lunes, abril 14, 2008

Resumen semanal

Mi semana de estrés laboral mensual es agotadora. No saco un momento para mí, para escribir, para relajarme. Mis horas vuelan entre el trabajo en el periódico, el quehacer de casa, los niños, mi Alonso y, cuando tengo a todos dormidos, realizo en horas intempestivas mis colaboraciones externas. Ahora entiendo por qué un compañero de Pozuelo expresa que yo soy como su regla, que le vengo una vez al mes y le dejo agotado. Lo mismo ocurre conmigo.
Pero además del trabajo mantengo mis escapadas. El viernes pasado, por fin, tuvimos la cena de primos. Los anfitriones fueron María y Víctor (la próxima nos toca a nosotros). Cabe destacar la virtud familiar de la posguerra, es decir, que si somos ocho personas cocinamos para dieciséis, no vaya a ser que alguno se quede con hambre y María, por supuesto, nos cebó de ricos manjares (para dieciséis, que conste): paté de ahumados, salmorejo, pimientos con atún, patatas con huevos rotos... de aperitivo y de plato principal, fondue de carne con diversas salsas. El postre (ay, Víctor, qué el fallo el tuyo) iba a ser tarta de manzana pero al final fueron unos ricos helados. El vino -lo trajeron Nico y Clara, el que van a poner en su boda- voló y las risas comenzaron. Las conversaciones se centraron en los anillos: los de boda, los de pareja... Y, cómo no, la boda, porque la celebración multitudinaria es unos meses después del enlace oficial en Oliete, Teruel, y ha generado varias incógnitas: ¿los chicos tienen que ir de traje?, ¿las chicas de cóctel o estilo ibicenco?, ¿zapatos de tacón o alpargatas elegantes?... Mis dudas se resolvieron: iré divina, como siempre, aunque aún no se qué pondré. ¿De largo?, ¿de corto?, ¿tres cuartos?... Depende de mi ánimo.
Este sábado el plan era perfecto: las tres parejas de primos con niños íbamos a quedar para dar un paseo por el parque del Capricho y, luego, a comer a un restaurante que admitiese a todas nuestras fieras. ¡Cachis!, Álvaro se levantó con fiebre y toses y hubo que cancelarlo. Por la tarde vino la familia Peña-Calle a casa, Manuela no paraba de llorar y gimotear porque quería ver a sus primos, e inauguramos la súper terraza del jardín con unas dietéticas tortitas con nata.
El domingo, todo un clásico, nos fuimos con las bicis al Juan Carlos I, aunque fue menos relajante de lo habitual. Cada tres pasos nos encontrábamos con alguien: Susana, la profesora de lengua de Diego; la familia Barreiro (Ángeles, Vicente, Alejandro y Cristina); Irene (compañera de Álvaro) y su madre; María Alonso (otra compi de Álvaro) y sus padres y, como remate, a cuatro compañeros del periódico. Resumiendo: ¿o es purita casualidad o no vuelvo al parque? Al final, para relajarnos nos fuimos a comer al Chicago's y por la tarde disfrutamos de pequeños momentos de traquilidad mientras Diego, Álvaro y nuestro hijo adoptivo, Stéphan (el vecino) veían Spiderman3.

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