viernes, julio 17, 2015

Cómo hacer una pared imantada

Una pared magnética, puro glamour

Quince días sola, sin niños. Podría tumbarme a la bartola, darme un baño en la piscina, disfrutar del paso del tiempo, del crecimiento de las petunias, pero... ¡no puedo! Mi mente empieza a tener ideas, les da forma y los nervios me hacen saltar de la hamaca.
─¡Voy a pintar el cuarto de Álvaro! ─grito a la salamanquesa que toma el sol sobre el ardiente suelo y que huye ante mi alarido.
Azul, blanco, amarillo... Me imagino el cuarto con distintos colores hasta que me decido por un gris arena. Subo a la habitación y los dinosaurios que decoran las paredes me suplican que no los eche, que quieren seguir allí. 
─Lo siento, no puede ser ─musito con pena─, Álvaro ya tiene once años y necesita un ambiente más juvenil.  Además, le voy a dar una sorpresa...

Paso 1: preparar la habitación
Igualar paredes y proteger las distintas partes para que no se manchen

Preparativos

Paso 2: sorprender
Una tarde en una tienda de Loewe, Gucci o Roberto Verino no me atrae lo más mínimo, pero una tarde en Leroy Merlin o una gran ferretería me vuelve loca y eso es lo que me pasó: me volví majara ante un nuevo invento que han sacado, una pintura magnética que imanta la pared. Después de muchas dudas decidí ponerlo en práctica y pinté una pared de negro. Pero no una capa, ni dos, ni tres... ¡5 capas! ¡Y cada una en distinto sentido para potenciar la imantación! ¡Me convertí en la karate kid de la pintura! Arriba, abajo, izquierda, derecha...

La loca de la brocha

Negro sobre negro
Paso 3: Cubrir la pared negra
Después de dejar secar la pintura imantada, es el momento de cubrirlo con el color deseado ─en este caso, gris arena─ y disfrutar de la creación: una pared con efecto magnético que permite colocar todos los posters o imágenes que se desee con imanes. La forma perfecta par no destrozar las paredes con chichetas o clavos. La locura de cualquier niño o mayor (¡creo que voy a imantar toda mi casa!)


Resultado final

jueves, julio 09, 2015

Envidia cochina

¿Pintura negra?

Pero qué envidia me dan mis hijos. Diego, en Malta, despendolado y disfrutando como un loco. Amigos daneses, franceses, italianos... Fiestas, excursiones, playa. Tres semanas de desenfreno y, espero, algo de inglés. Álvaro, el pequeño, en un campamento multiaventura en Cazorla: tirolinas, rocódromo, piraguas, pádel surf... Y mientras, la madre de las criaturas currando y pintando el cuarto del pequeño en mis ratos libres. Una auténtica sufridora. 
Eso sí, cuando se duerme el sol nos lanzamos a disfrutar de Madrid la nuit.

P.D: En breve os desvelaré por qué he pintado la pared de negro. Lo más de lo más. Y ahora, unas fotitos de Malta que me manda mi hijo para ponerme los dientes largos... Ay, menos mal que los adoro




viernes, julio 03, 2015

Rick Astley nunca me abandonará

¡Emma y Rick Astley!

Recorro las calles de Madrid en mi sauna particular. El aire acondicionado me ha abandonado y no hay forma de respirar aire fresco. Abro las ventanas del coche y el tórrido calor se cuela sin compasión. En la radio suena "Thriller", de Michael Jackson. Mi primer recuerdo me traslada a la Nochevieja de 1982 en casa de mi abuela Mary. Como marcaba la tradición todos íbamos vestidos de gala (¡aquellos dorados eran un poema sin rima!). Primos, tíos, padres... Todos arremolinados alrededor de la televisión para admirar la gran obra de arte: el videoclip de "Thriller". Lo más de lo más del momento. 
La música sigue sonando. Regreso al presente y por mi mente bailan Álvaro y sus amigos disfrazados de zombis con camisetas hechas jirones y caras terroríficas. "Ahora, la banda sonora de Piratas del Caribe", dice la locutora. Retiró la gota de sudor que resbala por mi frente, miro la radio y pienso que padezco alucinaciones. Todo lo que escucho me hace sentir la ausencia de mis hijos. Uno en Malta, otro en Cazorla. El mayor me tiene olvidada, el pequeño me añora como yo le añoro a él. C'est la vie
Por fin, una canción española, de las que a mí me gustan, de las que me hacen sentir, llorar o reír. Canto para espantar el calor, sonrío, sudo y repaso mis planes para los próximos quince días: cenas, noches locas, pintar un cuarto, piscina, relax... 
Aparco el coche-sauna en el parking, entro en el periódico y de pronto el día se ilumina, ¡Rick Astley en la redacción! Por Dios, la de bailes que me he marcado al son de "Never gonna give You up" o  "Whenever You need somebody". Presa del ritmo me levanto, me acerco hasta él, me agarra con su brazo y ¡foto para el recuerdo!

Never gonna give you up
Never gonna make you cry
Never gonna say goodbye
Never gonna tell a lie and hurt you
Never gonna let you down
Never gonna run around and desert you

Los mejores zombis de "Thriller", de Michael Jackson

El más pirata de los piratas del Caribe

jueves, junio 25, 2015

¿Dónde están los calcetines que desaparecen?

Después de años de investigación, he resuelto el misterio que tanto perturba a la gente: ¿dónde están los calcetines que desaparecen? Os diré que no es cierto que la lavadora se los coma, ni que se oculten al final de un cajón... No, los calcetines también tienen sus sentimientos, sus amores y odios. Desde que nacen, sin tener en cuenta su lanoso corazón, los emparejan con otro calcetín. Pasa el tiempo y, como sucede en muchas parejas, el tedio, el cansancio y el desamor empieza a mellar su unión. La envidia alimenta los celos y las quejas bombardean la relación: ¿por qué siempre tengo que ir en el pie izquierdo?, se queja con frecuencia el calcetín izquierdo deseoso de abrigar al pie derecho. 
   Entre vuelta y vuelta en el tambor de la lavadora, los calcetines lloran sus penas a sus amigos: "fíjate si será egoísta que no es capaz de cederme un día el pie derecho", "uf, si yo te contara, mi pareja está todo el día criticándome porque mi zona de talón se está desgastando y teme que el humano nos tire a la basura", "pues nosotros nos llevamos muy bien. Bueno, alguna que otra discusión, pero poca cosa"...
   Los calcetines son buena gente pero algunos imaginan un futuro distinto, sueñan y esperan a que les llegue la oportunidad... Sí, esperan hasta que un día la pinza de tender se despista, los sujeta con poca presión y aprovechan para huir y abandonar a su pareja en busca de una vida mejor. 
"Te voy a contar un secreto: Pedro y María se han separado", le cotillea el calcetín Pepe a Cristina en el cesto de la ropa sucia. "¿En serio? ¡Qué fuerte, qué fuerte!".
Cuando el humano descubre la soledad de uno de sus calcetines se vuelve loco y activa la busca y captura. ¿Estará debajo de la cama?, ¿se habrá colado por los cojines del sofá del salón?, ¿se lo habrá comido la lavadora?...
Mientras, un calcetín deambula en busca de su próximo amor, su soledad o nuevas aventuras.

domingo, junio 14, 2015

Amigos de la infancia

¿Qué travesura estaríamos planeando?

Su mirada azul se cruzó con mi mirada verde cuando aún no balbuceábamos palabras y nuestra mayor preocupación era perder el chupete por los recovecos de la cuna. Era la década de los setenta, en el siglo pasado. La amistad de nuestros padres nos invitó a conocernos y, cosas de la vida, supimos alimentar y mimar nuestra relación. Pasaron los años y el patio de casa se convirtió en nuestro nexo de unión jugando a polis y cacos, al churro o al escondite inglés. Compartimos aula en la guardería, con la horrorosa señorita Loreto. Después, él estudió en el instituto San Isidoro y yo acudí al Saint-Dominique, un colegio de monjas en el que nunca me sentí yo misma porque mi vida estaba fuera de allí, rodeada de los amigos del patio, mis primos y sobre todo de mi amigo del alma, Alberto.

   La adolescencia nos llevó a las confidencias, a los secretos, a las notas falsificadas, a las bromas telefónicas que alguna que otra vez se nos fueron de las manos, a las cervezas en su habitación antes de salir de copas... La gente hablaba y murmuraba "seguro que entre Emma y Alberto hay algo" y nosotros nos reíamos porque más que amigos éramos como hermanos.

No puedo contar en esta breve entrada del blog todo lo que vivimos, lloramos o reímos. Ni cómo una enfermedad acaparó su cuerpo y luchó con todas sus fuerzas hasta salir vencedor. Son tantas historias, tantas noches hablando hasta el alba, tantos brindis frente al Bernabéu, tantos bailes al son de INXS o Brian Adams... Aún recuerdo el día que le disfracé de chica, le maquillé y nos fuimos a una discoteca, ¡la cara que puso al entrar en el baño de mujeres y cómo engañó a todo el mundo! 

Parecía una amistad indisoluble. Incluimos a nuestras respectivas parejas en nuestro pequeño círculo y nos consolamos mutuamente cuando nuestras relaciones se rompieron.

La vida continuó: bodas, hijos, bautizos, cenas, viajes a La Coruña, comidas... Todo parecía perfecto, hasta que un día la distancia surgió entre nosotros. 

¿Por qué hay amistades que se pierden y no aguantan el paso del tiempo? ¿Qué momento genera un cambio que hace que los amigos se separen?
Han pasado muchos años, pero hoy la nostalgia me ha recordado que es su cumpleaños y los recuerdos me han bombardeado. 
¡Felicidades, querido amigo!


Alberto y Emma

jueves, junio 11, 2015

Entre varias aguas

Coches al agua

Mi amigo insomnio abusa de su confianza y aparece por mi ser a la hora que le viene en gana. Esta noche me ha despertado a las tres de la mañana con olor a tierra húmeda y con el tintineo de pequeñas gotas de agua resbalando por la noche. Sigilosamente me he escapado de la habitación con mi libro y mis gafas y me he acurrucado en mi rincón secreto: el sofá de debajo del ventanal del salón que acababa de abrir. Estaba inmersa en la lectura de "Setecientos millones de rinocerontes", de Manuel Vilas, cuando la naturaleza enfadada ha perturbado mi calma. Los truenos, rayos, relámpagos y centellas han acaparado todo el protagonismo y han despertado bruscamente mis paranoias. ¿Y si se cuela un rayo?, ¿y si la lluvia tira el árbol de la vecina?, ¿y si ese trueno tan estrepitoso rompe los cristales?... Sin hacer ruido y con el miedo navegando por mis venas he cerrado la ventana, he subido a la habitación y me he refugiado atemorizada bajo el edredón hasta que el granizo me ha despertado con su fuerza.
   Después de una gran noche se me antojó que el día iba a ser tranquilo: dejé a los niños en el cole, me fui a desayunar con una gran amiga hasta que de camino al trabajo me atrapó un enorme atasco. Intenté ir de lista, atajé por el aparcamiento del parque y de pronto el agua se hizo dueña de las carreteras, aceras y rotondas.  Sentí de nuevo el pánico: ¿qué hacía en medio de una riada?, ¿me arrastraría el agua hasta el mar Mediterráneo?, ¿tendría que venir la policía a socorrerme?... Aterrada susurré al volante "venga, nene, tú puedes mucho", pisé acelerador, rogué a mis fantasmas que no dejaran que el agua me llegara al cuello y, como siempre, no me defraudaron. 


Rotonda de la avenida de Logroño, Madrid

domingo, mayo 31, 2015

Más cine, por favor

Fotogramas de mi vida

Hay regalos que nunca se olvidan. En 1984, cuando cumplí 14 años, mis padres me invitaron a comer a un restaurante chino de la calle Ibiza. El color rojo dominaba la decoración del local, las paredes sostenían cuadros de mujeres vestidas con kimono, del techo colgaban farolillos con borlones rojos y la vajilla lucía flores de loto. El sushi aún no había aparecido en nuestras vidas, entonces el menú se componía de rollitos de primavera, pollo con almendras, arroz tres delicias y de postre, nata con nueces. La emoción me impedía saborear con placer. Solo deseaba que llegaran las cuatro y media de la tarde para completar mi regalo: ¡ir al cine a ver una película para mayores de 14 años!
  Entré en la sala con sabor a salsa agridulce y de pronto me sentí mayor, como si la visión de aquella película me obligara a abandonar la infancia y me empujara a la temida adolescencia.
   Me senté en la butaca, se apagaron las luces y me sumergí en el auténtico miedo de la mano de Spielberg, su espiritual "Poltergeist" y su terrorífico"¡ya están aquí!".
   Antes de ser mayor, recuerdo mi dolor en "Campeón" al oír al niño de pelo rubio gritar desgarrado "¡Papá, despierta, por qué no te despiertas!", los llantos desconsolados junto a mis primos en una película sobre el Yeti y las palomitas que tomaba cuando sonaba en el descanso "¡Movierecord! Visite nuestro bar"
   La gran película de 1982 fue "ET". Después de largas colas, mis padres consiguieron entradas para el primer día. A mi lado se sentó Luis, el hijo de unos amigos suyos y mi pasión de los 12 años. Conseguí mantener la compostura hasta el final, cuando Elliot se despidió del extraterrestre. En ese instante mis grifos lacrimales jarrearon infinitas lágrimas, el hipo me dominó y la congestión enrojeció mi cara como si fuera un tomate de ensalada. "¡Tierra trágame!", rogué cuando encendieron las luces.
   "A partir de ahora podrás ir a la cárcel", escuché al cumplir 18 años, pero esa tarde me fui con mi amiga María y nuestros corazones enamoradizos a ver "Darty dancing" y deseé algo que nunca he conseguido: bailar como los protagonistas.
   La adolescencia me trasladó a la época de los subtítulos en los Renoir, Alphaville... un nuevo estilo de cine: "Reservoir Dogs", "Delicatessen", "Azul", "Clerks", "Tacones lejanos", "El silencio de los corderos" y las cervezas en los bares. 
  Con"Frenético" (1988) y mi adorado Harrison Ford descubrí el placer de la soledad frente a una pantalla. Una escapada conmigo misma que siempre me ha gustado alimentar.
─¿Dónde vas con tanta prisa?─, me preguntó un chico al salir del trabajo hace más de veinte años.
─Al cine.
─¿Has quedado con tus amigos?
─No, voy sola.
Me miró extrañado.
─¿Te puedo acompañar?
─Claro, si te gusta Woody Allen. Voy a ver "Misterioso asesinato en Manhattan"...
Aquel chico se subió a mi calabaza, mi antiguo coche, compartió mi soledad cinematográfica y con el tiempo el cine nos unió, pero... esa es otra historia.
Cine, más cine, por favor.


P.D.: Mis padres son únicos, especiales, nada tradicionales, singulares, pero siempre nos han inculcado grandes placeres: el cine, los viajes, los libros, el buen comer, la música... Mil gracias.

martes, mayo 26, 2015

¡Un puticlub en mi jardín!


─¡Pero qué has puesto en el jardín!─gritaron mis hombres.
Mis ojos no daban crédito. Una explosión de color iluminaba la noche. Un baile de luces rojas, azules, amarillas y verdes. Un auténtico horror.
─¡Pero si parece un puticlub!─susurró Alonso a mi oído.
─Sí, pero de los cutres ─asentí sin comprender las señales lumínicas.
Juro que mi intención fue buena, que barrunté la idea paseo arriba paseo abajo por los pasillos de Leroy Merlin hasta que me decidí. 
─¡Ay, qué monísimas van a quedar estas luces solares blancas con forma de estrella en el jardín! Van a crear un cálido y romántico ambiente nocturno─ me dije a mí misma.
─Sí, van a quedar ideales─me contesté─, deberías llevarte dos y así lucirá más.
─Pues tienes razón, querida Emma─ me reafirmé.
Con la ayuda de una escalera coloqué las guirnaldas de estrellas por el jardín, ubiqué los paneles solares y esperé con ansiedad a la noche hasta que la nocturnidad convirtió mi casa en un puticlub multicolor.
─Mamá, no sirven ni para Navidad... ─exclamó Álvaro con su clásica sinceridad─ ¡Y encima has comprado la manguera de la teletienda!
─La he comprado en Leroy Merlin y crece de 2,5 m a 7.5m. Impresionante.
Alonso me miró conteniendo la risa. ¡No solo el jardín se ilumina con luces de puticlub sino que además la manguera crece hasta los 7,5 metros! 
Una casa muy, pero que muy erótica.

Las estrellas durante el día


viernes, mayo 22, 2015

¿Por qué no me llevo bien con los mecánicos?


─Buenas tardes, le llamo porque he pinchado dos ruedas de mi coche y quería saber si la grúa podría acercar mi vehículo a su taller para cambiarlas hoy.
─¿Ha pinchado dos?─ pregunta con intriga el técnico del taller.
─Sí, una delantera y otra trasera. Había un hierro en la carretera, he pasado por encima de él y ha destrozado mi coche. Una auténtica atracción férrea.
─¿Qué ruedas lleva su coche?
─Pues no lo sé, redondas.
─Pero necesito el modelo.
─¿Y eso dónde lo miro?
─En la ficha técnica.
Rebuscó en la cartulina verde hasta que descubro unos extraños números.
─¡Ya lo he encontrado! 185/65 R14 86H.
─¿Ese es el modelo de rueda que lleva actualmente su coche?
La mala leche me empieza a bullir.
─Pues me imagino que sí.
─Sería mejor que mirase si los números de las llantas coinciden con los que aparecen en la ficha técnica. 
Mi compañero Emilio al verme en pleno ataque de nervios me acompaña al parking para fotografiar las ruedas y comprobar los "numeritos". Malhumorada por tanto paseíto, vuelvo a llamar.
─Espere un momento─ me dice el mecánico del taller─ voy a ver si tengo ese modelo de rueda. Por cierto, ¿la llanta es de aluminio o de aleación?
Siento unas ganas imperiosas de insultarle por hacerme ese tipo de preguntas pero me callo porque me tiene "cogida por las ruedas".
Por fin llega la grúa y nos traslada (a mi coche y a mí) al taller.
El mecánico me mira con sonrisa picarona y leo su pensamiento: "Ay, mujer tenías que ser. Mira que no saber qué tipo de rueda ni de llanta usa tu coche".
Mientras rellena mi ficha de datos y las características técnicas del vehículo, me acribilla.
─¿Las ruedas tienen tornillo de seguridad?
─Ni idea, solo sé que si muevo el volante se bloquea... ─le contesto con cara de mujer tonta.
En realidad le diría que tiene el coche frente a sus narices, que él sabrá si tiene ese puñetero tornillo o no, que yo solo lo conduzco y no sé ni la potencia ni los caballos ni la fecha exacta de cuando lo compré. Eso sí, usa gasolina de 95. 
El mecánico me mira con cara de "mujer tenías que ser", sonríe y me remata:
─Si quieres vete de compras y en hora y media tendrás tu coche con las cuatro ruedas nuevas y nivelado.
Antes de irme, no puede contener simular aún más mi papel de "mujer tonta"...
─¿Hace falta que le deje las llaves del coche?─ le pregunté con cara de duda filosófica.
El mecánico abrió los ojos estupefacto y exclamó: "¡por supuesto!" Y la felicidad le invadió por estar ante la típica mujer que no tiene ni idea de automóviles. Ay, si supiera cuántas ruedas cambié a mi adorado "Calabaza", mi Seat 1450.
Qué manera más fácil de hacer feliz a un hombre.

Aclaración:
Hay gente que adora los coches, que los mima como si fueran sus mascotas, los limpian con esmero y conocen sus características técnicas a la perfección. Lo confieso: yo no soy así. Mi coche me transporta, es analógico, no pita si no me pongo el cinturón, no sufro si me doy un pequeño golpe ni sé cuántos roces tiene. El maletero está repleto de cachivaches que almaceno desordenadamente; en el interior descansan varios botes de coca-cola light, bolsas de chucherías y tiquets de compra. Sí, soy un desastre pero le tengo mucho cariño y espero que me dure muchos años. ¡Y más ahora que tengo cuatro ruedas redondas nuevas!

Aclaración 2:
Tanta ira contenida produjo una afonía total en mi dulce voz que me sumió en el silencio más de cinco días. Ahora, no paro de rajar. ;-)

lunes, mayo 18, 2015

¡Mamma mía, por amor tengo el alma herida!


Mamma mia, here I go again
My my, how can I resist you?

La música de Abba retumba en mis oídos. Abro los ojos y siento que mis brazos se mueven como si aún estuviera en la pista de baile. Mi cabeza nota los efluvios del alcohol de la noche anterior, mi voz me ha abandonado y mi móvil se desgañita con los pitidos del whatsapp. Observo somnolienta los mensajes y siento que mi vergüenza se multiplica por mil. ¿Quién es ese grupo que baila desenfrenadamente?, ¿acaso esa loca que mueve la negra melena soy yo?, ¿cómo nos hemos trasladado a la década de los ochenta?

Mamma mia, does it show again
My my, just how much I've missed you Yes, I've been brokenhearted

Mi memoria me recuerda la noche anterior, la fiesta sorpresa que preparó Raúl (para mí ya siempre será Braveheart) a su mujer y adorada Elena por su 50 cumpleaños en el chalet de Marta (para mí siempre será la mejor DJ). Allí estábamos todo el grupo de amigos y tres parejas desconocidas por la mayoría que debieron alucinar con la panda de chalados de su alrededor.
Al principio mantuvimos la compostura. Solo al inicio, con las primeras cervezas y el aperitivo. Incluso en la primera parte de la cena parecíamos seres formales con nuestros vinos, hasta que vimos el emotivo vídeo de Elena, desplazamos la mesa, preparamos los gin-tonics y el tocadiscos (¡sí, tocadiscos de toda la vida!) nos envolvió con su música de los ochenta.

Vivir así es morir de amor,
Por amor tengo el alma herida,
Por amor, no quiero más vida que su vida,
Melancolía.

De pronto, el desenfreno nos dominó y como si hubiéramos atravesado una “puerta del tiempo” nos pusimos a mover las caderas, a saltar, a bailar como auténticos profesionales… Y nos dieron la una, las dos, las tres y las cuatro y nuestros cuerpos empezaron a flaquear por tantas risas, tantas copas y tantos movimientos. Y ahora, por la mañana, en nuestra cabeza retumba Mecano y su...

Hoy no me puedo levantar
el fin de semana me dejó fatal toda la noche sin dormir bebiendo, fumando y sin parar de reír

P.D.: Por una vez, y sin que sirva de precedente, mi vergüenza me impide publicar los vídeos (¡por mí y por mis compañeros!). Aunque lo dudéis, de vez en cuando cuido mi imagen y la de mis amigos.

viernes, mayo 15, 2015

Placeres te da la vida


Los placeres de la vida se esconden en los pequeños detalles, esos instantes que te hacen disfrutar por un momento, suspirar, reír, saborear. Algún día haré un catálogo de ellos, pero antes os desvelaré que en el número uno estará "Ir al baño". Sí, cumplir las necesidades fisiológicas es un placer que permite gozar de lo demás. No es lo mismo ver el Taj Majal con unas ganas imperiosas de evacuar aguas menores o mayores que con la calma del cuerpo vacío de fluidos.
Sin entrar en temas escatológicos, os voy a relatar cómo estos días me he deleitado con pequeños y grandes placeres que, sobre todo, me han hecho reír a carcajadas (¡la mejor terapia contra las arrugas!) y desmadrar mi cuerpo. 
El gran momento de la semana ha sido la comunión de mi adorada, graciosa y encantadora ahijada Cayetana. Una estrella de la simpatía que tuvo una fiesta fantástica. Una celebración que sacó la vertiente más cómica y loca de la familia, que me hizo reír con mis sonoras carcajadas, saltar por el castillo hinchable, hacerme fotos chistosas con primos, padres y hermanos... Una fiesta inolvidable con payasos, bocados dulces y salados, abrazos, besos y gin tonics. Además, todos estábamos guapisísimos, encantadores y divertidos en un entorno lleno de glamour y diseño. ¿Qué más se puede pedir? Pues como punto y final, una visita con Álvaro a última hora de la noche a urgencias por un ataque de asma, que no todo en la vida es perfecto y de vez en cuando aparecen nuestras imperfecciones que manejamos con soltura y ventolín.



Del resto de placeres de la semana puedo contar que rebañé con gozo los restos de bechamel de las croquetas, acudí a la presentación del libro "Chinita" en el Mercado de Motores para acompañar a mi gran amiga Marta, que me arrebujé en mi sofá favorito para leer y dormir una placentera siesta y otros placeres que no voy a contar aquí para que vuele vuestra imaginación.

lunes, abril 27, 2015

Una gran victoria en nuestro corazón

Los súper campeones
Las gradas rugen en el polideportivo de Villaverde. Hasta la otra punta de Madrid nos hemos trasladado los padres, el entrenador, el equipo y el nerviosismo para jugar el primer partido de Interdistritos. El camino ha sido largo. Los pequeños empezaron a jugar en el colegio con cinco años: un amasijo de piernas que perseguía un balón. Javi Puebla, el entrenador, les fue inculcando las normas del juego, el posicionamiento en el campo, la ética del fútbol...
Pese a las grandes derrotas, los inicios futbolísticos nos arrancaban tiernas sonrisas. Al finalizar el partido, los padres empezamos a reunirnos para comentar las jugadas y fraguar una gran amistad con olor a cañas y aperitivo.
Sin darnos cuenta, los niños se convirtieron en jugadores: cada uno defendía su posición, bailaban el balón, se gritaban jugadas secretas, se abrazaban en los goles y animaban en las derrotas.
Este año el esfuerzo tuvo su recompensa: se proclamaron campeones del Distrito de Barajas y se auparon a la categoría de Interdistritos para competir contra los campeones de cada distrito de Madrid.
Las gradas rugen en el polideportivo de Villaverde. La tensión vuela por el aire. El árbitro pita el final del partido: 2-2. Los corazones palpitan a mil por hora. Penaltis directos. No es justo para nadie. Solo tres disparos. Nuestros chicos tiemblan por tener que lanzar y el portero destila angustia por tener que parar. El azar decide e inclina la balanza a favor del equipo contrario. Una derrota amarga con sabor a dulce victoria por el fantástico equipo que ha llegado tan lejos, que ha evolucionado tanto y que disfruta del fútbol sala.
Las gradas rugen en el polideportivo de Villaverde: ¡todo el público aplaude a los dos equipos que han luchado como auténticos profesionales!
¡¡¡Hispanidad!!!


¡Un hurra por nuestro gran equipo!

Entrenador: Javier Puebla
Portero: Mario
Jugadores: Roberto, Álvaro (Maquinita), Íker, Dani, Óscar, Diego, Guti, Gabi, Guille y Jesús



¡Cómo pasa el tiempo! 

viernes, abril 24, 2015

Un día de pesadilla

¡Qué día!
Pierde el Atleti. Por lista, se me ocurre cambiar de "telechino" y la comida es asquerosa. Los de Motorola alegan mal uso de mi móvil e intentan que la garantía no cubra la reparación. Para disipar mi mal humor, me voy con mi amiga Visa a hacer unas cuantas compras. El día mejora hasta que me acerco con excesivo cariño a una furgoneta que abraza mi coche y lo camela con un beso de tornillo. Resultado: ¡todo el lateral destrozado y abollado! Bufo de ira y recuerdo que he perdido el carné de conducir y que aún no he pedido una copia. 
Mi encabronamiento empieza a alisar mi pelo y, como soy muy buena compañera, aviso a los de alrededor: "¡cuidado que estoy de mala leche!". En ese instante, nada más decirlo, me entero de que debo trabajar el fin de semana y siento deseos asesinos... Por no hablar de la operación biquini, que como no me lo tome en serio este año veraneo en un iglú. ¡Y en breve es la comunión de mi ahijada y yo con estas carnes!...  Hay días y ¡ay, qué días!


Infiltrada en un grupo madridista

martes, abril 21, 2015

Madrid me mata ("MadrEAT" y "Mercado de motores")


Confieso que como buena gata hiperactiva mi pasión y mi perdición es Madrid. La metrópoli, además de sorprender con actividades clásicas: cine, teatro, museos..., esconde originales propuestas. Este fin de semana, por ejemplo, paseamos por el "Mercado de motores", en el Museo de Ferrocarril: un mercadillo plagado de puestos con objetos de otro tiempo para crear una decoración con un toque vintage, muestras artísticas, productos gastronómicos y una zona muy "chill out" para alimentar y refrescar el cuerpo entre vagón y vagón.
Pero para alimentar el estómago, lo mejor es acudir a "MadrEat", una culinaria y gustosa propuesta emplazada en los jardines de Azca, un auténtico "streetfood" que sorprende por sus caravanas ─tan habituales en la vida y películas americanas─ centradas en distintos tipos de comidas y estilos: india, americana, castiza, francesa... Bocados de pasión. 
Sí, Madrid me mata, me secuestra y me ata a sus calles.

 


domingo, abril 12, 2015

Lecturas invernales



No debería escribir: se ha roto mi móvil y me siento desprotegida, tensa, abandonada por la tecnología. Pese al sufrimiento, realizaré mi clásica lista de lecturas invernales que han reafirmado mi gran amor por el Kindle. Confesaré que he leído dos libros en formato papel, pero me siento incómoda, no encuentro la postura... En cambio, con mi adorado Kindle puedo ponerme en cualquier posición y mejora mi relación de pareja. (¡Menudo invento la luz del ebook para una insomne lectora compulsiva!)
  • "Ofrenda a la tormenta", de Dolores Redondo (papel). Uno de los libros que más he esperado para rematar la fantástica trilogía de esta autora que traslada al lector a la zona del Baztán y le hace vivir el misterio, la intriga y percibir la esencia de todos sus personajes. Una gran escritora de novela negra española.
  • "Adulterio", de Paulo Coelho. Aburrido. Además, me empalagan los libros que hablan del amor, de la filosofía de la vida, de sentimientos dulzones... Uff, prefiero asesinatos, gente compleja y perversa, tensión, misterio... Odio las ñoñerías. La culpa ha sido mía pero como no había leído nada de ese autor quería crearme mi propia opinión. Uno y no más.
  • "El muñeco de nieve" y "El leopardo", de Jo Nesbø. El carismático inspector Harry Hole es el protagonista de ambos libros que desgranan la sociedad noruega, las relaciones, la maldad humana, el engranaje de las mentes tortuosas y torturadas. Muy recomendable. 
  • "Tokio Blues", de Haruki Murakami (papel). De este autor leí hace unos años "1Q84" y mi hermano me prestó este libro (el que más le gustó a él). Pese a los elogios, confieso que no me ha enganchado tanto como yo pensaba. Por ahora, abandono por un tiempo a Murakami para centrarme en otros escritores.
  • "Felices los felices", de Yasmina Reza. Un suspiro de libro que entremezcla las historias de varios protagonistas y sus interrelaciones personales. Al inicio, una frase de Borges que resume el contenido: "Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor. Felices los felices"   
  • "El paciente", de Juan Gómez Jurado. La gran sorpresa del año, lo compré en Amazon sin saber muy bien si me iba a gustar. Empecé a leer y no paré hasta que lo terminé. Una historia que te tensa desde el principio, que no puedes abandonar y te hace sentir que estás en medio de una gran película americana. Altamente recomendable. (Y no cuento más para no hacer spoiler)
  •  "El asesinato de Pitágoras", de Marcos Chicot. ¿Qué me leo ahora? Pensé una de mis noches de desvelo y me compré este libro, un thriller histórico de intriga, amor, asesinatos en época de Pitágoras, en el 510 a.d.c. Muy entretenido.
Y en lista de espera: "El peso del corazón", de Rosa Montero y "La Templanza", de María Dueñas.

Mi Kindle y yo, puro amor

lunes, marzo 23, 2015

¡Se montó el pollo!



─El otro día comimos en Casa Mingo, el pollo estaba buenísimo─, comentó mi madre mientras celebrábamos el cumpleaños de Pepe.
Cuando escuché la frase mi gen chulesco madrileño me hizo saltar.
─Para pollo rico, el mío. Vamos, que otro plato puede que no, pero el pollo me sale de locura, para chuparse los dedos. El mejor.
─No exageres, Emma.
─No exagero solo digo la verdad ─contesté con mi tonito de superioridad.
─Así que tu pollo es mejor que el de Casa Mingo.
─Pues sí y si tienes dudas os invito a comer el domingo pollo en casa, en Casa Emma.
─Así será.
El gen chulesco no es exclusivo mío, es un gen de los hermanos Peña Tojo que nos lanza al abismo. Es inevitable. Si escuchamos decir a alguien que hace algo bien, automáticamente un resorte nos hace saltar y contestar: "pues yo lo hago mejor".
La presión del pollo me ha perseguido toda la semana y aunque es cierto que me sale de locura unas pequeñas dudas nacieron en mi mente que apacigüé con dosis de imaginación. El sábado personalicé unos huevos para indicar a cada comensal dónde debía sentarse, mandé a mi Alonso a comprar buen vino (con copas todo sabe mejor), me esmeré en los aperitivos... El domingo, el día de la perfección, el horno rezumaba olor a pollo asado, la mesa lucía sus mejores galas y, al final, escuché esa frase que sedujo mis oídos: "Emma, la verdad es que tu pollo está buenísimo, mejor que el de Casa Mingo", dijeron mi madre y Julián. Levanté la copa de vino, guiñé un ojo a mi Alonso, bebí y disfruté mi momento de chula madrileña.

martes, marzo 17, 2015

Escapadas y caídas en la sierra

¡Menuda foto me he hecho con mi palo selfie!
La imagen de la escapada es idílica: los rayos de sol me broncean mientras leo a Murakami; mi hijo Álvaro, Javier e Íker juegan por la montaña del Embalse de la Jarosa y aprovecho para descansar bajo un pino un lunes no festivo. Solo el silencio es roto por el canto de los pájaros. Todo parece perfecto. Cierro el libro y con un toque intelectual me planteo preguntas trascendentes: ¿por qué el pelo de la cabeza no para de crecer y el del sobaco tiene un largo determinado?, ¿adelgazaré unos cuantos kilos por expulsar tantas mucosidades nasales por culpa de la alergia?, ¿cómo es posible que el morenazo de Colin Farrell salga tan guapo en la última campaña de Dolce&Gabbana? Mi cabeza no halla respuestas. Me levanto, cierro el libro, recojo mi palo selfie, me autorretrato y analizo por dónde cruzar el río. La opción más sencilla es dar un salto como si fuera un saltamontes, pero mis pies operados me lo desaconsejan. A la izquierda descubro el camino irregular de unas piedras sobre el río. "Por aquí es más fácil", me digo en voz alta. Un paso, dos y... ¡la piedra tiene musgo! Siento que resbalo, me caigo, ¡pero antes debo salvar el libro y la mochila! Lanzo mis tesoros a la otra orilla y noto como la gélida agua guadarrameña penetra por mis zapatillas, calcetines, pantalones... Grito de frío, me quito las prendas mojadas y organizo un tenderete como si fuera un cowboy del oeste con la ilusión de que el sol evapore el agua y mi piel deje de temblar.
Tenderete de una patosa al agua
─¿Qué te ha pasado? ─ exclaman los niños al verme en bragas y camiseta. 
─Me he caído al río ─les explico con serenidad mientras les preparo los bocatas de carne empanada.
Pese a mi seriedad, la explosión de carcajadas silenció el piar de los pájaros. Al descender, para que no relataran mi caída al río y mi posterior deslizamiento cuesta abajo con mi culo rebotando por la tierra (¡por culpa de la suela de mis zapatillas!), les di un paseo sobre el capó del coche. ¡Atracción campestre sobre un coche analógico!  


La escapada de tres hombrecitos y una loca por Guadarrama y Pedraza 
La aventura continuó al día siguiente, con una visita a las cuevas de los Enebralejos, un paseo por las calles de Pedraza, su cárcel y por un momento me convertí la guardiana del castillo de Pedraza...


Dos días llenos de anécdotas con tres grandes hombrecitos que me hicieron reír y disfrutar aunque, para qué negarlo, creo que ellos se rieron más con mis caídas y mis intentos de hacer una foto con mi palo selfie.

martes, marzo 03, 2015

A veces soy "majica"


Un dulce corazón
He leído las últimas entradas de mi blog y he descubierto que no soy tan simpática como creía, que subyace en mí una mala leche recalcitrante que me hace odiar a los cerrajeros, que prohíbo a mis hijos poner pósters en las paredes, que doy codazos a mi marido... En fin, que para ganarme unos puntos de buen karma (¡por favor, que no me conviertan en cucaracha!) me he esmerado en mimar a dos personas que cumplían años esta semana: mi nonagenaria abuela, que luce espléndida sus 95 años y mi hermano Roberto, que se estrena como cuarentón. ¡Muchas felicidades!

Mi fantástica abuela


Regalos sorpresa

miércoles, febrero 18, 2015

Mi "Puerta de las Hadas"

Mi mágica "Puerta de las Hadas"

Hace unos días, feliz y contenta, fui a Correos a recoger un paquete, no un paquete cualquiera sino uno especial y particular, como el patio de mi casa. Al salir de la oficina postal mi felicidad se multiplicó por mil al conseguir que dos agentes municipales no me multasen por haber estacionado en un lugar prohibido, "ay, ha sido por la emoción del momento, perdón, perdón, no me pongáis una multa por favor", les dije con una gran sonrisa. Pese a sus caras de mal humor me salvaron la vida o la cuenta corriente y a mí me parecieron los agentes más macizos y agradables del cuerpo. Me despedí de ellos con grandes gritos "Gracias, gracias, agentes" y no pudieron evitar esbozar una leve sonrisa matutina.
En casa, para saborear la emoción, dejé mi regalo sobre la mesa y antes de abrirlo sentí como un cosquilleo de nervios me invadía. Ha tardado, pero al final había llegado mi autorregalo. Mis fantasmas me rodearon intrigados y las fuerzas benignas me empujaron a abrir el paquete. ¡Qué cosa más bonita!, murmuré entusiasmada. Después de varias pruebas localicé el lugar perfecto para que los seres misteriosos entrasen y saliesen de mi casa, para que pasearan, rieran... En la zona más mágica de mi hogar coloqué mi adorada "Puerta de las Hadas" y la decoré con unos pinos invernales y unas velas para recibir a los nuevos seres élficos que a partir de ahora me acompañaran.
Mis hombres, acostumbrados a mis excentricidades, observan la Puerta Mágica con escepticismo, sin entender mi emoción, aunque saben que mis poderes de bruja les van a proteger. Y cuando cae la noche, cuando nadie me ve, susurro deseos por la cerradura de la puerta y las hadas y fantasmas hechizan mis sueños.