domingo, septiembre 26, 2010

El gran juego: de fiesta en fiesta y tiro porque me "fiesta"

Me niego a admitir mi culpa por el abandono del blog. Si acaso, la culpa es de la gente a la que tanto amo y que de vez en cuando aniquila mis energías, absorbe mis fuerzas y me deja exhausta. La presión social de este mes ha sido continua, sin cese ni descanso. Risas, bailes, locuras, cócteles, brindis, soplidos... Un no parar.


Fiesta sorpresa de Cristina

Viernes 10 de septiembre.
Claudio gestionó la fiesta sorpresa de Cristina, su amantísima esposa, desde principio de julio. Sus correos, plagados de guiños humorísticos, nos fueron tensando poco a poco. El día anterior al gran evento su desesperación desató nuestra histeria: "tenéis que acudir a Hoyo 19 a las nueve, nosotros llegaremos a las nueve y media, allí os indicarán qué hacer". Por una vez, todos los "femianos" fuimos puntuales.
En la entrada, nos identificaron con una pegatina, nos entregaron una bengalas y esperamos la entrada triunfal. La pareja entró y Cristina miró perpleja sin entender qué hacía toda esa gente conocida en aquel local. "Pero si yo iba a cenar con Claudio por mi aniversario", pensó mientras besaba a todos sus conocidos. El grupo de rock sobre el escenario rompió su estado de estupefacción y se desató la fiesta: mojitos, copas, cócteles y bailes, muchos bailes en la pista. Después, los regalos, las palabras de amor y agradecimiento... Toda la noche hasta que el cuerpo aguantó.



Sábado 11 de septiembre.
El estrés y una leve sensación de resaca me despiertan a las diez de la mañana. Los niños duermen en casa de Ángeles. Me siento frente al ordenador y trabajo, trabajo y trabajo. Por la noche acudimos a las fiestas de Barajas. Los niños disfrutaron en las atracciones de la feria, cenamos en campo de fútbol y dejamos que los impresionantes fuegos artificiales nos hipnotizaran con las formas, los colores y los bailes de centellas bajo el manto de la negra noche.


Sábado 18 de septiembre.
La mañana se esfuma entre tortillas de patatas, ensalada de piña, gelatina de fresa, pulpo a la gallega, salmón.... Platos con mimo para la noche. A las ocho llegan los invitados para celebrar el décimo primer aniversario de Diego. Los regalos se multiplican (para Diego, zapatillas de fútbol, mochila, juegos de DS y Wii; para mí, dos pares de pendientes de plata y un reloj de Agatha Ruiz de la Prada), los gritos infantiles invaden la casa. Una velada perfecta en la que la felicidad despliega sus alas alrededor de la familia.

La bisabuela con sus biznietos

Domingo 19 de septiembre.
Celebración con los abuelos paternos y, oh, sorpresa, mis hombres se van al Vicente Calderón a ver el Altético de Madrid-Barcelona. ¡Aúpa Atleti!


Bodegón de regalos y felicidad

Lunes 20 de septiembre.
El cambio llegó a mi vida. Abandono la etapa treintañera y me sumerjo en la depresión de los cuarenta. Me miro en el espejo, no detecto ninguna arruga, me siento bien. De pronto mis hombres me atacan con sus besos, sus tirones de orejas y llenan la cama de regalos: el kindle (libro electrónico) con su funda de piel, una gafas para bucear y, ¡dios mío! un súper reloj de una súper marca y unas enternecedoras cartas de amor. 
Las felicitaciones llegan al móvil, al fijo, al perfil y mail de facebook, al mail personal... Sonrío. La emoción se multiplica con los pequeños detalles que te hacen ser aún más feliz: las preciosas flores de Ángeles, la tarta afrodisiaca de Elena, las chuches de Luis, la cajita de madera de Ana... Y lo más importante y necesario en la vida: el amor de los tuyos, la amistad de los amigos, la felicidad bien compartida. ¡Mil gracias a todos! Tal vez sea cierto que a partir de los cuarenta una dice lo que piensa y yo pienso que mi gran tesoro son las personas que me rodean, que han compartido conmigo dichas y desdichas y me aceptan tal cual, con lo bueno y lo malo y ese carácter tan histérico que me caracteriza ;-)

Los amigos, ese gran tesoro


Viernes 24 de septiembre.
El sol permitió otro clásico: celebrar el cumpleaños de Diego, Pablo y Enrique en el Juan Carlos I. Treinta niños desatados corriendo, comiendo, gritando, jugando al fútbol. Una madres agotadas por tanta preparación (¡y eso que este año encargamos pizzas!). Y algún que otro grito para detener la batalla de globos de agua... A las nueve llegué a casa sin fuerzas, elevé un brazo al estilo Scarlata O'Hara y juré que no volvería a celebrar así otro cumpleños (frase que repito cada año). Alonso me miró y sentenció: "Emma, no mientas, que a ti te encantan estos saraos". No contesté.


Mi príncipe

Sábado 25 de septiembre.
Álvaro despertó con los nervios agarrados al estómago.
-Venga, mamá, no podemos llegar tarde.
En una hora todos lucíamos nuestras mejores galas: Álvaro vestido de paje, Diego de señorito, Alonso de traje y yo con mis lentillas, maquillaje, pelo alisado y el modelito puesto. A las doce salimos de casa a la gran boda de Raquel y Luis Miguel. 

La novia, guapísima

Álvaro, feliz por ir en limusina, ejerció de paje en la ceremonia y entregó las arras a los contrayentes. Unas jotas segovianas recibieron a los recién casados, que no dudaron en unirse y marcarse unos pasos. Todos disfrutamos del cóctel, la comida, los brindis, los vídeos... Después, a bailar. Diego sorprendió con sus bailes de Shakira, Álvaro paseó tres veces en la calesa, jugaron al mini-golf y nosotros gozamos con la familia, los amigos y la felcidad de la nueva pareja. A la una de la mañana, tras doce horas de fiesta, volvimos a casa agotados, sin fuerzas, pero felices...

Fieles al espíritu segoviano

Y ahora, la súplica de una mujer del siglo pasado


¡Que se acabe el mes de septiembre y pueda descansar de tanta vida social!

jueves, septiembre 09, 2010

Una gota, dos gotas... Se colmó el vaso

No hay profesión que se libre de tener algún inepto. El problema surge cuando indirectamente esa ineptitud te salpica y te hace perder el tiempo, la paciencia y la poca simpatía que aún queda del verano, que es más bien poca, la verdad. No sé qué sentirán el resto de los mortales pero a mí no me hace ninguna ilusión volver a ver a mis compañeros de trabajo. Así soy de arisca. En cambio, recuerdo que la noche anterior a la vuelta al colegio mi estómago se encogía por los nervios y la emoción de ver a mis amigas. ¿Habrían cambiado?, ¿qué novedades me contarían?, ¿se habrían enamorado? Ay, yo tenía que contarles tantas cosas: describirles con pelos y señales cómo había sido mi amor de verano, las fiestas locas, la emoción del último viaje... La tensión evitaba que me durmiera. ¡Qué tiempos! Ahora la vuelta me ahoga. Me siento como un vaso, de los grandes, de los de sidra asturiana, a punto de rebosar.

Plof, primera gota
La racha de roturas continúa sin piedad. Al coche hay que unirle el friegaplatos y la caldera. Y al microondas le ha dado por soltar de vez en cuando unos rayos siderales que me hacen temblar de miedo. Vamos, que está a punto de cascar. 


Plof, plof
Pese a mi caminata diaria de treinta minutos para llegar a trabajar, la aguja del peso se niega a descender... ¡por Dios, ten piedad, por lo menos una rayita!

Plof, plof, plof
Liset, la cuidadora de los niños, me llama dos días antes de volver a trabajar para contarme que está embarazada y debe hacer reposo absoluto. Antes de cortarme las venas llamo a mi adorada Ana. Ahora en casa además de mis hijos está Samuel, el bebé de Ana.

Plof, plof, plof, plof
Mis preguntas de septiembre: Con lo que cuestan los libros escolares, ¿por qué no los entregan forrados?, ¿por qué el papel aironfix siempre hace pompas?, ¿por qué todos los lápices del estuche están sin punta?, ¿quién esconde los sacapuntas y las gomas de borrar?, ¿quién arranca los botones del baby y descose los bolsillos?... Esas cuestiones que martirizan a cualquier madre maruja que quiere que sus hijos vayan el primer día de clase hechos un pincel pese a que a las cinco de la tarde aparezcan escondidos tras una capa negra de guarrería y los zapatos hayan perdido su brillo y el betún.

Plof, plof, plof, plof, plof
El complot familiar para que no me compre la moto me está aniquilando. ¿Es cierto que soy tan patosa?, ¿por qué todos temen que me caiga?... ¡Pero si este verano sólo he tropezado dos veces!


No es la original, pero queda bien para ilustrar

PLOF, la gota que rebosó
Entre tanto estrés, acudí con los niños a la cita en el hospital para hacer una radiografía a Diego y localizar las dos muelas que no aparecían en su dentición. Por suerte, aparqué bien el coche (¡que me mandaron al fin del mundo!)
-Huy, lo siento, este volante no vale, no puedo hacerle la radiografía -me explicó la enfermera con pelo negro de bruja y la raya mal pintada.
Evité bufar, sonreí y volví a la consulta de mi dentista para que me hiciera otro volante. De paso, me hizo otro de urgencia por si acaso.
Al coche y de nuevo, al fin del mundo.
-Huy, lo siento pero este volante tampoco vale.
Oí como caía la gota que me hizo estallar. Sentí la mirada perpleja de mis hijos y como mi boca gritaba desesperada.
-Me da igual que éste no sea el volante. Resérveme una habitación, saque un colchón, lo que quiera, pero no pienso salir de aquí sin la radiografía.
-Pero es que...
-Ni pero, ni nada, no soy médico, no hago volantes, ni sé qué procedimiento seguís, lo único que tengo claro es que me habéis hecho volver a mi centro por una mierda de volante, que llevo toda la tarde con los niños de un lado para otro por la ineptitud de alguien y que de aquí no me muevo sin la radiografía.
-Pues baje a atención al paciente.
-No, porque si bajo tú te irás y me quedo sin la puñetera radiografía.
-Pero...
-Si quieres bajo pero tú me acompañas. No tengo nada contra ti, sé que no es culpa tuya, ni mía, entiende mi desesperación.
-Te entiendo, pero es que te han dado un volante de interconsultas.
-Me da igual, yo no he hecho el volante, me lo han dado mal dos veces y aquí tengo otro de urgencias. Hablad con el otro centro de salud, que os lo envíen por fax, explicadles cómo hacer un volante... Mientras lo solucionáis espero aquí sentada con mis hijos.
La batalla fue dura, pero al final salí con la radiografía y un gran cansancio emocional.
-Mamá, nunca te habíamos visto tan enfadada, pero tenías toda la razón.
-Gracias, peques.

PD. Mañana los niños empiezan el cole. Diego está feliz por reencotrarse con sus amigos. Álvaro llora, no quiere hacer trabajos ni deberes.

jueves, septiembre 02, 2010

Verano 2010: una vuelta y un adiós

Divino verano

Las maletas, bicis y productos de la tierra (ay, que en Madrid no hay tomates de verdad) copan el maletero. Lo bueno se acaba. Ninguno tenemos ganas de volver. El motor arranca e inconscientemente el cerebro repasa la película de los últimos quince días de verano que nos han regalado momentos fantásticos, anécdotas maravillosas y un gran dolor.
Antes de partir hacia Segovia, los niños organizaron una acampada en el jardín con Stéphan. Prepararon la ropa, intendencia, linternas, sacos... Todo listo para aterrorizar la noche con historias de miedo bajo la luz de las estrellas. Un momento de felicidad.

Mis chicos, unos auténticos jinetes

¡Pero qué estilo tiene de mi Alonso!
(Para no ofender al animal, la autora no ha insertado una foto de ella sobre el caballo. Todo un detalle)

En Saldaña, descubrí que no he nacido para ser amazona. ¡Menudo espectáculo verme trotar por las tierras segovianas! Yo que iba toda mona empecé a botar sobre el caballo y sentí como mis carnes se desbocaban, los pendientes me abofeteaban los mofletes, el colgante volaba y chocaba contra mis dientes -cerré la boca aterrada por volver desdentada-, los estribos se me escapaban... Después, tres días de agujetas y dolor abdominal. Ocultaré cómo subí y bajé del caballo, un espectáculo digno de olvidar. ¡Un horror!
Los días se escapaban entre la piscina, los paseos y la lectura. Álvaro, pueblerino total, desaparecía con su bici, compraba el pan, ayudaba a recoger peras en el huerto... El niño más conocido de Saldaña. Diego invitó a su amigo Alejandro, otro clásico del verano y uno más en la familia.

A orillas del Duero, en San Esteban de Gormaz, Soria
Un baño con glamour

Se me empañan los ojos. Faltan 50 kilómetros para que lleguemos a Madrid. No quiero. Volvería a San Esteban de Gormaz, a bañarme en el gélido río Duero -el descubrimiento de este año, el paraíso infantil-, a reír con nuestros chapuzones y a degustar después un delicioso cordero. A las partidas de frontón y ese momento inolvidable: cuando al mostrar la técnica de la raqueta a los niños -siempre tan modesta- encesté la última pelota que nos quedaba entre la alambrada y el muro, allá en lo alto. A nuestro cine de verano bajo las estrellas -sigo sin verlas, qué desastre-. A nuestras cervecitas bien frías y a las cenas en "El Rasero", Riaza.


Quince días de tranquilidad, de felicidad que se rompieron con un mensaje en el móvil.
Giramos a la derecha, llegamos a casa y las lágrimas se agolpan en los ojos. Lucas no va a salir a recibirnos, a enroscarse feliz entre nuestras piernas, a maullar para que lo mimemos. Lucas, nuestro amor, nuestro gato, un gran protagonista de este blog, nos abandona después de 14 años y todos estamos tristes. "Mamá, no quiero más mascotas", me susurra Diego lloroso y con el corazón encogido.

Lucas y sus historias:
Y la emotiva despedida que le hizo Alonso.

domingo, agosto 15, 2010

Un tiempo para la lectura


El cerco se va cerrando, las pistas desvelan el misterio, la tensión se masca... Me acurruco en el sofá, navego en barco junto a Patrik para evitar un nuevo asesinato, contengo la respiración...
-¡Mamá, venga, que queremos ir a dar un paseo en bici! -gritan mis hijos y asiente Stéphan, el vecino.
Vuelvo a mi sofá de España. Les miro con cara tensa.
-Esperad, me faltan diez páginas para acabar el libro.
Tras una mirada furtiva por el cristal empañado, sacamos las pistolas. La situación es extrema, siento ganas de fumar pero no es el momento.
-Vamos hinchando las ruedas de las bicis. ¿Vale?
Un sonido afirmativo sale de mi garganta.
Los hilos tejen un final apasionante. Tras la intriga policíaca, el desenlace amoroso. Las lágrimas se agolpan en mis ojos, la emoción me cautiva...
-Emma, ¿por qué no dejas que vayan los niños solos? -pregunta mi Alonso.
Mirada furtiva.
-No. Álvaro solo tiene seis años. Enseguida termino...
-Si quieres voy yo con ellos. Mírame con esos ojos de cordero degollado y cumplo tus órdenes.
-Espera que acabe el libro...
-Venga, que te conozco, me voy con ellos.
-Bueno, si insistes, pero no olvides la botella de agua.
Estoy sola, acurrucada, Patrik y Erica se están casando, lloro, como siempre, por la emoción, por el final...


LECTURAS DE VERANO:
  • "La sal de la vida", de Anna Gavalda. Se lee en un suspiro. Historia de hermanos, familia, ese complejo mundo que es mejor no analizar.
  • "Contra el viento", de Ángeles Caso. Premio Planeta 2009. La vida de una inmigrante de Cabo Verde... Drama de mujeres, fuerza, golpes, espíritu de supervivencia...
  • "Los ojos amarillos de los cocodrilos", de Katherine Pancol. Sentimientos de una mujer mezclados con mentiras, amor, familia, dinero. Un cóctel explosivo.
  • "Crimen en directo", de Camilla Läckberg. Y, cómo no, una novela policíaca. Dos asesinatos que destapan una trama de muertes múltiples. Y de fondo, las relaciones humanas en la comisaria. Patrik, Erica, Martin, Anna, Dan... Se les coge cariño.
¿Qué libro empiezo ahora? Ay, qué dudas.

martes, agosto 10, 2010

Entre aguas y mosaicos

Al agua patos
-¡Chicos, venid!- ordenó mi Alonso con cara de felicidad-. Os va a encantar lo que he descubierto.
Los niños siguieron con intriga a su padre. De nuevo un grito rompió la calma.
-¡Ahhh! ¿Podemos ir, podemos ir? Por favor, por favor -rogaron mientras se imaginaban deslizándose por los distintos toboganes del "Aqualand" del hotel.
-Yo preferiría quedarme en nuestra piscina privada, pero si ellos quieren...- suspiré.
Mis alarmas se encendieron nada más entrar. Mi mente solo imaginaba lo peor y comenzaron mis órdenes e imposiciones.
-Tened mucho cuidado, ni se os ocurra tiraros de pie, fijaros en el cartel donde explica cómo debéis poner los brazos, Diego supervisa todo el tiempo a tu hermano, no os acerquéis a los más mayores que son unos bestias y...
-Jo, mamá, qué pesada eres... ¿Te vas a tirar por el tobogán?
-No sé...
Después de observar cómo disfrutaban, decidí lanzarme por una rampa gigante. Subí las escaleras, me senté y dejé que mi cuerpo se deslizara y rodara por la pendiente. Al chocar contra el agua mi nariz se inundó. Tosí estrepitosamente, reubiqué mis carnes en el bañador, nadé hasta la orilla, subí unos peldaños, pisé el suelo empapado y.... ¡cataplof!, resbalé y topé con las baldosas tunecinas. De nuevo todo el mundo me miraba y como soy muy educada decidí explicar lo ocurrido por si tenían alguna duda.
-J' ai tombé!
Me levanté del suelo y vi como los dedos de mi pie derecho se empezaba a hinchar. Me arrastré hasta la tumbona.
-Emma, ¿por qué caminas tan raro?
-No te lo vas a creer...
-Amor, ya sabes que de ti me creo cualquier cosa. ¿Te has caído?
-Bueno,  no exactamente... Había agua en el suelo, me he resbalado...
-O sea, que te has caído... ¡Te temo más que a los niños!
Por  la tarde me quedé en mi fantástica suite contemplando cómo mis dedos tomaban la forma y color de una berenjena. ¿Me habré roto un dedo?, pensaba mientras mis hombres paseaban por la playa.

Mosaicos del Museo del Bardo
Al día siguiente, persistía el color morado pero el dolor había disminuido, fuimos al Museo del Bardo, antiguo palacio que alberga una enorme colección de mosaicos. Algunas salas permanecían cerradas por reforma. Alonso se acercó a un operario:
-S'il vous plaît, je peux passer pour faire une photo?
-Oui, bien sure...
El hombre descorrió una cortina y nos hizo pasar rápidamente. Entre los cascotes y andamios pudimos admirar la grandeza del palacio: bóvedas con artesonado, las salas privadas del bey... El corazón palpita, sofoco las exclamaciones de admiración al entrar en las distintas salas, los mosaicos son impresionantes... Una propina y salimos a los circuitos legales. 
Después, a la medina de Túnez para callejear entre los puestos, contemplar desde una terraza la vista panorámica de la ciudad salpicada por varios minaretes y, cómo no, regatear por algún antojo de los niños.
Alonso me mira con media sonrisa.
-¿Qué tal va tu pie?
-Ça va bien, mon amour.

En el cielo de Túnez

sábado, agosto 07, 2010

Paraíso particular

 ¡Qué maravilloso es leer en mi oasis!

¡No voy a gritar, no voy a gritar!, me imponía a mí misma mientras recorríamos las distintas estancias de la suite del hotel Barceló Cartago: dos habitaciones gigantescas, dos baños, un salón-comedor con una bóveda bajo la que colgaba una enorme lámpara, un enorme vestidor...
¡Ahhhh, qué maravilla!, gritaron los niños, y al ver el paraíso decidí unirme a ellos y sentir que era Jasmine en su palacio real.
-¡¡Ahhhhh!!
Como en los dibujos animados, restregué mis ojos para comprobar que aquello no era una alucinación, que era real. Para nosotros, para nuestros próximos diez días en Túnez. Increíble. En nuestra terraza, una preciosa piscina particular nos hipnotizaba con su agua cristalina.
Antes de deshacer las maletas, los cuatro chapoteábamos en ella.
-¡Qué lujazo, papá!-exclamaron los peques antes de sumergirse en sus buceos.
Miré a mi Alonso con mi cara bobalicona y pensé que con estos caprichos me tenía dominada, que ya sabía él que yo había nacido para ser rica...

 ¡Parecemos unos vándalos!

Al día siguiente empezamos a regatear. El primer campo de batalla, el taxi y el contrincante, ACDC (pronunciado en inglés o Ezdine, su nombre real) para que fuera nuestro "chófer personal". Una vez acordado el precio, recorrimos las ruinas de las Termas de Antonino, el Museo Nacional, el anfiteatro, donde los peques imaginaron a fieros leones devorando a algún cartaginense...


Al oír los rugidos de nuestros estómagos, ACDC nos llevó a Sidi Bou Said, un magnífico y espectacular pueblo costero en el que solo predominan dos colores: el azul y el blanco (el azul para repeler a los mosquitos y el blanco para espantar al calor, según ACDC). Devoramos la comida típica tunecina (jarras con cordero, harissa, calabacín, berengenas...) y paseamos embelesados por las calles adoquinadas y plagadas de puestos con artesanía local.
Al volver, refrescamos el cansancio en nuestra piscina particular y reímos por nuestras aventuras, nuestra felicidad.

 
El jueves decidimos descansar. Las tumbonas de la playa reclamaron nuestra presencia. Los niños danzaron entre las olas, convirtieron la arena en castillos y pasearon en camello por la orilla del Mediterráneo.

 Bab el-Bahr, en Túnez capital

A la mañana siguiente, Mohammed sonrió con su dentadura deslabazada y nos invitó a subir a su taxi. Acordamos un precio ante la mirada atónita de los niños que aún ríen al oír cómo discutimos en francés. Túnez, la capital, era nuestro destino. Paramos en la puerta Bab el-Bahr (Puerta de Francia) y nos sumergimos en las callejuelas de la medina. Los olores nos trasladaron al mundo que tanto nos gustaba, al bullicio,  al regateo, al teatro para disimular qué objeto anhelábamos de verdad, a la fascinación infantil, a los gritos de "español, pepsi-cola" o "española, Mary Pili, Real Madrid"... Las horas se esfuman, las bolsas repletas de objetos cuelgan de nuestras manos. Diego y Álvaro no pueden esconder su emoción: tras casi dos horas de regateo les han comprado la equipación de David Villa.
Después, en la arteria principal de la ciudad, tomamos unos panes de pita rellenos de carne y salsa picante. Los niños devoran sus hamburguesas. Mohammed sonríe desde su taxi. Es la hora de volver a nuestro oasis particular. Mañana, más.

 Mosaico del Museo Nacional

jueves, agosto 05, 2010

Antes del paraíso....

Alonso empezaba a estar seriamente preocupado. Las señales de alarma se sucedían y no sabía cómo protegerme de mí misma. 

Primera señal
El sábado, no puedo explicar cómo ocurrió, terminé pagando el peaje de la T4 al salir de Mercadona. Mi padre, alucinado, miraba el parking de la terminal y no daba crédito. Cuando llegamos a casa, los helados estaban descongelados y el sudor se había convertido en pestilente.
-Ha sido culpa del resol- les expliqué muy ofendida al escuchar las risas tras mis explicaciones y su mofa por mi deseo de comprarme una moto.

Segunda señal
La noche del domingo quedamos con varios amigos en una terraza para despedirnos antes de partir de viaje. Los niños jugaban al fútbol y nosotros reíamos entre cervezas y tostas. De pronto los niños nos contaron que  unas chicas les habían hecho unas fotos y les habían amenazado con publicarlas en tuenti. Me  levanté y partí como una heroína a defender a los menores. Las niñas temblaron al verme aparecer, me entregaron sus móviles, comprobé que no tenían imágenes de ellos y las asusté con mi mirada asesina. Al salir todo el mundo me miraba y todos comprobaron mi arte y estilo para adorar el suelo. Mi tobillo se torció, mi plataforma de 15 centímetros sirvió de trampolín y volé. Mi dignidad me obligó a levantarme velozmente del suelo, simular con mi sonrisa que había sido un pequeño tropezón y gritar a todos mis seguidores que no se preocuparan, que no había sido nada mientras mi rodilla lloraba su dolor.
-Emma, solo falta un día para que nos vayamos. Por favor deja de caerte, de perderte por las carreteras, de romper coches... Relájate, necesitas una vacaciones y estas van a ser fantásticas... -suplicó mi Alonso.

domingo, agosto 01, 2010

Gazpacho de historias


El sudor cae por mi frente pero no me molesta. Tarareo canciones y recuerdo mi época del calabaza, aquel Seat 131 que tanto amé. Mi situación es parecida: conduzo el Seat Córdoba de mi padre, con más de dieciséis años, sin aire acondicionado y con la radio estropeada. Salvo esos pequeños detalles el coche está perfecto y, lo que es más importante, me transporta de un lugar a otro. Soy feliz.
Acabo de salir de trabajar. Al sudor físico se une el sudor nervioso. ¡El coche está en reserva!, ¡la aguja caída del todo! y ¡no sé qué gasolina usa! Al parar en un semáforo (no vaya a ser que me pongan un multa), llamo desesperada a mi padre. No contesta. Al cabo de unos minutos aparco en el parking de la piscina. Diego, Álvaro y mi padre aparecen sonrientes y morenos.
-¡Casi me quedo tirada!, ¡el coche está en reserva!... Bueno, ni en reserva, la aguja está caída del todo.
-Ay, ¿no te lo expliqué el otro día? -contesta sonriente.
-¿El qué?
-Que el marcador de gasolina está roto.
-¿El aforador?
-No sé como se llama.
-Aforador, papá, ¿no te acuerdas que también le paso al calabaza?
-No.
Entonces recordé lo que sufrí con unos amigos al descender desde el túnel de Guadarrama, sin dinero, con la panceta de la barbacoa repitiendo en nuestros estómagos y el piloto de reserva indicando que el coche estaba sediento de gasolina... ¡Pero si acabamos de echar 1.000 pesetas de gasolina!, ¡el depósito debe tener una fuga!, grité desesperada...  No, no había fuga, era el aforador.
Los días se has diluido entre piscinas: las de casa, la de Javi...
-Ay, se me está haciendo eterno este mes... Necesito vacaciones y aún me queda un día... -suspiré desde mi silla laboral y con la piel de gallina por el helador aire acondicionado.
-Emma, estás fatal, hoy es tu último día, mañaña no tienes que venir. -dijo Cristina entre risas.
-Sí que tengo que venir.
-¡Pero si has trabajado el fin de semana!
Rápidamente abrí el cajón, miré el cuadrante de libranzas y comprobé que Cristina tenía razón.
-¡Hasta dentro de un mes y unos cuantos días! -grité feliz al salir de la redacción.
Pero no todo va a ser felicidad. La realidad me acaba de noquear en un vestuario. He acudido allí por necesidad, para comprar un puñetero bañador y, oh, Dios mío, a puntito he estado de coger el extintor y estamparlo contra el espejo.
Me he acordado del fatídico 11 de enero, el día que dejé de fumar y mi cuerpo como venganza empezó a multiplicarse por mil. Sí, me he comprado el dichoso bañador, el único donde mis carnes se han podido acoplar y para espantar mi ira, he acudido a la sección de libros, he admirado las portadas y he arramplado con unos cuantos: el tercer volumen de "Memorias de Idhun", para Diego, "Contra el viento", de Ángeles Caso y "Los ojos amarillos de los cocodrilos", de Katherine Pancol... Las leves llamas de malhumor que aún ardían las he mitigado con un bolso de rafia y tela rosa con pequeñas flores. Antes de salir me he plantado mis gafas de sol y me he prohibido mirarme en los espejos.
-¿Has ido de compras, amor? -me ha preguntado con inteligencia mi Alonso al ver todas las bolsas que colgaban de mis muñecas.
-Sí, una tortura... ¿Cómo no me has dicho nada?
-¿De qué?
-De lo horrorosa que estoy...
-Venga, no dramatices, que has dejado de fumar y seguro que en cuanto te lo propongas adelgazas todo lo que tú quieras, que a fuerza de voluntad no te gana nadie.
-Lo que tú digas, pero en Túnez no me vas a hacer ni una foto, que bastante sufrí ayer al ver las que me mandó Sylvia por la cena de las dominicas... ¡Ni una foto!

domingo, julio 25, 2010

Cuarenta al son del mojito


¡¡¡Dindon, dandindon, dandindon, dandá!!!, mi cabeza repite sin parar el soniquete del anuncio del mojito en el que una súper rubia mueve la cadera al son "dandindon" que imprime el barman al machacar la lima, la hierbabuena y, cómo no, el hielo. Pero más que una rubia mi mente representa la noche anterior: mi amiga Blanca marcando el ritmo con la mano sobre su cadera acompañada por tres gogós: Cristina, Mayte y la que escribe.


Los barman o husband (Claudio, David y JF) machacaban el hielo y por lo que se escuchaba parecía que más que picar lo estaban asesinando al estilo Sharon Stone en "Instinto básico". Las alarmas se dispararon: ¿estarán montando un iglú o un cisne de hielo en la cocina? Las dudas se depejaron cuando aparecieron felices con una bandeja repleta de mojitos y olor a hierbabuena.
¡¡¡Dindon, dandindon, dandindon, dandá!!!, gritamos emocionadas y con quiebros de cadera.
Ahora, el leve dolor de cabeza me recuerda lo bien que cenamos: salmorejo, ensalada de bacalao, solomillos de cerdo, arroz con leche (¡el más rico que he tomando nunca!)... 
Los niños chapotean en la piscina, el arroz negro inunda de olores la cocina, estoy cansada y esta tarde me toca trabajar. De pronto rememoro los soplidos de Cristina sobre las velas prendidas en la tarta. Un cuatro y un cero reflejaban su nueva edad. Era el momento de refrescarnos con los mojitos aderezados con grandes dosis de risas. Una noche perfecta que se alargó hasta altas horas de la madrugada.
Y después de la fiesta, ¡siesta!... Ay, que me tengo que ir a currar... Noches alegres...

PD. Mil gracias a Cristina y Claudio, los anfitriones, por todo, todo, todo...

jueves, julio 22, 2010

Aventura negra

Después de desahogar mi ira con un operario de Telefónica (ahora Movistar, repiten ellos sin parar) me doy cuenta de que la semana va de mal en peor.
La aventura negra comenzó el viernes. La agenda infantil indicaba nuestra cita en la piscina con Ángeles y sus hijos. Preparé el coche: niños, toallas, protector solar, raquetas de ping-pong... y partimos raudos y veloces. A los cien metros el coche se paró. Logré llegar hasta la acera, intenté arrancar pero no hubo manera.
-Chicos, id a casa andando y daros unos baños...
-¿Pero no habíamos quedado con Alejandro y Cristina? -bufaron.
-Sí, pero el coche se ha roto y  hace mucho calor. 
Móvil en mano empecé con mis gestiones: "Liset, estate pendiente, los niños van para casa, luego te indico qué hacer", "buenas tardes, se me ha roto el coche, ¿pueden mandarme una grúa?... Creo que es la batería aunque no estoy segura... De acuerdo, espero media hora", "Ángeles, cambio de planes, mi coche ha fallecido... Vale, pásate a buscar a mis hijos y luego voy yo a la piscina", "Alonso, no te lo vas a creer... No te rías, que estoy hablando en serio... Se ha roto el coche".
La grúa me abandonó en un taller cercano a casa.
-Huy, parece que se le ha descodificado la llave... De todas formas, déjeme hacer una revisión completa -sugirió el técnico.
-Lo que haga falta -contesté conteniendo una lágrima... Ay, que yo soy muy sentimental y no puedo evitar encariñarme de mis coches (el calabaza, el forfi, el focus...).
Las noticias cada vez eran más inquietantes.
-Se ha roto la bomba de inyección, es una reparación cara y en estas fechas... Me parece que hasta después de verano no tendrá coche... Piense si le merece la pena arreglarlo...
Al final optamos por llevar el coche al taller de un amigo para ver si se agilizaban las gestiones. Alonso vivió su "friki situación".
-Emma, tendrías que haber estado tú allí, ha sido dantesco: el focus estaba en una estrecha calle, el operario de la grúa no podía moverlo, hemos generado un atasco de más de media hora, todo el mundo nos pitaba... ¡Horroroso!
Una sonrisa se esbozó en mi cara.
Pero el drama no acaba ahí. Mi mañanita ha sido de aúpa: me he despertado a las cinco y media para rematar unos cuantos diseños. Con ojos atónitos he comprobado que la conexión a internet fallaba y no  podía acceder a mi correo para descargarme todo el material que necesitaba. Prefiero omitir las palabras que ha soltado mi boquita a las seis de la mañana al operario de turno. Tal era mi malhumor, que para desahogar mis instintos asesinos he limpiado el arcón congelador (maruja, que soy una maruja) y a las nueve de la mañana, bajo la mirada sorprendida de Gonzalo, mi pescadero, he comprado unos boquerones.
Y, como dice mi Alonso, no hay dos sin tres... Vamos, dándome ánimos mi querido segoviano.


Felices como perdices


Frases veraniegas:

Álvaro, rodeado de amigos, frente a su plato combinado:
-¿Quién me corta los huevos?
Y claro, las risas se multiplicaron.

Al finalizar la comida:
-Mamá, ¿tengo que hacer la vegetación?
-No, hijo, vete a bañar, que nosotros no hacemos la vegetación.

martes, julio 20, 2010

Autoengaño veraniego

Detalle de una de mis cenas

Cena con las mamás de Diego, cena con las amigas del Saint-Dominique... Mi cuerpo orondo estaba feliz con tanto festín (sin haberlo deseado me ha salido un pareado), pero yo, consciente de mi abandono había marcado en el calendario mi cita con mi adorada gordóloga. El lunes acudiría a la tortura: subiría al peso, gritaría al ver cómo la aguja delataba mis excesos, aguantaría estoicamente la bronca y asumiría mi mea culpa (previo pago de la consulta, que hasta para que te regañen tienes que pagar).
El día anterior, antes de acudir a mi sesión de maso, saboreé en la piscina mi nuevo descubrimiento: ¡helado kit-kat!, que además de zamparte un helado de nata te comes un kit-kat, una bomba calórica total.
El lunes abrí el ojo, miré el despertador y asombrada comprobé que eran las once de la mañana.
-¡No puede ser! -grité afónica tras mi noche de aullidos por ser los Campeones del Mundo-, me he quedado dormida, no llego a mi cita con la gordóloga.
Sentí como mis michelines reían.
-Venga, Emma, deja la tortura para después de verano -dijeron entre carcajadas.
Asentí con una media sonrisa y decidí ser por unos días aún más feliz: invité a mi Alonso a una terracita (por aguantarme, el pobre), celebramos la vuelta de Diego de su campamento por todo lo alto, cené con mis amigas del FEM y, cómo no, me zampé otro helado kit-kat en la piscina... Ay, que no tengo remedio...

lunes, julio 12, 2010

¡¡¡CAMPEONES DEL MUNDO!!! ¡¡¡OÉ, OÉ, OÉ!!!


La bandera, la ilusión, la ansiedad, la roja... Los nervios están agarrotados. Empieza la final Holanda-España. El sueño al alcance de un gol. La naranja mecánica nos destroza las espinillas, a Xabi Alonso le clavan los tacos en el pecho, el árbitro no controla las agresiones, los gritos se multiplican. Acaba la primera parte, 0-0. Cenamos. Nuetra histeria hipnotiza a Yves y Silvia. Los minutos vuelan. Llegamos a puerta pero el balón se niega a entrar entre los tres palos. San Iker para los cañonazos. En la prórroga aflora mi taquicardia. Siento que mi pesadilla se va a cumplir: los penaltis. De pronto, aparece Iniesta y ¡¡¡¡¡¡GGGGGOOOOOLLLLL!!!!!! ¡¡¡Campeones del Mundo!!! ¡¡¡La copa es nuestra!!! ¡¡¡Que empiece la fiesta!!!! ¡¡¡Que se desate la alegría!!! ¡¡¡Que suenen las vuvuzelas!!!!


¡¡Yo soy español, español, español!!

Desenfreno de emoción. Pitidos, gritos... ¡España es la mejor!


La copa es nuestra. ¡¡¡Campeones del mundo!!!

Ese Iniesta, ese Casillas, ese Torres, ese Xabi, ese Puyol, ese Ramos, ese Del Bosque... ¡eh, eh, eh!



¡CAMPEONES DEL MUNDO!
¡VIVA LA SELECCIÓN!
¡VIVA ESPAÑA!

viernes, julio 09, 2010

España en la final

La roja al poder

Álvaro, mi amo y señor, nos impusó sus condiciones:
-El miércoles veremos la semifinal Alemania-España en el jardín junto a mis amigos Daniel y Javier. Por supuesto se quedarán a dormir y al día siguiente nos llevaréis al campamento del colegio.
-Sí, mi amo -asentimos Alonso y yo.
Por la tarde el color rojo dominaba la casa: banderas, camisetas, pinturas en la cara, vuvuzelas...
Intentamos relajar los nervios con el aperitivo. España nos cautivó con su juego, con su tiqui-taca, con su arte, su dominio, su baile de balón... Con Puyol se desbordó la histeria. Los gritos, abrazos...
¡¡¡Píiiii!!!, acaba el partido. España pasa a la final. Los teléfonos no paran de sonar, se bloquean las líneas con tantas llamadas...
Álvaro, Daniel y Javier (el trío rojo) corren por el jardín, se quitan las camisetas y vociferan desesperados: ¡¡¡España, España!!!, ¡¡¡Campeones!!! Las banderas ondean en mitad de la noche.
¡Qué felicidad!, ¡viva el pulpo Paul!, ¡viva los cuerpos de nuestros jugadores!, ¡viva la selección!

¡VIVA ESPAÑA!

jueves, julio 08, 2010

Dominación española


España en la final y yo sin fuerzas para escribir, para contar... Tanta emoción, tantos gritos, tantas celebraciones me han dejado exhausta... ¡¡¡Viva España!!!


Álvaro sonrió al analizar la situación: "Diego en el campamento y yo solo en casa. ¡Soy como un hijo único!". Consciente de ese privilegio maquinó su plan perfecto para la dominación y sumisión de sus padres.
-Mamá, ¿nos vamos a la piscina?
-Claro -contesté feliz mientras metía mi libro en la bolsa ("El baile de la Victoria", de Skarmeta).
-Mamá, ven conmigo a jugar al frisbee. -suplicó Álvaro con esa sonrisa tan seductora.
-Vale, pero luego me dejas leer un ratito...
Mi imagen perdió todo su glamour al sumergirme: mi pelo rizado se extendió con el agua y al nadar a recoger el frisbee parecía un caniche de pelo negro pendiente de las órdenes de su amo.
-¡Ahora me toca a mí tirarte el juguetito! -supliqué con cara caniche, ojos rojos por el cloro y agotada por ir de un extremo a otro de la piscina.
-Venga, un poco más... Mamá, ¿nadamos unos cuántos largos?
-Vale.
Abandoné mi imagen caniche y me convertí en canoa para que Álvaro descansara de vez en cuando apoyándose en mi hombro.
-¡Ya no puedo más, me voy al césped! -dije con voz entrecortada.
-Yo también me salgo, así podemos jugar al "Uno" (juego de cartas)...
Por supuesto, volví a casa sin abrir las tapas del libro.
-Mamá, ¿nos vamos a dar un paseo en bici?
Alonso, que veía en el jardín un partido de Brasil, nos miró perplejo.
-¡Pero si acabáis de venir de la piscina!
Daba igual, Álvaro era el amo y nosotros sus esclavos.
Mi imagen se tornó aún más antiglamurosa: mis muslos ceñidos dentro del pantalón de ciclista, las lorzas acomodándose, el sudor marcándose bajo mis axilas, la cara congestionada y con tono salmorejo...
-Mamá, subimos hasta el Palacio de Hielo, bajamos por Conde de Orgaz y...
-Al final está la cuesta terrorífica, es como el Tourmalet...
-¿Qué es el Tourmalet?
-Déjalo... Espera que me dé un chute de ventolín...
Logré entrar en casa con un poco de dignidad, sin reptar ni gatear...
Las pocas energías que aún no me habían abandonado las expulsé en el partido España-Paraguay (para guay, España)... Ese Villa, ese Casillas, ese Xabi Alonso...
-¡Nos tenemos que ir con la vuvuzela y las banderas a la Castellana, para celebrarlo por todo lo alto! -ordenó el amo.
Y los súbditos, Alonso y yo, tomamos en coche y gritamos como locos por todas las calles de Madrid mientras Álvaro machacaba con sus pitidos de vuvuzela nuestros tímpanos. ¡Viva España!, ¡Diego, vuelve ya!

PD. Diego en el campamento no puede ver el Mundial, sólo lo escuchan a través de la radio... Una experiencia del pasado.

domingo, julio 04, 2010

Empiezan sus vacaciones


A las cuatro y media de la mañana despierto con ansiedad de maruja. En dos días parte Diego de campamento y aún no he preparado nada. Giro por la cama como si rebozara una croqueta (claro, que con tantos kilos de más la representación merece un Oscar de la Academia). Me vuelvo a rebozar y salto de la cama. Imposible dormirse. Con energías noctámbulas tomo a Diego entre mis brazos (¡mira que es delgado!) y lo traslado a mi cuarto para dejar libre el suyo. De mi bolso extraigo la lista de ropa y cosas que debe llevar. Tomo el rotulador indeleble, las pegatinas con su nombre y la plancha y empiezo a preparar la maleta. ¡Qué sudores! Bajo y me preparo un coca light (bebida ideal para volver a dormirme). Después de una hora me percato de que la maleta es demasiado pequeña. Bajo y encuentro una bolsa gigante con ruedas. Traslado todo el material. Escribo y escribo artísticamente con mi rotulador indeleble en el saco de dormir, las toallas, los calcetines... ¡Aún me quedan algunas cosas por comprar! A las siete salgo al jardín, podo algunas plantas, barro las hojas caídas del árbol del vecino (¿existirá un veneno para matar al puñetero arbolito?).
A las nueve y cuarto Alonso abre un ojo:
-¿Qué haces?
-Nada, tú tranquilo, me voy a comprar unas cuantas cosas para el campamento. En seguida vuelvo.
-¡¡Ahh!!- logró contestar antes de volver a dormirse.
En Carrefour, a las diez de la mañana, me encuentro con Ángeles y su lista.
-Ay, Emma, aún me faltan algunas cosillas.
-A mí también. ¡Pero estos pantalones son horrorosos!
-Tranquila, voy a ir a Decathlon, ¿quieres que te compre allí los pantalones de chándal y las zapatillas de deporte?
-Sí, por favor, que a mí no me da tiempo a ir... Eres un sol.
Por la noche todo estaba listo y los mariposas, abejas, avispas y demás insectos con alas revoloteaban por mi estómago:
-Diego, no olvides ponerte la crema antimosquitos, y por la mañana la crema de sol, que los rayos solares son muy peligrosos. Ah, después de la ducha date el After Sun para hidratar la piel. Y las dos noches que dormís al aire libre ponte pantalón largo... Y dúchate con las chanclas, nunca vayas descalzo. Dobla bien la ropa y...
-Jo, mamá...
-¿Pero te has enterado?
-Que sí...
-En esta bolsita llevas el cortauñas, los kleenex, el cargador del móvil y unas tiritas de silicona, pero si te ocurre algo se lo comentas a los monitores.
-Que sí...
-Ay, que te quiero mucho...
-Ya lo sé, mamá, y yo a ti.
A las siete y media de la mañana partimos rumbo a la Plaza de Ventas. Los autobuses esperaban. Diego corrió con su emoción junto a sus amigos. Todos estaban ansiosos por partir y disfrutar sus quince días de aventura. Intenté decirle que no hiciera el cabra, que fuera un poco cauteloso, que a ver con quién bailaba en la discoteca... Antes de hablar, Alonso me hizo callar con la mirada.
El autobús partió rebosante de alegría y perseguido por los cientos de besos voladores que lanzamos los padres y gritos de ¡pásatelo bien!, ¡disfruta un montón!, ¡pórtate bien! y ¡no olvides ponerte la crema solar! (Emma dixit).
-Mamá, el año que viene yo también quiero ir al campamento de quince días... -comentó Álvaro.
-Ya veremos, cielo, aún eres pequeño.
-Bueno, pero daros prisa que hoy empieza mi campamento de día en el colegio, quiero ver a mis amigos y bañarme en la piscina. -ordenó feliz por ejercer unos días de hijo único.

¡Qué maravilla ser pequeño!

lunes, junio 28, 2010

Mundial de fútbol, mundial de carros y rectificación


-Emma, ni se te ocurra hacerme un foto que me muero de la vergüenza... -suplicó Esther mientras arrastraba el carrito de la compra- ¡Qué imagen estoy dando!, ¡cómo me encuentre con alguien conocido!...
Mis risas se escuchaban por toda la piscina. Los niños saltaban en bomba, nadaban y disfrutaban del cumpleaños de Rubén y Antonio. Las madres portaban la intendencia en carritos de la compra que arrastraban por todo el césped. Desde las toallas, la gente observaba el espectáculo.
-¡Quieres dejar de hacer fotos!, ¡como publiques una en tu blog dejo de ser tu amiga!... ¡Qué escándalo!
-Venga, Esther, no sufras tanto... Si te parece quedamos mañana a ver el partido de España, que eso sí que es sufrir...
-Vale, no me parece mala idea. ¡Pero deja de sacar fotos!
-Te juro que solo saldrá el protagonista: el carrito.
-Mira que eres graciosilla...



El viernes brinqué de la cama para  reservar mesa en un restaurante con pantalla gigante.
-Ay, será mejor que llame a la hora de la comida, que no sé si se pueden hacer ahora reservas -me dijo un empleado con cara y cuerpo de pocas luces.
Por la tarde saltaron las alarmas: ¡ya estaba todo reservado, no tenían sitio en el local!
-Alonso, no me voy a estresar, vamos a ver todos el partido en casa. Voy a llamar a Ángeles, Yolanda, Esther... y les informo.
-Pero...
-Sí, ya lo sé, no tenemos de nada, pero en cuanto salga del periódico lo apaño.
-Pero...
-Ya, ya, nos falta el cable de antena para sacar la tele al jardín... Tú tranquilo, que voy yo a la ferretería. ¿Te parece buen plan?
-Bueno, pero...
-Sí, luego hablamos, que no me da tiempo.

18:30 (dos horas antes)
Salgo del periódico como Speedy Gonzales rumbo a la ferretería.
-Hola, necesito un cable de antena para la televisión.
-¿De cuántos metros? El máximo que tengo es de dos y medio.
-Huy, pues yo necesito veinte metros, que es para sacar la tele al jardín, que en breve va a venir todo el mundo a casa y no tengo nada...
-Puedes adquirir el cable y las clavijas y montarlo.
-Vale -es el momento de actuar o me pilla el toro, pensé con maldad femenina mientras mi amable ferretero contaba los veinte metros de cable-. Ay, perdona, como voy tan mal de tiempo no te importaría ayudarme a poner las clavijas... Es que soy tan manazas y el partido empieza en breve...
-Bueno, nunca lo hago, pero como no hay más clientela, te lo montaré yo...
Antes de decir que seguro que iba a ganar España y que todo sería gracias a él, el cable de antena ya estaba "finiquitado".

19:00 (hora y media antes)
Feliz corrí con mi bolsa al coche, arranqué y antes de llegar a casa pegué un frenazo, metí la marcha atrás, paré y observé una mesa que acababan de dejar en la acera.
"Nena, esa mesa es la perfecta para poner la tele en el jardín", me dije a mí misma.
"Sí, es perfecta", me contesté con educación.
Freno de mano, apertura de maletero y como las gitanas arramplé con la mesa.
De pronto mi casa se convirtió en "El camarote de los hermanos Marx": la mesa no cabía por la puerta del jardín, desmontamos las ventanas de la cocina, sacamos la mesa, montamos las ventanas, bajamos a por la tele de 28 pulgadas y la subimos a pulso entre Liset y yo, los niños decoraron la mesa con banderas de España, conectamos el cable de antena a la toma del cuarto de estar y lo sacamos por la pequeña ventana del lavadero, ubicamos quince sillas en el jardín simulando un cine de verano, descendimos las mesas para la comida y la bebida; antes de que llegara Alonso preparé una ensalada de pimientos, otra de garbanzos, arroz y alitas de pollo barbacoa para los niños...

19:35 (cincuenta y cinco minutos antes)
Llega Alonso y parto a Supercor a comprar tortillas, empanada, cervezas, patatas, ganchitos... Cargo el maletero, salgo del parking y siento como una taquicardia me aprisiona el corazón. ¡¡¡Llueve!!!, ¡¡¡diluvia!!!... Ay, mi tele, mis sillas, ¡¡¡mis invitados!!!

20:15 (quince minutos antes)
De nuevo mi casa es "El camarote de los hermanos Marx". Alonso ha salvado la tele, Diego sube las sillas, Álvaro las seca... Sin saber cómo colocamos todo en la terraza protegida por el toldo. Suena la puerta, entran los invitados. De fondo, llueve. Nos acoplamos. El árbitro pita. Empieza el partido, la histeria, España-Chile. Villa, maravilla con sus dos goles. España gana, la emoción se desata. La comida vuela. La bebida (vino, cervezas y copas) se evapora. Los gritos de los niños se multiplican. La noche se alarga hasta las dos de la mañana entre risas, bailes infantiles y mucho hablar... Y al día siguiente, a trabajar.


PD. Podría escudarme en el dicho "rectificar es de sabios". Pero si algo sé es que no soy sabia y que la filosofía zen no va con mi carácter. Así que aquí estoy para dar la lata con mis neurosis e historias... Por si alguien le interesan.
Mil gracias por los ánimos (¡nunca vienen mal!) a Luis, Cristina Q. y Cristina A.
Por ahora, continuo...