domingo, noviembre 29, 2009
Llegó el frío
-¡Me encanta! -susurro al estilo Julio Iglesias al contemplar mi genial familia.
viernes, noviembre 27, 2009
Seis añazos
-Mamá, ¿te puedo ayudar?
-Sí, parte las galletas y ponlas en la thermomix.
Álvaro ejerció de pinche de cocina y elaboramos una deliciosa tarta de queso (¡otra de mis perdiciones!) para endulzarnos la vida.
-Ahora, a dormir, que mañana es tu gran día.
Y el jueves 26 su hermano Diego le despertó tirándole seis veces de las orejas y su padre y yo nos lo comimos a besos y arrumacos.
-¿Dónde está mi regalo? -preguntó con una amplia sonrisa y legañas en los ojos.
-Tendrás que buscarlo... frío, frío... templado, templado... Huy, que te quemas.
Abrió mi armario y encontró su tesoro.
-¡La máquina de alienígenas de Ben 10! -gritó pletórico.
En la foto, su primera fiesta. Esta tarde lo celebará con toda su pandilla de amigos y el fin de semana eligirá su gran comida.
Y digo yo, ¿así cómo voy a adelgazar?
¡¡Felicidades, ratón!!
martes, noviembre 24, 2009
Bici paranormal
-Parece que a Diego se le ha salido la cadena -le comento a Ángeles con voz helada al ver la bici tirada en el suelo y a los niños revoloteando a su alrededor.
Ella asiente.
Nuestro informe técnico fue erróneo: el cambio de la bici estaba totalmente torcido, no había forma de colocar la cadena ni de que la bici se moviera.
-¿Les puedo ayudar? -preguntó un amable chaval que debió alucinar al ver el panorama: dos madres heladas intentando desentrañar los misterios ocultos de una bicicleta.
-Pues te lo agradecería... -contesté con mis manos negras por la grasa de la cadena.
-Huy, qué mala pinta tiene esto. ¿Se ha caído el niño de la bici?
-¡¡No!! -contestamos todos al unísono.
-Pues es una avería importante. Si queréis puedo tirar del cambiador de marchas (o algo parecido) para que podáis llevar la bici como si fuera un patinete pero corremos el riesgo de que se rompa.
-¿Controlas de bicis? -pregunté un poco intrigada.
-Sí, desde hace dos años soy técnico de reparación de bicicletas y jamás había visto una avería como ésta en una bici prácticamente nueva.
-Bueno, pues tira de donde tengas que tirar que a este paso nos vamos a congelar...
El agradable chaval tiró y logró que la bici se moviera.
Hasta el coche, un mínimo de dos kilómetros, el frío se multiplicó y nosotras además de llevar la merienda portamos la bici...
-Ángeles, ¿por qué siempre nos tienen que suceder cosas extrañas? Nos persigue un manada de burros, nos ataca un perro salvaje, se cae el perro del maletero cuando voy con tus hijos, se nos rompe la bicicleta de forma extraña...
-No sé, Emma, pero tal vez sea mejor que no volvamos a quedar -soltó Ángeles entre risas al despedirnos.
-Alonso -exclamé al entrar por la puerta-, no te vas a creer lo que nos ha ocurrido...
-De ti me creo cualquier cosa, amor.
-Huy, ese tonito no me gusta nada...
-Venga, qué extraño suceso paranormal te ha ocurrido esta vez.
-Pues que se ha roto la bici de Diego.
-¿Se ha caído?
-No, no, ha sido mientras pedaleaba. Se ha roto el cambio de la bici y...
Y Alonso puso esa cara que intenta contener el ataque de risa y sorpresa por nuestra historia surrealista.
-
viernes, noviembre 20, 2009
¿Dónde está?
La desesperación se multiplica por segundos.
En atención al cliente mi voz entrecortada da los datos más relevantes.
-Niño de cinco años, pantalón gris, jersey rojo... Se llama Álvaro Alonso.
-Tranquilícese -me dice una empleada mientras observa mi histeria.
De nuevo corro por el centro comercial, vocifero el nombre de Álvaro, tuerzo y me retuerzo por los cientos de pasillos, la megafonía insiste sin parar: "Por favor quien vea a un niño de cinco años perdido que lo acerque a atención al cliente. Su nombre, Álvaro". La gente me mira con cara de compasión. Siento la falta de oxígeno y la llamada insistente del asma. Acudo a la sección de juguetes, a la de adornos navideños... ¡Pero dónde se ha metido!, grito neurótica perdida.
Una mujer vestida de rojo corre hacia mí con una bandeja en su mano.
-¿Está buscando a un niño?
-Sí -contesto conteniendo las lágrimas.
-Lo acabo de dejar en atención al cliente. Le he dado un bombón pero me ha dicho que es alérgico a los frutos secos, por favor que no se lo tome tiene cacahuetes.
-Ay, muchas gracias -logro decir al abandonarla.
Ahogada llegó a atención al cliente y veo a mi "ratón" con ojos llorosos. La emoción derrama mis lágrimas.
-Cielo, ¿dónde estabas? -preguntó entre abrazos y besos.
-No sé qué ha pasado.
-Tranquilo.
-Mamá, mira lo que me han dado: una hucha, una canasta...
Observo a las dependientas y al servicio de seguridad de Hipercor y les regalo la mejor de mis sonrisas y les expreso mi máximo agradecimiento.
-Mamá, ¿me vas a comprar el estuche de los Bakugan por mi nueve en el dictado?
-Claro, a eso habíamos venido -suspiro agarrándole de la mano, regulando mi respiración entrecortada y relajando mi corazón taquicárdico.
sábado, noviembre 14, 2009
El hombre de negro
imaginó al detalle la situación:
Alonso, impaciente, observó por la mirilla. Tras una oscura gabardina, un gorro de fieltro negro y unas gafas de sol (¡a esas horas!) se escondía la persona que él tanto anhelaba ver. El silencio reinaba en la casa. Los niños dormían y su mujer se había ido a una cena de amigas. Abrió la puerta presionando el manillar para que no emitiera ningún sonido.
Bajo su brazo portaba una gruesa carpeta roída y el número de expediente, el 758 exactamente, marcado en su lomo.
-Sí, por supuesto. Pase.
Ambos hombres se sentaron frente al ventanal del salón. De fondo, el silbar del viento y hojas otoñales revoloteando y chocando contra el cristal.
-He hecho lo que me ha encargado. Ha sido difícil, pero lo he conseguido.
-Antes de que comience su relato quisiera ponerme una copa. ¿Me acompaña?
-Sí, tomaré lo mismo que usted.
Alonso abrió el arcón de la bebida, inspeccionó y extrajo un whisky de malta escocés, reserva, por supuesto. Los hielos chocaron al caer dentro de los vasos y se dejaron inundar por el líquido color oro con leves tonos ámbar.
Alonso se acomodó de nuevo en el sofá, respiró profundamente y preguntó lo que tanto temía.
-Y ahora, dígame, ¿qué ha descubierto sobre mi mujer?
El detective privado rozó sus gafas de sol, encendió un cigarro, retiró las gomas que sujetaban la carpeta, extrajo el expediente 758 y lo depositó sobre la mesa.
-Tengo buenas y malas noticias.
Alonso dio un trago largo a su copa.
-Dispare, por favor.
-Llevo varios meses siguiendo a su mujer, me he convertido en su sombra y creo haber descifrado toda la verdad. En el informe encontrará material fotográfico documentado y un informe detallado sobre todas sus actividades.
-Al grano, por favor.
-Sus temores eran infundados -un suspiro de alivio se escapó de la boca de Alonso- su mujer no le ha sido infiel. Es cierto que tiene mucha vida social, pero jamás ha cometido adulterio.
-Entonces, ¿cuál es la mala noticia?
-No sé cómo explicárselo, no tengo datos certeros, pero la actitud que mantiene su mujer la mayor parte de los viernes me ha hecho dudar. Cada vez que sale a cenar va con distintos grupos de amigas. Ella los denomina según su procedencia: Sando (compañeras del Saint-Dominique), Fifty (compañeras del trabajo, el 50% siguen allí y el otro 50% salió), Mamdi (mamás de los amigos de Diego), Mamal (mamás de los amigos de Álvaro), Fem (aquí no puede abreviar)... Tardé en descubrir sus códigos y en el informe verá que hay algunos pendientes de resolución.
-¿Y?
-Tras analizar la variedad de amistades femeninas que tiene me he planteado que tal vez su mujer...
-Mi mujer, ¿qué?
-Que tal vez esté escondida.
-¿Escondida?
-Sí, en el armario.
Una enorme carcajada rompió el silencio nocturno.
-Pues habrá sido su sombra durante todo este tiempo, pero creo que no conoce a mi mujer -intentó decir Alonso entre risas-. De todas formas, le diré que me ha alegrado la noche, que sus suposiciones me han parecido muy divertidas y que hoy dormiré a pierna suelta.
El hombre misterioso y desconocido estrechó la mano de Alonso y le entregó el expediente 758.
-Si me necesita para otro encargo, ya sabe dónde localizarme- dijo al despedirse y perderse por la oscuridad de la noche.
Alonso tras hojear el informe y las pruebas documentales escondió el expediente y se fue a dormir con su sonrisa.
A las dos y media de la madrugada, abrí la puerta de casa y el pánico me invadió. Tras unos segundos inmovilizada, corrí por la escalera, entré en la habitación y salté sobre él.
-Alonso, ¿quién ha estado esta noche en casa?
-Nadie -contestó somnoliento y asustado.
-Mentiroso, la casa huele a tabaco.
-Pero si tú fumas...
-Sí, pero en el jardín, sabes que en casa está prohibido y tú no fumas.
-No ha venido nadie, en serio.
-No me mientas...
Callé un instante, empecé a bajar la cremallera de mis botas y una idea me atacó con fuerza.
-Alonso, ¿no tendrás una amante y te has atrevido a traerla a casa?
-No seas peliculera...
-Y por qué huele a tabaco.
-Pues yo no huelo a nada. ¿Qué tal tu cena?
-Muy divertida, con muchos cotis... Mañana te lo cuento mejor que ahora tengo mucho sueño y estoy un poco mosca con el olor a tabaco... A ver si voy a tener que contratar a un detective para que investigue tus movimientos...
-¡Qué tonterías dices!
-No sé, amor.
miércoles, noviembre 11, 2009
Primada en Oliete
- Diego. Como un mayor se sentó en la barra del Higinio y se zampó el solito un platazo de aceitunas, pan y una coca-cola. Disfrutó al ir y volver en bici al pantano. Y pese a mis dudas por tanta juerga y poco estudio, sacó un nueve en "cono". ¡Ha heredado el memorión de su madre, je, je!
- Vitín. Por fin empezó a pedalear sin ruedines. Un campeón.
- Manuela. Refunfuñó cuando sus primos "mayores" no la hacían caso y rió cuando era la estrella.
- Álvaro. Se negó a comer con la cubertería con mango rosa (¡faltaría!). "Yo con tenedores normales", exclamó horrorizado al ver los cubiertos.
- Cayetana. Pura sonrisa... Siempre que su padre la llevara a hombros, por supuesto.
- Mónica. Subió hasta la iglesia de paquete en la bici de su primo y lanzó hechizos de la bruja Kika.
miércoles, noviembre 04, 2009
Doctora House
Hay días en que la autoestima se multiplica por mil. Hoy es uno de ellos.
-Emma, me encuentro fatal. Esta noche no he dormido nada. Me despierto continuamente con sequedad de garganta y carraspeo. Ya no sé qué hacer. A lo largo de este año me han hecho mil pruebas: análisis, han comprobado que no tengo apnea después de dormir una noche en la unidad de sueño... Y no dan con mi mal. ¡Qué desesperación! -se quejó mi padre por teléfono.
-Pero sólo te ocurre por la noche, ¿no?
-Sí, durante el día estoy mejor salvo que estoy cansado por dormir tan mal. No lo entiendo, ayer por ejemplo cené unos mejillones al vapor...
-Papá espera, ahora te llamo, quiero comprobar una cosa.
Bajé como una loca al ordenador y empecé a buscar en Google. ¡Eureka!, grité y llamé rápidamente a mi padre.
-Papá, no te rías de mí, pero te voy a proponer una cosa. No pierdes nada por hacerme caso y puede que así solucionemos tu sequedad de garganta.
-Tú dirás, Emma.
-Al contarme lo que te ocurre me he acordado de un capítulo de House en el que el paciente está a punto de morir hasta que House se percata de que es alérgico a la quinina.
-¿Y?
-Pues que el paciente tomaba gin-tonics y la tónica tiene quinina, en dosis muy bajas pero si eres alérgico te produce grandes daños. Siempre he pensado que tu sintomatología era claramente alérgica, prueba no tomar tónica y así vemos si es que eres alérgico a la quinina.
-Emma, parece de coña.
-Ya, pero todas las noches te tomas un gin-tonic y justo después es cuando empiezas con el malestar.
-Sí, pero...
-Tal vez me equivoque, pero no perdemos nada.
-Está bien, haré lo que tú dices.
Mi padre me hizo caso y, oh, misterios de la vida, esa noche durmió plácidamente, sin despertares bruscos y sin molestias en la garganta.
-¿Qué tal has dormido, papá? -le pregunté a primera hora de la mañana.
-De un tirón, Emma, es increíble... Fíjate que antes había eliminado la ginebra, pero a cambio me tomaba un bote de tónica con hielo. Era peor el remedio que la enfermedad... Es surrealista.
Ha pasado más de una semana. El tratamiento parece que funciona y yo, que soy súper modesta, estoy emocionada por haber dado con el quid de la cuestión, por ser serieadicta y por tener una memoria de elefante que me permitió hacer tan fantástico diagnóstico. ¡Gracias Dr. House!
lunes, noviembre 02, 2009
Terrorífico Halloween
Una vez tomada la decisión (¡el sábado súper fiesta de Halloween en casa!) y tras comunicársela a mi santo que puso cara de pocos amigos, empecé con los distintos motivos para la decoración: murciélagos, arañas, calabazas... y a elaborar en mi mente un menú terrorífico acorde con las circunstancias. Alonso entraba cada día, observaba y mostraba su sorpresa: la pequeña mesa del salón simulaba ser el ataúd de Drácula, las telas de araña flotaban por cada esquina...
-Emma, tu pasión por organizar fiestas es enfermiza... -decía a media voz intentando que no le oyera.
-¡Qué exagerado Alonso! -contesté mientras los niños me ayudaban a colgar un tétrico esqueleto al que se le iluminaban los ojos rojos y chillaba como si le estuviesen degollando.
Mi gran optimismo me hizo creer que el viernes iba a tener tiempo para rematar los pequeños detalles que aún me faltaban. Me equivoqué: comida en casa de mi abuela con mis primos Marcos y Carlos, charla de madres al ir a recoger a los niños al colegio... A las siete entré por la puerta de casa, Álvaro y yo invadimos la cocina para preparar la tarta de "ojos con sangre" (¡lo que me costó que los ojos se sumergieran en la gelatina!, una auténtica pesadilla!) y las uñas de vampiro. Miré el reloj y sentí que el tiempo me apresaba. Rápidamente acicalé a mi pequeño, preparé su cena, me restauré como pude y según entró Alonso por la puerta, le besé y me despedí de él.
-Cielo, me voy, tengo cena con las "dominicas". En breve, vendrá Diego que se ha ido a casa de Acasuso, Álvaro ya está duchado... Te quiero... ¡Cuídame a las fieras!... Ah, ten cuidado con las telas de araña y que Lucas no clave sus uñas en el ataúd de Drácula...
Alonso, asintió y ni me contestó (¿pensará que estoy loca?).
Pasé a recoger a Marta y nos juntamos con el resto (Marisa, Sylvia y Mamen) en el restaurante "Tomate" (súper "in", que para eso somos dominicas). La velada estuvo salpicada de anécdotas, risas, alguna que otra crítica (¡que somos dominicas y no lo podemos evitar!, je, je) y muchas dosis de felicidad. Sin darnos cuenta entre mojitos y gin-tonics nos dieron las tres de la mañana. Sonreí feliz, ¡iba a tener ojeras naturales en Halloween!
El sábado brinqué de la cama a las diez, preparé los "mocos con huevo", "las lombrices asquerosas", "el sorbete de monstruo"...
-¿Vas a venir al fútbol? -me preguntó mi Alonso al verme tan atareada.
-Por supuesto, amor.
Y allí me fui yo, la gran forofa del "Santa María de Hispanidad" a gritar como una loca, a animar y a disfrutar, a disfrutar porque ganamos.
Salimos ilusionados y pletóricos del partido.
-Alonso, ahora que lo pienso hay mucha comida para cenar pero nada para comer...
-Venga, vampirilla, nos vamos a un italiano a comer.
Por fin, a las ocho de la tarde comenzó la invasión: vampiros, esqueletos, zombis, brujas, arañas... Las pociones mágicas embrujaron el ambiente, la sangre se diluyó entre ojos sangrantes.... La puerta sonaba cada cinco minutos, momias y dráculas pedían caramelos... Todos reímos, soñamos entre telas de arañas, gritamos con los sustos infantiles... Y, como remate final, los fuegos artificiales hicieron sentir a los pequeños monstruos que vivían en un mundo de ensueño. ¡Feliz Halloween!
IMÁGENES DE HALLOWEEN
viernes, octubre 23, 2009
Gripe D
domingo, octubre 18, 2009
Tengo el cuerpo fatal...
domingo, octubre 11, 2009
Érase una vez...
lunes, octubre 05, 2009
Sobre fiestas y cuchis
miércoles, septiembre 30, 2009
El ritmo de septiembre

domingo, septiembre 20, 2009
Horteradas y cumpleaños
El cumpleañero feliz junto a su tartaAgotada y derrengada de tanta horterada percibí que el día 19, cumpleaños de Diego, estaba a la vuelta de la esquina.
-Mamá, este año lo quiero celebrar en el Juan Carlos I, como siempre...
Mi mente me imagino preparando sandwichs como una loca mientras tendía una lavadora y quitaba el polvo de las estanterías.
-Claro, como tú quieras... -contesté a punto de pisarme mis enormes ojeras.
El miércoles entregó las invitaciones, el jueves llovió a cántaros y vi el cielo abierto.
-Diego, lo suspendemos hasta el viernes que viene.
-Jo, mamá
-No sufras, el sábado lo celebramos con la familia...
Alonso apagó el aspirador, me miró atónito y sentenció:
-Emma, en casa no hacemos una fiesta, lo celebramos en un restaurante, que a este paso nos vamos a desmayar.
Ni me quejé, ni rechisté... Asentí con tal fuerza que casi me contracturo el cuello.
El sábado, feliz, Diego celebró su cumpleños en "Matsuri", restaurante asiático, junto a su bisabuela, sus abuelos, Pepe, Pati, y nosotros tres. Álvaro, además, encontró allí a su mejor amigo y presumió de todos sus "Bakugan" (última moda infantil). El vino rosado inundó la mesa; el sushi, los paladares y las risas nos acompañaron hasta que Diego sopló sus 10 velas. Ay, qué mayor
¡Feliz cumpleaños, Diego!
PD. Hoy es mi cumpleaños y a la horterada casera hay que unirle que trabajo. ¡Hortera, que soy una hortera!
Diego con su abuelo y su mamá (en la foto estoy horrorosa, en la realidad, no, je, je)
La parejita haciendo el gansomartes, septiembre 15, 2009
Reunión de amigas del Saint-Dominique
- Súper premio para Esther que organizó la fiesta y montó un emotivo power point con imágenes de ayer y de hoy.
- Premio especial para Ángeles y Almudena que vinieron desde París y Valencia... Fantásticas
- Premio general para todas por estar tan divinas. ¡Faltaría!
jueves, septiembre 10, 2009
Vuelta al cole
-Venga, a dormir, que mañana no va a haber forma de despertaros -supliqué varias veces.
-Ay, mamá, me siento tan nervioso como la noche de reyes... No tengo sueño... Tengo tantas ganas de ver a mis amigos... -sollozó Diego.
-Pero si ayer cenamos con muchos de ellos.
-Ya, pero no he visto a Enrique.
-Anda, duérmete.
-¡Qué nervios!
-¡¡¡Mamá!!! -gritó Álvaro desde su habitación.
-¿Qué ocurre?
-Que yo no quiero ser bilingüe. Cuando haya inglés me voy a ir al patio. Habla con doña Carmen y dile que yo no "hago" bilingüe.
-Eso no puede ser.
-¿Por qué?
-Porque si no vas a clase la directora me obligará a cambiarte de cole.
-Bueno, seré bilingüe... Odio el colegio.
A las ocho de la mañana Diego ya estaba vestido y preparado para salir.
-Álvaro, date prisa, que no quiero llegar tarde.
-Pues yo no quiero ir al cole.
Por primer año Álvaro lucía su pantalón gris, polo blanco y jersey rojo con el escudo del colegio... Más guapo, más mayor.
-Álvaro, este año las chicas de tu clase van a ir con falda, va a ser tu primera experiencia -le explicó Diego muy serio.
Intenté contener la risa.
-¿Y cuál es la experiencia? -preguntó Álvaro intrigado.
-¿Sabes lo que hacía yo con mis amigos?
-No, ¿el qué?
-Nos tumbábamos debajo de las escaleras huecas y cuando bajaban las niñas les veíamos la bragas.
-¡¡¡Diego!!! -grité con media sonrisa-, no le cuentes eso a tu hermano, eso no hay que hacerlo.
"Tú hazme caso", oí que le susurró al pequeño.
En el colegio los abrazos de los amigos sonaban por todo el patio, la emoción y las sonrisas contagiaban a los padres que, felices, suspiramos al sentir de nuevo la tranquilidad y el descanso después de unas largas vacaciones.
¡Viva la rutina!
sábado, septiembre 05, 2009
Yo quiero...
jueves, septiembre 03, 2009
De todo un poco
A las doce y un minuto de la noche los niños se abalanzaron sobre su padre para tirarle de las orejas, felicitarle y darle su regalo. Alonso lo abrió encantado hasta que comprobó que los altavoces (con radio y reloj, lo último de lo último) no tenían entrada USB. Al segundo, mi imperfección generó unos espasmos que convulsionaron todo mi cuerpo y produjeron sudores fríos sobre mi frente.
-Emma, tranquila, mañana lo cambiamos, no pasa nada...
¡Qué fallo, por Dios, cómo he podido errar por una puñetera conexión USB!, ¡y encima nos invita a cenar al Matsuri!... Si es que es un sol...¡Muchas felicidades!
domingo, agosto 30, 2009
El invierno ya está aquí
- La reina en el palacio de las corrientes de aire (Stieg Larsson) Adicción total
- El silencio de los claustros (Alicia Giménez Bartlett) Entretenido. Falla la edición
- La mujer del lunar (Haka Nesser) Policíaco
- El martillo azul (Ross Macdonald) Un clásico
- Nadie llora al muerto (Deborah Crombie) Un descubrimiento
- La mujer de verde (Arnaldur Indridason) Lloré mucho, pero me encantó
sábado, agosto 08, 2009
Me lo tengo merecido
¡¡Felices vacaciones!!
Mientras, los resúmenes de mi amado:
lunes, agosto 03, 2009
Ataques veraniegos
Quisiera poner en su conocimiento para que traslade a las autoridades pertinentes los sucesivos intentos de asesinato que se están cometiendo sobre mi persona.
Los hechos se iniciaron durante el invierno (caso 1, caso 2) aunque gracias a mi audacia e inteligencia logré sobrevivir. Durante estas fechas veraniegas los "modus operandi" se han modificado y a duras penas logró esquivar los atentados sobre mi persona. No quiero alargar mi relato, así que detallaré punto por punto lo últimos acontecimientos.
Los autores de semejantes atrocidades son todos del género masculino (siempre estoy rodeada por ellos).
PRIMER INTENTO
Hace una semana mi padre nos alegró con su presencia y ejerció de "súper abuelo". Todas las tardes acudía con sus nietos a la piscina. A última hora aparecía yo con mi modelito de bañador que combinaba con el pareo, una cinta en el pelo (también del mismo tono) y mis gafas de sol. Según me veían empezaban a gritar números.
-¡32! Ya llevamos treinta y dos -vociferaban emocionados.
-¿Treinta y dos qué? -pregunté atónita.
-Que ya hemos nadado treinta y dos largos, es decir, 800 metros y vamos a llegar a los 1000 como mínimo. -me explicaba mi padre mientras palmeaba emocionado a Diego.
-Venga, ahora te toca a ti, mamá -gritaron mis hijos.
Lancé mi pareo, mis gafas de sol, mi cinta, me puse mis gafas de nadadora y me tiré a la piscina. Antes de hacer el primer largo Álvaro se lanzó sobre mí.
-Mami, llévame como un caballito -suplicó feliz.
Y seguí nadando con él a mi espalda, con la respiración entrecortada y hundiéndome cada vez más con su peso. A los ocho largos salí por la escalera, extendí mi toalla y asumí mi derrota.
-¡Cuarenta, cuarenta! -aullaban mi padre y Diego por la piscina.
Les miré entre respiración y respiración.
-Emma, ¿harás con nosotros el año que viene el descenso de la ría Navia? Estaría genial que lo nadásemos tres generaciones... -me consultó mi padre.
-Ni lo sueñes, papá...
-Jo, mamá, qué sosa eres -se quejó Diego
Y en ese momento percibí como con antelación y alevosía querían asesinarme en mitad de la ría. ¡¡No lo permitiré!!
SEGUNDO INTENTO
El segundo intento sucedió en Segovia. Mis hijos, tras mermar mis energías matutinas en la piscina, me despertaron de la siesta con gritos de emoción.
-¡Despierta, que nos vamos en bici!
Alonso también estaba pletórico analizando por dónde ir.
-Hoy nos vamos a Santa María de Riaza por el camino que va en paralelo junto al río -informó a toda la tropa.
Llené mi mochila rosa con botellitas de agua, yogures de beber y galletas y la coloqué en la cestita monísma de mi bici de diseño (la admiración del pueblo, que conste). Salí pedaleando toda mona y empecé a botar por el camino de tierra. Mi culo rebotaba sobre el sillín, mi mofletes empezaron a coger un tono rojo congestionado, mis gemelos se endurecieron... ¡Y solo habíamos recorrido dos kilómetros!
Me fijé en Álvaro y vi mi tabla de salvación.
-¡Alonso! -emití en un intento de grito- Para.
-¿Qué ocurre?
-Álvaro está agotado. Si llegamos hasta el final no sé si tendrá fuerzas para volver. ¿Qué te parece si retorno con él a casa?
-Vale, nos vemos luego, sigo con Diego.
Álvaro y yo volvimos derrengados, parando cada 100 metros para beber agua y retomar energías, sudando como pollos, con el viento en contra y cuesta arriba... Por suerte, el segundo intento, fallido.
TERCER INTENTO.
Al día siguiente la excursión ciclista fue hasta Corral (pueblo que dista tres kilómetros de Saldaña). Alonso y Diego se alejaron rápidamente del pelotón y lucieron su estilo de pedaleo. Álvaro y yo, a nuestro ritmo, avanzamos poco a poco. A lo lejos, el campanario de Corral.
-Venga, Álvaro, que no nos queda nada -le dije con ánimo deportista.
Todo el camino era cuesta arriba, mi culo más que culo era puro granito, los gemelos estaban petrificados, los pulmones se ahogaban de tanto aire puro, mi respiración entrecortada no me permitía hablar más, el corazón estaba a la altura de la garganta... Paré y empujé un poco la bici...
-Venga, mamá -dijo Álvaro, que con cinco años tiene más energías que yo.
Sí, me quieren matar, pero yo llego a Corral como sea.
Por fin llegamos. Alonso y Diego descansaban plácidamente en la terraza del bar. Según nos vieron empezaron a aplaudir.
-¡Muy bien, campeones! -elogiaron entre sorbo y sorbo de su coca-cola- Emma, ¿te ha costado mucho?
Intenté hablar pero sentí todos mis órganos descolocados: el corazón en la garganta, los pulmones en los hombros... Giré negativamente la cabeza y aposenté mi culo granito sobre la silla. Al cabo de unos minutos pude articular palabra.
-¡Una coca-cola light, asesinos!
PD. Querido inspector, debo reconocer que la vuelta desde Corral fue fantástica (todo cuesta abajo) pero por la noche cenamos en Ayllón y el desorden de mis órganos me produjo una indigestión nocturna (¿cuarto intento de asesinato?).
En fin, espero que tramiten mi denuncia y estén pendientes de mi integridad física (¿me cambiarán en Marruecos por unos camellos?)
Atentamente
La futura asesinada
¡Viva el deporte!
miércoles, julio 29, 2009
Retazos del verano
Los fieras, delante y en segunda fila, José y yo intentado que Álvaro no saliera despedido
PARQUE DE ATRACCIONES. Los niños no aguantaban los nervios. "¡Nos vamos ya, nos vamos ya!", me gritaban por el teléfono. "Chicos, tranquilos, en cuanto salga del periódico...". A las 18:30 h. aterrizamos en la entrada del recinto. Ángeles, Gema, José y yo ejercimos de padres ejemplares y corrimos tras los seis niiños que no paraban de subir y bajar de las atracciones. Mi vocación infantil me obligó a sacarme la pulserita para montar en todos los cachivaches. Como un loca me lancé por los Rápidos. Antes de que se me secaran los vaqueros me deslicé por otra atracción de agua. Después, aviones, barco Misisipi, Jungla... y tres veces por la montaña rusa de troncos (de nuevo, los pantalones encharcados)... Como aún tenía fuerzas mis hijos decidieron aniquilarlas y me obligaron a montar (Álvaro tenía que ir con un adulto) a unos columpios que giran a toda velocidad desde una plataforma. Mis pies volaban y el mareo hizo su aparición. Miré el reloj y respiré tranquila. "Bien, es la hora del cierre", suspiré. Pero mi respiro duró dos segundos, los infantes me rogaron que subiera a unos puñeteros avioncitos que daban vueltas y vueltas mientras subían al cielo de Madrid. Salí haciendo eses como una borracha, mareada de tanto giro y rogando para que el reloj rozara las doce de la noche y, ¡oh, qué pena!, cerraran el Parque de Atracciones.
El cansancio nos llevó hasta casa (bueno, más bien el coche de Ángeles).
-Estoy rota, Alonso. ¿Qué has hecho en tu tarde de libertad?
-Me he ido al cine.
-Y qué has visto.
-"Millenium"
... Yo le mato
Volando en la lanzadera infantil (¡menos mal que a mí no me dejaron subir!)
PISCINA. Todos los días los baños se suceden. Salgo de trabajar, me cambio y me tiro de cabeza para refrescarme. Unas partiditas de cartas (¡qué dominio del tute, el cinquillo, el uno...) y más chapuzones.
El domingo todo estaba listo: la bolsa, las cremas, los bañadores... Hasta que..
-Chicos, ¿habéis visto mi cartera?
-No
-Venga, en serio, que no me hace gracia.
-Jo, mamá, que no la hemos visto.
-Pues todos a buscar...
Alonso, en pijama (tenía que ver la carrera de Fórmula 1), me miraba con esa cara que pone cuando a mí me ocurre algo extraño, esa cara que describe sus pensamientos ocultos, sus quejas sobre mis desastres.
-Venga, Alonso, ayúdanos.
Todos rebuscamos por casa, por el coche... La cartera no aparecía.
Como la última vez que la vi fue en el periódico me desplacé hasta allí con gran pereza. Los de seguridad me miraron atónitos (los domingos por la mañana la redacción está cerrada).
-¿Qué le ocurre?- me preguntaron intrigados al verme con mi vestido veraniego y mi bañador.
-He perdido la cartera. No sé si me la dejé ayer sobre mi mesa o si la tiré a la papelera cuando hice limpia de papeles... Y, claro, tengo las tarjetas de crédito...
-Las mujeres de la limpieza pasaron anoche, como la tirara a la papelera... -me comentó una simpática "segurata" al abrirme la desierta redacción.
La cartera no estaba, las papeleras mostraban su vacío... Corrí a casa, relaté mi aventura, llamé al banco y al Corte Inglés y cancelé todas mis tarjetas.
-Mamá, ¿nos vamos a la piscina? -rogaron los niños.
-Sí, total ya no puedo hacer nada...
Y entonces cogí la bolsa de piscina y me quedé ojiplática al comprobar que sobre las toallas descansaba mi cartera.
-Alonso, no te lo vas a creer...
-De ti me creo cualquier cosa, amor .
-... La cartera estaba en la bolsa de piscina, la debí meter cuando puse las cremas
-Eres la leche.
-Ay, y ahora no tengo tarjetas de crédito, ¡qué horror!
Seguiré con las pinceladas....
lunes, julio 20, 2009
Descanso estival
-Emma, ¿por qué no montas una guardería? -pregunta Alonso al percibir que todos los niños que hay en casa se han dormido a las dos de la mañana.
-No, una guardería no, pero me encantaría tener el tercero.
-Ay, qué masoca eres...
-Venga, corazón
miércoles, julio 15, 2009
Amada tecnología
-Hola, verás... A ver... bueno, que he perdido el tiquet del parking, pero te prometo que acabo de llegar... He comprado unos bañadores en Neck Neck, dos litros de coca-cola light en Sánchez Romero... No sé cómo lo he podido perder... ¿Tendré que pagar todo el día de parking?... Ay, no entiendo qué me ha ocurrido... -solté como una ametralladora.
-Tranquila, todo tiene solución, ¿me puedes decir la matrícula de tu coche?
Por suerte mi memoria no me fallo y se la dije rápidamente.
-Toma, con este tiquet podrás salir. Hasta luego -dijo el amable agente de seguridad.
Perpleja subí al coche, arranqué y elogié el moderno sistema de identificación de matrículas del centro comercial que me salvó del desastre. Uff, me parece que se lo contaré a Alonso a la hora de la cena...
martes, julio 14, 2009
Loft rural
P.D. Cuando acabemos publicaré las fotos del antes y después.
lunes, julio 06, 2009
Seducción gastronómica
-Hola Emma. Soy Pablo, ¿cuándo puedo ir a tu casa para estar con Diego?
-Huy, hoy no puede ser, pero si quieres vente el lunes y te quedas a dormir.
-Vale -contestó con ilusión.
El lunes por la tarde la casa rebosaba de niños: Diego, Álvaro (los míos) y Pablo y su hermano Nacho que tiene la misma edad que Álvaro. Chapotearon en la piscina, vieron sus dibujos favoritos, comieron palomitas y por fin a la una y media de la mañana después de unos cuantos gritos se durmieron.
A las nueve les estaba preparando el desayuno que les había prometido: tortitas con nata. Según daba vuelta y vuelta a cada tortita notaba como el sudor recorría mi frente. Mi mente me trasladó a Estados Unidos y me imaginé como el típico negro de las películas que no para de hacer hamburguesas frente a la ardiente plancha de cocina. Un grito me devolvió a la realidad. "Mamá, ¡¡queremos más tortitas!!", gritó Diego desde el jardín. Cumplí sus órdenes, me senté con ellos y observé como dos tortitas seguían huérfanas sobre el plato.
-¿No vais a comer más? -interrogué perpleja.
-No, ya estamos llenos -contestaron al unísono y corrieron a jugar.
Allí estaba yo y sobre el plato estaban ellas. Demasiada tentación. Sin darme cuenta noté como me empezaban a engatusar, incluso percibí un seductor guiño de ojo. No, tengo que aguantar, me dije con pleno convencimiento. Las tortitas me miraron con pasión y deseo. Me hice la dura, me encendí un cigarro y evité observar la tentación. Pero, ay, cuando noté como lloraban con desconsuelo me dejé seducir. Sí, lo sé, en materia gastronómica soy muy facilona (en otras materias no lo voy a desvelar) y me daban tanta pena las tortitas. Apagué el cigarro, acerqué el plato y... Y vi al pobre bote de nata montada melancólico y abandonado. Me miró con tristeza y... Y cogí el bote de nata, formé una montaña, me zampé las dos tortitas repletas de nata, gocé de la mezcla de sabores y... Y me entró el cargo de conciencia, pensé en la operación biquini, en los vestidos que me acababa de comprar... Decidido, el lunes retomo la dieta... Pero, ¡qué ricas estaban las tortitas, qué sabrosas, que dulzonas!... Puro placer.

