miércoles, octubre 26, 2011

Celos, cuernos y desamor

Los celos me matan


Los celos siempre me han parecido absurdos cuando una relación funciona, un sufrimiento sin motivo que solo conduce al auto-maltrato psicológico.  Esta teoría básica jamás debe confundirse con los celos con motivo, es decir, cuernos ─variación absoluta del término que destroza el corazón o, al contrario, permite visualizar una realidad por la que ya no merece la pena luchar─. Un punto y aparte de una historia de amor sin final feliz.
Pese a aplicar estos principios de libertad y confianza a mi vida, mis sentimientos  se han tambaleado este último mes. Una punzada de celos se ha agarrotado en mi estómago y no sé cómo superarlo. Me siento tan ínfima frente al nuevo amor de mi Alonso que ignoro cómo afrontar la batalla, qué hacer. Soy incapaz de alcanzar el estatus, glamour o la blanca "belleza" de su nuevo amor. Su amante lo tiene todo: dinero, poder, estilo, reconocimiento mundial... Además, le dedica todo su tiempo, de su boca solo salen palabras de elogio, de admiración. 
Pese a mi inmenso dolor y mis celos, mi espíritu positivo me impide hundirme y lleno mi tiempo de ocio con fantásticos planes.

 Visita a las bodegas Orusco 


Alonso me abandonó el día de fiesta para estar con su gran amor. Ni me inmuté. Tomé el coche y me dirigí a Valdilecha, a las bodegas Orusco. Todos los amigos (mejor dicho, todas las parejas salvo yo que era la única impar) paseamos entre barricas, descubrimos las distintas variedades de vino, comimos rodeados de risas infantiles, anduvimos por el pinar... Catamos la felicidad e intenté olvidar mi soledad.


Durante la visita, ejercí de fotógrafa oficial


 Toc-toc


El fin de semana, para mitigar mi dolor cardíaco, me escapé al teatro. Una huida hacia delante de varias mujeres en busca de grandes dosis de humor, unas copas nocturnas, unos cócteles de confidencias y secretos ocultos. 

 Pádel 
Y, cómo no, para desahogar las heridas sentimentales, mucho pádel. El viernes, clase por la mañana y partido femenino por la tarde. El sábado, partido matutino mientras los niños acudían a su curso de natación y mi Alonso, qué excusa más banal, a trabajar. El domingo le elegí de contrincante y le disparé varias bolas desde el campo contrario al estilo ametralladora para que entendiera que me había percatado de la situación.


 Final 
He perdido la batalla. Soy incapaz de luchar contra su obsesión, la fijación que le absorbe la mente, el tiempo... Sí, soy atlética de corazón y no sé qué hacer. Alonso está enfrascado en un  proyecto vinculado al periódico: el libro histórico del Real Madrid que le tiene encerrado entre las cuatro paredes de la redacción y las visitas al Santiago Bernabéu.
Mi Alonso me es infiel con el Real Madrid y eso para una atlética es muy duro. ¡Pero cómo voy a vencer con mis armas de seducción a su equipo del alma! Ay, que no tiene nombre que a una india colchonera le pongan los cuernos vikingos. 

martes, octubre 11, 2011

Directa a la perdición


Mi auténtica perdición
─¿Para qué vas a empezar la dieta el lunes si el miércoles es fiesta y te vas con varios amigos (niños incluidos y Alonso excluido por motivos laborales) a una cata de vino en las Bodegas Orusco y a comer manjares hipercalóricos? Además, el jueves tienes comida con una amiga y el viernes por la noche abandonas a tus  hombres para ir al teatro y después de parranda con unas cuantas locas. Con esta agenda tan comprometida es absurdo que comiences el régimen. Total, te lo vas a saltar sí o sí. ─Me susurraba mi conciencia mientras arrastraba mi carro tuerto de la compra, ¡siempre me toca el malo!, por los pasillos de Mercadona.
Salada tentación
─¡Para, para!, que una cosa es que no hagas dieta y otra que te concedas todos los caprichos calóricos que se te antojen. ¡Deja ahora mismo en el estante el pan de pipas! ¿Me has oído? ¡Pero no cojas la tarrina de tarta de queso! Emma, te estás echando a perder... ¡Dios mío, no mires a la zona de refrigerados, hay un producto nuevo que te va a enloquecer! Por favor, por favor, no mires...
Una luz iluminó el estante y observé las tarrinas blancas y rosas. Sí, habían traído unos sorbetes iguales que los "Dalkys de fresa", mi perdición. Mi conciencia se desgañitó con sus gritos.
─¡No los cojas, no los cojas! Pero, ¿tú no querías ceñirte estas Navidades en un traje de cuero al estilo Cat woman? A este paso serás Michelin woman.
Empecé a canturrear para no escucharla. Ay, que el día que la conciencia se pone pesada no hay quien la aguante.
─Tú verás, pero luego no te quejes... Que además de deporte tienes que hacer dieta. Que el deporte tonifica pero no adelgaza... Ay, no llegas a Cat woman ni de casualidad...
"Habla chucho, que no te escucho", empecé  a decir en voz alta hasta que percibí las miradas aterradas del resto de los "empujadores de carros buenos" que deambulaban al estilo paseo marítimo por Mercadona. Di unos pasos hacia atrás, me acerqué de nuevo a los refrigerados y... ¡¡¡cogí otros dalkys de fresa!!! ;-)


El nuevo placer para mis carnes




lunes, octubre 03, 2011

Flechas directas al corazón

Soy rara o más bien rarita. Nunca anhelé diamantes, joyas caras,  bolsos de marca o relojes súper-mega-fashion. No, no va con mi carácter. En cambio, me vuelve loca un buen libro, un viaje, una cena, un ramo de margaritas o una bella planta. Mi corazón se conquista con pequeños detalles, con esos guiños imperceptibles para muchos que me hacen botar de alegría y me trasladan a mis momentos zen de felicidad. 
Los que me conocen bien (ellos saben quiénes son) entienden mis "absurdos" sufrimientos y me sorprenden con sus detalles. Esta semana dos flechazos me han dado de lleno en el corazón.


Flecha 1: Ángeles.
El domingo quedamos para batirnos en duelo contra los hombres, esos seres miserables que nos vencieron en el último partido de pádel. Los bandos estaban muy bien definidos. Nosotras contra ellos. Una lucha cruenta. Las armas, las palas de pádel. La munición, las pelotas amarillas. Al final la batalla quedó en tablas y nuestro orgullo intacto.
Al abandonar la pista, observé sobre el banco donde descansaban todos los útiles "padelianos" una bolsa morada de la tienda "Lumbre y barro"  .
─Es para ti ─sonrió Ángeles─, tu regalo de cumpleaños.  Espero que te guste.
Abrí con cuidado y encontré un tesoro: un árbol mágico que me sonreía y escondía una planta en su interior. Intenté articular palabra, pero la emoción me lo impidió.


Mi árbol mágico, obra de la hermana de Ángeles. En lumbreybarro.com


─¿Te gusta?
─Me encanta, Ángeles... No sé cómo agradecértelo. Eres un cielo, me has emocionado. ¡Qué maravilla!
Volví a casa embriagada por los encantos de mi mágico árbol y por la amistad de Ángeles, un diamante en bruto.


Flecha 2: Luis e Icíar.

La vuelta al trabajo después de un fin de semana siempre se me hace cuesta arriba y cada vez la noto más empinada. Mis pies me arrastran al interior de la redacción mientras mi mente navega por su mundo de fantasía. Abro los ojos, cierro los ojos, repito la operación un par de veces hasta que compruebo que lo que hay sobre mi mesa no es una de mis alucinaciones, no es un sueño. Me acerco y me quedo hipnotizada ante las bolitas rojas. ¡Qué belleza! ¡La perfecta combinación cromática! El verde salpicado por motas rojas. 
─Luis ─susurró para mí misma─ ha sido Luis.
Mi mano roza las hojas puntiagudas y se estremece. Mis compañeros observan mi reacción. Quiero gritar, me contengo, aunque no puedo evitar musitar su nombre.
─Un acebo.
Sí, Luis me había regalado un acebo plagado de bayas rojas y de amistad, había devuelto la Navidad a mi casa. "Luichi" (Luis+Ichi), el acebo, está ahora en mi jardín, pero detrás, oculto de las miradas de los malechores, acoplándose a su nuevo hogar, conociendo al resto de las plantas.
"Luichi", mi acebo, mi alegría. ¡Mil gracias Luis e Icíar! He palpitado de emoción.
(¡Ay, cuando se enteré Fifí se va a poner súper celosa!)


"Luichi", mi nuevo acebo


Otras flechas al corazón


En estos últimos y tristes días las personas que nos quieren lo han demostrado a través de grandes y pequeños detalles. Con su presencia, con una simple llamada o un mensaje nos han arropado el corazón. Mi memoria prodigiosa (siento mi falta de modestia, pero es una de las pocas virtudes de las que puedo presumir) recuerda cada abrazo, cada llamada o cada mensaje. Mil gracias a todos los que habéis estado ahí.

miércoles, septiembre 28, 2011

Mi suegro

Mis suegros celebrando su amor en sus bodas de oro


La primera vez que le vi me esperaba junto a su mujer sobre la escalera de granito del restaurante "La Casa Grande". De aquella cena recuerdo su pelo blanco, la sonrisa continua en su boca y su carácter afable y cariñoso. Al cabo de unos meses, su estatus se elevó hasta la categoría de suegro, un miembro más de mi caótica familia. 
Poco a poco descubrí a un gran segoviano inseparable de su gran amor, Florentina. Estuvieron más de cincuenta años juntos, vivieron grandes y tristes momentos, discutieron como hacen todas las parejas que se aman y, sobre todo, él acató cada orden que ella decía porque "en esta casa manda la jefa".  
El día que nació Diego, su tercer nieto, le tomó asustado entre sus brazos, le acarició con sus grandes manos y rodaron por sus mejillas lágrimas de alegría. A los cuatro años llegó Álvaro y de nuevo retiró sin pudor las emotivas gotas saladas que surcaban su piel. Disfrutó con sus nietos pequeños jugando ─más bien, dejándose ganar─ al tute, al parchís o al bingo. Los llevó al parque, los cuidó por la noche para que nosotros pudiéramos salir y en Saldaña los vigilaba constantemente para que no se cayeran de la bici y se rozaran las rodillas. Incluso cuando le decíamos que no hacía falta que estuviera pendiente de ellos, él salía furtivamente por la puerta de atrás con su gorro de paja para protegerse del sol y verificaba que sus pequeños estaban sanos y salvos.   
Su vida estaba plagada de pequeñas manías. Una tarde se mareó después de comer jamón serrano y nunca más volvió a probarlo. Lo mismo le ocurrió con la sandía. Aunque el día que se mareó en la iglesia percibí una sonrisa pícara y delatora en su cara o puede que solo fueran imaginaciones mías.
De joven, la guerra sesgó sus aspiraciones y le impidió realizar los estudios que deseaba. Pese a todo y con mucha fuerza de voluntad no paró de aprender. No había día que no leyera el ABC y rellenó cientos de cuadernos con sus escritos y pensamientos. "Ay, cuando muera no sé qué vais a hacer con todos mis papeles", reía mientras sujetaba la patilla pegada con un trozo de esparadrapo de sus gafas. "¡Que no me voy a comprar otras gafas, que con estas veo perfectamente!", refunfuñaba cada vez que le regañábamos. La "jefa" asentía consciente de que era imposible convencerle.  
Si algo adoraba en su vida era celebrar las fiestas con un cordero asado de Corral, un vino tinto ("yo nunca bebo, pero por un día") y una tarta bien dulce. Al final, como siempre, el brindis. "Que lo repitamos el año que viene y que todos lo veamos".
Hace dos años y medio el cerebro le jugó una mala pasada. Un ictus le robó sus ideas, su alegría, sus fuerzas y lo secuestró dentro de su propio cuerpo. El final ha sido muy duro. Demasiado sufrimiento  para alguien tan bueno. Ha llegado el momento de despedirse, de borrar de la mente su última etapa y recordar su robusto cuerpo que albergaba pasión, alegría y, sobre todo, a un gran hombre, marido, padre y abuelo.
Adiós, Valeriano, querido suegro.

miércoles, septiembre 21, 2011

Me han robado la Navidad

Mi acebo, hace cinco años

Mi grito retumbó por todo el barrio. Tras las cortinas de las ventanas de algún vecino percibí miradas escondidas. Incluso sé que alguno cogió el móvil para llamar a la policía al oír mis tronadores alaridos. Mi corazón comenzó a palpitar descontroladamente y mi mirada ojicúbica intentó negar la evidencia: ¡me habían robado el acebo del jardín! Por mi mente, como si fuera una película, pasó su vida: lo compré hace cinco años; en primavera, unas coquetas flores blancas nacían con los primeros rayos de sol; en verano, salían sus frutos, unas pequeñas bayas verdes que en septiembre se tornaban rojas pasión. 
Por la mañana, antes de ir a trabajar, me paré ante mi planta. Sonreí al ver sus frutos rojos y pensé que la Navidad había llegado muy pronto a mi jardín. Rebusqué en el bolso mi cámara para hacerle una foto para mi blog de jardinería. No la encontré. "Esta tarde sin falta", pensé, sin saber que un miserable, despiadado y sin escrúpulos me lo iba a arrebatar, a robar sin ningún tipo de piedad. Ahora solo queda un hueco entre la tierra, un vacío y un ataque de ira.
Mis gritos alertaron a mis hombres.
─¿Qué ocurre? ─preguntaron ojipláticos al ver mi estado ojicúbico.
─¡¡¡Me han robado el acebo!!! ¡No os habéis dado cuenta!
Negaron con la cabeza. Los niños corrieron a ver la desgracia.
─¿Quién ha sido, mamá?
─Un capullo, un chorizo sin sentimiento al que auguro las peores Navidades de su vida, que maldigo por ser tan miserable y al que envío todas mis energías negativas, mis conjuros maléficos y espero que Murphy se cebe con él porque mi odio en estos momentos está alterando a todo mi mundo de brujas y seres maléficos.
─Mamá, respira que te va a dar un ataque de asma y así no vas a conseguir más puntos de buen karma ─suplicaron aterrados.
Respiré, bufé, arrastré mi dolor y contuve mis lágrimas al recordar el estilo y belleza de mi acebo. 

lunes, septiembre 12, 2011

Murphy, Feng shui, energía Chi y supersticiones


Uno de mis cactus


Es inevitable que la gente hable, cuente sus historias, sus manías u obsesiones. Es inevitable que los demás escuchen y, en muchos casos, que esas afirmaciones se adhieran con fuerza al alma. En mi caso suele ser así, sobre todo si están relacionadas con el futuro incierto. 
Durante muchos años de mi vida las supersticiones me han vuelto más tarumba de lo normal. Mi madre es adicta a coleccionarlas y ese goteo incesante al final cala hasta lo más hondo. La sal no se puede pasar de mano a mano, si encima se te cae debes ponerte de espaldas y lanzar un puñado de sal al infinito y más allá, cuidado con los gatos negros, las hortensias traen mala suerte, los peces auguran un negro futuro, sobre la puerta siempre debe haber una herradura, en la cocina un poquito de sal y vinagre para espantar los malos espíritus, si se deja el bolso en el suelo o encima de la cama espantas al dinero; si os contara lo que hay que hacer si pasa un coche fúnebre cerca nuestro...
Mi vida era un estrés: tenía que ver dónde dejaba el bolso, no errar a la hora de elegir una planta, cocinar con mimo y mucha precaución para que la sal no se desparramará... Encima las revistas me bombardeaban con normas de Feng Shui para que en casa la energía Chi fluyese sin descanso: la cama no debe colarse frente a la puerta, si en el baño tiras de la cadena sin haber bajado aún la tapa del water se ahuyenta el dinero y la suerte, hay que tener frutas y flores en la cocina para aumentar el flujo positivo del Chi (¡ojo!, pero no pueden ser cactus ni hortensias)...
Lograr ese estado zen estaba crispando mis nervios. La gota que colmó el vaso llegó el día en que mi madre me prohibió cortar las uñas al niño un domingo. "¡Emma, nunca lo hagas en domingo!", me gritó aterrada. En ese momento mi alma se rebeló. "¡Hasta ahí podíamos llegar"!, vociferó una voz en mi interior que no sé si provenía del Chi, del zen o de la supertición.
Al día siguiente, en el vivero, compré una hortensia y dos cactus; acaricié un gato negro, tomé un salero que me pasaron con la mano (si se me cae la sal, tiro un puñadito de espaldas, no lo puedo evitar) y dejé el bolso sobre la cama. Por fin notaba un poco de calma en mi vida y mis fantasmas también (algún un día os hablaré de ellos). 
De pronto apareció Murphy y trastocó mi calma. Esta vez fue culpa de mi padre que por teléfono me dijo "Emma, ya sabes lo que dice Murphy: si las cosas van mal irán a peor". Colgué el teléfono y sentí como mis piernas empezaban a temblar. "¿Por qué me ha dicho esa frase? Ay, Murphy, ten piedad de mí", supliqué mientras me apoyaba en una silla. Aterrada miré al jardín y vi los cactus y la hortensia, me acordé que por la noche se me había caído la sal y que uno de mis hijos no había bajado la tapa del water...
Por ahora el puñetero Murphy me ha roto el friegaplatos y los motores de las dos ventanillas del coche. Como estoy sin coche voy a trabajar andando y así alimento la energía zen, friego los platos para potenciar la energía Chi, salgo de casa con el pie derecho para hacer feliz a las supersticiones, he empezado a leer "Maldito karma" y me he puesto a dieta: ¡a ver si así le gusto a Murphy y deja de romperme las cosas!

jueves, septiembre 01, 2011

Del papel al Kindle

Sol, calma, mi kindle, mi coca-cola light... El paraíso
Mi joya, mi kindle, mi libro electrónico, mi compañero fiel que oculta en su interior fantásticas historias y ha permitido que mis lágrimas rodaran sobre su pantalla, va a cumplir un año. 
Junto a él este verano he investigado asesinatos, vibrado con pasiones ocultas y amores imposibles, padecido humillaciones y violaciones y viajado por distintos periodos de la historia. Aventuras que he leído y no ocuparán espacio en mis abarrotadas estanterías.
La imagen que ilustra este post se ha vuelto más tecnológica y el papel, destino injusto, ha sido sustituido: señal inequívoca que augura un final para la era de los medios impresos.

Lecturas del verano
  • "El cuaderno Maya", de Isabel Allende. Qué decir de esta autora y de sus novelas que no se haya dicho ya. Libro fantástico y emotivo. 
  • "Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven", de Albert Espinosa. Mi lectura más prescindible del verano. Se lee en un suspiro pero no me ha gustado su forma de escribir. Mucho márketing y poco contenido. 
  • "La elegancia del erizo", de Muriel Barbery. En un principio me enganchó su escritura, su manera de explicar y describir los personajes. Al final, demasiada fantasía para la vida real.
  • "No abras los ojos", de John Verdon. Al detective Gurney, policía retirado, le tientan un año después de "Sé lo que estás pensando" para que investigue un escabroso  asesinato y no es capaz de negarse. Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, en esta ocasión ha sido "superbe". Gran novela negra.
  • "Dime quién soy", de Julia Navarro. Mi descubrimiento del año. Una historia aderezada con todos los ingredientes para lograr un cóctel explosivo: amor, acontecimientos históricos, familia... Lo mejor de lo mejor. Puro placer.
Archivo de otros años

lunes, agosto 29, 2011

Fotogramas. Final del verano

PRIMER FOTOGRAMA 
VIRADO A PÚRPURA
El color cardenalicio que domina mi cuerpo no tiene nada que ver con la visita de su Santidad a la capital de España. Para ser sincera confesaré que mis moratones tampoco se deben a una sesión de sado-masoquismo sexual, aunque sí están relacionados con mi vertiente masoca porque si una paga para que le coloquen un antiestético arnés, arrastra tres mosquetones por las alturas y decide imitar a Tarzán (eso sí, con varios kilos de más) saltando entre los pinos de Cercedilla luego no puede quejarse. 
Por la tarde embadurné mis zonas moradas-amarillentas-negruzcas con Arnidol, gemí por mis tremendas y angustiosas agujetas y escondí en lo más recóndito del ordenador el vídeo que muestra como mi cuerpo se desliza por una tirolina y en vez de parar con los pies en la siguiente plataforma se estampa de lado contra el tronco clavándose en la cadera el mosquetón (¡ay, ay, ay!). También oculté el vídeo donde se refleja mi falta de glamour para elevarme hasta la plataforma elevada o aquel en el que llegué al final de la tirolina de espaldas y con el culo rebotando sobre la rampa de madera. En fin, esos pequeños detalles que han amoratado mi piel (¡si tengo cardenales hasta en las piernas por la fijación del arnés de seguridad!). 
Los niños en cambio lucieron con estilo sus gráciles saltos entre troncos; Alonso, el muy canalla, ejerció de cámara oficial; Ángeles me abandonó a mitad del recorrido y mi madre, muy lista ella, se presentó a la hora de la comida para darse un chapuzón en las piscinas de Las Dehesas.
Ay, ay, ay, no cuento más porque mis atormentados músculos no me permiten teclear...


SEGUNDO FOTOGRAMA 
UNA DE OLIVA
¿Qué diferencia hay entre una oliva y una aceituna? La respuesta a esta pregunta siempre la he tenido clara: oliva es el fruto del olivo y tiene hueso y la aceituna es la oliva rellena. Es decir, si ofrezco olivas pondré la típica negra de Aragón (con hueso). En cambio, si digo aceitunas serán las rellenas, por ejemplo, de anchoa. La RAE no está de acuerdo conmigo, ni casi nadie con quien he filosofado sobre esta gran pregunta, pero a mí me da igual porque "yo soy así y así seguiré, nunca cambiaré" (frase de Alaska que asumí y acepté hace años).
Hacía mucho que no desarrollaba mi teoría del hueso y no-hueso del fruto del olivo, pero cuando Carmen me recomendó un lugar en Valencia para desconectar del mundo, activó inconscientemente mi pregunta filosofal sobre la diferenciación entre la oliva y la aceituna.
Me dejé seducir y opté por llevar a toda mi tropa de hombres a... OLIVA, una semana de placer, lectura, playa, paella, paseos, auto-cine, karts, fideuá y calma, mucha calma. Una inyección de energía y mimos para todos. Una ración de felicidad para afrontar los claroscuros de la vida.


TERCER FOTOGRAMA 
UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS

Los Alonso fueron los reyes de la pista
Humm, paella... ¡A por ella!
Mis hombres, el mar, la playa y mi kindle. Puro placer.
¡Por Dios, que venga Tarzán a liberarme!



lunes, agosto 15, 2011

Y en verano... ¡deporte!

Este año el deporte ha marcado mi vida (¡qué os voy a contar del pádel que no sepáis!). Tanto es así que mis hijos se han emocionado con mis aptitudes y me retan día a día.
─Mamá, ¿por qué no empezamos a hacer footing? ─me propuso Diego una tarde de calor.
Le miré un poco escéptica, me acordé de los maratones que corre mi amiga Cristina, me imaginé disputando la "San Silvestre" y mi orgullo me hizo calzarme las zapatillas y vestirme con indumentaria deportiva.
─Yo también voy ─gritó Álvaro─ ¡pero en bici!
Salimos de casa preparados para la acción. 
─¡Vamos, mamá, empecemos a correr! 
─Espera Diego, aquí está cuesta arriba, será mejor que subamos hasta el paseo peatonal y así llaneamos.
De camino hacia allí me explicó todos las técnicas de calentamiento: girar tobillos, dar saltitos, mover las muñecas (¡pero si para correr no hacen falta las manos!), flexionar las rodillas...
─Venga, ¡preparados, listos, ya! ─gritó Álvaro desde su bici.
Diego empezó a correr con gran estilo, Álvaro pedaleó y detrás iba yo. Mi imagen patética es indescriptible. Tras los primeros trotes noté como la pequeña mochila de mi espalda brincaba y la botella de agua de su interior chocaba continuamente contra mi cuello taladrando mis cervicales. Por delante era aún peor, mis pechos subían y bajaban, mis lorzas no paraban de moverse, mi cara empezaba a congestionarse, mi respiración se entrecortaba... ¡Pero si parecía una gelatina con patas! Humillada con mi falta de estilo disminuí la velocidad. 
─¡Mamá! ─oí que gritaban mis hijos a más de 200 metros de distancia─ ¿Por qué te has parado?
─No me he parado, solo he cambiado de estilo, en vez de hacer footing voy a caminar deprisa. 
─Ay, mamá, cómo eres... 
Sí, sí, queridos, pero cómo voy a correr por Arturo Soria con este estilo tan patético y falto de glamour, pensé con la humillación a flor de piel, mi cara sonrojada por la congestión y mis carnes intentando ubicarse cada una en su lugar.

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Al estilo de "Tarzán"

Después de mi fracaso "futinero" mi amiga Ángeles me propuso ir a Aquopolis con toda la tropa de niños. Tras mi patética experiencia e imaginándome cómo iba a rodar por los toboganes, ceñí mi cuerpo en un horrible bañador que inmovilizaba todas mis carnes, me coloqué mis gafas de súper mosca para proteger mis lentillas y escondí por unas horas mi estilo glamuroso en el maletero.
Los pequeños disfrutaron como locos deslizándose con los flotadores gigantes por las distintas atracciones: Boomerang, Turbolance, Salto del ángel, Río rápido... Risas continuas y felicidad acuática a borbotones.
Ángeles y yo también nos deslizamos por unas cuantas atracciones, tragamos agua y sacamos brillo con nuestro trasero encajado en el flotador a varios toboganes.

Risas de felicidad acuática

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─¡Mamá, mamá, que esta tarde hay entrenamiento del Real Madrid en el Santiago Bernabéu! ¿Te apuntas? ─exclamaron Diego y Álvaro.
Miré a mi Alonso. Sonreía. 
─No, chicos, no puedo.
─Pero mamá...
─Por favor, ¿cómo va a ir una atlética de corazón a ver a los merengues? Nada, nada, vais con papá y así yo descanso un poco (y me repongo de tanto deporte, pensé, pero callé).
Volvieron emocionados, habían visto a sus ídolos (Sergio Ramos, Ronaldo, Benzemá...) y su corazón vestía de blanco.

Sin comentarios

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Además de mucha piscina, amigos durmiendo en casa, disparos con tirachinas, cenas, jardinería, bricolaje, pádel... Ha habido mucho cine: "Los pitufos", "La linterna verde", "El origen de los simios" (de esta me libré y aproveché para ir a cenar con unas amigas) y, oh, pobrecitos, deberes.
Un verano distinto en Madrid que intentamos que ellos disfruten pese a la situación familiar.

Unos marcos pintados con betún de judea para entretener el tiempo

viernes, agosto 05, 2011

Cambio de planes

Pareo en la cintura, mis nuevas gafas de sol de Vitorio y Luchino, sones de vallenato de fondo, palmeras, arena fina en la playa... Y en mi mano, un mojito bien frío saturado de hierbabuena. Sí, esa era la imagen que navegaba por mi mente desde hace más de un mes, una visualización que me permitía trabajar con una leve sonrisa. De pronto, un volantazo de la vida hizo añicos mi visión idílica. Un puñetazo de realidad me obligó a reajustar mi disco duro y reorientar mis prioridades. Un ingreso hospitalario, una caída de plomos. Mi suegro se hundía desde su silencio. 
Al principio barajé la opción frívola de ir a México con mis hijos y cumplir con mi sueño, pero mi gen cuerdo despertó y me hizo recapacitar. Hay momentos, aunque duela, que hay que estar en el lugar indicado, saber actuar o, simplemente, estar al final del día para dar un abrazo o calmar levemente el pesar del corazón con una sonrisa o una callada risa.
Cancelamos el viaje a México y cada uno se centró en su misión. Alonso acude cada día al hospital, habla con los médicos, intenta animar a su madre, alimenta a su padre, sobrelleva su dolor y distrae el tiempo entre pasillos con el mundo mafioso que relata Guy Talese en "Honrarás a tu padre". Yo, presiono a los niños para que hagan sus deberes, nadamos en la piscina, jugamos al ping-pong y al pádel, reímos en el mercadillo, cocinamos, compramos el Leroy Merlin y nos entretenemos con pequeñas chapuzas de bricolaje. Por la noche, todos juntos, vamos al cine, a cenar u organizo acampadas nocturnas en el jardín de casa... Un agosto en Madrid nada habitual abrazando al dolor, la pena y con leves momentos de alegría y felicidad. Un película en blanco y negro con brochazos de color.

Acampada nocturna. Insomnio forzoso asegurado

domingo, julio 17, 2011

Una de piratas



La vida de un pirata genera mucho estrés. Hace unos días navegaba sin rumbo fijo hacia los mares del Sur con mi adorada y temida "Perla Negra". Todo parecía en calma. De pronto, entre las leves olas que bailaban al son del canto de las sirenas, un brillo llamó mi atención. Con mi catalejo observé que sobre el agua flotaba una botella. Presa de la intriga, ordené al grumete más joven que se lanzara a por ella y me la trajera inmediatamente. A los cinco minutos quité el tapón de corcho y descubrí un mensaje en su interior.  




"Se invita a los bucaneros de los océanos y mares a la gran fiesta del embarcadero serrano".
La firma, un rascado de garfio profundo y cariñoso, me alertó. ¿Sería seguro acudir al evento o era mejor huir por si se tratara de una trampa del temido Barbanegra? La huida es un término impensable en la mente de un pirata, así que nos vestimos con nuestras mejores galas y acudimos con la idea de arrasar con todas las botellas de ron.




En la Taberna Perdición, los piratas bailaron con unas bellas hawaianas y descubrimos que la gran fiesta la había organizado "Lalinu", la dueña de la taberna que tan bien nos conocía y deseaba celebrar su cumpleaños con todos los bribones del planeta.




Las canciones de "ron, ron, ron, la botella de ron", los fuegos artificiales y los disparos arroparon a la anfitriona mientras soplaba sus velas. Antes del brindis, Barbanegra y sus secuaces atacaron con sus sables y espadas, capturaron a varios rehenes y los encerraron en las mazmorras de su temida y oscura gruta.




¡¡Por honor, por amor, por lealtad y por el ron!!, gritamos todos los piratas desde la Perla Negra antes de invadir el fortín del sucio y miserable Barbanegra. Afilamos las espadas, disparamos los cañones y comenzamos una cruenta batalla hasta que salvamos a "Lalinu", los bucaneros y las hawaianas.




La fiesta continuo hasta que los barriles de alcohol se vaciaron, los manjares volaron, las timbas arruinaron a más de un incauto y "Lalinu" guardó sus regalos en la caja fuerte.




¡¡Feliz cumpleaños y besos piratas, mamá!!

domingo, julio 10, 2011

"Family Day", un día de felicidad


Juntos después de diez días sin vernos.


Sus sms aprisionaban mi corazón: "Te quiero". "Ven a verme al campamento". "Te echo de menos". Sus llamadas me perturbaban: "Sí, me lo estoy pasando muy bien y estoy aprendiendo mucho inglés, pero cuando llega la noche, como el hombre-lobo, me acuerdo tanto de vosotros que me entristezco" 
¿Cómo decirle que no podría acudir a achucharle en el "Family Day" porque tenía que trabajar? La ansiedad me dominaba.
"Irán Papá y Álvaro, pero yo no puedo", le expliqué insistentemente. "Por favor, Mamá, necesito verte". Al final, como siempre, mi instinto maternal me dominó y mis compañeros de trabajo me cubrieron para que pudiera acudir a mi gran cita y dar a Diego una auténtica sorpresa.
El domingo, después de 256 kilómetros, nos reunimos con él y pasamos un día juntos en su fantástico campamento en las Hoces del Cabriel entre risas, abrazos, mimos y muchas actividades. Happy day.


Tirolinas, caballos, rafting, rocodromo... Un campamento multiaventura en inglés



domingo, julio 03, 2011

Soy una bruja, lo reconozco

Lo reconozco, soy una bruja
Hace unos meses, un viernes de "peli en familia", se acurrucó Diego a mi lado en el sofá.
─Mamá, casi todos mis amigos se han matriculado ya en el campamento de verano. ¿Cuándo me vas a apuntar?
Tragué saliva y supe que él no me iba a entender.
─Diego, ya estás matriculado en un campamento, pero no es el mismo que el de tus amigos.
─¿¿¿Qué??? ─gritó con tal desesperación que casi se le cae el bol de palomitas ─¿Por qué me haces esto?
─Diego, lo hago por tu bien. Vas a ir a un campamento de "inmersión" en inglés para que refuerces tus conocimientos y mejores tu rendimiento en ese idioma. 
─Pero...
─Es lo mejor para ti: conocerás gente nueva, te expresarás en inglés... Además es multiaventura: rafting, tirolinas, caballos... ¡Hasta paint-ball!
Me miró con odio y me sentí dolida aunque segura de que había tomado la decisión correcta.
Los días han pasado, los amigos de Diego le han arropado en su "desgracia" y mis nervios se han aprisionado en mi estómago.
El día 1, a las nueve de la mañana, subía él solo a un autobús lleno de desconocidos hacia su campamento de inglés. Su mirada me lanzó puñales de desesperación y me hizo sentir la peor madre del mundo y tan mala como la madastrona de Blancanieves. Alonso y yo callamos para no contagiarnos nuestro pesar. Diego contenía las lágrimas y despertaba nuestras dudas.
El día se me hizo eterno sin saber nada de él. Estaba convencida de que no iba a tener ningún problema, que su carácter simpático y afable le abrirían todas las puertas, que iba a disfrutar de una experiencia única, pero el miedo es incontrolable. Por fin sonó mi móvil y en la pantalla pestañeó el nombre de "Diego". Era él. 
─Hola, mamá, ya estamos en el campamento, estoy en una habitación con ocho amigos, ya he subido en las tirolinas y hemos dado un paseo por el bosque.
─¿Estás enfadado conmigo?
─No, mamá.
En estos tres días me ha contado que cada vez habla más en inglés, las clases son muy divertidas, ha hecho una cometa, tiene muchos amigos, ha practicado rafting y... ¡me quiere! Ahora respiro un poco más tranquila aunque mi semblante sigue siendo el de una auténtica bruja, a veces buena, a veces mala. Es decir, mi semblante ha vuelto a su ser.
Y Álvaro, mientras tanto, disfruta de su estatus de hijo único: invita a sus amigos a dormir a casa, chapotea como un loco en la piscina, juega al Monopoly y al Cluedo y mira con cariño a la "bruja" de su mamá consciente de que en breve le tocará a él.  ;-)


Roberto y Álvaro, dos amigos en el agua


miércoles, junio 22, 2011

Piratas, bestias y chapuzones

Diego y Jack Sparrow, unos auténticos bucaneros
En el jardín, escondidos tras unos arbustos, ríen Mowgli y Baloo. Bambi salta por el césped y Mickey y Minnie pasean por el castillo de la Cenicienta. Por un día el colegio se convierte en "Hispanilandia" y todos los niños acuden disfrazados de personajes de Disney (Peter Pan, Aladdin, Campanilla...) para actuar en la fiesta de fin de curso.
Diego, un auténtico pirata del Caribe, y sus compinches pelean y bailan espada en mano. Álvaro y sus amigos representan los platos de la vajilla de La Bella y la Bestia. Y a los padres, no podía ser menos, se nos cae la baba y contenemos las lágrimas de la emoción.

Javier, Daniel y Álvaro, unos platos muy redondos

Después del espectáculo, cena de despedida de niños y padres en, ¡cómo no!, la terraza del campo de fútbol. Ellos juegan, nosotros disfrutamos.

La cena de los artistas
El sábado, para inaugurar la temporada estival, reunión de primos en la piscina y el clásico paseo a las vías del tren al que no acudí tras recordar mi última y patética experiencia (aquí). Al final de la noche, cenita en el jardín, chapuzón nocturno y muchas dosis de felicidad.

Los primos y un vecino sobre las vías del tren
Contaría que también he jugado al pádel, que intenté marcar un punto impresionante, que erré y en vez de dar a la pelota estampé la pala contra mi rodilla y ahora la tengo magullada y amoratada, pero, la verdad, no me parece digno de mención ;-)

lunes, junio 13, 2011

Los cuatro magníficos, la amistad, Laura Gallego...


Los cuatro magníficos en La Cabrera


El tiempo invita a cenar en el jardín. Álvaro está nervioso. Por la mañana se va a casa de su amigo Ignacio en La Cabrera. También van Daniel y Javier, los cuatro amigos al completo. Maite (con i latina, que luego se enfada) ha decidido organizarles una escapada a los cuatro magníficos y ellos no pueden controlar los nervios.


Hay que alimentar a las fieras

Diego está tranquilo, deseoso de ser hijo único durante dos días. Todo parece perfecto hasta que mi Alonso me dispara con sus palabras.
─Emma, por cierto, este fin de semana trabajo.
El vino casi me atraganta.
─Pero si me toca a mí...
─Ya, pero... ─Mientras me explica su situación, mis neuronas empiezan a razonar: "Álvaro está colocado, se va con sus amigos. ¿Qué hago con Diego por la mañana? Con mi familia no puedo contar, con Ana, la cuidadora, tampoco..."
─Vale, no te preocupes, ahora es tarde pero a primera hora de la mañana lo soluciono.
Alonso sonrió.
─¿Estás segura?
─Sí, totalmente.
Uno de los mayores tesoros que hay que cuidar es la amistad, sobre todo la verdadera, la que se basa en la confianza. Son pocas las amigas que aúnan esas cualidades y por ello hay que mimarlas, compartir confidencias, reír en los momentos alegres, llorar en los tristes... Un golpe de teléfono a Esther y Diego se fue a la piscina con su amigo Antonio. 
Por la tarde, dos horas de pádel: en una pista, las madres y en la otra, los infantes.
Y por la noche, nos juntamos las parejas con los niños en la terraza del campo de fútbol para inaugurar la temporada de verano, saborear las tostas de jamón, la ensalada de tomate, el churrasco y los bocatas de lomo y panceta para los niños. Muchas risas, muchas cervezas y algún que otro enfrentamiento entre los pequeños.
De vuelta a casa me acordé de mi promesa. "¿La habrá olvidado?", pensé muy optimista. Mis pensamientos se equivocaron.
─Mamá, mañana tenemos que ir a la Feria del Libro para que Laura Gallego me firme el libro ─me recordó Diego.
Alonso volvió a sonreír.
A primera hora del domingo me calcé mis deportivas y volví al Retiro con Diego y su amigo Antonio. El calor derretía la tinta de los libros. Llegamos a la caseta (más bien una jaima) de su adorada escritora y por poco me desmayo: más de quinientas personas hacían cola para conseguir una firma. Entre los adictos estaban otros amigos de Diego: Alejandro, Daniel... Los padres nos miramos desencantados. "Es imposible llegar", dijimos al unísono. Al cabo de media hora, los responsables de la Feria del Libro nos dieron la razón y obligamos a los niños a abandonar su sueño, aunque por lo menos se colaron entre la gente y pudieron ver a Laura Gallego en persona y fotografiarla. (aquí, el disparo sin compasión)
─Emma, tienes mala cara ─me dijo Luis por la tarde en el periódico.
─Sí, estoy un poco cansada: trabajo, pádel, cenas, Feria del Libro... No tengo fuerzas.

Alejandro, Diego y Antonio, lectores fieles de Laura Gallego