domingo, noviembre 16, 2008

Reloj, no pares la hora

El reloj, impasible a mi desesperación, ralentiza el tiempo. Siempre ocurre el fin de semana que trabajo. Me desespero. En cambio, los momentos libres que tengo los aprovecho con pasión. Ayer, al salir del periódico, cogí a mis niños y me fui a un espectáculo de magia en la Plaza de las Artes. Ellos disfrutaron y yo, para qué negarlo, me reí y alegre la tarde. Nos acompañaron Alejandro y Cristina con sus padres. Después, una coca-cola en el Vips. Los peques nos dejaron escuchar el rugir de sus estómagos. ¿Qué queréis merendar?, pregunté perpleja -hacía media hora que se habían tomado un yogur y unas galletas-. No, queremos cenar, contestaron hambrientos. En cuestión de segundos, Diego se tomó una quesadilla de queso, una hamburguesa y unas tortitas. Hijo, vas a explotar, comenté con envidia malsana al ver su vientre plano. Álvaro levantó los ojos del plato de espaguetis para llamar mi atención y dijo con la boca llena: yo también me lo voy a comer todo. Volví a casa con los niños cenados. Una ducha rápida y a ver un poco de tele. Alonso estaba de mal humor, el Madrid había perdido (ninguna pena me dio, que conste). Cenamos copiosamente (¡qué delicia saltarse el régimen!) y el sueño hizo su aparición. Subí a mi cuarto. Álvaro contemplaba «Nemo» en el televisor. Me acurruqué a su lado y a los diez minutos ambos dormíamos.
Esta mañana he escuchado como mis hombres hacía cosas por casas, pero mi sueño aún era eterno. Poco a poco, me he obligado a salir de la cama. ¡Casi las once y media de la mañana!, he gritado al ver el despertador. Vista la hora, declinamos ir a ver la exposición de La Guerra de las Galaxias y optamos por disfrutar de una mañana de domingo: Alonso se fue con mis retoños a comprar el pan y unos yo-yos (última tendencia escolar) y yo a cocinar unas suculentas patatas con nata (¡viva la dieta!).
Y aquí estoy viendo como el reloj ralentiza el tiempo y deseando volver a mi casita con mis tesoros...

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