lunes, junio 21, 2010

Peñafiel 2010. Reunión de amigos

 

Hay fines de semana que cultivan el intelecto y te hacen volver a casa con más sabiduría, si cabe. Por ejemplo, ahora sé que cuando un intruso de gran tamaño (un ratón) invade una colmena las abejas lo aniquilan y lo momifican con propoleo para que no contamine su habitáculo; que si  una abeja ataca debemos protegernos los ojos, la parte más sensible de todos los animales; que los afectados con condritis esternal, inflamación del cartílago, tienen un chat para hablar de sus dolencias; que las barricas de vino se desinfectan con azufre (de ahí que en las etiquetas se indique que la bebida posee sulfitos); que la combinación de queso y miel es una delicia; que hay gente muy equilibrada gracias a unas pulseras y que el origen de la expresión "estar en babia" proviene de la época en que los reyes de León pasaban largas temporadas en Babia y al preguntar sus fieles súbditos por ellos les contestaban "están en Babia". Por supuesto he descubierto que los coches tienen termómetros que indican la temperatura del agua y del aceite, que no todo el mundo puede poner los calzos a un avión y, ¡cómo no!, que hay cada "perlita" por el mundo... ¡Incluso que hay niñas de cinco años capaces de desiquilibrar a hombres de 1,90 de altura! o que hay personas que "cuando hablan, callan"... Cientos de anécdotas repartidas a lo largo de un fantástico fin de semana en Peñafiel con los amigos del colegio, sus parejas, las descendencias y cientos de vivencias marcadas en el corazón.
Este año el punto de encuentro de la tradicional "quedada de amigos" ha sido Mélida, pequeño pueblo a escasos kilómetros de Peñafiel, y sus tres casas rurales para que los 28 tuviésemos cabida.



 Viernes

A las doce llegamos a Peñafiel tras la actuación infantil en el colegio. Besos a todos, maletas a la habitación, un poco de cena, unas copas y a dormir.
Álvaro saltó de su cama a la una de la mañana. Sin llamar entró en la habitación de Marta y Antonio, les fulminó con la mirada y les regañó.
-Por favor, ¿podéis hacer callar a la bebé?... ¡Así no hay quien duerma!
-Eso intentamos, Álvaro, eso intentamos... -Se justificó Antonio mientras mecía a Daniela.



 Sábado

Unos cuantos -Pepo, Chema, David y María- osaron levantarse e ir a jugar al golf a las siete de la mañana. El resto preparamos a los niños y partimos al Molino, museo de harina y miel, para aprender de la mano de Óscar los secretos de las abejas y el trigo. Después, una cata de productos de la zona: miel, vino y queso nos abrió el apetito y acudimos al restaurante que teníamos reservado en Peñafiel a degustar un sabroso cordero.
La tarde se esfumó entre los pasillos repletos de barricas de vino de las bodegas  "Protos".  Catamos un verdejo con sabor fuerte (¿o suave? Ay, Leticia que no me acuerdo) y un Protos Reserva 2006 al que se otorgó la medalla de oro. Por la noche, los niños se acurrucaron para ver una película y los mayores reímos y reímos con nuestras anécdotas, historias y ocurrencias. Una sesión de risoterapia perfecta para el ánimo y el cuerpo.



 Domingo  

Visita cultural al castillo de Peñafiel y a la plaza del Coso, aperitivo en la plaza del Ayuntamiento... Y poco a poco cada mochuelo empezó a volver a su olivo. Algunos comimos juntos y a las cinco, rumbo a los distintos destinos: Madrid, León...
Un fin de semana fantástico, como el de hace un año, como manda la tradición.
Amistad, divino tesoro.


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