─¡¡Perdón, perdón!! Ya estoy aquí ─grité con mi mejor sonrisa a la mujer policía que estaba junto a mi coche.
Se giró, me miró con desprecio, arrancó la hoja y, protegida bajo sus gafas de sol, me la entregó.
─Lo siento, la multa ya es efectiva. De todas formas tiene 25 minutos para pagar tres euros y anularla.
¡¡Hija de #@&#!! ¡Que llevo un día de aúpa!, ¡que esta mañana he olvidado poner el monedero en el bolso!, ¡que mi hijo ha devuelto antes de ir al cole por los nervios de los exámenes!, ¡que solo he dormido tres horas porque tenía que finalizar un curso online!, ¡que he pagado el parquímetro con el único euro que he encontrado por el coche!, ¡que he venido al médico y mi tarjeta sanitaria estaba en mi monedero olvidado!, ¡que encima la cita era ayer y no hoy!, ¡que pese a todo me han hecho un hueco y me han atendido!, ¡que por todos estos motivos he llegado diez minutos tarde!, ¡que me pareces muy mala persona porque la calle está llena de huecos vacíos y no me merezco la multa!, ¡que ahora tengo que anularla y no tengo dinero porque he olvidado, te recuerdo, la cartera!, ¡que solo tengo 20 minutos para ir a casa, coger el monedero, los putos tres euros y buscar un parkímetro porque mi zona no es de hora!, ¡que me parece muy bien que hoy sea el día de la mujer trabajadora, pero tú te podías haber quedado tranquilamente en casita! Y, por lo menos, sonríe que no cuesta nada. Pensé, callé y arranqué el coche con cara de muy pocos, más bien, ningún amigo.
En fin, que hay mañanas que es mejor borrar de la memoria. Mañanas que en cuestión de dos horas condensan tantos sucesos que es mejor olvidar.
Se giró, me miró con desprecio, arrancó la hoja y, protegida bajo sus gafas de sol, me la entregó.
─Lo siento, la multa ya es efectiva. De todas formas tiene 25 minutos para pagar tres euros y anularla.
¡¡Hija de #@&#!! ¡Que llevo un día de aúpa!, ¡que esta mañana he olvidado poner el monedero en el bolso!, ¡que mi hijo ha devuelto antes de ir al cole por los nervios de los exámenes!, ¡que solo he dormido tres horas porque tenía que finalizar un curso online!, ¡que he pagado el parquímetro con el único euro que he encontrado por el coche!, ¡que he venido al médico y mi tarjeta sanitaria estaba en mi monedero olvidado!, ¡que encima la cita era ayer y no hoy!, ¡que pese a todo me han hecho un hueco y me han atendido!, ¡que por todos estos motivos he llegado diez minutos tarde!, ¡que me pareces muy mala persona porque la calle está llena de huecos vacíos y no me merezco la multa!, ¡que ahora tengo que anularla y no tengo dinero porque he olvidado, te recuerdo, la cartera!, ¡que solo tengo 20 minutos para ir a casa, coger el monedero, los putos tres euros y buscar un parkímetro porque mi zona no es de hora!, ¡que me parece muy bien que hoy sea el día de la mujer trabajadora, pero tú te podías haber quedado tranquilamente en casita! Y, por lo menos, sonríe que no cuesta nada. Pensé, callé y arranqué el coche con cara de muy pocos, más bien, ningún amigo.
En fin, que hay mañanas que es mejor borrar de la memoria. Mañanas que en cuestión de dos horas condensan tantos sucesos que es mejor olvidar.









