domingo, julio 04, 2010

Empiezan sus vacaciones


A las cuatro y media de la mañana despierto con ansiedad de maruja. En dos días parte Diego de campamento y aún no he preparado nada. Giro por la cama como si rebozara una croqueta (claro, que con tantos kilos de más la representación merece un Oscar de la Academia). Me vuelvo a rebozar y salto de la cama. Imposible dormirse. Con energías noctámbulas tomo a Diego entre mis brazos (¡mira que es delgado!) y lo traslado a mi cuarto para dejar libre el suyo. De mi bolso extraigo la lista de ropa y cosas que debe llevar. Tomo el rotulador indeleble, las pegatinas con su nombre y la plancha y empiezo a preparar la maleta. ¡Qué sudores! Bajo y me preparo un coca light (bebida ideal para volver a dormirme). Después de una hora me percato de que la maleta es demasiado pequeña. Bajo y encuentro una bolsa gigante con ruedas. Traslado todo el material. Escribo y escribo artísticamente con mi rotulador indeleble en el saco de dormir, las toallas, los calcetines... ¡Aún me quedan algunas cosas por comprar! A las siete salgo al jardín, podo algunas plantas, barro las hojas caídas del árbol del vecino (¿existirá un veneno para matar al puñetero arbolito?).
A las nueve y cuarto Alonso abre un ojo:
-¿Qué haces?
-Nada, tú tranquilo, me voy a comprar unas cuantas cosas para el campamento. En seguida vuelvo.
-¡¡Ahh!!- logró contestar antes de volver a dormirse.
En Carrefour, a las diez de la mañana, me encuentro con Ángeles y su lista.
-Ay, Emma, aún me faltan algunas cosillas.
-A mí también. ¡Pero estos pantalones son horrorosos!
-Tranquila, voy a ir a Decathlon, ¿quieres que te compre allí los pantalones de chándal y las zapatillas de deporte?
-Sí, por favor, que a mí no me da tiempo a ir... Eres un sol.
Por la noche todo estaba listo y los mariposas, abejas, avispas y demás insectos con alas revoloteaban por mi estómago:
-Diego, no olvides ponerte la crema antimosquitos, y por la mañana la crema de sol, que los rayos solares son muy peligrosos. Ah, después de la ducha date el After Sun para hidratar la piel. Y las dos noches que dormís al aire libre ponte pantalón largo... Y dúchate con las chanclas, nunca vayas descalzo. Dobla bien la ropa y...
-Jo, mamá...
-¿Pero te has enterado?
-Que sí...
-En esta bolsita llevas el cortauñas, los kleenex, el cargador del móvil y unas tiritas de silicona, pero si te ocurre algo se lo comentas a los monitores.
-Que sí...
-Ay, que te quiero mucho...
-Ya lo sé, mamá, y yo a ti.
A las siete y media de la mañana partimos rumbo a la Plaza de Ventas. Los autobuses esperaban. Diego corrió con su emoción junto a sus amigos. Todos estaban ansiosos por partir y disfrutar sus quince días de aventura. Intenté decirle que no hiciera el cabra, que fuera un poco cauteloso, que a ver con quién bailaba en la discoteca... Antes de hablar, Alonso me hizo callar con la mirada.
El autobús partió rebosante de alegría y perseguido por los cientos de besos voladores que lanzamos los padres y gritos de ¡pásatelo bien!, ¡disfruta un montón!, ¡pórtate bien! y ¡no olvides ponerte la crema solar! (Emma dixit).
-Mamá, el año que viene yo también quiero ir al campamento de quince días... -comentó Álvaro.
-Ya veremos, cielo, aún eres pequeño.
-Bueno, pero daros prisa que hoy empieza mi campamento de día en el colegio, quiero ver a mis amigos y bañarme en la piscina. -ordenó feliz por ejercer unos días de hijo único.

¡Qué maravilla ser pequeño!

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