son estrechos pero solo en la parte de las caderas y los muslos. Es decir, dejan un poco de libertad y soltura en las rodillas y gemelos. Los straight son rectos. Los cropped son ideales para el verano porque son sueltos  y están cortados a la altura del tobillo y los carrot fit son anchos por arriba y estrechos por debajo, la pasión de los surfistas. ¿Lo has entendido?
    ─Claro, bonita, me ha quedado superclaro, sobre todo lo de los vaqueros zanahoria. Decidido, ahora mismo hago una transferencia a mis hijos y que se compren ellos lo que les dé la gana. Vamos, con lo fácil que eran antes los vaqueros: rectos, pitillo, elefante y de talle alto o talle bajo. Joder con los vaqueros, perdón, denim.

viernes, octubre 12, 2018

¿Por qué nadie saca la ropa de otoño o de primavera?


Hace frío: saco la ropa de invierno. Aprieta el calor: desempolvo la ropa de verano. Así año tras año, injusticia tras injusticia. Qué vergüenza, qué forma de maltratar al otoño y la primavera. ¿No es cierto, almas de cántaro, que la ropa de invierno se saca en otoño y la de verano, en primavera? ¿Por qué nadie dice "mañana hago el cambio de ropa de primavera a otoño"? Ay, qué pena, penita, pena. No sé si abrir un change.org para reclamar la dignidad de las dos estaciones ninguneadas, escribir al defensor del pueblo o convocar una manifestación. En fin, mientras barrunto qué hacer voy a sacar la ropa de otoño, que el frío ha aparecido y me apetece cubrir mis carnes con un frondoso jersey.
    ¡Que viva el otoño y la primavera!

martes, octubre 02, 2018

Body positive


Querida Amaia Montero: no nos conocemos, ni creo que lo hagamos, pero esta semana me has preocupado. No pienso juzgarte por tu apariencia física. No sé si tienes un leve sobrepeso, ni me importa. En cambio, te puedo confesar, como canta la Pantoja, que a mí me sobran unos cuantos kilos. Tal vez porque cocino muy bien (modestia aparte), me encanta comer, beber, organizar fiestas, un tiroides alocado... ¿Me gustaría estar delgada? Pues sí, no me importaría, pero tampoco mucho, que las dos veces que he estado escuálida ha sido por problemas y me encantan las alegrías.  
   Asumo que no estoy en mi peso ideal y me he convertido en una body positive, tanto que si alguien me llama gordi sonrío y si me dicen guapa o simpática, también. No me gusta dar consejos, pero es mejor reconocer las cualidades y defectos de cada uno y, sobre todo, reír. La vida son dos días y al final la gente te recuerda más por las carcajadas, aventuras, historias, anécdotas... que por unos kilos de más. No voy a negar que la apariencia física es importante y a todas nos gusta estar guapas: delgada-guapa, gordi-guapa... Y si una es fea pues tampoco pasa nada. Como dice mi madre: cada uno tiene su público y, en tu caso, más.

martes, septiembre 25, 2018

¿A quién quieres más al dedo índice o al meñique?


Vivo sin vivir en mí. Las pesadillas me torturan, martirizan e histerizan. Observo el dedo índice de mi mano derecha y sufro. Sé que es una paranoia de las mías, pero soy incapaz de controlarla. Este año por mi cumpleaños me han regalado un móvil, no por ser  una friki de los nuevos gadgets sino porque mi último BQ se enamoró de mi oreja o mi oreja del BQ, nunca me quedó claro. Un idilio desquiciante. De pronto, la oreja activaba el altavoz, grababa las conversaciones o decidía dar una llamada por finalizada y colgaba sin previo aviso, así es ella. Asumí el romance, pero la gente con la que hablaba por teléfono no lo soportaba. 
      Al nuevo móvil aún no le he cogido cariño, al contrario, me estresa. Si sitúo el dedo índice en el círculo de la parte trasera del teléfono se desbloquea. Todo muy moderno, pero no dejo de imaginarme a algún delincuente amputando mi dedo índice para escarbar la información secreta y confidencial de mi móvil y, pensándolo bien, casi prefiero que me rebane el dedo meñique que, aunque lo quiera, tiene menos utilidad.
    Adiós meñique, adiós.

jueves, septiembre 13, 2018

Va por ellos


En mi familia es tradición escabullirse en las bodas religiosas por el pasillo lateral de la iglesia para tomar unas cañas en algún bar cercano. Pese a los codazos que me dan antes de huir, jamás he podido acompañarles. No por pasión cristiana, sino por la incertidumbre ante la respuesta de los futuros contrayentes. ¿Y si en vez de afirmar su amor con un “sí, quiero” dicen un “no, quiero”? Una situación muy de película que me genera estrés e inquietud. 
     Hace años, la vuelta de vacaciones también me tensaba. La congoja de saber si le había sucedido algún percance a familiares o amigos me preocupaba hasta que en septiembre pasaba lista. En cambio, ahora, las nuevas tecnologías nos informan segundo a segundo de la vida. Imposible desconectar.
    Este verano el tinto de verano se tornó negro oscuro. El sonido insistente del whatsapp anunció tristes noticias. “Ha fallecido Domingo Pérez, leí en la pantalla del móvil. De golpe me atacaron los recuerdos. Trabajé con Nano en julio de 2004, cuando hicimos el suplemento especial de los Juegos Olímpicos. Venía desde la sección de deportes, se sentaba en una silla a mi derecha y, siempre con una sonrisa, mostraba su emoción por el diseño arrevistado de las páginas que diferían totalmente del enconsertado periódico. Formamos un gran equipo y reímos mucho, a carcajadas. Hace años se fue de ABC y, la vida es así, perdí el contacto con él, pero no su recuerdo.
    “Ha fallecido Manolo”, me escupió de nuevo el whatsapp al cabo de pocos días. Y lloré. Manuel Erice llevaba años luchando contra un puñetero cáncer. En julio su situación era preocupante, pero uno se pone la venda en los ojos y no lo acepta, se niega a creer que es verdad. Podría decir de él que era un gran profesional, subdirector o corresponsal. Y me quedaría corta, pero mi recuerdo me lleva a las mañanas de domingo en el polideportivo de Barajas. Nos cruzábamos en las pistas: él con estilo y elegancia jugaba al tenis; yo, sin su glamur, al pádel. Siempre nos saludábamos con nuestra ropa deportiva, raqueta y palas. Por la tarde, más aseados y elegantes, trabajábamos en la redacción de ABC. La dualidad personal y laboral.  
   Los mecanismos de la mente son complejos, los recuerdos que almacena no tienen mucha lógica, pero es así como ellos viven en mi memoria.
D.E.P., queridos compañeros.

lunes, agosto 27, 2018

Pongamos que hablo de libertad, no de política


Pongamos que hablo de Madrid, exactamente de la farola que hay frente a mi casa. Un elemento que además de dar luz pertenece al espacio público de la ciudad. Es decir, su mantenimiento y limpieza se financia a través de los impuestos que todos los madrileños pagamos al Ayuntamiento que, como marca la normativa de "Limpieza de espacios públicos", tiene la obligación de eliminar las pegatinas, chicles, carteles o similar que alguien ubique en ellos.

Pongamos que hablo de amor, de una pasión desatada que me hace colocar pegatinas de corazones verdes 💚💚💚 en la farola frente a mi casa.

Pongamos que mi vecino odia el amor y, como le revientan mis corazones, los arranca de las farolas.

Pongamos que insisto y coloco más corazones verdes 💚💚💚 y cuando pasa la patrulla de limpieza del Ayuntamiento en vez de quitarlos me sonríen porque ellos también están enamorados y la alcaldesa decide permitir mi ilegalidad.

Pongamos que mi vecino se levanta un día harto de mis verdosos corazones 💚💚💚, que ahora ocupan todas las farolas, contenedores y papeleras de la calle, y elimina con furia los corazones porque el mobiliario urbano que estoy utilizando también es suyo y la ley no me tendría que apoyar. Sin embargo, cuando la patrulla de limpieza ve su acción llama a la policía para que lo detengan por impedir que yo exprese cómo se siente mi corazón.

Pongamos que no quiero hablar de política, que me da igual la opinión de unos y otros, pero aplaudo a los ciudadanos que defienden la neutralidad de los espacios públicos. Y, por supuesto, si alguien desea mostrar su queja o reivindicación que alquile las vallas o lugares habilitados para ello.

Pongamos que mi amor es tan loco, animal, irracional y pasional que clavo estacas con corazones verdes 💚💚💚 para que todo el mundo sepa cómo late mi desatada "patata" en la playa, en el pinar, en la plaza del pueblo... Y, aunque molesten a las personas, que nadie ose quitarlos porque sólo yo tengo la razón.

Pongamos que no entiendo nada... 

lunes, julio 30, 2018

Duelo lector


Los libros, como el amor o las amistades que se pierden, necesitan su momento de duelo. Un tiempo para asimilar que la historia se ha acabado, que los protagonistas se quedarán encerrados entre las páginas y tu memoria. Pero, como dice el dicho, un clavo saca a otro clavo, o no. 

Sol poniente (Antonio Fontana. Fundación José Manuel Lara)
En la presentación de su libro, Antonio Fontana -amigo, asesor literario, editor...- explicó que su novela es como un perrito adorable, el típico bichón maltés, al que te acercas con ternura para acariciar su suave pelo blanco y de pronto se gira, abre la boca y te arranca un dedo de la mano. Y así es. La historia -ganadora del Premio Málaga de Novela 2017- se desarrolla en su Málaga natal y nos traslada a los recuerdos, a los viajes a la playa apretujados en el asiento de atrás de un Seat, a las conversaciones de las abuelas y sus amigas, a películas como el "Mago de Oz" o "Lo que el viento se llevó", anécdotas de la infancia, la cocina (¡esa olla con sabor o las pinzas suicidas!), la familia... Todo muy bichón hasta que te muerde. Fantástica novela, y no me ciega la amistad. 

Chesil Beach (Ian McEwan. Anagrama)
Un suspiro de historia en los años 60. La primera noche de novios de una joven pareja inexperta en materia sexual, con prisas y salpicada de flashbacks que nos desgranan el pasado de cada uno de ellos, cómo se conocieron, sus miedos. Una noche en la que todo cambia.

Una investigación filosófica (Philip Kerr. Anagrama)
El regalo perfecto para cualquier autor es que la gente lea sus libros. Mi pequeño homenaje por la muerte del gran escritor Philip Kerr fue devorar su novela "Una investigación filosófica". El argumento parece básico: un psicópata que asesina en Londres a personas sin ningún tipo de relación entre sí, o eso parece. El desarrollo de la trama, las nuevas tecnologías para prever cómo van a actuar las personas según su genoma, el control por parte del estado... "Un mundo feliz" muy futurista que te hace reflexionar.

Ordesa (Manuel Vilas. Alfaguara)
Novela desgarradora en la que la muerte preside cada página. Dolor por los seres queridos desaparecidos, por los recuerdos que nos asaltan ante cualquier nimio detalle. Dolor al ver cómo los hijos vuelan libres y abandonan el nido. Una obra llena de nostalgia a flor de piel. Un libro triste.

Berta Isla (Javier Marías. Alfaguara)
¿Quién no ha imaginado en su juventud cómo sería de adulto? ¿Acaso alguien ha acertado? Lo dudo, y mucho. En esta fantástica novela, Javier Marías nos sumerge en una historia de amor con muchas sombras, deseos y secretos a lo largo de una vida. Intrigas que viajan entre Madrid y Londres, entre el corazón herido y el sufrimiento del alma. Genial.

Que nadie duerma (Juan José Millás. Alfaguara)
No es fácil explicar qué me atrapó en la novela "Que nadie duerma". Que lo escriba Millás siempre da seguridad.  Además, si hila el argumento con las notas de la ópera Turandot consigue que la melodía de la compleja historia personal, de amor y turbación, de recuerdos y sexo, te sumerja en su enigmática obra. 

Artículo 353 del código penal (Tanguy Viel. Destino)
En este año en que la justicia nos ha sorprendido con algunas de sus sentencias, cayó en mis manos este libro en el que desde el principio se sabe quién es el culpable de un asesinato, pero cómo argumenta su decisión en el juicio el acusado, las razones que le abocaron a semejante acto, sin arrepentimiento y con la conciencia muy tranquila, nos obliga a tomar una posición: castigar o justificar su acción con la ley en la mano. 

Arderás en la tormenta (John Verdon. Roca)
La primera novela de John Verdon, "Sé lo que estás pensando", me atrapó. La segunda, también. Y así hasta esta última que por fidelidad empecé a leer, porque adoro a su protagonista, el comisario jubilado Dave Gurney, y su rancho con tractor y restos arqueológicos incluidos. Verdon en estado puro.



ANTIGUAS CRÍTICAS

martes, julio 24, 2018

Tonta, blanca y hetero


Últimamente estoy más silenciosa, callada, incluso apocada. Tanta corrección política me enmudece. Por ejemplo, si digo "ay, mira que eres tonto", mis hijos me acusan de ofender a los discapacitados mentales. A ver, que son expresiones adquiridas, que al decir tonto, estúpido o imbécil solo quiero manifestar inutilidad. Por dios, que en mi infancia me decían esas palabras acompañadas de una colleja y no me han creado ningún trauma.
       "Es impresionante cómo corre ese negro", dije al ver la carrera de los cien metros de los Juegos Olímpicos. Tras aquel comentario me convertí en la mayor racista del universo. No sé cómo explicar que los de mi generación jugábamos a las cartas de las familias y la bantú era negra; la china, amarilla y los esquimales, marrones. ¡Pero si yo soy blanca o roja gazpacho según la estación del año! Ay, ay, ay, que se van a ofender los andaluces por llamar rojo al gazpacho...
       El día que me tildaron de homófoba, flipé. En el mundo LGBT si dices maricón en un contexto gracioso, sin intención de ofender, ellos son los primeros en reír y utilizar la expresión sin complejo: "Te tengo que presentar a mi amigo, él sí que tiene pluma, el muy maricón", me han dicho más de una vez. 
       Y ahora, además, he de tener en cuenta el lenguaje inclusivo y mostrar tanto el género masculino como el femenino de cada palabra que diga. Vamos, hombre, lo que me faltaba. Toda la vida estudiando que el género masculino plural aúna los dos géneros y ahora he de decir amigos y amigas para que ninguna de mi especie se sienta ofendida.
       ¡Una mierda! Soy una tonta, blanca y hetero ─porque me gustan los tíos y soy mujer, que si me gustaran las tías diría que soy bollera aunque se ofendan los panaderos─ y si a alguien le molesta mi forma de hablar, mis risas o mis historias lo tiene muy fácil, que me abandone, que no soy rencorosa ni me voy a molestar.
      ¡Ay, qué suerte ser perro, gato o pájaro y poder ladrar, maullar o piar sin tener en cuenta tanta corrección política
    ¡A la mierda!, como exclamó el gran Fernando Fernán Gómez. 



       

viernes, julio 06, 2018

Neurótica antipática gramatical


Hay gente que cree que soy simpática y graciosa, pero es falso. Puedo confesar y confieso que soy bastante insoportable y rarita. Por ejemplo, si escucho ciertas expresiones sufro un ataque de nervios incontrolable que me convierte en una auténtica borde neurótica de las palabras. Tanto, que hasta he elaborado un listado de expresiones atroces para adquirir el título de asquerosa antipática gramatical

Expresiones que me desquician y desesperan

1. Entreno: Por favor, deportistas de pro, ¿por qué habéis tirado a la basura la palabra "entrenamiento"? Os aviso: si decís "yo entreno en el entreno" que no esté cerca... ¡Qué horreur!
2. Petar: Me implosionan los oídos cuando escucho "el local estaba petado". A ver, almas de cántaro, según la RAE petar significa estallar o explotar. Aunque si eres un revival de los ochenta te debe "petar un montón que el local esté petado". Peto, culo, caca, pis.
3. Me la suda: Sin comentarios. Es tan, tan soez, que omito mi opinión.
4. Chiscar: "Qué fuerte, estaba en casa chiscando con mi novio y saltó la alarma de seguridad". Puedo jurar y perjurar que esta frase me la dijo una amiga. Me imagino que con tanto chiscar se extendió el fuego por las cortinas.
(Chiscar: sacar chispas del eslabón chocándolo con el pedernal) 
5. Cada tres por dos: Es matemáticamente imposible que de dos veces lo hayas hecho tres. Por tanto se ha de decir "cada dos por tres". Y aquí todos pensaréis que realmente soy una auténtica antipática gramatical, pero aún hay más...
6. Ambos dos: Ambos, es decir, uno y otro. Uno más otro son dos. Ambos dos, teniendo en cuenta que ambos son dos, es una reiteración. 
5. Son la una menos diez: Cuando pregunto qué hora es y me contestan «"son" la una menos diez» siento como muere una hada mágica y se desintegra un enanito de jardín.

Como dice mi amiga Nuria, con la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir, y no le voy a quitar la razón.