lunes, marzo 27, 2006

Con freno y marcha atrás




Su intención fue muy buena: liberarme por unas horas del bebé y dejar que fuera con el mayor al cine. Mi madre y su amiga Rosa, la mujer más maravillosa de Pamplona, se ofrecieron a cuidar del pequeñajo y esperarme en la sierra. Les cedí las llaves de mi coche y al bebé.
-Mamá, no olvides que el coche...
-No seas pesada, Emma, llevo muchos años con carnet y he conducido centenares de coches. Vete al cine y olvídate de nosotras- me espetó mi madre antes de que yo acabase mi frase.
La película no fue nada del otro mundo, era un film infantil, pero fui feliz con mi bol de palomitas, mi coca-cola y las pocas chuches que Diego me dejaba tomar.
Al salir del cine, me abordó un hombre de seguridad del centro comercial.
-Disculpe, es suyo un ford focus familiar gris.
-!Sí!- grité mientras todo el mundo me miraba y por mi me mente se cruzaban escenas dantescas- ¿qué ocurre?, ¿qué ha pasado?
-No se alarme. No ha sucedido nada. Salvo que las cámaras de seguridad han detectado a dos mujeres con un bebé que llevan dos horas subiendo y bajando de su coche. Han arrancado varias veces, pero no han sido capaces de sustraer el coche. Además han intentado meter la sillita del bebé sin plegarla y han roto la puerta del maletero. Un compañero se ha acercado a hablar con ellas, pero tienen un ataque de risa y sólo han sido capaces de indicarnos que en el cine se encontraba usted. No creo que sean peligrosas, pero preferiría acompañarla hasta el párking por su seguridad.- me relató el pobre hombre con cara circunspecta.
-!Ah!- musité.
-Mamá, ¿te han robado el coche?- preguntó Diego.
-No, hijo. Tu abuela, tu abuela... Bueno, luego te cuento.
-Disculpe- me excusé presa de un ataque de vergüenza y con la ira recorriendo todo mi cuerpo- le agradezco todo el interés que ha mostrado, pero las dos mujeres que están en mi coche son mi madre y una amiga suya. En teoría se tendrían que haber ido hace un par de horas. No sé qué habrá ocurrido, pero le aseguro que no son peligrosas. No hace falta que me acompañe.
-Si no le importa, preferiría acompañarla. Le seré sincero: tengo intriga por saber qué ha ocurrido.
-Por supuesto.
Bajamos por la escalera mecánica. La gente me miraba como si hubiese cometido un delito y mi hijo intentaba tocar la pistola del policía.
-!Diego, estate quieto! Sólo me falta que te pongas tú a disparar.
Llegamos al parking. Y allí vi a ese par de mujeres apoyadas en una columna y riéndose sin parar.
-Emma, no te vas a creer lo que nos ha pasado... Ay, no puedo hablar que me hago pis- dijo mi madre entre carcajada y carcajada- No ha habido manera de meter la marcha atrás de tu coche y no sabemos cerrar la sillita de Álvaro. Te juro que lo hemos intentado mil veces. Bueno, al final, Andrés (señaló al otro pobre hombre de seguridad que se le caían lagrimones de la risa) nos ha explicado que hay que levantar la arandela de la palanca de cambios, pero aún no sabemos cerrar la silla. No te enfades, que conozco esa cara tuya. Y no sufras: Álvaro se ha dormido a la media hora, desesperado de ver como subíamos y bajábamos del coche.
Miré alrededor en busca de una cámara oculta, pero no la encontré.
-Cuando cuente esto en Pamplona no se lo van a creer- gritó Rosa mientras retorcía las piernas y se enjuagaba las lágrimas.- Ay, Linu, y tú decías que habías conducido jaguars, porsches... Vamos, que eres como Carlos Sáinz.
-Oye Rosa, que en ningún coche había visto lo de la arandelita de la marcha atrás. Ay, que tengo agujetas de tanto reír.
De pronto me entró el miedo escénico, mi mente calenturienta empezó a imaginar como las imágenes salían en todos los programas de televisión (Vídeos de primera...) y recorrían el mundo a través de internet.
-Bueno, chicas, vámonos que ya habéis montado el espectáculo del día y estos hombres están trabajando.- comenté con voz calmada.
-!Uff, y lo bien que se lo han pasado!- dijeron las dos a la vez.
-Eso es cierto- contestaron los de seguridad.
Se subieron al coche y las miré con mi cara de cabreo.
-Anda, bonitas, que parece que os habéis tomado un tripi.- rugí.
-Pues esto pone más y es más barato- rieron desesperadas- Por favor, vámonos rápido que "nos meamos toas".

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