lunes, junio 28, 2010

Mundial de fútbol, mundial de carros y rectificación


-Emma, ni se te ocurra hacerme un foto que me muero de la vergüenza... -suplicó Esther mientras arrastraba el carrito de la compra- ¡Qué imagen estoy dando!, ¡cómo me encuentre con alguien conocido!...
Mis risas se escuchaban por toda la piscina. Los niños saltaban en bomba, nadaban y disfrutaban del cumpleaños de Rubén y Antonio. Las madres portaban la intendencia en carritos de la compra que arrastraban por todo el césped. Desde las toallas, la gente observaba el espectáculo.
-¡Quieres dejar de hacer fotos!, ¡como publiques una en tu blog dejo de ser tu amiga!... ¡Qué escándalo!
-Venga, Esther, no sufras tanto... Si te parece quedamos mañana a ver el partido de España, que eso sí que es sufrir...
-Vale, no me parece mala idea. ¡Pero deja de sacar fotos!
-Te juro que solo saldrá el protagonista: el carrito.
-Mira que eres graciosilla...



El viernes brinqué de la cama para  reservar mesa en un restaurante con pantalla gigante.
-Ay, será mejor que llame a la hora de la comida, que no sé si se pueden hacer ahora reservas -me dijo un empleado con cara y cuerpo de pocas luces.
Por la tarde saltaron las alarmas: ¡ya estaba todo reservado, no tenían sitio en el local!
-Alonso, no me voy a estresar, vamos a ver todos el partido en casa. Voy a llamar a Ángeles, Yolanda, Esther... y les informo.
-Pero...
-Sí, ya lo sé, no tenemos de nada, pero en cuanto salga del periódico lo apaño.
-Pero...
-Ya, ya, nos falta el cable de antena para sacar la tele al jardín... Tú tranquilo, que voy yo a la ferretería. ¿Te parece buen plan?
-Bueno, pero...
-Sí, luego hablamos, que no me da tiempo.

18:30 (dos horas antes)
Salgo del periódico como Speedy Gonzales rumbo a la ferretería.
-Hola, necesito un cable de antena para la televisión.
-¿De cuántos metros? El máximo que tengo es de dos y medio.
-Huy, pues yo necesito veinte metros, que es para sacar la tele al jardín, que en breve va a venir todo el mundo a casa y no tengo nada...
-Puedes adquirir el cable y las clavijas y montarlo.
-Vale -es el momento de actuar o me pilla el toro, pensé con maldad femenina mientras mi amable ferretero contaba los veinte metros de cable-. Ay, perdona, como voy tan mal de tiempo no te importaría ayudarme a poner las clavijas... Es que soy tan manazas y el partido empieza en breve...
-Bueno, nunca lo hago, pero como no hay más clientela, te lo montaré yo...
Antes de decir que seguro que iba a ganar España y que todo sería gracias a él, el cable de antena ya estaba "finiquitado".

19:00 (hora y media antes)
Feliz corrí con mi bolsa al coche, arranqué y antes de llegar a casa pegué un frenazo, metí la marcha atrás, paré y observé una mesa que acababan de dejar en la acera.
"Nena, esa mesa es la perfecta para poner la tele en el jardín", me dije a mí misma.
"Sí, es perfecta", me contesté con educación.
Freno de mano, apertura de maletero y como las gitanas arramplé con la mesa.
De pronto mi casa se convirtió en "El camarote de los hermanos Marx": la mesa no cabía por la puerta del jardín, desmontamos las ventanas de la cocina, sacamos la mesa, montamos las ventanas, bajamos a por la tele de 28 pulgadas y la subimos a pulso entre Liset y yo, los niños decoraron la mesa con banderas de España, conectamos el cable de antena a la toma del cuarto de estar y lo sacamos por la pequeña ventana del lavadero, ubicamos quince sillas en el jardín simulando un cine de verano, descendimos las mesas para la comida y la bebida; antes de que llegara Alonso preparé una ensalada de pimientos, otra de garbanzos, arroz y alitas de pollo barbacoa para los niños...

19:35 (cincuenta y cinco minutos antes)
Llega Alonso y parto a Supercor a comprar tortillas, empanada, cervezas, patatas, ganchitos... Cargo el maletero, salgo del parking y siento como una taquicardia me aprisiona el corazón. ¡¡¡Llueve!!!, ¡¡¡diluvia!!!... Ay, mi tele, mis sillas, ¡¡¡mis invitados!!!

20:15 (quince minutos antes)
De nuevo mi casa es "El camarote de los hermanos Marx". Alonso ha salvado la tele, Diego sube las sillas, Álvaro las seca... Sin saber cómo colocamos todo en la terraza protegida por el toldo. Suena la puerta, entran los invitados. De fondo, llueve. Nos acoplamos. El árbitro pita. Empieza el partido, la histeria, España-Chile. Villa, maravilla con sus dos goles. España gana, la emoción se desata. La comida vuela. La bebida (vino, cervezas y copas) se evapora. Los gritos de los niños se multiplican. La noche se alarga hasta las dos de la mañana entre risas, bailes infantiles y mucho hablar... Y al día siguiente, a trabajar.


PD. Podría escudarme en el dicho "rectificar es de sabios". Pero si algo sé es que no soy sabia y que la filosofía zen no va con mi carácter. Así que aquí estoy para dar la lata con mis neurosis e historias... Por si alguien le interesan.
Mil gracias por los ánimos (¡nunca vienen mal!) a Luis, Cristina Q. y Cristina A.
Por ahora, continuo...

domingo, junio 27, 2010

Posible final

El 21 de marzo de 2006 inicié mi andadura por la blogosfera. Todo empezó como un guiño, una sonrisa en la red, una forma de desvelar mi vida junto a mi familia, mis amigos y mis animales. Sin darme cuenta me enganché. Abandoné mis diarios escritos y los transformé en  públicos, a la vista de quien quisiera leerlos. A lo largo de este tiempo he relatado casi todos mis estados anímicos, he intentado ser sincera y siempre he mantenido una postura de respeto y no agresión a las personas que protagonizaban mis historias o a las que sabía que lo leían (salvo a mi Alonso, que es un pedazo de pan y ha aguantado con estoicismo mis puñaladas de amor). He callado algunas historias, he omitido dolores y he dulcificado los fracasos. Mi intención siempre ha sido despertar una sonrisa, un instante de alegría o de calma.
Hoy me siento dolida, la presión me ha obligado a autocensurarme y así no me gusta escribir. Tengo que replantearme el blog y entender el proverbio árabe "eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras".

lunes, junio 21, 2010

Peñafiel 2010. Reunión de amigos

 

Hay fines de semana que cultivan el intelecto y te hacen volver a casa con más sabiduría, si cabe. Por ejemplo, ahora sé que cuando un intruso de gran tamaño (un ratón) invade una colmena las abejas lo aniquilan y lo momifican con propoleo para que no contamine su habitáculo; que si  una abeja ataca debemos protegernos los ojos, la parte más sensible de todos los animales; que los afectados con condritis esternal, inflamación del cartílago, tienen un chat para hablar de sus dolencias; que las barricas de vino se desinfectan con azufre (de ahí que en las etiquetas se indique que la bebida posee sulfitos); que la combinación de queso y miel es una delicia; que hay gente muy equilibrada gracias a unas pulseras y que el origen de la expresión "estar en babia" proviene de la época en que los reyes de León pasaban largas temporadas en Babia y al preguntar sus fieles súbditos por ellos les contestaban "están en Babia". Por supuesto he descubierto que los coches tienen termómetros que indican la temperatura del agua y del aceite, que no todo el mundo puede poner los calzos a un avión y, ¡cómo no!, que hay cada "perlita" por el mundo... ¡Incluso que hay niñas de cinco años capaces de desiquilibrar a hombres de 1,90 de altura! o que hay personas que "cuando hablan, callan"... Cientos de anécdotas repartidas a lo largo de un fantástico fin de semana en Peñafiel con los amigos del colegio, sus parejas, las descendencias y cientos de vivencias marcadas en el corazón.
Este año el punto de encuentro de la tradicional "quedada de amigos" ha sido Mélida, pequeño pueblo a escasos kilómetros de Peñafiel, y sus tres casas rurales para que los 28 tuviésemos cabida.



 Viernes

A las doce llegamos a Peñafiel tras la actuación infantil en el colegio. Besos a todos, maletas a la habitación, un poco de cena, unas copas y a dormir.
Álvaro saltó de su cama a la una de la mañana. Sin llamar entró en la habitación de Marta y Antonio, les fulminó con la mirada y les regañó.
-Por favor, ¿podéis hacer callar a la bebé?... ¡Así no hay quien duerma!
-Eso intentamos, Álvaro, eso intentamos... -Se justificó Antonio mientras mecía a Daniela.



 Sábado

Unos cuantos -Pepo, Chema, David y María- osaron levantarse e ir a jugar al golf a las siete de la mañana. El resto preparamos a los niños y partimos al Molino, museo de harina y miel, para aprender de la mano de Óscar los secretos de las abejas y el trigo. Después, una cata de productos de la zona: miel, vino y queso nos abrió el apetito y acudimos al restaurante que teníamos reservado en Peñafiel a degustar un sabroso cordero.
La tarde se esfumó entre los pasillos repletos de barricas de vino de las bodegas  "Protos".  Catamos un verdejo con sabor fuerte (¿o suave? Ay, Leticia que no me acuerdo) y un Protos Reserva 2006 al que se otorgó la medalla de oro. Por la noche, los niños se acurrucaron para ver una película y los mayores reímos y reímos con nuestras anécdotas, historias y ocurrencias. Una sesión de risoterapia perfecta para el ánimo y el cuerpo.



 Domingo  

Visita cultural al castillo de Peñafiel y a la plaza del Coso, aperitivo en la plaza del Ayuntamiento... Y poco a poco cada mochuelo empezó a volver a su olivo. Algunos comimos juntos y a las cinco, rumbo a los distintos destinos: Madrid, León...
Un fin de semana fantástico, como el de hace un año, como manda la tradición.
Amistad, divino tesoro.


Soplidos y rugidos

19 de junio
Los feroces leones: Diego, Antonio y Alejandro

El estrés me acompaña todo el día en el trabajo. Por la tarde asistimos a la función de fin de curso del colegio basada en los viajes alrededor del mundo de Willy Fog. Diego bailó disfrazado de león al son de los ritmos africanos y Álvaro demostró sus dotes gimnásticas. Como siempre, se me cayó la baba. ¡Ay, que me los como!

martes, junio 15, 2010

Rodrigo, su gran día

La diversión de los niños estuvo asegurada: castillos hinchables, magia, discoteca...

Una copa de champán descansa sobre mi mano, aguanto la tentación de fumar y observo un instante de felicidad. En el jardín preside un castillo hinchable y preciosos centros de flores decoran las mesas redondas. Las nubes grisáceas bailan sobre el césped y amenazan con leves gotas de agua. En el interior, los globos alegran cada rincón escondido, los camareros se deshacen por llegar con sus bandejas a cada comensal y las risas alegran la tarde. Los niños han desaparecido tras un mago que los tiene hipnotizados. Respiro feliz. El protagonista de la fiesta, Rodrigo, luce con arte su vestido de cristianar -prenda ancestral con la que se ha bautizado a toda la familia: desde mi padre hasta mis hijos o sobrinos, ¡incluso yo cupe allí hace casi cuarenta años!-. La ceremonia en la iglesia, plagada de guiños cariñosos, nos emocionó.

El pequeño judoka
Un sorbo me transporta a primera hora de la mañana, a la exhibición de judo de Álvaro, a sus golpes y llaves sobre el tatami. Pura ilusión. Luego, la locura: correr a cambiar una camisa de Diego, descubrir que a Álvaro le quedan grandes los zapatos para el bautizo (¡No le digas a nadie que llevas algodón en la punta!, le supliqué al hallar la solución), ir a la peluquería para adecentar mis pelos alocados... De pronto, como en el cuento de la Cenicienta, todo parecía perfecto. Los niños guapísimos, Alonso seductor...

Sin comentario, je, je

 ¡Emma, te vas a emborrachar!, me susurra Alonso antes de dar el siguiente sorbo. Sí, tiene razón, pero un día es un día y contemplar allí a toda la familia, las sonrisas, la alegría... Sí, merecemos una celebración por todo lo alto y más cuando la fiesta es absolutamente perfeta.

¡Chin, chin, familia!
¡Chin, chin, amigos!
¡Chin, chin, Rodrigo!

miércoles, junio 09, 2010

Sin tiempo

"Boleros", selecciono en Spotify. Sentada frente al ordenador noto como el trabajo me ahoga. Todos los frentes abiertos: colaboraciones, rediseño en el periódico, exámenes finales de mis hijos...Bésame mucho... El sábado es el bautizo, aún no he comprado nada, ni la ropa de los niños, ni los zapatos.... Lo dudo, lo dudo.... Paro un momento. Me desespero. Mañana, sin falta, aunque no sé dónde encontraré los segundos... suave que me estás matando de pasión... ¿y dónde me voy a meter yo?...  Reloj, no marques las horas, porque voy a enloquecer... Y hace tanto que no escribo en el blog, y tengo tantas cenas veraniegas que contar... Cuando lo perdí todo porque perdí tu amor... Pero esta es una mala racha, algún día volverá la calma... Ay, donde todo lo puede, donde no hay imposible, que importa vivir de ilusiones si así soy feliz...

miércoles, junio 02, 2010

Perfecta relajación

58, mis piernas tiemblan; 59, no siento los brazos; 60 largos, me ahogo. Paro, retiro las gafas pegadas a mis ojos y contengo mi respiración. De un brinco salgo de la piscina pletórica por haber nadado 1.500 m. Tanta emoción me arrastra hasta el "vaso sensorial". Cierro los párpados, floto sobre el agua densa y la música oriental me traslada a un estado de relajación total. 

En el trabajo nada me estresa. Todo apunta a que el día va a ser perfecto pero la realidad me apuñala en un probador. En las perchas cuelgan tres preciosos vestidos. El espejo refleja mi cuerpo. Empieza la tortura: acoplar mis excesos. En el primer vestido, mis lorzas se marcan al estilo michelín; en el segundo, las tetas se desbordan y el tercero no pasa del cuello. Mi relajación oriental es devorada por un ataque de ira incontrolable. Tras admitir que al bautizo de mi sobrino Rodrigo iré gorda ("juro por Dios que a la boda de septiembre iré delgada"), preguntó a la dependienta si sabe dónde hay una tienda de sacos de patatas. Ella, divina, anoréxica, me mira con cara de compasión y gira negativamente la cabeza. Tanta ansiedad me desquicia. Entro en una tienda y me compro unos cuantos caprichos: un anillo, unas pulseras, horquillas, unos zapatos... Accesorios varios a los que no les afecta el aumento de peso. Un chute de ventolín logra contener mi asma nerviosa. Las preguntas se amontonan: ¿por qué mis lorzas me quieren tanto?, ¿por qué no adelgazo con todo el ejercicio que practico últimamente?... No sé, tal vez debiera volver a fumar... No, no lo haré, resitiré, aguantaré, sufriré y, cómo no, llamaré a mi gordóloga... ¡¡Y yo que pensaba que el día iba a ser perfecto!!

domingo, mayo 30, 2010

El pasado ya está aquí

Regreso al pasado


Examen de cono en inglés, estudiar una poesía, deberes de matemáticas, comprar un compás... Las palabras de mis hijos se cuelan por mis oídos y siento como la cuesta final del curso escolar aumenta su grado de inclinación. Hipnotizada por el divino calor primaveral dejo que el tiempo se escape en el jardín. Un brote de responsabilidad me empuja a la sensatez y tomo las riendas de los deberes. La pereza sobrevuela.
Todo llega. El fin de semana nos abraza con pasión y nos dejamos seducir. El sábado, regreso al pasado en Arqueopinto. Los niños escuchan con emoción las explicaciones del pintoresco guía, investigan por las distintas cabañas y corren al curso de "realización de flechas" mientras los padres volvemos al presente al lado de unas frías cervezas, placer divino, en una terracita. La noche nos tentó para que fuéramos todos juntos a cenar y seguir con nuestras risas y tertulias. Dicho y hecho.
El domingo, planazo total: piscina matutina, limpieza de coche por presión de mis hijos (Mamá, ¿hace cuánto que no limpias el coche?... Por lo menos limpia el cristal.... ¡Que no tienes líquido para limpiarlos!... Jo, mamá, ¡eres un desastre automovilístico!) y al jardín a devorar "Sangran las piedras", de Frances Flyfield, a tomar un aperitivo y a recargar el cuerpo de un poco de energía, que falta me hace.

martes, mayo 25, 2010

"Barbiquiu" avileña


En el trayecto hacia las tierras de Ávila, mi cabeza tuneó la canción de los payasos:

¡¡¡Vamos de paseo
pi, pi, pi
a casa de Pepo
pi, pi, pi
¿Cuál es el desvío?
pi, pi, pi
Blanca nos guiará
pi, pi, pi!!!

Y mi adorada Blanca GPS nos hizo girar por todas las rotondas de Ávila antes de llegar al destino. Ella es así, genial.

Las razones de Pepo para invitarnos a su "barbiquiu" eran por todos conocidas: convidarnos por su cumpleaños y organizar entre la panceta y la sangría la próxima escapada de los 27 (niños incluidos) a Peñafiel. 

A los churumbeles las horas se les escaparon entre caballos, ocas, fútbol, pavos reales, risas, peleas con globos de agua, ranas y tortugas.
-¡Un día fantástico!- exclamó Diego.
-¿Podemos comprar esta casa?- preguntó Álvaro emocionado por tanta fauna.

Los menos jóvenes, que no mayores, aderezamos la conversación con plusvalías, movistar, colegios, gadgets tecnológicos, anécdotas del FEM comentadas por los Molina, fichajes futbolísticos y, entre bocado y bocado (¡no paramos de zampar!), intentamos planificar nuestra próxima escapada... Snif, no lo conseguimos.
Miento. Hubo un punto de acuerdo: Tino y JF se comprometieron a comprar churros todas las mañanas. Salvo este mínimo detalle todo quedó en el aire.

Ahora que lo pienso, creo que me he topado con la solución: ¡¡¡repetir la barbacoa para organizar el viaje a Peñafiel!!.... ¡¡¡Tengo que llamar a Pepo y a María!!!

Nota del autor: Omito incluir más imágenes por deseo expreso del anfitrión. Ay, qué mal sientan los años, je, je

miércoles, mayo 19, 2010

Será un sueño


Recuerdo los tórridos veranos de mi infancia. En cuanto salía un rayo de sol acudía con mis padres al Canal de Isabel II, complejo deportivo con pistas de tenis, piscina...-. Junto a mis amigos jugaba al pilla-pilla, a polis y cacos o al escondite y sofocábamos el calor con rápidos chapuzones en la piscina. De la fuente cercana al puesto de helados no paraba de manar agua fresca. Allí todos apagaban su sed. Menos yo. Los miraba perpleja y recordaba la palabras de "La Mendo", mi profesora de física: "las fuentes siempre tienen el mismo agua que circula a través de los vasos comunicantes". Cuando descubrí que esa teoría se aplicaba a las fuentes decorativas y no a las de beber ya era adicta a la coca-cola light.
Mi innata ingenuidad me hizo ser admiradora secreta de Clarín. Me encantaba su personalidad y su gran logro: haber conseguido durante tanto tiempo que su alias no quedara en el olvido. Leopoldo alias Clarín. En un examen de literatura, además de quitarme un punto, Milagros Alejándrez, la profe de lengua, tachó mis palabras con boli rojo y escribió: "Leopoldo Alas, Clarín". Callé mis dudas, investigué y descubrí que Clarín era su seudónimo y  Alas, el apellido.
Aquella desilusión se apagó una tarde que paseaba con mi abuela por Rosales y sin saber cómo le relaté el secreto que me había desvelado una amiga en el patio. Abuela, dije con voz apagada, ¿sabes que existe una piedra que si miras por ella ves a todo el mundo desnudo? Mi abuela empezó a reír y me contagié de sus risas. Al cabo de unos días, decidí cambiar de amiga. Siempre olvidaba la piedra en casa.

Con los años parte de mi ingenuidad se ha quedado en el camino, pero aún quedan reminiscencias. Por ejemplo, no sé si seré ingenua, pero creo que hoy ganará la Copa del Rey el Atlético de Madrid. ¿Será un sueño, ingenuidad o certeza?

lunes, mayo 17, 2010

La gran celebración



"Mamá, no se lo digas a papá pero a lo mejor me hago del Atlético de Madrid", me susurró Diego mientras caminábamos hacia el metro para acudir a la gran celebración de mi equipo, a la plaza de Neptuno. Los andenes bullían: gente con banderas, bufandas y gritos, muchos gritos. Los niños miraban sorprendidos y me agarraban disimuladamente para no perderse entre tanto gentío. En la salida de Banco de España quedamos con Yolanda, otra atlética de corazón, y su hijo David (Acasuso, para Diego y sus amigos). Neptuno presidía la muchedumbre.

Los niños treparon por las verjas de una ventana del Museo Thyssen Bornemisza. Desde la altura vieron todo el espectáculo de maravilla. Yolanda y yo nos poníamos de puntillas, botábamos al ritmo de las canciones, observábamos que Álvaro no cayera desde tantos metros de altura e intuíamos a lo lejos a los jugadores. Para qué explicar que ni vi a Forlán ni a su tableta de chocolate (¡cachis!). Todos gritábamos: "Atleti, Atleti, oe, oe, oe...", "¡Uruguayo, uruguayo!"... La histeria se desbocó y se escuchó: "¡Guti, maricón!". El semblante de Diego se transformó. Al ir hacia Colón mostró su desilusión.
-Mamá, lo siento pero no me puedo hacer del Atlético, me ha sentado fatal que insultaran a Guti.
-Bueno, es difícil dejar un equipo... De todas formas los del Madrid también insultan. No lo tengas en cuenta.
Para celebrar nuestra afonía cenamos en el Burguer King (¡qué planazo!) y llegamos a las once de la noche a casa derrengados, agotados... Alonso no pudo ocultar su preocupación: "Emma, como los niños se hagan del Atleti...". No contesté. Callé. Aún tengo una  opción: ¡¡la final de la Copa del Rey!!

La prueba desenfocada de nuestra presencia en Neptuno

miércoles, mayo 12, 2010

Corazón atlético

Vuelve el hombre

Un nudo en el estómago me despierta a primera hora de la mañana. El nerviosismo me sigue en el desayuno y en  la ducha. Me siento frente al ordenador y empiezo a trabajar. El estómago mantiene sus rugidos, intento calmarlo pero no hay manera. El día merece estar divina: me aliso el pelo, arreglo mis ojeras... Antes de irme de casa abro la nevera y observo la intendencia: gambas, gulas, lambrusco y al fondo, escondida, la botella de Moët&Chandon. Parto al trabajo, la histeria me acompaña. Dialogo con mis nervios pero no atienden a  mis súplicas. A las cinco, en el periódico, nos hacen una foto conjunta para el nuevo lanzamiento. Mi mente solo piensa en Forlán, Agüero y, cómo no, Quique Sánchez Flores. Tras mis neuras, vuelvo a casa más atacada que por la mañana. Grito a mis hijos que hagan los deberes, que se duchen, acicalen y les obligo a sentarse frente al televisor a las ocho y cuarenta y cinco minutos. A esa hora la pantalla se llena de súper hombres vestidos con camisetas rojiblancas. Mi corazón palpita, mis nervios se desbocan... Forlán me emociona, el Fulham me hunde. 1-1, termina la primera parte. En el descanso decido tomar las riendas de la situación: preparo unas gulas con gambas, un zarangollo... La segunda parte vuela como un suspiro. El lambrusco desaparece por mi garganta. Diego escucha mis gritos, mis palpitaciones y  prepara mi desfibrilador. Álvaro no aguanta la tensión y se duerme entre los cojines...
Faltan dos minutos para que acabe la prórroga y aparece el hombre: Forlán regatea, me mira, me guiña un ojo y ¡¡¡¡¡GOOOLLL!!! Brinco, me abrazo a Diego, a mi Alonso... Sudo los dos últimos minutos... El árbitro pita el final, corro a la nevera, descorcho el Moët y me emborracho de felicidad, de placer (todo va unido, je, je)... ¡¡¡¡ATLETI, ATLETI... ATLÉTICO DE MADRID!!!...¡¡Aúpa, Altético de Madrid!!, ¡¡campeones de la Europa League!!!

viernes, mayo 07, 2010

La erótica del cloro

No podía reconocerlo, pero la reunión que mantuvo en Navidad con el hombre de negro martilleaba su cerebro. Los cambios que percibía en su mujer le estaban desquiciando. Tras muchas dudas, rebuscó en la mesilla el número secreto.
-¿Quién es? -escupió una seca voz al otro lado del auricular.
-La persona que le solicitó el informe 758.
-¿Qué necesita?
-No lo tengo claro. Mi mujer actúa de forma extraña, no sé qué ocurre...
-Detalle un poco más.
-Muchos días no viene a comer a casa, dice que se va a la piscina, que quiere ir sola... Me parece todo muy raro...
-Ya le expliqué mis conclusiones.
-Sí, pero...
-Tranquilo, retomaré mis investigaciones. Le llamaré en unos días.
Alonso sintió una punzada de desconfianza. ¿Qué estaba sucediendo?, ¿qué significaban todos esos cambios: dejar de fumar, hacer ejercicio, retomar todas sus cenas?, ¿quedaría con su amante en la piscina?, ¿irían luego al spa? Entre tantas dudas escuchó la puerta.
-Hola, Alonso.
-Hola. ¿Qué tal en la piscina?
-Muy bien. Me mantengo en los mil metros, pero hoy me ha costado más.
-¿Algo que contar?
-Mmmm... Salvo que al nadar de espaldas he atropellado a otro nadador que iba en mi calle. ¡Menudo susto le he dado!
-¿Le conocías?
-No.
Una semana después el detective citó a Alonso en una cafetería cercana a su trabajo. Alonso caminaba con paso lento y preso del miedo a lo desconocido. Pese a la lluvia y al cielo grisáceo, el hombre de negro mantenía su estética: gafas negras de sol, gabardina hasta los  pies y el cuerpo envuelto por el humo de su cigarro.
Se sentaron en una pequeña mesa alejada de miradas indiscretas. Alonso observó expectante sus movimientos.
-Este asunto me tiene preocupado- soltó el detective mientras expulsaba una bocanada de humo-. Para no levantar sospechas, mi secretaria ha seguido a su mujer a todas horas. Como verá en la ampliación del informe 758, acude a la piscina y no se relaciona con nadie, salvo cuando choca con algún nadador. No sé, es todo muy raro: aparece embutida en su bañador, su pelo lo oculta bajo un gorro rosa, se coloca unas gafas y se lanza a nadar. La identifico por la llave del candado de su taquilla que cuelga de su cuello. El panorama es lo menos libidinoso del mundo. Al cabo de mil metros se zambulle en los distintos tratamientos del spa: un chorro dispara sobre su espalda, un asiento que expulsa burbujas relaja sus piernas... 
-Pero, ¿está seguro de que no se cita allí con su amante?
-Segurísimo, no se relaciona con ningún hombre.
Alonso se despidió, tomó el informe y volvió al trabajo cabizbajo, sin entender casi nada.
-Emma, -interrogó esa noche- ¿por qué has decidido ir a la piscina casi todos los días?
-Para hacer ejercicio, amor, y echarme unas risas. Tenías que ver qué pintas tenemos todas las mujeres con el antiestético bañador de natación, el gorro y las gafas... ¡Y en la ducha descubres que nadie es perfecto! Quien no tiene michelines, tiene celulitis... Pero todas salimos felices por haber hecho ejercicio. Y de los hombres ni te hablo...
-¿Abro un lambrusco para cenar?
-¡¡¡Sí!!! y luego,  helado de tarta de queso, que no he podido aguantar la tentación.
-Pero, ¿no estabas a régimen?
-No, empiezo el lunes.
-¡Mamá, siempre dices que empiezas en lunes!- soltaron los niños entre risas.
-Ya lo sé, pero es que rozar la perfección cuesta mucho: dejar de fumar, ir al gimnasio...
Fuera, en la negra calle, la oscuridad nocturna se rompió un instante: una pequeña llama encendió el cigarro del hombre de negro. Él seguía allí, agazapado, convencido de que algo se le escapaba, que aquella mujer ocultaba algún misterio... Y no pararía hasta descubrirlo.

viernes, abril 30, 2010

Sudores

Entre la salsa y la bamba del sábado noche mi mente urdió un maquiavélico plan. Sí, la fuerza de voluntad para hacer un estricto régimen había desaparecido y el abandono del vicio nicotínico me había lanzado sin paracaídas a los placeres gastronómicos... Era el momento de plantarle cara al problema, de demostrar que no podían contra mí, de sacar mi espada contra la injusticia y marcar un "EPT" en la piel de mis enemigos calóricos como la "Z", la marca del Zorro... Sí, la batalla había comenzado... ¡Que se preparen todos los alimentos hipercalóricos!
El domingo, emocionada por mis pensamientos peliculeros, me embutí en mis mallas negras, mis lorcillas se acomodaron bajo mi camiseta de tirantes, mi mochila albergó mi libro y un bote de coca-cola light y mi bici, aterrorizada al ver mis pintas, asumió que era la hora de sufrir.
Pedaleé tras Diego y Stéphan hasta el Juan Pablo I. Mis pulmones respiraban con tranquilidad y a buen ritmo. Feliz, me senté en el parque y leí unas cuantas páginas. "Soy la leche", me dije pletórica por mi hazaña. La vuelta, cuesta arriba y empinada, me hizo sudar y jadear. Entré en casa roja como el salmorejo y con temblor de piernas.
-Alonso, amor, una coca-cola light con mucho hielo... No tengo fuerzas.
-Claro que sí, campeona.
-Menos coñas.
El lunes opté por ir andando al periódico; el martes, tras tres días de ejercicio (¡que bailar también cuenta!), descansé; el miércoles nadé 800 metros en la piscina; el jueves iba a ir al gimnasio pero un sonido extraño alteró todos mis planes.



¡Un roedor había caído en la campana de la cocina! Taladro en mano desmonté los muebles. El ratón no medía más de tres centímetros, pero mis pulmones gritaron como si fuera un diplodocus: ¡¡Diego, cógelo, cuidado que no escape!!! Mis gritos continuaron por la noche, en el partido del Altético de Madrid contra el Liverpool (omito detallar el gol de Forlán, el cuerpo de Forlán... ¡Un placer divino, un placer atlético!).
Y hoy viernes, desatada por la hazaña rojiblanca he nadado 1000 metros (40 largos, una pasada). No tengo fuerzas, ni energías, pero esta noche tengo una cena con mis amigas y no puedo fallar porque algún capricho me tengo que conceder: un vinito, unos yakitoris... Uf, qué ganas...

miércoles, abril 28, 2010

Después del trajín... ¡Cumpleaños de Pablo!

¡Que empiece la acción!, pienso el sábado al caer de la cama. Ducha rápida, me aliso el pelo, me visto, compro un poco de pescado y con cara simpática (¡hay veces que incluso lo consigo!) suplico al zapatero que me arregle mis zapatos en una hora, que por la noche tengo una fiesta y pienso bailar mucho. ¡Niños, a la piscina!, grito al entrar por la puerta. Mientras nadan largo arriba largo abajo devoro el último libro de Fred Vargas, "Un lugar incierto",  y me intento espabilar con una coca-light. A las seis de la tarde vuelvo a casa. Alonso despierta de su siesta después de estar todo el día con su padre.
-¿Qué has hecho hoy? -pregunta somnoliento.
Sonrío, cargo el cargador y disparo mi metralleta.
-Uf, no parar. Después de la piscina he recogido los zapatos, hemos ido al fútbol, nos han vapuleado en el partido, Diego se ha quedado con su amigo Alejandro, me he ido con Álvaro al chalet de su amigo Ignacio en La Cabrera, Maite me ha invitado a una rica lasaña... Y aquí estoy de vuelta.
-Vaya, pues sí que te ha cundido el día. ¿Estaba Álvaro nervioso?
-Sí, emocionado, es la primera vez que se queda en casa de un amigo a dormir. ¿Nos vamos al cine? La fiesta empieza a las nueve...
-¿Seguro que quieres ir al cine?
-La casa es nuestra, no hay niños... ¡Nos quedamos! 
A las nueve, muy descansaditos, llegamos a la gran fiesta: el cumpleaños de Pablo, su cincuenta aniversario.

Pablo e Isabel, los grandes amigos de mi madre, siempre han estado. Los recuerdo sentados en el salón de casa, cortando las galeradas de la revista "El geólogo". Después la vida se cruza y entrecruza. ¡Cómo no agradecer las clases privadas de Quark XPress cuando nadie conocía ese programa!, ¡cómo no recordar las torrijas y delicias gastronómicas de Pablo!, ¡cómo olvidar los arreglos informáticos al fundirse los plomos de casa!... Pequeños detalles que plagan la memoria.



El sitio elegido para la celebración, una gran nave en un polígono industrial, nos tenía muy intrigados. En la entrada un "segurata" nos acompañó hasta el ascensor, introdujo un código y partimos hacia lo desconocido. Al salir, el descubrimiento: una gran discoteca con escenario, pantallas enormes... Pablo estaba feliz rodeado por todos los suyos. Empezaron las sorpresas: un álbum de fotos, un vídeo realizado por sus amigos... Pero la gran sorpresa nos la dio él. Subió al escenario y nos deleitó con un concierto fantástico, emulando a Billy Joel. Las notas volaban por la sala: Piano man, Uptown Girl... Un éxito absoluto. Pura emoción. Y después, cómo no, ¡a bailar!

¡¡Muchas felicidades, artista!!

viernes, abril 23, 2010

Campaña estival

La tele escupe anuncios sin parar en el intermedio de una de mis series, de fondo escucho el eslogan de la temporada estival de Mango: "Qué me pongo, by Mango". Al oírlo no puedo evitar customizarlo: "¿Dónde quepo?, by Emma". Depresiva, me coloco mis gafas y realizo una sencilla operación matemática al estilo azafata oronda del "Un, dos, tres": Tres meses sin fumar a dos kilos por mes.... No hace falta que desvele el resultado.
-Mamá, ¿qué te ocurre? -preguntan los niños al ver las comisuras de mis labios a punto de tocar el suelo.
-Voy a volver a fumar.
-¡¡¡¡No!!!
-Es que no puedo seguir así, estoy engordando una barbaridad. A este paso saldré volando como la tía de Harry Potter.
Álvaro me escruta y analiza con la mirada.
-Mamá, tú no estás gorda es que tienes muchas tetas, lo que debes hacer es cortártelas.
-Álvaro, eso no lo puede hacer porque a papá le gustan... -afirma Diego.
-Pues que se  las corte y las deje en su mesilla.
-¡¡¡A callar!! -grito entre risas y sintiendo como mi grasilla se reubica por los michelines- Mañana empiezo el régimen.
Lunes, martes, miércoles, jueves... La semana iba perfecta hasta que llegó el viernes.
-Emma, ¿qué quieres para comer?
-Algo dietético, por favor, que estoy a régimen -supliqué a mi abuela sabiendo que mis deseos no se cumplirían.
Acerté. A la comida del viernes también acudieron mi primo Carlos y mi prima María, la futura mamá. Sobre la mesa, el aperitivo: jamón, barquitas de cogollos de lechuga con cangrejo, quesos... Después, comida hipocalórica: crema de espinacas con beicon y pasas; solomillos de cerdo con patatas París y, de postre, una deliciosa crema catalana.
Con mi cuerpo contento por tan ricos manjares me fui a buscar a Diego que volvía de Tarifa. Para celebrarlo y que nos contara todas sus anécdotas cenamos al estilo happy family en el  "Rib's".
-¿Compartimos unas fajitas? -preguntó mi Alonso
-¡Venga! Y unas jarras de cerveza que ya que hoy me he saltado el régimen...
El sábado fuimos a ver "Alicia en el País de las Maravillas" (la última que voy al cine en 3D, no soporto ver una película con unas gafas de sol superpuestas sobre las normales... Si es que no puedo ni comer palomitas ni atino con la pajita de mi coca-cola light). Tras abandonar la visión tridimensional, cenamos fuera con los amigos y el domingo, ya que me lo había saltado el día anterior, me concedí unos cuantos caprichos gastronómicos....
Hoy es viernes, ha pasado una semana y no he vuelto a maltratar mi cuerpo con las sustancias verdes (lechuga, acelgas, judías). El sábado tengo una fiesta así que.... ¡¡¡EL LUNES EMPIEZO LA DIETA!!!
¡Qué hartura es intentar ser divina! Ay, que me lo fumo "to".


P. D.: Diego nos bombardeó con regalos tras su viaje a Tarifa. Un sombrero para su padre, un pompero para Álvaro y a mí un precioso collar y un llavero de Tarifa con mi nombre y su significado: "Emma. Significa grande. Carácter enérgico, desea hacerlo todo, ser la mejor, y es capaz. En el amor es protectora y maternal"... A ver si ahora va a ser culpa de mi nombre...

lunes, abril 19, 2010

Mi hipocondria, tu hipocondria

El domingo, después de un agradable paseo con los niños y la parada obligatoria en el parque, Roberto miró a Alonso con afecto y solidaridad.
-Esta semana me he acordado mucho de ti -comentó mi hermano con seriedad.
-¿Y eso? -preguntó Alonso.
-He tenido un fuerte dolor de estómago...
-¿Cómo el que tuve yo el año pasado?
-Sí. Estaba tan preocupado que me fui a urgencias; me hicieron un análisis, una ecografía... Vamos, un chequeo general...
-¿Verdad que es un dolor horroroso?
-Ahora te entiendo, barajé la opción de un cáncer, una disfunción intestinal...
-Yo estaba convencido de que era un tumor maligno. Además, coincidió con el bulto que me salió en el brazo y pensé que había llegado el momento de seguir la luz blanca del final del túnel.
-No me extraña. Esta semana me harán más pruebas... El problema es que en la clínica creen que soy un hipocondríaco.
Virginia y yo mirábamos atónitas el estado médico-depresivo de nuestras parejas.
-Lo malo es ir una vez a la consulta-suspiró Alonso-, empiezan a buscar y a rebuscar y siempre encuentran algo...
-Sí, es como cuando vas al dentista -explicó Virginia-. De pronto descubren mil fallos bucales.
-Ay, yo mañana tengo limpieza de boca -dije a media voz.
-¡¡Dentistas, dentistas!! ¡¡Por favor, que estamos hablando de tumores!! ¡¡Dentistas, dentistas!! -gritó Alonso en pleno ataque hipocondríaco.
-Ahora en la clínica -explicó Roberto- ofrecen el "Bono Platino" para hacerte un súper chequeo... Te lo miran "to". Yo ya me lo he pedido como regalo de los cuarenta.
-¡Qué buena idea! -asintió mi husband.
Virginia y yo planeamos diluir unos lexatines en sus bebidas, pero aguantamos la tentación.
De vuelta a casa, Alonso cogió el móvli y llamó a Roberto.
-Bueno, y no te he contado que cuando fui al oftalmólogo con mi madre me dijo que el glaucoma era muy hereditario...
-¡No me jodas!
-Sí, fíjate qué horror, se podía haber callado porque desde que me lo ha dicho he empezado a ver mal. ¡Pero si siempre he tenido una vista de lince!
-¡Qué putada, cuñado, qué putada!

jueves, abril 15, 2010

Tirolinas, vuelo acrobático y Tarifa

Sin comentarios. Parece que anuncio compresas sin alas, je, je

Ring, ring, suena el teléfono a primera hora del sábado.
Mi cuerpo se acurruca entre las sábanas y decide no levantarse. Mi mente insiste para que me despierte, aproveche el tiempo y escriba algo en el blog. Tiene razón, aún no he contado mi aventura con el AMPA y 80 niños del colegio en el Pinar de Carabaña, cómo las madre-coraje nos tiramos por las tirolinas y en vez de oír aplausos escuchamos las risas desternillantes de los pequeños, cómo nos deleitamos con los manjares que cada una aportamos, cómo Esther me fulminó con la mirada al contemplar mi zarangollo (plato típico de la región de su ex-marido)... Sí, debería levantarme de la cama pero no me apetece...

Futbolín humano

-Emma -susurra Alonso dándome golpecitos en el hombro y perturbando mi sueño-, era tu madre. Tu hermano Pepe va a hacer vuelo acrobático en una avioneta. ¿Quieres ir con los niños a verlo?
-No, tienes que llevarlos a la piscina y yo estoy dormida.
-Pobrecitos, seguro que les encanta...
Ya lo ha conseguido, ya me ha tocado la fibra sensible y el sueño se ha esfumado.
-Vale, vale... ¿Dónde hay qué ir?


Tensión frente al pájaro del aire

A la media hora partimos. Mi madre, Pepe y Pati nos esperaban junto al hangar número 9. Una avioneta giraba desesperada por el aire. Los nervios se mascaban en el ambiente.
-Pati, como le pase algo a Pepe te mato.
-Pero si yo también voy a subir -exclama entre nervios y con su cigarro en la mano.
El piloto intenta quitarle leña al fuego. Diego insiste, él también quiere montar.
-No puedes hasta que cumplas dieciocho años -contesta el profesional del aire.
La avioneta parece sacada de la película "Casablanca". Tras varias explicaciones, Pati vuela por los aires: sube, baja, gira, cae... Una locura, pero siento que el gusanillo me empieza a picar. A la media hora Pepe toma el relevo. Parte hacia el cielo y escucho como el motor se para y también mi corazón. Tres segundos de caída libre (para mí una hora, que soy muy exagerada), ruge el motor y el avión asciende.
La pareja destila adrenalina y mucha felicidad. Una experiencia magnífica.

Súper Pepe el piloto

Domingo
Abrazo a Diego con fuerza.
-Ay, me da mucha pena que te vayas...
-No seas exagerada, me lo voy a pasar muy bien.
-Ya lo sé, pero te voy a echar mucho de menos...
Lunes
Diego, feliz, sube al autobús junto a sus amigos para ir a Tarifa.
Mis llamadas se suceden y me entero de que han estado en Granada, que comparte habitación con Alejandro, Rubén y Alberto. "Jo, las chicas tienen mucha suerte en sus bungalows hay microondas y televisión", se queja la primera noche.
-Emma, no seas neurótica, conque le llames una vez al día... -comenta Alonso con boca pequeña.
Sí, tal vez tenga razón. El jueves resisto y no le llamo a la hora de la comida para no agobiarle.
A las cinco de la tarde mi móvil suena desesperado.
-Mamá, ¿te has olvidado de mí?, ¿me tenías preocupado?...
No puedo evitar sonreír.
-Perdona.
-Me lo estoy pasando de maravilla. Ayer en la prueba de "talento" hicimos una pirámide. Te he comprado un regalo que te va a encantar. Ah, y esta tarde vamos a ver una ballena...
-Y por la noche, discoteca...
-Sí, y mañana de vuelta a Madrid.
-¿Te apetece volver?
-Sí, os echo de menos.
-Yo más. ¿Quieres que te llame esta noche?
-Ya sabes que si tú no me llamas lo haré yo...

Ay, que me lo como.

jueves, abril 01, 2010

Port Aventura, pura aventura


Hace más de quince años, cuando aún vivía en casa de mis padres, recibí una llamada.
-Emma, es para ti -gritó mi madre con cara de no saber quién estaba al otro lado de la línea.
-Síiii- contesté con mi desgana somnolienta de un sábado a las once de la mañana, mi malhumor matutino y maldiciendo a quién osaba despertarme a esas horas.
-Hola... -al escuchar su voz me despejé en un momento y con el temblor de manos (¡desgracia genética!) no pude evitar que el teléfono me golpeara continuamente la oreja- ¿Sabes quién soy?
-Sí- balbucí con dolor y rojez de oreja.
-Te llamo para ver si esta tarde te quieres venir conmigo y unos amigos al Parque de Atracciones.
-Vale...
Y aquella fue la primera cita casta con mi Alonso (más tarde, pasó lo que pasó, pero esa es otra historia). Desde entonces y hasta ahora, además de viajar por medio mundo, nos ha unido nuestra atracción por los parques temáticos: Disneyland París, Terra Mítica, Isla Mágica... Por supuesto, el regalo-sorpresa de Comunión de mi hermano Pepe lo decidimos en un santiamén: cuatro días en Port Aventura.
-¿Qué hacemos esta Semana Santa? -preguntó hace unos días mi Alonso.
-No sé, depende del tiempo...
-¿Y si nos vamos a Port Aventura con los niños? Ahora hay hoteles dentro del parque y creo que están muy bien. Podemos hacer como con Pepe, que vayan sin saber nada...
Sonreí, asentí y dejé todas las gestiones en sus manos.
El domingo, a las cinco de la mañana, partimos rumbo a Tarragona. Los niños hacían sus apuestas: "seguro que vamos a Asturias", "o puede que a Oliete"... Para aumentar su intriga les confundí un poco más: "No, chicos, nos vamos al Caribe".
-Mamá, eso es imposible, para ir al Caribe hay que coger el avión y tardamos más de cinco horas, nos estás engañando...
Según llegamos, los niños se mostraron muy escépticos, sin pistas con las que desvelar el misterio.

-Port Aventura -leyó Diego en un cartel-, ¿qué es Port Aventura?
Alonso y yo cruzamos atónitos nuestras miradas.
-¿Nunca habéis oído hablar de Port Aventura? -preguntamos al unísono.
-No...
El cartel del Hotel Caribe rompió nuestras caras de asombro. Los peques se emocionaron con la súper habitación, con las pulseras de acceso directo al parque, con el neceser que les regalaron... Dejamos las maletas y un pequeño tren nos acercó hasta el parque temático. Allí la felicidad se reflejó en sus sonrisas.
-¡Este sitio es genial! -gritaron mientras corrían por las distintas zonas: Mediterránea, Polinesia, México y el Oeste.
-Papá, ¿subes conmigo a la Furius Baco? -suplicó Diego.
-Venga, aunque mi espalda se va a resentir.
-¡Vamos, date prisa que hay mucha cola!
-Tranquilo, que he contratado el PortAventura Express Premium y no tenemos que hacer cola, accedemos directamente a las atracciones...
Pero la emoción duró un instante: a Diego le faltaba un centímetro para el 1,40 m (medida mínima para acceder a la súper atracción).
-Maldita sea, por un p... centímetro -maldijo Diego.
La pena voló al montar en la Estampida, El Tutuki Splash, Los troncos acuáticos (salimos tan empapados que mi móvil se rompió), El tren de la mina, Los rápidos, El Sea Odyssey 4D... y en los distintos espectáculos: Aves del paraíso, Bubblebue, Bang-bang west, Portaventura live...
Cuatro días de locura, desenfreno, risas, cansancio, emociones... Y por la tarde, en el hotel, mis hombres partían a la piscina y a la sauna mientras yo me daba un relajante baño con hidromasaje, me arreglaba y bajaba a recepción a tomar una copita de cava Anna de Codorniú, cortesía del hotel, y me sumergía en la lectura de "La estrategia del agua", de Lorenzo Silva.
-Alonso, esta vez te has pasado: hotel de lujo, sin hacer cola en las atracciones, cada tarde mi copita de champán y en el desayuno zumo de naranja natural... ¡Qué buen ojo tuve al pillarte!
-No sé, no sé....


PD. El último día Diego me tentó.
-Mamá, intentamos montar en la Furius Baco. Por favor, por favor...
-Venga.
Llegamos a la entrada Express, la responsable de la atracción nos miró, se acercó, abrió la puerta...:
-Por favor, colocaros allí, en breve subiréis a la Furius Baco.
Diego no podía contener su ilusión.
-Mamá, voy a llorar de felicidad... Ni siquiera me ha medido.
-Y yo voy a llorar de pánico.
Nos sentamos en los asientos anatómicos,  nos bloquearon con distintos cinturones, mis nervios se agarraron al estómago: preparados, listos.... ¡Bienvenidos a la Furius Baco!



domingo, marzo 21, 2010

Un placer primaveral: el Monasterio de Piedra

El lago del espejo

Desde que se modificó la matriculación de los coches, en mis viajes no puedo evitar obsesionarme con localizar los toros de Osborne y los silos (almacenes de trigo, cebada...) que plagan nuestras carreteras. Incluso, de vez en cuando, tengo un brote de sentimentalismo infantil, apago la radio y canto "cuando Fernando Séptimo usaba paletó, paletó..." o juego al veo-veo (mis hombres ya están acostumbrados y hacen de segundas voces).
Tras acabar la semana con una microrrotura fibrilar (Diego), las judías verdes quemadas, el pintor a punto de fallecer sobre la mesa de mi salón y otros pequeños percances, mi cuerpo reclamó una escapada, un huir hacia delante sin volver la vista atrás.
Alonso miró el tiempo.
-Parece que el sábado no va a llover.
-Pues nos vamos de excursión... -sentencié feliz al ver que las mimosas (¡me encantan!) habían florecido.
-Si quieres podemos ir a Sigüenza y a...
-No, nos vamos al Monasterio de Piedra que con todo lo que ha llovido este año tiene que estar precioso.
-Tú mandas, querida...



A primera hora del sábado, los niños subieron al coche con sus mochilas cargadas de cuadernos para dibujar las cascadas del Monasterio, sus cámaras de fotos y mucha emoción.
Allí, las plantas y flores despertaron los olores primaverales, el sonido del agua invitaba a desnudarse y lanzarse a nadar por las pozas y cataratas, la cueva misteriosa nos descubrió los secretos de la "cola de caballo" y la gruta, a soñar con Jack Sparrow y sus compinches... Las rachas de viento truncaron la exhibición de rapaces, pero pudimos observar el descenso en picado del águila real. En el lago de los espejos las truchas se escondían entre las algas...
-¡Qué sitio más maravilloso!- gritaron mis hijos.
Y un puñetazo de felicidad me golpeó con tanta fuerza que me hizo tambalear.

miércoles, marzo 17, 2010

Javier, su grupo de teatro y mi cartel

Desde que nos conocimos hemos participado en una competiva carrera para obtener la medalla de oro de la perfección. Sin mala sangre y con buen humor hemos batido para ver quién hacía mejor la tortilla de patata o unas torrijas. En algunas modalidades el vencedor estaba claro: Javier, medalla de oro al gran pintor (arriba, retrato que hizo de mi abuela) y yo, con la modestia que me caracteriza, medalla de oro al diseño de carteles o folletos... Además, Javier (aunque parezca increíble me supera en hiperactividad) participa en el Grupo de Teatro de la Fundación Barclays... Después de muchos ensayos el grupo comenzó su andadura por distintos teatros, pero antes Javier me pidió un favor: "Emma, me puedes hacer un cartel de la obra". Tras unas cuantas llamadas y un fluir de correos, le mandé su preciado tesoro.
Pasó el tiempo y entre mis bronquitis, los niños o el trabajo jamás pude acudir a sus representaciones. Por fin el sábado hice un hueco en la agenda y partí hacia el teatro.
Sonó el móvil.
-¿Dónde estás? -me preguntó Mariluz, la mujer del artista y gran amiga.
-Tranquila, ya estoy aparcando cerca del Bernabéu.
-Ay, que te has equivocado, es en la Fundación de Síndrome de Down. Date prisa, la obra empieza en diez minutos.
Volé por las calles de Madrid, aparqué y corrí con dolor de pies (¡malditos tacones!) hasta la entrada. Antes de entrar, un chute de ventolín. Sobre el escenario vi a Don Adefesio (Javier) que disimuladamente, con leves giros de cabeza, me indicó dónde estaba Mariluz. Aforo completo en el teatro. Me senté y empecé a disfrutar de la obra. Reí con el fantástico texto de Jardiel Poncela y con la soberbia actuación de los actores (para mí, auténticos profesionales).
En el descanso me ilusioné al ver a Robert, amigo con síndrome de Down que veranea en Guadarrama, y sus grandes muestras de cariño.
De nuevo, risas y al final, aplausos, muchos aplausos, todos en pie para felicitar a los actores.
Robert subió al escenario, Javier cogió el micrófono: "Aunque esta sea la primera vez que ha podido acudir, el grupo de teatro querría agradecer a Emma Peña el cartel que nos diseñó..."
Mi piel se erizó, las lágrimas se asomaron a mis ojos, Mariluz me dio pequeños empujones para que saliera al escenario... Beoda de emoción subí a recoger mi cartel dedicado por todos los actores, intenté transmitir la sensación de felicidad que estaba viviendo y se me trabaron las palabras... Dos besos a Robert, a Javier, mil gracias al resto... El público aplaudía y tuve mis dos minutos de gloria inmerecidos, porque el éxito es de ellos y quisieron regalarme un pellizco de su estrellato.


Mil gracias al Grupo de Teatro de la Fundación Barclays. Jamás lo olvidaré.


lunes, marzo 15, 2010

Aviso roedor

La frase que me dijo el albañil el primer día de la obra retumba y hace carambolas por mis neuronas.
-Señora, según las creencias de mi país, cuando en una casa entran ratoncitos de campo es que algo va a suceder- me explicó Aldalid súper convencido de su afirmación.
-Lo dudo, los ratones llevan aquí desde hace años... Además, hace mucho que abandoné las supersticiones, una absoluta pérdida de tiempo...
-Bueno, cada uno cree en lo que quiere... Yo sólo la aviso....
El viernes, tras cuatro días de obra, dejé que Diego se fuera con su amigo Alejandro y volví con Álvaro a casa para ver cómo iba la pintura del salón. Al abrir la puerta mi mente se bloqueó por el bombardeo de preguntas: ¿Qué hacen las paredes llenas de barniz?, ¿pero si yo sólo compré pintura?, ¿qué ha pasado?, ¿qué caos es éste?
-Ay, señora, menos mal que ha venido...
-Pues de casualidad, me iba a ir a casa de una amiga.
-Ay, no sabe lo que ha pasado, un drama...
El cuerpo de Adalid era una mancha de pintura, las escaleras y las paredes sudaban barniz y...:
-¿Qué ha pasado? -grité al contemplar el suelo lleno de cristales, una lámpara rota, la mesa pequeña del salón destrozada, mis adornos de barro destruidos... Miré aterrada a Adalid.
-Ay, señora, coloqué una escalera sobre la escalera que sube a la planta superior para pintar el hueco; para que no resbalara ubiqué un bote de barniz que tenía usted en el jardín y, no sé cómo, la escalera se deslizó, topé contra los escalones, caí por el hueco y aterricé sobre la mesa de cristal y el bote de barniz estalló...

Al imaginarme la escena mi cuerpo empezó a temblar.
-¿Qué te has hecho?, ¿te has roto algo?, ¿te has clavado algún cristal?....
-No, me duele todo el costado izquierdo, no puedo elevar el brazo y estoy muy magullado, pero mi amigo el Flaco me ha ayudado.
-¿Qué flaco?
-El Flaco, Jesús, el hijo de Dios...
Entre mareos y tambaleo fui al botiquín a por unos antiinflamatorios.
-Adalid, ¿seguro que estás bien?
-Bueno, molesto, pero ahora puede estar tranquila.
-¿Por?
-En mi país cuando creen que algo va a ir mal compran un perrito o un gato negro para que todo el mal caiga sobre él. Yo soy el extraño en su casa, por eso me he caído y me he llevado todo el mal. Ha sido cosa del Flaco, pero estoy tranquilo porque a su familia no le va a ocurrir nada... Ya le dije que cuando hay ratones es que algo va a suceder... ¡Menos mal que ya los hemos extinguido!
Me quedé muda por sus creencias y sin fuerzas para rebatirle.
-Venga, recoge y vete a descansar.
-Mañana vendré a primera hora.
-No, Adalid, mañana no podrás moverte. Te has caído desde dos metros de altura, te has estampado contra una mesa de cristal y milagrosamente no te has hecho nada. Tómate los antiinflamatorios, vete al médico y reposa.

El panorama de la casa era desolador: barniz por las paredes, la mesa rota... Antes de que me diera un paro cardíaco llamé a mi Alonso.
-No te vas a creer lo que ha pasado...
-Emma, de ti me creo cualquier cosa, ya lo sabes.
-No tiene gracia, ha sido horrible, catastrófico... -
Se lo relaté con voz entrecortada y por la noche las pesadillas no me dejaron dormir: ¿y si se hubiera matado?, ¿habría venido el juez para el levantamiento del cadáver?, ¿me habrían interrogado los del CSI?, ¿qué les iba a contar?, ¿tendrá Adalid esta noche un derrame interno?, ¿se habrá clavado algún cristal?, ¿y si el cristalito se desplaza por sus venas y le produce un ataque al corazón?
A primera hora llamé a Adalid para ver cómo estaba y si seguía vivo. Al colgar, respiré tranquila.
-Emma, ¿te has planteado dejar de escribir el blog?- preguntó Alonso con cara muy seria.
-No, ¿por qué?
-Porque no es normal que te ocurran tantas cosas, atraes a las situaciones extrañas...
-¡Pero si ha sido culpa de los ratones! -grité súper convencida.
-¿Qué?
-Vinieron a avisarnos, no les hicimos caso y mira lo que ha pasado.
-Emma, estás fatal, anda, duérmete un poco que tienes alucinaciones.