domingo, mayo 31, 2015

Más cine, por favor

Fotogramas de mi vida

Hay regalos que nunca se olvidan. En 1984, cuando cumplí 14 años, mis padres me invitaron a comer a un restaurante chino de la calle Ibiza. El color rojo dominaba la decoración del local, las paredes sostenían cuadros de mujeres vestidas con kimono, del techo colgaban farolillos con borlones rojos y la vajilla lucía flores de loto. El sushi aún no había aparecido en nuestras vidas, entonces el menú se componía de rollitos de primavera, pollo con almendras, arroz tres delicias y de postre, nata con nueces. La emoción me impedía saborear con placer. Solo deseaba que llegaran las cuatro y media de la tarde para completar mi regalo: ¡ir al cine a ver una película para mayores de 14 años!
  Entré en la sala con sabor a salsa agridulce y de pronto me sentí mayor, como si la visión de aquella película me obligara a abandonar la infancia y me empujara a la temida adolescencia.
   Me senté en la butaca, se apagaron las luces y me sumergí en el auténtico miedo de la mano de Spielberg, su espiritual "Poltergeist" y su terrorífico"¡ya están aquí!".
   Antes de ser mayor, recuerdo mi dolor en "Campeón" al oír al niño de pelo rubio gritar desgarrado "¡Papá, despierta, por qué no te despiertas!", los llantos desconsolados junto a mis primos en una película sobre el Yeti y las palomitas que tomaba cuando sonaba en el descanso "¡Movierecord! Visite nuestro bar"
   La gran película de 1982 fue "ET". Después de largas colas, mis padres consiguieron entradas para el primer día. A mi lado se sentó Luis, el hijo de unos amigos suyos y mi pasión de los 12 años. Conseguí mantener la compostura hasta el final, cuando Elliot se despidió del extraterrestre. En ese instante mis grifos lacrimales jarrearon infinitas lágrimas, el hipo me dominó y la congestión enrojeció mi cara como si fuera un tomate de ensalada. "¡Tierra trágame!", rogué cuando encendieron las luces.
   "A partir de ahora podrás ir a la cárcel", escuché al cumplir 18 años, pero esa tarde me fui con mi amiga María y nuestros corazones enamoradizos a ver "Darty dancing" y deseé algo que nunca he conseguido: bailar como los protagonistas.
   La adolescencia me trasladó a la época de los subtítulos en los Renoir, Alphaville... un nuevo estilo de cine: "Reservoir Dogs", "Delicatessen", "Azul", "Clerks", "Tacones lejanos", "El silencio de los corderos" y las cervezas en los bares. 
  Con"Frenético" (1988) y mi adorado Harrison Ford descubrí el placer de la soledad frente a una pantalla. Una escapada conmigo misma que siempre me ha gustado alimentar.
─¿Dónde vas con tanta prisa?─, me preguntó un chico al salir del trabajo hace más de veinte años.
─Al cine.
─¿Has quedado con tus amigos?
─No, voy sola.
Me miró extrañado.
─¿Te puedo acompañar?
─Claro, si te gusta Woody Allen. Voy a ver "Misterioso asesinato en Manhattan"...
Aquel chico se subió a mi calabaza, mi antiguo coche, compartió mi soledad cinematográfica y con el tiempo el cine nos unió, pero... esa es otra historia.
Cine, más cine, por favor.


P.D.: Mis padres son únicos, especiales, nada tradicionales, singulares, pero siempre nos han inculcado grandes placeres: el cine, los viajes, los libros, el buen comer, la música... Mil gracias.

martes, mayo 26, 2015

¡Un puticlub en mi jardín!


─¡Pero qué has puesto en el jardín!─gritaron mis hombres.
Mis ojos no daban crédito. Una explosión de color iluminaba la noche. Un baile de luces rojas, azules, amarillas y verdes. Un auténtico horror.
─¡Pero si parece un puticlub!─susurró Alonso a mi oído.
─Sí, pero de los cutres ─asentí sin comprender las señales lumínicas.
Juro que mi intención fue buena, que barrunté la idea paseo arriba paseo abajo por los pasillos de Leroy Merlin hasta que me decidí. 
─¡Ay, qué monísimas van a quedar estas luces solares blancas con forma de estrella en el jardín! Van a crear un cálido y romántico ambiente nocturno─ me dije a mí misma.
─Sí, van a quedar ideales─me contesté─, deberías llevarte dos y así lucirá más.
─Pues tienes razón, querida Emma─ me reafirmé.
Con la ayuda de una escalera coloqué las guirnaldas de estrellas por el jardín, ubiqué los paneles solares y esperé con ansiedad a la noche hasta que la nocturnidad convirtió mi casa en un puticlub multicolor.
─Mamá, no sirven ni para Navidad... ─exclamó Álvaro con su clásica sinceridad─ ¡Y encima has comprado la manguera de la teletienda!
─La he comprado en Leroy Merlin y crece de 2,5 m a 7.5m. Impresionante.
Alonso me miró conteniendo la risa. ¡No solo el jardín se ilumina con luces de puticlub sino que además la manguera crece hasta los 7,5 metros! 
Una casa muy, pero que muy erótica.

Las estrellas durante el día


viernes, mayo 22, 2015

¿Por qué no me llevo bien con los mecánicos?


─Buenas tardes, le llamo porque he pinchado dos ruedas de mi coche y quería saber si la grúa podría acercar mi vehículo a su taller para cambiarlas hoy.
─¿Ha pinchado dos?─ pregunta con intriga el técnico del taller.
─Sí, una delantera y otra trasera. Había un hierro en la carretera, he pasado por encima de él y ha destrozado mi coche. Una auténtica atracción férrea.
─¿Qué ruedas lleva su coche?
─Pues no lo sé, redondas.
─Pero necesito el modelo.
─¿Y eso dónde lo miro?
─En la ficha técnica.
Rebuscó en la cartulina verde hasta que descubro unos extraños números.
─¡Ya lo he encontrado! 185/65 R14 86H.
─¿Ese es el modelo de rueda que lleva actualmente su coche?
La mala leche me empieza a bullir.
─Pues me imagino que sí.
─Sería mejor que mirase si los números de las llantas coinciden con los que aparecen en la ficha técnica. 
Mi compañero Emilio al verme en pleno ataque de nervios me acompaña al parking para fotografiar las ruedas y comprobar los "numeritos". Malhumorada por tanto paseíto, vuelvo a llamar.
─Espere un momento─ me dice el mecánico del taller─ voy a ver si tengo ese modelo de rueda. Por cierto, ¿la llanta es de aluminio o de aleación?
Siento unas ganas imperiosas de insultarle por hacerme ese tipo de preguntas pero me callo porque me tiene "cogida por las ruedas".
Por fin llega la grúa y nos traslada (a mi coche y a mí) al taller.
El mecánico me mira con sonrisa picarona y leo su pensamiento: "Ay, mujer tenías que ser. Mira que no saber qué tipo de rueda ni de llanta usa tu coche".
Mientras rellena mi ficha de datos y las características técnicas del vehículo, me acribilla.
─¿Las ruedas tienen tornillo de seguridad?
─Ni idea, solo sé que si muevo el volante se bloquea... ─le contesto con cara de mujer tonta.
En realidad le diría que tiene el coche frente a sus narices, que él sabrá si tiene ese puñetero tornillo o no, que yo solo lo conduzco y no sé ni la potencia ni los caballos ni la fecha exacta de cuando lo compré. Eso sí, usa gasolina de 95. 
El mecánico me mira con cara de "mujer tenías que ser", sonríe y me remata:
─Si quieres vete de compras y en hora y media tendrás tu coche con las cuatro ruedas nuevas y nivelado.
Antes de irme, no puede contener simular aún más mi papel de "mujer tonta"...
─¿Hace falta que le deje las llaves del coche?─ le pregunté con cara de duda filosófica.
El mecánico abrió los ojos estupefacto y exclamó: "¡por supuesto!" Y la felicidad le invadió por estar ante la típica mujer que no tiene ni idea de automóviles. Ay, si supiera cuántas ruedas cambié a mi adorado "Calabaza", mi Seat 1450.
Qué manera más fácil de hacer feliz a un hombre.

Aclaración:
Hay gente que adora los coches, que los mima como si fueran sus mascotas, los limpian con esmero y conocen sus características técnicas a la perfección. Lo confieso: yo no soy así. Mi coche me transporta, es analógico, no pita si no me pongo el cinturón, no sufro si me doy un pequeño golpe ni sé cuántos roces tiene. El maletero está repleto de cachivaches que almaceno desordenadamente; en el interior descansan varios botes de coca-cola light, bolsas de chucherías y tiquets de compra. Sí, soy un desastre pero le tengo mucho cariño y espero que me dure muchos años. ¡Y más ahora que tengo cuatro ruedas redondas nuevas!

Aclaración 2:
Tanta ira contenida produjo una afonía total en mi dulce voz que me sumió en el silencio más de cinco días. Ahora, no paro de rajar. ;-)

lunes, mayo 18, 2015

¡Mamma mía, por amor tengo el alma herida!


Mamma mia, here I go again
My my, how can I resist you?

La música de Abba retumba en mis oídos. Abro los ojos y siento que mis brazos se mueven como si aún estuviera en la pista de baile. Mi cabeza nota los efluvios del alcohol de la noche anterior, mi voz me ha abandonado y mi móvil se desgañita con los pitidos del whatsapp. Observo somnolienta los mensajes y siento que mi vergüenza se multiplica por mil. ¿Quién es ese grupo que baila desenfrenadamente?, ¿acaso esa loca que mueve la negra melena soy yo?, ¿cómo nos hemos trasladado a la década de los ochenta?

Mamma mia, does it show again
My my, just how much I've missed you Yes, I've been brokenhearted

Mi memoria me recuerda la noche anterior, la fiesta sorpresa que preparó Raúl (para mí ya siempre será Braveheart) a su mujer y adorada Elena por su 50 cumpleaños en el chalet de Marta (para mí siempre será la mejor DJ). Allí estábamos todo el grupo de amigos y tres parejas desconocidas por la mayoría que debieron alucinar con la panda de chalados de su alrededor.
Al principio mantuvimos la compostura. Solo al inicio, con las primeras cervezas y el aperitivo. Incluso en la primera parte de la cena parecíamos seres formales con nuestros vinos, hasta que vimos el emotivo vídeo de Elena, desplazamos la mesa, preparamos los gin-tonics y el tocadiscos (¡sí, tocadiscos de toda la vida!) nos envolvió con su música de los ochenta.

Vivir así es morir de amor,
Por amor tengo el alma herida,
Por amor, no quiero más vida que su vida,
Melancolía.

De pronto, el desenfreno nos dominó y como si hubiéramos atravesado una “puerta del tiempo” nos pusimos a mover las caderas, a saltar, a bailar como auténticos profesionales… Y nos dieron la una, las dos, las tres y las cuatro y nuestros cuerpos empezaron a flaquear por tantas risas, tantas copas y tantos movimientos. Y ahora, por la mañana, en nuestra cabeza retumba Mecano y su...

Hoy no me puedo levantar
el fin de semana me dejó fatal toda la noche sin dormir bebiendo, fumando y sin parar de reír

P.D.: Por una vez, y sin que sirva de precedente, mi vergüenza me impide publicar los vídeos (¡por mí y por mis compañeros!). Aunque lo dudéis, de vez en cuando cuido mi imagen y la de mis amigos.

viernes, mayo 15, 2015

Placeres te da la vida


Los placeres de la vida se esconden en los pequeños detalles, esos instantes que te hacen disfrutar por un momento, suspirar, reír, saborear. Algún día haré un catálogo de ellos, pero antes os desvelaré que en el número uno estará "Ir al baño". Sí, cumplir las necesidades fisiológicas es un placer que permite gozar de lo demás. No es lo mismo ver el Taj Majal con unas ganas imperiosas de evacuar aguas menores o mayores que con la calma del cuerpo vacío de fluidos.
Sin entrar en temas escatológicos, os voy a relatar cómo estos días me he deleitado con pequeños y grandes placeres que, sobre todo, me han hecho reír a carcajadas (¡la mejor terapia contra las arrugas!) y desmadrar mi cuerpo. 
El gran momento de la semana ha sido la comunión de mi adorada, graciosa y encantadora ahijada Cayetana. Una estrella de la simpatía que tuvo una fiesta fantástica. Una celebración que sacó la vertiente más cómica y loca de la familia, que me hizo reír con mis sonoras carcajadas, saltar por el castillo hinchable, hacerme fotos chistosas con primos, padres y hermanos... Una fiesta inolvidable con payasos, bocados dulces y salados, abrazos, besos y gin tonics. Además, todos estábamos guapisísimos, encantadores y divertidos en un entorno lleno de glamour y diseño. ¿Qué más se puede pedir? Pues como punto y final, una visita con Álvaro a última hora de la noche a urgencias por un ataque de asma, que no todo en la vida es perfecto y de vez en cuando aparecen nuestras imperfecciones que manejamos con soltura y ventolín.



Del resto de placeres de la semana puedo contar que rebañé con gozo los restos de bechamel de las croquetas, acudí a la presentación del libro "Chinita" en el Mercado de Motores para acompañar a mi gran amiga Marta, que me arrebujé en mi sofá favorito para leer y dormir una placentera siesta y otros placeres que no voy a contar aquí para que vuele vuestra imaginación.

lunes, abril 27, 2015

Una gran victoria en nuestro corazón

Los súper campeones
Las gradas rugen en el polideportivo de Villaverde. Hasta la otra punta de Madrid nos hemos trasladado los padres, el entrenador, el equipo y el nerviosismo para jugar el primer partido de Interdistritos. El camino ha sido largo. Los pequeños empezaron a jugar en el colegio con cinco años: un amasijo de piernas que perseguía un balón. Javi Puebla, el entrenador, les fue inculcando las normas del juego, el posicionamiento en el campo, la ética del fútbol...
Pese a las grandes derrotas, los inicios futbolísticos nos arrancaban tiernas sonrisas. Al finalizar el partido, los padres empezamos a reunirnos para comentar las jugadas y fraguar una gran amistad con olor a cañas y aperitivo.
Sin darnos cuenta, los niños se convirtieron en jugadores: cada uno defendía su posición, bailaban el balón, se gritaban jugadas secretas, se abrazaban en los goles y animaban en las derrotas.
Este año el esfuerzo tuvo su recompensa: se proclamaron campeones del Distrito de Barajas y se auparon a la categoría de Interdistritos para competir contra los campeones de cada distrito de Madrid.
Las gradas rugen en el polideportivo de Villaverde. La tensión vuela por el aire. El árbitro pita el final del partido: 2-2. Los corazones palpitan a mil por hora. Penaltis directos. No es justo para nadie. Solo tres disparos. Nuestros chicos tiemblan por tener que lanzar y el portero destila angustia por tener que parar. El azar decide e inclina la balanza a favor del equipo contrario. Una derrota amarga con sabor a dulce victoria por el fantástico equipo que ha llegado tan lejos, que ha evolucionado tanto y que disfruta del fútbol sala.
Las gradas rugen en el polideportivo de Villaverde: ¡todo el público aplaude a los dos equipos que han luchado como auténticos profesionales!
¡¡¡Hispanidad!!!


¡Un hurra por nuestro gran equipo!

Entrenador: Javier Puebla
Portero: Mario
Jugadores: Roberto, Álvaro (Maquinita), Íker, Dani, Óscar, Diego, Guti, Gabi, Guille y Jesús



¡Cómo pasa el tiempo! 

viernes, abril 24, 2015

Un día de pesadilla

¡Qué día!
Pierde el Atleti. Por lista, se me ocurre cambiar de "telechino" y la comida es asquerosa. Los de Motorola alegan mal uso de mi móvil e intentan que la garantía no cubra la reparación. Para disipar mi mal humor, me voy con mi amiga Visa a hacer unas cuantas compras. El día mejora hasta que me acerco con excesivo cariño a una furgoneta que abraza mi coche y lo camela con un beso de tornillo. Resultado: ¡todo el lateral destrozado y abollado! Bufo de ira y recuerdo que he perdido el carné de conducir y que aún no he pedido una copia. 
Mi encabronamiento empieza a alisar mi pelo y, como soy muy buena compañera, aviso a los de alrededor: "¡cuidado que estoy de mala leche!". En ese instante, nada más decirlo, me entero de que debo trabajar el fin de semana y siento deseos asesinos... Por no hablar de la operación biquini, que como no me lo tome en serio este año veraneo en un iglú. ¡Y en breve es la comunión de mi ahijada y yo con estas carnes!...  Hay días y ¡ay, qué días!


Infiltrada en un grupo madridista

martes, abril 21, 2015

Madrid me mata ("MadrEAT" y "Mercado de motores")


Confieso que como buena gata hiperactiva mi pasión y mi perdición es Madrid. La metrópoli, además de sorprender con actividades clásicas: cine, teatro, museos..., esconde originales propuestas. Este fin de semana, por ejemplo, paseamos por el "Mercado de motores", en el Museo de Ferrocarril: un mercadillo plagado de puestos con objetos de otro tiempo para crear una decoración con un toque vintage, muestras artísticas, productos gastronómicos y una zona muy "chill out" para alimentar y refrescar el cuerpo entre vagón y vagón.
Pero para alimentar el estómago, lo mejor es acudir a "MadrEat", una culinaria y gustosa propuesta emplazada en los jardines de Azca, un auténtico "streetfood" que sorprende por sus caravanas ─tan habituales en la vida y películas americanas─ centradas en distintos tipos de comidas y estilos: india, americana, castiza, francesa... Bocados de pasión. 
Sí, Madrid me mata, me secuestra y me ata a sus calles.

 


domingo, abril 12, 2015

Lecturas invernales



No debería escribir: se ha roto mi móvil y me siento desprotegida, tensa, abandonada por la tecnología. Pese al sufrimiento, realizaré mi clásica lista de lecturas invernales que han reafirmado mi gran amor por el Kindle. Confesaré que he leído dos libros en formato papel, pero me siento incómoda, no encuentro la postura... En cambio, con mi adorado Kindle puedo ponerme en cualquier posición y mejora mi relación de pareja. (¡Menudo invento la luz del ebook para una insomne lectora compulsiva!)
  • "Ofrenda a la tormenta", de Dolores Redondo (papel). Uno de los libros que más he esperado para rematar la fantástica trilogía de esta autora que traslada al lector a la zona del Baztán y le hace vivir el misterio, la intriga y percibir la esencia de todos sus personajes. Una gran escritora de novela negra española.
  • "Adulterio", de Paulo Coelho. Aburrido. Además, me empalagan los libros que hablan del amor, de la filosofía de la vida, de sentimientos dulzones... Uff, prefiero asesinatos, gente compleja y perversa, tensión, misterio... Odio las ñoñerías. La culpa ha sido mía pero como no había leído nada de ese autor quería crearme mi propia opinión. Uno y no más.
  • "El muñeco de nieve" y "El leopardo", de Jo Nesbø. El carismático inspector Harry Hole es el protagonista de ambos libros que desgranan la sociedad noruega, las relaciones, la maldad humana, el engranaje de las mentes tortuosas y torturadas. Muy recomendable. 
  • "Tokio Blues", de Haruki Murakami (papel). De este autor leí hace unos años "1Q84" y mi hermano me prestó este libro (el que más le gustó a él). Pese a los elogios, confieso que no me ha enganchado tanto como yo pensaba. Por ahora, abandono por un tiempo a Murakami para centrarme en otros escritores.
  • "Felices los felices", de Yasmina Reza. Un suspiro de libro que entremezcla las historias de varios protagonistas y sus interrelaciones personales. Al inicio, una frase de Borges que resume el contenido: "Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor. Felices los felices"   
  • "El paciente", de Juan Gómez Jurado. La gran sorpresa del año, lo compré en Amazon sin saber muy bien si me iba a gustar. Empecé a leer y no paré hasta que lo terminé. Una historia que te tensa desde el principio, que no puedes abandonar y te hace sentir que estás en medio de una gran película americana. Altamente recomendable. (Y no cuento más para no hacer spoiler)
  •  "El asesinato de Pitágoras", de Marcos Chicot. ¿Qué me leo ahora? Pensé una de mis noches de desvelo y me compré este libro, un thriller histórico de intriga, amor, asesinatos en época de Pitágoras, en el 510 a.d.c. Muy entretenido.
Y en lista de espera: "El peso del corazón", de Rosa Montero y "La Templanza", de María Dueñas.

Mi Kindle y yo, puro amor

lunes, marzo 23, 2015

¡Se montó el pollo!



─El otro día comimos en Casa Mingo, el pollo estaba buenísimo─, comentó mi madre mientras celebrábamos el cumpleaños de Pepe.
Cuando escuché la frase mi gen chulesco madrileño me hizo saltar.
─Para pollo rico, el mío. Vamos, que otro plato puede que no, pero el pollo me sale de locura, para chuparse los dedos. El mejor.
─No exageres, Emma.
─No exagero solo digo la verdad ─contesté con mi tonito de superioridad.
─Así que tu pollo es mejor que el de Casa Mingo.
─Pues sí y si tienes dudas os invito a comer el domingo pollo en casa, en Casa Emma.
─Así será.
El gen chulesco no es exclusivo mío, es un gen de los hermanos Peña Tojo que nos lanza al abismo. Es inevitable. Si escuchamos decir a alguien que hace algo bien, automáticamente un resorte nos hace saltar y contestar: "pues yo lo hago mejor".
La presión del pollo me ha perseguido toda la semana y aunque es cierto que me sale de locura unas pequeñas dudas nacieron en mi mente que apacigüé con dosis de imaginación. El sábado personalicé unos huevos para indicar a cada comensal dónde debía sentarse, mandé a mi Alonso a comprar buen vino (con copas todo sabe mejor), me esmeré en los aperitivos... El domingo, el día de la perfección, el horno rezumaba olor a pollo asado, la mesa lucía sus mejores galas y, al final, escuché esa frase que sedujo mis oídos: "Emma, la verdad es que tu pollo está buenísimo, mejor que el de Casa Mingo", dijeron mi madre y Julián. Levanté la copa de vino, guiñé un ojo a mi Alonso, bebí y disfruté mi momento de chula madrileña.

martes, marzo 17, 2015

Escapadas y caídas en la sierra

¡Menuda foto me he hecho con mi palo selfie!
La imagen de la escapada es idílica: los rayos de sol me broncean mientras leo a Murakami; mi hijo Álvaro, Javier e Íker juegan por la montaña del Embalse de la Jarosa y aprovecho para descansar bajo un pino un lunes no festivo. Solo el silencio es roto por el canto de los pájaros. Todo parece perfecto. Cierro el libro y con un toque intelectual me planteo preguntas trascendentes: ¿por qué el pelo de la cabeza no para de crecer y el del sobaco tiene un largo determinado?, ¿adelgazaré unos cuantos kilos por expulsar tantas mucosidades nasales por culpa de la alergia?, ¿cómo es posible que el morenazo de Colin Farrell salga tan guapo en la última campaña de Dolce&Gabbana? Mi cabeza no halla respuestas. Me levanto, cierro el libro, recojo mi palo selfie, me autorretrato y analizo por dónde cruzar el río. La opción más sencilla es dar un salto como si fuera un saltamontes, pero mis pies operados me lo desaconsejan. A la izquierda descubro el camino irregular de unas piedras sobre el río. "Por aquí es más fácil", me digo en voz alta. Un paso, dos y... ¡la piedra tiene musgo! Siento que resbalo, me caigo, ¡pero antes debo salvar el libro y la mochila! Lanzo mis tesoros a la otra orilla y noto como la gélida agua guadarrameña penetra por mis zapatillas, calcetines, pantalones... Grito de frío, me quito las prendas mojadas y organizo un tenderete como si fuera un cowboy del oeste con la ilusión de que el sol evapore el agua y mi piel deje de temblar.
Tenderete de una patosa al agua
─¿Qué te ha pasado? ─ exclaman los niños al verme en bragas y camiseta. 
─Me he caído al río ─les explico con serenidad mientras les preparo los bocatas de carne empanada.
Pese a mi seriedad, la explosión de carcajadas silenció el piar de los pájaros. Al descender, para que no relataran mi caída al río y mi posterior deslizamiento cuesta abajo con mi culo rebotando por la tierra (¡por culpa de la suela de mis zapatillas!), les di un paseo sobre el capó del coche. ¡Atracción campestre sobre un coche analógico!  


La escapada de tres hombrecitos y una loca por Guadarrama y Pedraza 
La aventura continuó al día siguiente, con una visita a las cuevas de los Enebralejos, un paseo por las calles de Pedraza, su cárcel y por un momento me convertí la guardiana del castillo de Pedraza...


Dos días llenos de anécdotas con tres grandes hombrecitos que me hicieron reír y disfrutar aunque, para qué negarlo, creo que ellos se rieron más con mis caídas y mis intentos de hacer una foto con mi palo selfie.

martes, marzo 03, 2015

A veces soy "majica"


Un dulce corazón
He leído las últimas entradas de mi blog y he descubierto que no soy tan simpática como creía, que subyace en mí una mala leche recalcitrante que me hace odiar a los cerrajeros, que prohíbo a mis hijos poner pósters en las paredes, que doy codazos a mi marido... En fin, que para ganarme unos puntos de buen karma (¡por favor, que no me conviertan en cucaracha!) me he esmerado en mimar a dos personas que cumplían años esta semana: mi nonagenaria abuela, que luce espléndida sus 95 años y mi hermano Roberto, que se estrena como cuarentón. ¡Muchas felicidades!

Mi fantástica abuela


Regalos sorpresa

miércoles, febrero 18, 2015

Mi "Puerta de las Hadas"

Mi mágica "Puerta de las Hadas"

Hace unos días, feliz y contenta, fui a Correos a recoger un paquete, no un paquete cualquiera sino uno especial y particular, como el patio de mi casa. Al salir de la oficina postal mi felicidad se multiplicó por mil al conseguir que dos agentes municipales no me multasen por haber estacionado en un lugar prohibido, "ay, ha sido por la emoción del momento, perdón, perdón, no me pongáis una multa por favor", les dije con una gran sonrisa. Pese a sus caras de mal humor me salvaron la vida o la cuenta corriente y a mí me parecieron los agentes más macizos y agradables del cuerpo. Me despedí de ellos con grandes gritos "Gracias, gracias, agentes" y no pudieron evitar esbozar una leve sonrisa matutina.
En casa, para saborear la emoción, dejé mi regalo sobre la mesa y antes de abrirlo sentí como un cosquilleo de nervios me invadía. Ha tardado, pero al final había llegado mi autorregalo. Mis fantasmas me rodearon intrigados y las fuerzas benignas me empujaron a abrir el paquete. ¡Qué cosa más bonita!, murmuré entusiasmada. Después de varias pruebas localicé el lugar perfecto para que los seres misteriosos entrasen y saliesen de mi casa, para que pasearan, rieran... En la zona más mágica de mi hogar coloqué mi adorada "Puerta de las Hadas" y la decoré con unos pinos invernales y unas velas para recibir a los nuevos seres élficos que a partir de ahora me acompañaran.
Mis hombres, acostumbrados a mis excentricidades, observan la Puerta Mágica con escepticismo, sin entender mi emoción, aunque saben que mis poderes de bruja les van a proteger. Y cuando cae la noche, cuando nadie me ve, susurro deseos por la cerradura de la puerta y las hadas y fantasmas hechizan mis sueños.

jueves, enero 29, 2015

¡Odio a los cerrajeros y sus pegatinas en los buzones!

Mis contadores, sin publicidad

Siempre he sido muy clara y muy directa, así que no me voy a callar y voy a confesar una realidad: ¡odio a los cerrajeros! Sí, sin tapujos ni medias tintas, los odio. No conozco a ninguno y no deseo mal a todos, solo a esos capullos que forran los buzones, puertas y contadores de la calle con pegatinas anunciando sus servicios. Sí, esos puñeteros carteles de "Cerrajeros las 24 horas del día". Sé que todo el mundo necesita trabajar, ganar un dinero y si quiere publicitar su negocio me parece perfecto ¡pero no en mi contador! Si desea utilizar alguno de los soportes de mi casa que se ponga en contacto conmigo y llegamos a un acuerdo, por ejemplo. Además, se han especializado en encabronarme con sus nuevas pegatinas que se parten en tres, cada día son más difíciles de quitar y encima dejan marcas del pegamento. Eso sí, mi odio ha despertado mi lado "águila salvaje" y según detecto su invasión ataco sin piedad y elimino la publicidad gratuita.
  Como a neurótica e histérica no me gana nadie, me obsesioné tanto con el tema que investigué sobre las medidas que se pueden adoptar para evitar que instalen pegatinas en los buzones. Los foros de internet están plagados de "odiadores" de cerrajeros, pero ninguno me dio la solución al problema hasta que el otro día en uno de mis paseos matutinos descubrí un contador (me fijo en todos por mi obsesión compulsiva) y vi un cartel que informaba sobre la ordenanza del Ayuntamiento de Madrid para impedir la instalación de pegatinas en la pared de su vivienda. El corazón me palpitó a mil por hora y tuve la tentación de llamar a la puerta para conocer a mi "media naranja obsesiva".
  Desde hace diez días luce el mismo cartel en mis contadores y por ahora no han puesto ninguna pegatina. No me quiero rebozar en la felicidad, pero tal vez ahora los cerrajeros respeten los soportes de mi casa y con el tiempo deje de odiarlos.

¿Quién no ha visto contadores con estas horrorosas pegatinas?

El cartel con la normativa que impide la instalación de pegatinas

miércoles, enero 14, 2015

La loca de las uvas o Chucky, el muñeco diabólico

La cuenta atrás y la loca de las uvas
Un día de finales de diciembre me desperté en mitad de la noche como si fuera Chucky, el muñeco diabólico, con los ojos abiertos como platos y una gran duda en mi cabeza. La condenada duda se convirtió en una terrible obsesión que solo pude controlar hasta las ocho de la mañana, momento que aproveché para clavar mi codo entre las costillas de mi Alonso, un gesto de cariño que él no entendió.
─Emma, ¿qué ocurre?
Observé que aún estaba somnoliento pero mi obsesión salió de mi boca convertida en una verborrea incontrolable.
─Alonso, esta noche no he podido dormir, tengo una duda que me atormenta, que me aprieta los pulmones y no me deja respirar.
─¿Te ha dado un ataque de asma?
─No, pero todo puede ocurrir... Mi intriga, mi duda, mi insomnio y mi preocupación es porque no sé qué vamos a hacer en Nochevieja.
─Sí lo sabes, pasaremos fin de año en el barco del crucero.
─Claro, he ahí el problema, mi quitasueños, mi pregunta: ¿cómo vamos a tomar las uvas?
   Alonso me miró entre sus legañas, me ignoró, se giró y volvió a roncar como si hubiera tenido una pesadilla con Chucky... ¡Pero la semilla de la duda empezó a germinar en su cerebro!
Al cabo de unos días mi santo sonrió en mitad de la cena.
─Emma, he hablado con la organización del crucero y me han explicado que al ser el barco italiano no se habían planteado el tema de las uvas, pero que se lo comentemos al chef para que esa noche nos las preparen.
─Bueno, no sé, me estresa mucho el tema, así que nos llevamos unas latitas con nuestras uvas, pero... ¡Y las campanadas!
─Tranquila, Chucky, que me he descargado un vídeo con las campanadas del año pasado en el móvil.
   La mañana del 31 de diciembre, pese a tener mis latas en el camarote, comencé con mi campaña internacional de obtención de uvas. Al mediodía apliqué mis leves dominios de inglés con el encargado del restaurante: "Please, I'm from Spain, I need for to night twelve grapes. No, sorry, forty-eight grapes for all my family" El malasio me miró como si fuera la "loca de las uvas" y me recomendó en inglés que lo comunicara en recepción para que solventasen mi gran problema. Allí me fui y la suerte me acompañó: ¡el recepcionista hablaba un perfecto francés lo que me permitió explicarle con detalle mi obsesiva neura! 
─Tranquila, esta noche tendrá sus uvas─ me contestó desde el mostrador el hombre con cara de perplejidad
─Y no podrían habilitar uno de los salones para que los españoles veamos las campanadas en el Canal Internacional como marca la tradición, con Ramón García, la capa y el reloj de la Puerta del Sol.
El recepcionista abrió los ojos como si tuviera a Chucky delante y exclamó:
─¡Eso es imposible, el capitán del barco iniciará la cuenta atrás junto a todo el personal de animación! ¡Es la gran fiesta del crucero!
Lo miré atónita: ¡cómo osaba comparar a Ramón García con el capitán del barco!
Por la noche, para controlar mis nervios ensortijados en mis rizos me alisé el pelo, me coloqué las lentillas y aparecimos en el restaurante con nuestras mejores galas. Nuestros compañeros de mesa nos esperaban impacientes después de haberles contagiado mi intranquilidad a lo largo de las últimas cenas. 
─¿Tendremos uvas? ─preguntó Fernando con intriga.
─Eso espero ─susurré a todos los comensales─, he hablado con casi toda la tripulación, con los chefs, los camareros y el recepcionista. Creo que me tienen miedo...
  A las once y media apareció Óscar, nuestro camarero, con una ensaladera repleta de uvas. El vino y el champán nos hicieron gritar de emoción. Tomamos cada uno nuestras doce uvas, las conté y reconté diez veces, Alonso ubicó su smartphone en mitad de la mesa con el vídeo de las campanadas, los niños reían, los nervios se agarraron al estómago... De pronto el comedor se vació. A las doce menos un minuto brindamos para despedir el año y al instante el vídeo nos mostró los cuartos, y empezamos con la gran tradición española: ¡comenzar el año atragantados! Los camareros nos rodeaban, miraban el teléfono con intriga y observaban con sonrisas como engullíamos doce uvas, doce sueños, doce besos, doce locuras en las aguas de Cerdeña, en pleno Mediterráneo. Misión cumplida: ¡feliz año!

jueves, enero 08, 2015

Sorpresa de fin de año

Tres hombres y un destino
Se nos ocurrió de pronto, en un instante, y guardamos el secreto hasta el 24 de diciembre. Ese día una nota de Papá Noel desveló a los niños que el final de 2014 e inicio de 2015 lo íbamos a vivir de una forma distinta y original: en un crucero por el Mediterráneo.
Con la resaca de las fiestas y la ilusión partimos rumbo al puerto de Barcelona. En sus aguas, un enorme barco nos dio la bienvenida y zarpamos hacia Marsella. Mi memoria recuerda de nuestro primer destino el viento racheado del puerto, la impresionante basílica de Notre-Dame de la Garde sobre la montaña, la noria cimbreante y el olor a "cafe au lait" en una recoleta cafetería que nos protegía del frío. 

¿Quién tiene más miedo?
En Génova, nuestra siguiente parada, además de visitar el acuario más grande de Europa, paseamos por la réplica de la antigua carabela en la que se rodó "Piratas", nos quedamos ojipláticos al descubrir el misterioso y tecnológico garaje "batman" oculto en un palacio (¡ver para creer!), visitamos el Palacio Rosso y degustamos la focaccia más sabrosa de Italia en una de sus calles peatonales.
Señales divinas
Hacía más de veinte años que no volvía a Roma. Los monumentos siguen allí, pero la invasión de turistas me dejó impresionada. Eso sí, es una ciudad que siempre enamora: la Piazza Navona, el castillo de San Angelo, la fontana de Trevi (aún la están restaurando), el Coliseo, el Vaticano y, mi gran amor: el Panteón de Agripa. Entre caminata arriba y caminata abajo la pizza, la pura pizza italiana, logró la felicidad de nuestros estómagos. Al final del día, la naturaleza nos sorprendió con un fenómeno que jamás había visto en directo: una murmuración (vuelo sincronizado de miles de estorninos que recrean figuras en el aire).
El parque automovilístico de Palermo es de lo más puntero
La ciudad más pintoresca, la que nos trasladó a la Italia profunda, a los griteríos de la gente, a la "mamma mia" y a vislumbrar en algún momento fugaz a Don Vito Corleone fue Palermo (Sicilia). Recorrimos sus calles en un original carricoche conducido por Genaro, un loco al volante que nos hizo temer por nuestras vidas y multiplicó nuestras dosis de adrenalina. 
Vista de Cerdeña desde el Bastión de Saint Rémy
Esa noche, el temporal hizo zozobrar el barco al estilo cha-cha-chá. Vaivenes y giros que producían los efectos de una borrachera en nuestro cuerpo. El mar se puso muy bravo e impuso nuestro nuevo destino: en vez de Túnez, Cerdeña, una bella ciudad costera junto a la montaña que alberga una preciosa cripta bajo catedral. 
Además de los destinos turísticos, disfrutamos de la estancia en un increíble barco repleto de atracciones para los niños y adultos: musicales, conciertos, simuladores de Fórmula 1, cine 4D... Y, humm, el área del spa, con masajes y cuidados corporales para olvidar las tensiones del 2014 y empezar 2015 sobre las aguas del Mediterráneo entre uva y uva, entre suspiro y suspiro. 

P.D. 1. Un secreto: el director del crucero era igual que Andy García en sus tiempos mozos ;-)
P.D. 2. La Nochevieja merece su propia entrada, todo llegará.

domingo, diciembre 14, 2014

¡Estoy en el caribe!

No me dan envidia esos amigos que disfrutan de unos días en el caribe, que me mandan fotos con caipiriñas en sus manos, que muestran sin pudor playas idílicas con arena blanca y agua cristalina mientras vivo el gélido frío del invierno madrileño y sueño con volver allí. No, no me dan envidia, pero cuando recibí por whatsapp el vídeo que mostraba esos placeres en movimiento mi parte loca y atolondrada no se puedo resistir. Mi chaladura de nacimiento floreció y decidí mostrarles mi caribe. ¡He aquí el resultado!




jueves, diciembre 04, 2014

No soy justa... O eso dicen ellos


Termino el último libro de Dolores Redondo, "Ofrenda a la tormenta", con dolor. Siempre sufro al dar por finalizada una buena historia y más si cierra una fantástica trilogía. Para disipar la pena rememoro la celebración del cumpleaños de Álvaro con sus amigos en la pista de patinaje del Palacio de Hielo, la comida en casa y la tarde de juegos; la fiesta con la familia al día siguiente, los excesos gastronómicos y alcohólicos, las carcajadas... Mi sonrisa se pega a la cara hasta que...
─Mamá, ¿dónde está el celo?
─En mi escritorio, pero para qué lo quieres.
─Voy a poner en la pared de mi cuarto el póster del juego Farcry 4 Edición Especial.
─Ni se te ocurra.
─¿Por qué?
─Porque si pones celo salta la pintura al despegarlo.
─Pues lo pongo con chinchetas.
─He dicho que no, con ese póster rompes el diseño de la habitación.
─Pero si es mi cuarto.
─Pero es mi casa. 
─No eres justa.
─Lo sé, la vida no es justa. Como mucho te dejo pegarlo detrás de la puerta.
─¡Pero entonces no lo veo!
─Sí, lo verás cuando cierres la puerta. Además, bastante que te he dejado poner esa estatua del elefante tan rara en la estantería.
─¡Pero si es Paga Min, el villano del juego, con un elefante!
Diego aprovecha para meter baza.
─Mamá, Álvaro tiene razón, la figura de su cuarto es fantástica y deberías dejarnos poner algún póster, es nuestro espacio. ¿A mí por qué no me dejas colocar el mapa de "El Hobbit"?
─He dicho que no.
─Pero, ¿por qué?
─Porque lo digo yo (esa frase de madre que todas decimos y sienta a cuerno quemado)
─No eres justa...
─Cuando seas padre comerás huevos, y, por ahora, no se cuelga ningún póster en la pared. Y no hay más que hablar.
─¡Esto es una dictadura!, ¡no hay derecho! ─exclaman al unísono.
─Venga, id a estudiar y dejad de refunfuñar.
─¡In-jus-ticia!, ¡in-jus-ticia!

PD. Dentro de mi injusticia me estoy devanando los sesos para ver cómo coloco algún corcho o soporte que no rompa con el diseño y cederles un mínimo espacio que refleje sus gustos... ¡Pero que ellos no se enteren!

lunes, noviembre 10, 2014

El otoño ya está aquí


La puerta secreta para acceder al mundo de las hadas y brujas

El silencio roto por el baile de las hojas al caer, los tonos ocres que salpican el paisaje, las setas que brotan entre la oscuridad de la tierra, el musgo que enverdece las piedras de granito... Sí, soy una cursi, pero los bosques en otoño inspiran poesía. Pasear entre los castaños, las tonalidades amarillas y marrones que cubren la montaña, el aire fresco que colorea las puntas de la nariz, las risas al resbalar en el descenso, los troncos que nos trasladan a las leyendas de brujas y duendes...
El Castañar de El Tiemblo, un paraíso en mitad de la montaña, luce su belleza, sus níscalos y sus castañas en esta época del año. Una escapada llena de encanto que cautiva a los amantes de la Naturaleza y abre el apetito de los intrépidos que rematan la faena con unos ricos huevos rotos con chorizo, callos y níscalos en salsa. Pura poesía.

En busca de hongos y castañas
Líquenes, setas, hojas... El otoño

Más imágenes en http://instagram.com/emmaptojo

martes, noviembre 04, 2014

Una negra y oscura noche

La pandilla diabólica

Por fin llegó mi noche favorita, la noche en que me puedo mostrar tal y como soy, sin disfraces y aderezos, con mi cara plagada de arañas y la maldad supurando por mis poros... Sí, risa descontrolada, sustos a doquier, desenfreno de maldiciones y embrujos a los carnales que rezuman bondad. Llegó la noche de Halloween y la gruta de la palmera se convirtió en el centro esotérico. Allí nos reunimos las brujas y magos con los aprendices, recorrimos los chalets vecinos en busca de dulces endiablados y esqueletos andantes, comimos manjares diabólicos y de la gran marmita surgieron brebajes con sangre de murciélago, orina de rata y savia de moco (lo que los mortales llaman vino blanco, tinto y gin tonic). Y la noche se alargó hasta que los búhos se durmieron y la conversión en humanos fue muy dura (¡qué resacón!), pero la amistad que surge en las noches maléficas une para toda la vida.

PD. Mil gracias a los anfitriones por la fantástica fiesta y a los magos y brujas por las carcajadas diablescas aderezadas con pelos de araña.


Payasos diabólicos, parejas asesinas, arañas carnívoras...
Los manjares que salieron de mi marmita:
gusanos aliñados, huevos con cucarachas y terroripastel