miércoles, agosto 09, 2017

Un verano sin desconexión

Yo también amo mis curvas... Y mi Coca-Cola Light... Y el verano... ¡Felices vacaciones!

Llega el verano y mis carnes y yo hemos desconectado del mundo virtual por un tiempo. Bueno, realmente solo lo he conseguido una semana con Facebook. Arggg, lo reconozco: soy incapaz de ponerme en modo off en Instagram y Twitter. ¡Soy una adicta! Coño, pero para eso están las imperfecciones, que no hay nada más aburrido que la perfección.

Días de vino y risas en Clos de l'Obac

     Me gustaría enrollarme y contar mi escapada a Tarragona y Zaragoza con mi hijo pequeño. Él y yo al estilo "Thelma y Louise" –en versión española sería "Emma y Álvaro", que no suena tan bien pero es que el tinto de verano está anulando mis pocas neuronas–. Días de vino y risas en tierras catalanas con mi hermano Pepe, la familia de Mariona y los impresionantes vinos de Clos de l'Obac.
     Después, mi clásico guadarrameño con olor a pinos, paseos por el Embalse de la Jarosa y mimos de mamá y Julián. Ojo al dato: este año no me he estampado ni me he hecho ningún esguince. Bravo por mí.

En la playa a veces llueve

     Antes de que el vecino del chalet de al lado apague el wifi –que ya lo podía dejar conectado todo el veranito– y mientras se seca la crema de protección solar sobre mi bronceada y tersa piel (ay, me encanta cuando mi autoestima miente) os desvelaré que estoy en mi adorada Oliva con los amigos, los partidos de pádel, mis hombres, mi perra y... ¡La novia de mi hijo mayor! (No comment, que dirían los ingleses)
¡Feliz verano! Ay, oigo los pasos del vecino... #Desconectoff

domingo, julio 23, 2017

Libros para tirar la toalla en la playa



Los libros enamoran, nos lanzan a turbias pasiones, nos atan suavemente a amores fugaces... Ahora que el verano se asoma entre las toallas es el momento de ser infiel con unos cuantos autores.

"El silencio de la ciudad blanca" (Eva García Sáénz. Planeta)
Queridas amigas, os imagino tumbadas en la hamaca devorando las páginas de este gran libro con una fría cerveza a vuestro lado (la compañía humana es cosa vuestra, que no quiero ser indiscreta). Sí, recomiendo esta novela a las seguidoras de este blog porque sé que os va a encantar. A vosotros, que también os quiero, puede que os guste pero ─podéis tildarme de feminista, no me importa─ creo que atrapa más a las mujeres. ¡Y es una trilogía! Ya os contaré qué tal los siguientes.
     "Uno nunca quiere ver lo que tiene delante hasta que te arrolla" 

"Así es como se mata" (Mirko Zilahy. Alfaguara)
Un asesino en serie, un comisario aniquilado por la pena, una Roma salpicada de muertos, una fotógrafa, unos mensajes... Los ingredientes ideales para hundirse en la zona más oscura de la capital italiana y perseguir a la "Sombra". La novela perfecta para los amantes de los crímenes, investigaciones y análisis forenses.
      "Cada uno de nosotros es el guardián de un secreto"

"Más allá del invierno" (Isabel Allende. Plaza & Janés)
Además de las bicicletas, los libros de Isabel Allende son para el verano. Lo sé, no soy objetiva porque esta autora me enamoró en La casa de los espíritus y la pasión ha durado a lo largo de los años. En "Más allá del invierno", que no me ha enganchado tanto como sus dos últimos libros, el frío invernal de Nueva York pinta de blanco la historia de tres personas a las que poco a poco conocemos de forma íntima y a las une un problema oculto en el maletero de un coche. Un viaje por la nieve plagado de sentimiento y amor maduro. 
     “Esa abundante correspondencia era el diario de ambas vidas, el registro de lo cotidiano"

"El guardián entre el centeno" (J.D. Salinger)
Nunca hay que olvidar a los clásicos. Aún recuerdo sobre la estantería superior de mi cama, cuando todavía vivía con mis padres, el lomo blanco de este libro junto a otros ejemplares. Sin saber por qué, imaginé una historia de la Mafia ─supongo que por la portada en blanco y negro─ y nunca me tentó leerlo. Mi madre se lo dejó a mi primo José Luis, que lo devolvió encantado y me lo recomendó con entusiasmo, pero en aquella época me seducía más perderme por las páginas de libros más tórridos y eróticos. Este curso era lectura obligada de mi hijo mayor, y caí en la tentación. Gran libro.
      “No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se ha muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo”


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Este año he tenido el honor y el estrés de escribir un artículo sobre novela negra en el suplemento ABC Cultural de ABC. Si queréis saber más sobre los siguientes libros dad un clic en
 "Verano oscuro casi negro" 


martes, julio 18, 2017

Si quieres ser cool necesitas un trainer


La última tendencia en mi parque ─que no es particular, pero es muy cool y hay mucho tonto del cool─ es pagar a un entrenador personal para que te haga sufrir. El grupo de francesas, todas ideales, of course, se contonea en el "huerto", la zona más privilegiada y mejor situada. Las "six", así las llamo porque suelen ser seis y sé idiomas, van supercombinadas y su personal trainer acude con mil cachivaches deportivos para que suden la gota gorda, endurezcan los glúteos y den forma a sus caderas. A veces pienso en unirme al grupo, pero no tengo el glamour necesario. Además, mis rizos negros desentonan con sus rubias cabelleras y mi piel color gazpacho después de tanto esfuerzo asustaría a las níveas francófonas. Descartado.
    La cincuentona ─mujer blanca, española y con cara de muy mala leche─ se me atragantó desde el primer día. Me recuerda tanto a la señorita Rottenmeier que me siento una Heidi desvalida ante sus gritos. Rottenmeier solo entrena a mujeres con las que camina a paso rápido alrededor del cool-parque y, aún no lo he podido confirmar, creo que oculta un látigo con el que de vez en cuando azota a las incautas que contratan sus servicios. Jamás la he visto sonreír y, lo confieso, me da mucho miedito.
     Esta mañana un macizo morenazo con barba de dos días, gafas de sol polarizadas ordenaba a su súbdito 50 flexiones, 25 sentadillas y subir por las escaleras en tandas de 10. Disimuladamente he observado cómo sufría el pobre masoca: arriba, abajo, me siento, me incorporo, levanto una pata, levanto la otra... Yoda, mi dog trainer particular, movía el hocico con sorpresa e intentaba memorizar los movimientos. De pronto, átate los machos, he visto lo más de lo más, lo más cool del momento: el trainer morenazo portaba un chaleco amarillo chillón con su teléfono de entrenador personal serigrafiado. ¡Qué detallazo! Vamos, que me ha dado tanta envidia que ahora estoy tejiendo un chaleco a mi perra para que se sepa que es mi "entrenadora perruna". ¡Faltaría más!

jueves, julio 13, 2017

¡Quiero ser una espía!


Mi gran sueño es convertirme en espía: ser una mujer interesante capaz de seducir a cualquier mandatario mundial, colarme en su despacho, abrir la caja fuerte, extraer los documentos secretos y fotografiarlos con la minicámara que he guardado en el escote de mi supervestido negro de Adolfo Domínguez que ciñe mis curvas cárnicas antes de que suenen las alarmas del sistema de vigilancia.
   El sonido del cristal al chocar contra el fregadero me despierta de mi fantasía. Acabo de romper la copa de vino. Sí, una de las doce copas que he comprado esta mañana para la fiesta del viernes y aún no he estrenado. 
    ─¡Mierda! ─grito como una loca que habla siempre sola (a mí me escucha mi perra)─, así es imposible que el Servicio de Inteligencia llame a mi puerta. ¡Pero dónde se ha visto un agente secreto que siempre tira o rompe los vasos! ¡Menuda indiscreción!
    Mi tendencia natural a estamparme, abrazar y besar el suelo es otra baza que me aleja del título de espía. El otro día me resbalé en un paso de cebra por culpa de la lluvia y la blanca pintura deslizante ─¡me niego a asumir mi responsabilidad!─ y caí de bruces con la bolsa de la compra y el paraguas. Una imagen nada glamurosa para una infiltrada del CNI.
     ─¡Mierda! ─grité con humillación. Mi perra me observó horrorizada sin saber qué ladrar y con ganas de esconderse bajo la tapa de la alcantarilla para ocultar su canina vergüenza. 
    Pero aún existen más fallos en mi ser: mis manos tiemblan. No siempre, pero de pronto y sin motivo empiezan a bailar samba y soy incapaz de controlar sus movimientos. Unos temblores que me impiden asir con elegancia una copa de Moët Chandon en casa del embajador, estampar mi firma al falsificar un cheque o dar la mano a un asesino de la mafia rusa sin que perciba mi miedo. En fin, no puedo ser espía aunque tal vez os esté engañando a todos y soy la mayor cerebro del espionaje mundial.

P. D: Ahora tenéis que volver a leer esta entrada en el blog pero tarareando la música de "Misión imposible", ya sabéis, la de 25 barras de pan y un pirulí:  pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan, pan... ¡Pirulí!

lunes, junio 26, 2017

Akelarre y magia en Benicasim

BrujiEmma en la noche de San Juan

La asamblea de hechiceros y brujas desempolvó el plano secreto escondido en el tronco de la enorme palmera de la Isla de Cuba y marcó con una cruz su próximo destino. Los 7 miembros se miraron y una leve sonrisa iluminó sus caras. A lo largo de las últimas semanas habían analizado las señales de los astros y estrellas y no había duda: los 7, en 2017, debían acudir a Benicasim y girar 7 veces alrededor de la hoguera de San Juan para que la magia y fantasía les abrazara durante los próximos 365 días.
    El equipo mágico preparó sus enseres, se dirigió a sus naves y ─después de que BrujiCarmen gritara el conjuro "¡Roberto Alonso, ponte el cinturón!"─ partió con destino a Benicasim, en Castellón. La meiga Elena abrió con su llave mágica la mansión Cutanda y distribuyó a los invitados por las estancias encantadas plagadas de buenas vibraciones. 
    Para purificar el alma y limpiar las penas, bajaron a la playa para darse el primer chapuzón de agua salada en el Mediterráneo. Por la noche calmaron los rugidos del estómago en "El Lipizano" y exclamaron alabanzas ante la tortilla de alcachofas y berenjenas y la sepia sucia. Un móvil cayó al suelo, el signo inequívoco de que debían acudir a realizar sus conjuros en la noche iluminada por más fuego que cielo.


Los 7 hechiceros y brujas

   En mitad de la playa, una hoguera gigante desató la locura: el hechicero Alonso fotografió las ardientes escenas y todos corrieron alrededor del fuego hasta que el ritmo de "Ata la jaca a la reja" que bailaban los mortales humanos rompió el hechizo. 
    El sábado se mecieron por las olas, pasearon entre las villas hasta el "Voramar", comieron junto a la orilla del mar y durante la siesta sobre la fina arena soñaron las fórmulas de sus próximos encantamientos. Brujimpar Marta al contemplar la piel abrasada por el sol de sus pies gritó con sus uñas sin pintar "¡Por el amor de Dios, Ainhoa, pero si he estado dos horas dándome crema! ¡Cómo he podido quemarme!". El mago Roberto la tranquilizó y le mostró su cabeza atlética a la que aún le faltaban las rayas blancas y lanzó un embrujo contra las palomitas infantiles.
    La noche del sábado, los siete magníficos acudieron a cenar con Lidón, José Luis y Manolo, los hechiceros de la zona que les descubrieron las delicias gastronómicas nocturnas y, gracias a los mojitos y gin tonics, rozaron "La lluna". 
    El sol matutino del domingo entrecerró los ojos del akelarre. 
    ─Maestro Raúl, ¿no tienes toldo en la terraza? ─preguntó BrujiEmma.
    El maestro Raúl mesó su pelo y explicó a sus discípulos que la sencillez del hogar es fundamental para el desarrollo del alma y el espíritu. "Queridos, no todo en la vida se basa en lo material y además, somos felices", sentenció dando un bocado a la tostada con tomate rallado y fulminando al resto de comensales con su mirada para que sólo hablaran si sus palabras iban a ser mejores que el silencio.


Akelarre mediterráneo

   El último día, como manda la tradición, dejaron que el tiempo se escapara frente al mar, recibieron entre abrazos y besos a Santi y Esther ─los elfos madrileños que faltaban del grupo─, y comieron una rica paella en "Villa Sofía" junto a Raquel, Lidón y Alejandro. Los 7 hechiceros y brujas volvieron a la capital con la suerte en la maleta, la sonrisa en la mochila y un bolsón de felicidad.


PD: Hay amigos que llegan al alma y alimentan el cariño. Mil gracias por todo, por la magia, la ilusión, las risas y los vinos, queridos Cutanda. 
Cómo no, agradecer a Javier Puebla su iniciativa de inscribir a los niños en el Campeonato de FutsalCup Marina D'Or. Un crack.

lunes, junio 19, 2017

Crisis de pareja por culpa de un quiróptero


El calor primaveral asola la ciudad y los sudores me hacen desvariar. Me tumbo en la hamaca del jardín, cierro los ojos y mi imaginación me traslada a la consulta de una experta en terapia de pareja. La psicóloga ─mi mente la imagina mujer, pequeña, morena, con gafas de pasta negra sujetas a su cuello con un cordón dorado y una pluma estilográfica Montblanc que balancea entre sus dedos antes de anotar mis desquicies en su agenda Moleskine─ me recibe en su despacho de grandes ventanales y me sugiere que me acomode en el diván estilo Chesterfield.
   ─¿Por qué has venido a mi consulta? ─me interroga con una voz demasiado estridente para mis sensibles oídos.
   La pregunta me parece absurda, pero contesto la obviedad.
   ─Porque mi matrimonio sufre una gran crisis difícil de solucionar.
   ─¿Desde hace mucho tiempo?
   ─Exactamente desde hace cuatro días, desde el 16 de junio ─la psicóloga me mira sorprendida─. Ese día todo parecía perfecto: mi hijo mayor aprobó la selectividad, felicité a mi padre por su cumpleaños, cené con unos compañeros del trabajo... Incluso una tormenta de verano refrescó la noche.
   ─Entonces, ¿qué sucedió con tu pareja? ¿Te maltrató?
   ─¡No, qué exagerada!... Bueno, un poco sí, pero no pienses mal.
   ─Una de las características de las mujeres maltratadas es que niegan que sufren vejaciones por parte de sus compañeros.
   Ahora soy yo la que no pestañea. ¿Pero qué dice esta mujer?
   ─A ver, no te montes películas o me levanto del diván. Aquella noche, cuando volví a casa, me tumbé en la cama, cogí mi kindle, empecé a leer...
   ─¿Y dónde estaba tu pareja?
   ─Pues a mi lado, navegando con el Ipad.
   ─¿Entonces?
   ─Todo sucedió en una fracción de segundo. Alonso, mi marido, saltó de la cama, salió de la habitación y cerró la puerta. Le miré extrañada sin entender qué estaba ocurriendo hasta que el aleteo de un animal me hizo gritar como una histérica. Alrededor de la cama volaba un negro murciélago que se había colado por la ventana. El pánico bloqueó mis pulmones, temía que la rata voladora se posara en mis rizos, tiré el kindle y me abalancé hacia la puerta para escapar de la persecución del quiróptero insectívoro que campaba a sus anchas por mi cuarto. 
   ─¿Y al salir tu pareja te pegó?
  ─Tú eres tonta... ¡Pues claro que no! Los dos gritamos desesperados sin saber qué hacer. De vez en cuando entornábamos la puerta para ver qué hacía el invasor nocturno hasta que, al cabo de los tres minutos más largos de mi vida, el murciélago escapó a la negra noche. En ese instante, sentí que el amor también se esfumaba por la ventana. ¡Cómo es posible que mi Alonso huyera despavorido de nuestro cuarto, cerrara la puerta y me dejara sola ante el peligro!
   ─Emma, ¿nos vamos al Bauhaus para comprar la manguera y los tornillos de las hamacas? ─el grito de Alonso descompone la escena de mi terapia de pareja y me devuelve a la realidad.
   ─Vale, y que no se nos olvide ver las mosquiteras para que no se cuelen más murciélagos... Por cierto, ahora que hemos superado nuestra crisis espero que jamás acudamos a una psicóloga matrimonial.
   ─¿Qué crisis?
   ─La del murciélago, Alonso, la del  murciélago... ¡Hombres!




miércoles, junio 14, 2017

Me llamo Emma y...


Me llamo Emma. Estoy sentada en mitad de un camino pedregoso sobre una piedra de granito. Una antiestética gorra blanca cubre mi cabeza. El sol dispara sus rayos de 37º C sobre mí y no hay ninguna sombra donde protegerme. La sed seca mi boca. Succiono con fruición el tubo que conecta con la bolsa vacía de sales y agua que porto a mi espalda. No queda una gota. 
      Me llamo Emma y soy gilipollas. Hace un par de kilómetros detuve el todoterreno de un agente forestal para que socorriera al anónimo compañero que me ha escoltado los últimos quince kilómetros por los tortuosos caminos de la montaña y se ha desplomado en el suelo. Ante la situación, mi mente me ha mandado mensajes directos para que abandone mi "mini-reto", pero he resistido y he aspirado un "puff" de ventolín para regular mi asmática respiración. Aún debo andar cinco kilómetros más y tengo miedo de morir deshidratada y sola en mitad de este sendero plagado de piedras por culpa de mi orgullo y mi elevada autoestima.
    Para ahuyentar la soledad hablo en voz alta, más bien me insulto. A lo lejos diviso un hombre con una botella de agua en su mano derecha, debe ser una alucinación por los efectos del calor. Me tambaleo hasta su posición, le deslumbro con mis carnes embutidas en la camiseta naranja butanero y mi mochila amarillo fosforito y le suplico que me dé un sorbito de agua. Mi salvador. 
     Me arrastro con mis pequeñas ampollas hasta Colmenar Viejo. De pronto mis ojos se abren como si fueran unos dibujos manga al ver la tienda de un "chino". Rebusco en la riñonera un euro, entro con mis sudores y tomo una botella de agua de la nevera. El asiático del mostrador me observa con temor ante mi cara color gazpacho. El doble de hidrógeno que de oxígeno me revive. 
    La meta me espera al entrar en el polideportivo, sonrío, grito de emoción hasta que un chico de la organización de Corricolari me indica que aún debo dar una vuelta por la pista de atletismo. No tengo fuerzas para agarrarle del cuello y asfixiarle así que obedezco.
    Me llamo Emma y aunque casi muero por mi locura, he cruzado la línea de meta tras recorrer 31 kilómetros (mi podómetro marca 35) y me han entregado un diploma para que jamás olvide esta chaladura. Me llamo Emma y estoy viva. 
   

Mi historia es una minucia en comparación con mis seis compañeros de ABC que han logrado caminar los 100 km en menos de 24, el fantástico trío ciclista que ha pedaleado otros 100 km, el resto de máquinas andarinas que ha superado los 65 km y abandonaron por culpa de la noche y las ampollas y, cómo no, al gran equipo de apoyo que nos ha mimado y cuidado durante toda la aventura.
Personalmente tengo que agradecer a mi Alonso, que soporta mis locuras y me esperó como un jabato en la meta. A Yoda, mi dog trainer.  A Ángeles, que me acompañó en varios entrenamientos y a todos los amigos y familia que han confiado en mí. Tranquilos, una y no más santo Tomás. Os quiero.

lunes, junio 05, 2017

Pasito a pasito, suave, suavecito...


─¡Me he inscrito en el Reto de ABC! ¡Tengo que caminar 34 kilómetros! ¿Quién se apunta a los entrenamientos? ─grité al entrar por la puerta de casa. 
     Yoda movió el rabo con emoción y se convirtió en mi dog trainer. El resto, mis  hombres, me miraron con ojos hastiados y continuaron con su quehaceres como si no me hubieran escuchado. Pero todo tiene su explicación...
      Hace muchos, muchos años, los sábados por la mañana mi amigo Cipri y yo abandonábamos a nuestras parejas y acudíamos a las nueve de la mañana, entre ojeras, resacas y risas a nuestro original curso de papel maché de cuatro horas. Desde entonces hasta ahora he asistido a clases gastronómicas de sushi, adiestramiento canino, pádel, inglés, taller de bricolaje, natación... De forma autodidacta me convertí en Huerta caótica, me hice experta en la instalación de riego automático y aprendí a hacer y personalizar fofuchas y tartas de chuches. Lo sé, doy bastante asco... ¡Y eso que omito mi destreza culinaria y mi arte para montar fiestas! Tras esta insoportable explicación es fácil entender que mis hombres pasen de mi espídica actividad, mis locuras y de mí. 
      Eso sí, me apoyan a su manera. El otro día me regalaron un superreloj que computa todos los pasos que realizo, mi frecuencia cardíaca, la distancia que recorro... Vamos, lo más. 
      Seré sincera, no creo que consiga mi pequeño reto (el gran reto es caminar 100 km en 24 horas, ¡unos máquinas!), y sé que mi perra está harta de mí, pero me siento como la Forrest Gump española que en vez de correr, camina y camina, pasito a pasito, suave, suavecito...

viernes, mayo 19, 2017

Soy imbécil


Soy imbécil. A ver, por favor, que nadie se ofenda, pero es el único término que describe perfectamente mi forma de ser. En la vida hay gente interesante, guapa, inteligente, simpática... En fin, también hay indeseables, pero ese es otro cantar. Y luego esta la categoría a la que yo pertenezco.
     Para rozar mi grado de imbecilidad hay que tener cierto arte. Esta mañana, por ejemplo, durante el duro entrenamiento al que me estoy sometiendo con la ayuda de mi "dog trainer" me he estampado contra el tronco de un árbol. Lo sé, no es sencillo, y sobre todo es una de las situaciones más ridículas que existen porque al sentir como las gafas se clavan en el tabique nasal, los mofletes rozan la dura madera y tiembla todo tu cuerpo no sabes si reír, llorar o tirarte de los pelos. Por suerte, no he localizado ninguna cámara de seguridad que haya grabado mi estampación arbórea y creo que nadie me ha visto.
   Después de maldecirme por mi imbecilidad he continuado por mi ruta con paso ágil, un enorme dolor de nariz, estruendosos estornudos alérgicos y una gran sensación de vergüenza que no he podido ocultar en la mochila. 
    En fin, soy imbécil porque me he apuntado a un reto solidario en el que debo caminar 34 kilómetros en un máximo de ocho horas. Y soy aún más imbécil porque además de mis asmáticas y pinreles imperfecciones soy incapaz de caminar en línea recta sin estamparme contra un árbol. 
    ¡Menos mal que mi gen mañico no me permite abandonar!

P.D.: Un aplauso para los que se presentan a los 100 km en 24 horas, esos sí que son unas máquinas.

jueves, mayo 11, 2017

Ahora sí...

El graduado rodeado de su familia y su adorada abuela

Ahora sí que puedo contar que el sábado, el día de la graduación de mi hijo Diego, al entrar en el colegio y ver la ventana del chalet de los pequeños lloré de emoción al recordar sus llantos del primer día de clase y mi congoja por dejarle allí hace dieciséis años. 
     Ahora sí confesaré que me enterneció ver la imagen de madre e hijo que seleccionó para el cartel de "Así éramos antes"
     Ahora sí puedo decir que la locura de mi familia se desató en la fiesta de graduación al admirar la elegancia adolescente de Diego y su grupo de amigos siempre arropados por los grandes profesores que les han acompañado en su andadura escolar, ¡benditos maestros y tutores que tan bien han sabido encauzar sus estudios!
     ¡Ahora sí que puedo gritar que mi hijo ha aprobado Segundo de Bachillerato! 
     ¡Enhorabuena Diego! Ahora, la selectividad. 

Amigos y grandes detalles

sábado, abril 08, 2017

Mis taras cinéfilas

Dreyfuss y su puré de patatas

Debo confesar que cada vez que preparo un puré de patatas me acuerdo de Richard Dreyfuss  esculpiendo la Torre del Diablo en su plato con la masa de patatas. Una obsesión por la invasión extraterrestre que le torturaba en la película "Encuentros en la tercera fase" y, pasados los años, me persigue en la cocina. 


Torrijas al estilo americano
En Semana Santa, época de torrijas, recuerdo la ineptitud de mi querido y desastroso (culinariamente hablando) Dustin Hoffman al preparar a su hijo unas tostadas francesas para desayunar. Al final de "Kramer contra Kramer", dramón con el que lloré un río, se convierte en un auténtico experto como padre y como cocinero.


"El padrino III" y "Como agua para chocolate"

La cocina en el cine también despierta pasión, como los dedos de mi morenazo Andy García deslizándose por la masa para preparar los ñoquis y seducir a Sofia Coppola. 
En la genial adaptación del libro de Laura Esquivel, "Como agua para chocolate", se desata la misma magia y fantasía culinaria que siento cuando organizo algún evento en casa. 




Y cuando como sushi siempre sonrío al recordar la cómica escena de Jean Reno devorando el wasabi como si fuera guacamole.



Aunque mi mayor tara cinéfila se desencadena cuando algún coche me hace una jugarreta. Entonces grito "Towanda" al estilo Kathy Bates en "Tomates verdes fritos" y embisto al infractor con mi superauto analógico. 
Eso es lo bueno del cine, que justifica muchos de nuestros locos actos.

PD: Por supuesto, todas mis taras nacieron en "Tara". Y quien no sepa qué es Tara tiene un grave problema cinematográfico. 


miércoles, abril 05, 2017

Vinos y amigos en La Rioja

Amistad con sabor a vino

─¡Diez champiñones con gambas, cinco cortos de cerveza y cinco de vino! ─la potente voz de Basi, el gran anfitrión, retumba por la zona de tapeo más conocida de Logroño, la calle Laurel. 
   La tropa de nueve amigos le sigue y se deja mimar por el auténtico español que nació y vivió en Bilbao, veranea en Alberite (Logroño), trabaja en Madrid y bucea en la costa catalana. Un hombre hiperactivo que exprime nuestro tiempo para que gocemos de su increíble tierra.
   Los estómagos revientan de placeres: patatas bravas, pinchos de oreja, "matrimonio", brochetas... Y más vino, que no falte el vino. De remate, un gin tonic en el "Ibiza" para celebrar nuestra fugaz amigo-escapada al Norte.
   El estrés de la agenda viajera nos despierta a primera hora de la mañana del sábado. A las diez acudimos a las bodegas CVNE, en Haro. El guía nos explica cómo se elaboraba el vino de antaño, cómo distinguir los sabores, la astringencia de los caldos, nos pasea entre barricas, nos descubre el cementerio (una cueva cubierta de moho que nos traslada a una película de miedo) y salpica con amenas anécdotas la visita con olor a uva. 
   Después de pasear por el barrio de la estación, donde se concentran varias bodegas como Muga o López de Heredia, nos dirigimos al restaurante José Mari, en Rivas de Tereso, para alimentar nuestros hambrientos estómagos con unas patatas a la riojana y unas chuletitas de cordero a la brasa. Y más vino, que no falte el vino.


Rutas, calados y risas
   
   Para bajar tantos excesos, recorremos las calles medievales de Laguardia, en la Rioja Alavesa, y volvemos a Alberite, el lugar donde se desencadena la locura. 
   Hasta esa noche todo parecía normal: excursiones, comida, risas... Pero ay, no sabíamos  que Alberite esconde un secreto que solo conocen los lugareños como Basi. Os lo voy a desvelar: en la ladera de la montaña se ocultan impresionantes calados o bodegas familiares  donde se elaboran litros de vino para saciar la sed de amigos y familiares. 
   Luis (John Wayne), un hombre que destila simpatía y emoción por la tradición vinícola, nos muestra su calado que alberga, a temperatura natural y constante, las barricas. Como buen riojano descorcha varias botellas de su cueva para que gocemos del sabor intenso y penetrante de su vino. Después, nos dirige a su sala de reliquias plagada del instrumental agrario del siglo pasado y un antiguo ejemplar de ABC. En otro calado, nos ofrece su cava artesanal que comenzaron a elaborar hace unos cuantos años. 
    Nuestros cuerpos caminan haciendo eses hasta la bodega de Víctor (Liam Neeson), el yerno de Luis e íntimo amigo de Basi y Marta, que nos ha preparado una copiosa cena en su choco que comunica por una escalera con su reformado calado. Víctor, entre brindis y brindis, nos descubre el vino que bebe el Papa, las anécdotas de su pueblo, sus aventuras empresariales... 
   Al subir al choco, el porrón con el líquido burdeos preside la mesa. Alrededor, ensaladilla rusa, chorizo y salchichón artesanal, croquetas, champiñones, pan de pueblo. Y más vino, que no falte el vino. Antes de explotar, y aunque sean las dos de la madrugada, unas carrilleras al vino que se deshacen en la boca. La noche se esfuma entre chistes subiditos de tono, carcajadas, intentos de asesinato y una forma de caminar que más que eses hace equis
   El domingo el grupo de diez amigos resacosos no puede abandonar Logroño sin tomar de nuevo unos pinchos de champiñones, cebarse en la sierra cebollera y, con pena, volver a la capital, a la rutina... ¡Pero con más vino en la sangre y alegría de vivir!
   Mil gracias, pareja.

miércoles, marzo 15, 2017

¡Sorpresa, sorpresa!

Y mi magia voló para tocar los corazones

La paciencia no es una de mis virtudes. En cuanto una ocurrencia ronda por mi cabeza me persigue de tal forma que tengo que dar rienda suelta a mi imaginación y desarrollar la idea que brinca entre mis brujas neuronas.
   Hace poco relaté en el blog mi intención de retomar la costumbre de enviar felicitaciones navideñas y propuse que quien quisiera me mandara su dirección postal para convertirse en el receptor de mi futuro christmas.
   De pronto, en mi correo electrónico aparecieron varios mensajes. Me emocioné tanto que la ilusión me lanzó a la aventura de escribir cartas secretas con mensajes​ mágicos para sorprender y arrancar más de una sonrisa porque ¿hay algo más bonito que recibir una carta inesperada?, ¿habrás sido tú el afortunado? 
   Misterio mágico con varita de bruja gata.
   ¡¡¡Sorpresa, sorpresa​!!!


Un mensaje, un sello, un buzón... Mi carta inesperada

lunes, febrero 27, 2017

Unos rizos de Oscar

Halle y Emma, una rizada amistad

No lo puedo negar, entre nosotras existen muchas, demasiadas diferencias. Halle Berry lo tiene todo: guapa, buen tipo (más bien tipazo), gran actriz, una sonrisa preciosa, piel negra, simpatía... En fin, debo corregir: ella y yo somos lo opuesto, pero hay un pequeño, ínfimo, diminuto detalle que compartimos. Ambas lucimos sobre nuestras cabezas unos alocados rizos que bailan zumba al son del viento y duplican el tamaño de nuestras cabezas. Este detalle capilar que ambas compartimos me hace salir en su defensa y aplaudir el peinado con el que acudió a la Gala de los Oscar 2017. Sé que las redes se llenaron de memes para mofarse de su rizada cabellera, pero ay, amigos, ya quisieran muchos tener tanto pelo en la cabeza y lucirlo con ese arte y esa belleza.
¡Muy bien, Halle, eres la mejor e ibas divina! Bueno, el vestido no me gustó mucho, pero aplaudo tus fantásticos rizos. ¡Que vivan los rizos!

PD: Querida Berry, aquí te explico mis dichas y desdichas con mi melena rizada por si las necesitas para tu defensa  http://mimaridomifamiliayotrosanimales.blogspot.com.es/2015/07/dichas-y-desdichas-de-mi-melena-rizada.html

lunes, febrero 20, 2017

Una carta para ti


En una vieja caja de fieltro rojo escondida en un altillo de casa se almacenan cientos de cartas de mi juventud. De aquella época en la que escribía las historias de verano o los mensajes de amor con bolígrafo sobre una cuartilla que guardaba en un sobre en el que pegaba el sello que había comprado en el estanco. Ese sello que al chupar dejaba un desagradable sabor en la lengua. Deprisa, corría hasta  alguno de los buzones amarillos que decoraban las aceras de la ciudad ─ahora, en proceso de extinción─, y lanzaba la carta por la abertura metálica con la ilusión y la esperanza de que no se perdiera entre el maremágnum de postales y envíos que cada día recibían en Correos. 
   Abrir el buzón de casa y encontrar que alguien me había enviado una carta era una emoción indescriptible que con el paso de los años ha pasado al olvido por la inmediatez de los emails y los whatsapps. Sin embargo, el nerviosismo retorna a mi vida todas las Navidades. Desde hace muchos años, Juan Carlos y Montse envían su felicitación "analógica": un bello christmas de Navidad que al abrir desvela un tierno mensaje escrito de su puño y letra. Emocionada, ubico la felicitación en el salón, una muestra del mundo pasado. Al cabo de los días, llega el christmas de mi tía Nati Cañada, que siempre lo ilustra con la foto de alguno de sus fantásticos cuadros; el de la óptica de mi amiga Mercedes y el clásico de El Corte Inglés. 
   De pronto este año llegó otra felicitación. Palpé el sobre y lo abrí con sumo cuidado, con la intriga apretujando mi estómago y la inquietud por saber quién se había molestado en mandar esa carta. La ternura me golpeó: mi hermano Pepe y Mariona nos felicitaban con un precioso dibujo desde las bodegas de Clos de l'Obac, en Tarragona.
    Esta mañana, mientras paseaba por el pinar, con la escarcha aún agarrada a los pinos y el frío colándose por mis manos he decidido que las próximas Navidades enviaré felicitaciones al estilo vintage: escritas a mano, guardadas en un sobre con un sello pegado en la esquina superior derecha y las mandaré desde algún buzón amarillo en vías de extinción. Decidido, volveré al pasado por un día y esperaré, con nerviosismo, alguna respuesta.

Si alguien desea que le escriba que me mande su dirección por mensaje privado. Prometo cumplir mi palabra. Mi mail: emmaptojo@gmail.com

viernes, febrero 10, 2017

Amor de libros


Y entre libro y libro encontré el cóctel perfecto de amor, odio, deseo, intriga, pasión, miedo, angustia, excitación... Mis últimas novelas:
  • "Todo esto te daré", de Dolores Redondo (Planeta)Hace años, de la mano de esta gran escritora española, me sumergí en la fantástica trilogía que se desarrollaba en la zona del Baztán. "Todo esto te daré", Premio Planeta 2017, se lee de forma ágil y nos descubre la Ribeira Sacra, un territorio gallego plagado de viñedos: el escenario perfecto para desarrollar una trama que gira en torno al vino, el amor, los asesinatos, las relaciones familiares y la tradición. Muy entretenida. 
     "A veces es mejor callar todo que mentir en parte"
     
    "Existe una tristeza vista, pública, de lágrimas y luto, y otra inmensa y silenciosa que es un millón de veces más poderosa" 
  • "Historia de un canalla", de Julia Navarro (Plaza y Janés Editores)
    El protagonista de esta novela es un canalla y no se arrepiente de serlo. Carece de empatía, destila repulsión, egoísmo y codicia. Es un personaje al que es imposible amar. Siempre me han gustado los malos, pero con un pequeño corazón y Thomas, así se llama el canalla, no transmite ni un ápice de ternura. Para mí, tal vez sea la peor novela de Julia Navarro.
    *  
    "A veces el engaño es mayor cuando no media el sexo, mayor que unos simples encuentros en la cama"
  • "Black, Black, Black", de Marta Sanz (Anagrama)
    Este libro me lo recomendó Antonio Fontana, mi gran asesor y amigo literario. Por supuesto, fue un acierto. Una gran novela negra aderezada con historias reales de la vida: violencia de género, homofobia, pasión, secretos...  *
    "Me gusta escribirte porque sé que no me vas a leer. Mucha mayor libertad para insultarte, dónde va a parar"
  • "La isla de Alice", de Daniel Sánchez Arévalo (Planeta)
    Dos libros en uno. En la primera parte se desarrolla una trama de investigación para esclarecer unos cuantos secretos. En la segunda prima el romanticismo. Una novela muy entretenida, sobre todo en la parte más oscura, aunque muchas amigas disfrutaron con la parte del amor. Ya sabéis, sobre gustos no hay nada escrito.* 
    "Quien escribe un diario es una persona que busca un camino para salvarse sin demasiadas esperanzas"
  • "Cinco esquinas", de Mario Vargas Llosa (Alfaguara)
    La novela del Nobel desprende erotismo desde la primera página sin apartarse de otros grandes temas como el periodismo amarillo, la presión del Estado, los políticos y el poder económico. Un suspiro de placer. *
    "Quien a sus solas se ríe, de sus maldades se acuerda"
  • "Donde los escorpiones", de Lorenzo Silva (Destino)
    En esta ocasión Silva traslada a Bevilacqua, la sargento Chamorro, el cabo Arnau y Salgado a la base española en Afganistán para que investiguen la muerte de un soldado español. Lo mejor del libro: la descripción de la vida en la base. Lo sé, no puedo ser objetiva con Lorenzo.
    "Vives en el siglo XXI. La era en la que la pareja es uno de los gadgets desechables que nos distraen la vida"

viernes, febrero 03, 2017

Corazones partíos, enteros y arrejuntados

Corazón partío

HACE DOS AÑOS

─Hola, Emma, te llamo porque tengo algo importante que contarte ─silencio─. Lo sabe muy poca gente y prefiero que te enteres por mí.
─Me estás asustando.
─Me imagino que no te sorprenderá.
─¿El qué?
─Hace tiempo que nuestra relación no iba muy bien.
─Pero...
─Ya no hay vuelta atrás, nos vamos a separar.
─¡Qué me dices! ¿Estáis seguros?
─Sí, los abogados están tramitando nuestra separación.

En el año 2015 varios amigos y familiares se separaron de forma amistosa, aunque siempre hay excepciones. Debo confesar que cada vez que sonaba el teléfono temía contestar. Incluso barajé la posibilidad de que un virus como el zika, aún no detectado por las autoridades sanitarias, estaba atacando a las parejas con un efecto devastador: la disolución total. Por supuesto, me compré el repelente más potente que encontré en la farmacia. 

De boda en boda

HACE UN AÑO

─Hola, Emma, te llamo porque tengo algo importante que contarte ─silencio─. Lo sabe muy poca gente y prefiero que te enteres por mí.
─Me estás asustando.
─Me imagino que no te sorprenderá.
─¿El qué?
─¡Nos casamos y, por supuesto, estáis invitados a la boda!

En el año 2016 varios amigos y familiares se casaron. ¡Cuatro bodas! Que, para qué mentir, arrasaron con la cuenta bancaria pero nos llenaron de risas, bailes, resacas y alegría. Eso sí, mi pasión cinéfila me hizo sufrir los 365 días del año al recordar la gran película "Cuatro bodas y un funeral". El 31 de diciembre, entre uva y uva, sonreí al dar por finalizado el año con "Cuatro bodas y muchas fiestas". 


Fiesta, fiesta, queremos fiesta, fiesta

AÑO 2017
En mi agenda anual por ahora solo hay marcada una fecha: la boda de unos amigos, que una al año no hace daño. No sé qué más ocurrirá, pero sueño con repetir grandes acontecimientos, como los cumpleaños de Raúl y Conchi; reencuentros con mis antiguas compañeras del Saint-Dominique, mis citas clásicas con el grupo del Fem, las fiestas en la playa, las confidencias con Ángeles y Mercedes, las cenas familiares plagadas de gritos y risas, las escapadas románticas con mi Alonso, las excursiones con mis hijos y, cómo no, mis paseos con Yoda, mi gran fuerza.
¡Feliz 2017! Sí, ya sé que ha pasado más de un mes, pero me hace ilusión desearos lo mejor. Ay, por un día que me pongo tontorrona...



Yoda, mi pasión perruna