domingo, noviembre 29, 2009

Llegó el frío

"Chop, chop", canturrea el cocido a fuego lento sobre la vitro. Su olor inunda la cocina. En el salón Alonso devora el "Esquire". Sobre la mesa, un montón de periódicos. Álvaro disfruta con uno de los regalos que le hicieron sus amigos, la pista de coches "Hot Wells". Diego repasa sus exámenes de evaluación. En sus descansos, un partido de tenis en la Wii. Sufro al ver perder a Del Potro (¡qué hombre!) en la final de la ATP. Una siesta tras la comida. El teléfono está mudo. La lluvia, el frío, el aire huracanado dominan el exterior. La calefacción caldea el hogar. Primer fin de semana invernal, sin vida social, todos juntos en casita.
-¡Me encanta! -susurro al estilo Julio Iglesias al contemplar mi genial familia.

viernes, noviembre 27, 2009

Seis añazos


Álvaro soplando la fantástica tarta que hicimos el día anterior


-Mamá, ¿te puedo ayudar?
-Sí, parte las galletas y ponlas en la thermomix.
Álvaro ejerció de pinche de cocina y elaboramos una deliciosa tarta de queso (¡otra de mis perdiciones!) para endulzarnos la vida.
-Ahora, a dormir, que mañana es tu gran día.
Y el jueves 26 su hermano Diego le despertó tirándole seis veces de las orejas y su padre y yo nos lo comimos a besos y arrumacos. 
-¿Dónde está mi regalo? -preguntó con una amplia sonrisa y legañas en los ojos.
-Tendrás que buscarlo... frío, frío... templado, templado... Huy, que te quemas.
Abrió mi armario y encontró su tesoro.
-¡La máquina de alienígenas de Ben 10! -gritó pletórico.
En la foto, su primera fiesta. Esta tarde lo celebará con toda su pandilla de amigos y el fin de semana eligirá su gran comida.
Y digo yo, ¿así cómo voy a adelgazar?
¡¡Felicidades, ratón!!

martes, noviembre 24, 2009

Bici paranormal

El aire sopla con fuerza, el viento se cuela entre la ropa, los kleneexs retiran los moquillos helados que salen por mi nariz y el pelo revolotea sin control. Ángeles, a mi lado, se esconde bajo su cazadora. Aceleramos el ritmo del paseo para ver si así espantamos al frío. Diego, Álvaro y Alejandro pedalean emocionados por el parque y detrás, nosotras tiritando y con la merienda a cuestas.
-Parece que a Diego se le ha salido la cadena -le comento a Ángeles con voz helada al ver la bici tirada en el suelo y a los niños revoloteando a su alrededor.
Ella asiente.
Nuestro informe técnico fue erróneo: el cambio de la bici estaba totalmente torcido, no había forma de colocar la cadena ni de que la bici se moviera.
-¿Les puedo ayudar? -preguntó un amable chaval que debió alucinar al ver el panorama: dos madres heladas intentando desentrañar los misterios ocultos de una bicicleta.
-Pues te lo agradecería... -contesté con mis manos negras por la grasa de la cadena.
-Huy, qué mala pinta tiene esto. ¿Se ha caído el niño de la bici?
-¡¡No!! -contestamos todos al unísono.
-Pues es una avería importante. Si queréis puedo tirar del cambiador de marchas (o algo parecido) para que podáis llevar la bici como si fuera un patinete pero corremos el riesgo de que se rompa.
-¿Controlas de bicis? -pregunté un poco intrigada.
-Sí, desde hace dos años soy técnico de reparación de bicicletas y jamás había visto una avería como ésta en una bici prácticamente nueva.
-Bueno, pues tira de donde tengas que tirar que a este paso nos vamos a congelar...
El agradable chaval tiró y logró que la bici se moviera.
Hasta el coche, un mínimo de dos kilómetros, el frío se multiplicó y nosotras además de llevar la merienda portamos la bici...
-Ángeles, ¿por qué siempre nos tienen que suceder cosas extrañas? Nos persigue un manada de burros, nos ataca un perro salvaje, se cae el perro del maletero cuando voy con tus hijos, se nos rompe la bicicleta de forma extraña...
-No sé, Emma, pero tal vez sea mejor que no volvamos a quedar -soltó Ángeles entre risas al despedirnos.
-Alonso -exclamé al entrar por la puerta-, no te vas a creer lo que nos ha ocurrido...
-De ti me creo cualquier cosa, amor.
-Huy, ese tonito no me gusta nada...
-Venga, qué extraño suceso paranormal te ha ocurrido esta vez.
-Pues que se ha roto la bici de Diego.
-¿Se ha caído?
-No, no, ha sido mientras pedaleaba. Se ha roto el cambio de la bici y...
Y Alonso puso esa cara que intenta contener el ataque de risa y sorpresa por nuestra historia surrealista.
-

viernes, noviembre 20, 2009

¿Dónde está?

Miro a la izquierda, a la derecha, al frente, detrás... No le veo. Comienzo a gritar como una loca y a correr. Los pasillos se difuminan como en "Matrix". Soy el centro de atención: mirada perdida, cuello girando casi a 360 grados, cara roja congestionada...
La desesperación se multiplica por segundos.
En atención al cliente mi voz entrecortada da los datos más relevantes.
-Niño de cinco años, pantalón gris, jersey rojo... Se llama Álvaro Alonso.

-Tranquilícese -me dice una empleada mientras observa mi histeria.
De nuevo corro por el centro comercial, vocifero el nombre de Álvaro, tuerzo y me retuerzo por los cientos de pasillos, la megafonía insiste sin parar: "Por favor quien vea a un niño de cinco años perdido que lo acerque a atención al cliente. Su nombre, Álvaro". La gente me mira con cara de compasión. Siento la falta de oxígeno y la llamada insistente del asma. Acudo a la sección de juguetes, a la de adornos navideños... ¡Pero dónde se ha metido!, grito neurótica perdida.
Una mujer vestida de rojo corre hacia mí con una bandeja en su mano.
-¿Está buscando a un niño?
-Sí -contesto conteniendo las lágrimas.
-Lo acabo de dejar en atención al cliente. Le he dado un bombón pero me ha dicho que es alérgico a los frutos secos, por favor que no se lo tome tiene cacahuetes.
-Ay, muchas gracias -logro decir al abandonarla.
Ahogada llegó a atención al cliente y veo a mi "ratón" con ojos llorosos. La emoción derrama mis lágrimas.
-Cielo, ¿dónde estabas? -preguntó entre abrazos y besos.
-No sé qué ha pasado.
-Tranquilo.
-Mamá, mira lo que me han dado: una hucha, una canasta... 
Observo a las dependientas y al servicio de seguridad de Hipercor y les regalo la mejor de mis sonrisas y les expreso mi máximo agradecimiento.
-Mamá, ¿me vas a comprar el estuche de los Bakugan por mi nueve en el dictado?
-Claro, a eso habíamos venido -suspiro agarrándole de la mano, regulando mi respiración entrecortada y relajando mi corazón taquicárdico.

sábado, noviembre 14, 2009

El hombre de negro

Mi mente serieadicta y calenturienta
imaginó al detalle la situación:

En mitad de una noche de viernes un hombre llamó a la puerta.
Alonso, impaciente, observó por la mirilla. Tras una oscura gabardina, un gorro de fieltro negro y unas gafas de sol (¡a esas horas!) se escondía la persona que él tanto anhelaba ver. El silencio reinaba en la casa. Los niños dormían y su mujer se había ido a una cena de amigas. Abrió la puerta presionando el manillar para que no emitiera ningún sonido.
-Buenas noches. ¿Me esperaba? -dijo el desconocido misterioso.
Bajo su brazo portaba una gruesa carpeta roída y el número de expediente, el 758 exactamente, marcado en su lomo.
-Sí, por supuesto. Pase.
Ambos hombres se sentaron frente al ventanal del salón. De fondo, el silbar del viento y hojas otoñales revoloteando y chocando contra el cristal.
-He hecho lo que me ha encargado. Ha sido difícil, pero lo he conseguido.
-Antes de que comience su relato quisiera ponerme una copa. ¿Me acompaña?
-Sí, tomaré lo mismo que usted.
Alonso abrió el arcón de la bebida, inspeccionó y extrajo un whisky de malta escocés, reserva, por supuesto. Los hielos chocaron al caer dentro de los vasos y se dejaron inundar por el líquido color oro con leves tonos ámbar.
Alonso se acomodó de nuevo en el sofá, respiró profundamente y preguntó lo que tanto temía.
-Y ahora, dígame, ¿qué ha descubierto sobre mi mujer?
El detective privado rozó sus gafas de sol, encendió un cigarro, retiró las gomas que sujetaban la carpeta, extrajo el expediente 758 y lo depositó sobre la mesa.
-Tengo buenas y malas noticias.
Alonso dio un trago largo a su copa.
-Dispare, por favor.
-Llevo varios meses siguiendo a su mujer, me he convertido en su sombra y creo haber descifrado toda la verdad. En el informe encontrará material fotográfico documentado y un informe detallado sobre todas sus actividades.
-Al grano, por favor.
-Sus temores eran infundados -un suspiro de alivio se escapó de la boca de Alonso- su mujer no le ha sido infiel. Es cierto que tiene mucha vida social, pero jamás ha cometido adulterio.
-Entonces, ¿cuál es la mala noticia?
-No sé cómo explicárselo, no tengo datos certeros, pero la actitud que mantiene su mujer la mayor parte de los viernes me ha hecho dudar. Cada vez que sale a cenar va con distintos grupos de amigas. Ella los denomina según su procedencia: Sando (compañeras del Saint-Dominique), Fifty (compañeras del trabajo, el 50% siguen allí y el otro 50% salió), Mamdi (mamás de los amigos de Diego), Mamal (mamás de los amigos de Álvaro), Fem (aquí no puede abreviar)... Tardé en descubrir sus códigos y en el informe verá que hay algunos pendientes de resolución.
-¿Y?
-Tras analizar la variedad de amistades femeninas que tiene me he planteado que tal vez su mujer...
-Mi mujer, ¿qué?
-Que tal vez esté escondida.
-¿Escondida?
-Sí, en el armario.
Una enorme carcajada rompió el silencio nocturno.
-Pues habrá sido su sombra durante todo este tiempo, pero creo que no conoce a mi mujer -intentó decir Alonso entre risas-. De todas formas, le diré que me ha alegrado la noche, que sus suposiciones me han parecido muy divertidas y que hoy dormiré a pierna suelta.
El hombre misterioso y desconocido estrechó la mano de Alonso y le entregó el expediente 758.
-Si me necesita para otro encargo, ya sabe dónde localizarme- dijo al despedirse y perderse por la oscuridad de la noche.
Alonso tras hojear el informe y las pruebas documentales escondió el expediente y se fue a dormir con su sonrisa.
A las dos y media de la madrugada, abrí la puerta de casa y el pánico me invadió. Tras unos segundos inmovilizada, corrí por la escalera, entré en la habitación y salté sobre él.
-Alonso, ¿quién ha estado esta noche en casa?
-Nadie -contestó somnoliento y asustado.
-Mentiroso, la casa huele a tabaco.
-Pero si tú fumas...
-Sí, pero en el jardín, sabes que en casa está prohibido y tú no fumas.
-No ha venido nadie, en serio.
-No me mientas...
Callé un instante, empecé a bajar la cremallera de mis botas y una idea me atacó con fuerza.
-Alonso, ¿no tendrás una amante y te has atrevido a traerla a casa?
-No seas peliculera...
-Y por qué huele a tabaco.
-Pues yo no huelo a nada. ¿Qué tal tu cena?
-Muy divertida, con muchos cotis... Mañana te lo cuento mejor que ahora tengo mucho sueño y estoy un poco mosca con el olor a tabaco... A ver si voy a tener que contratar a un detective para que investigue tus movimientos...
-¡Qué tonterías dices!
-No sé, amor.

miércoles, noviembre 11, 2009

Primada en Oliete




Todos los primos en Oliete, paraíso turolense

Roberto nos dio el pistoletazo de salida: "Cayetana está mucho mejor, podemos irnos". Mi prima María elaboró la lista de comida, Roberto la acompañó a la compra, yo preparé un puré y sin darnos cuenta los maleteros rebosaron de bicicletas, maletas y comida, mucha comida. El sábado por la mañana invadimos la casa de Oliete (Teruel). Seis más seis, doce. Doce personas compartimos tres días fantásticos en los parajes turolenses.
Contaré que no paramos: estuvimos en el observatorio de aves rapaces de Alacón, buitres no vimos, pero sí los restos de sus manjares; en la Sima de San Pedro -la mayor de Europa-, una fractura en mitad de la montaña con una profundidad de más de 108 metros y una boca de 95 metros de diámetro. En el fondo, un inmenso lago en el que convive una amplia variedad de especies de animales (ranas, pájaros, murciélagos...). Y cómo no, subimos los 256 escalones para contemplar el Pantano de Cueva Foradada, acudimos al Monasterio de Arcos, admiramos las huellas de dinosauriso de Ariño y el último día trepamos hasta un risco para descubrir las pinturas rupestres de Oliete y el fuerte aire casi nos hizo volar.
Además de las visitas turístico-culturales compartimos risas familiares. Los niños (Diego, Mónica, Álvaro, Vitín, Manuela y Cayetana) jugaron, montaron en bici, recogieron piñas para la chimenea y disfrutaron al compartir tres días entre primos.
Los mayores (Juan Fran, Víctor, Roberto, María, Virginia y yo) nos aguantamos los unos a los otros (es lo que tiene la familia, je, je), cenamos en el Higinio, tomamos unas copitas en casa... Hablamos y hablamos, reímos y estuvimos muy pendientes de la chimenea para no quedarnos helados.



ANÉCDOTAS
  • Diego. Como un mayor se sentó en la barra del Higinio y se zampó el solito un platazo de aceitunas, pan y una coca-cola. Disfrutó al ir y volver en bici al pantano. Y pese a mis dudas por tanta juerga y poco estudio, sacó un nueve en "cono". ¡Ha heredado el memorión de su madre, je, je!
  • Vitín. Por fin empezó a pedalear sin ruedines. Un campeón.
  • Manuela. Refunfuñó cuando sus primos "mayores" no la hacían caso y rió cuando era la estrella.
  • Álvaro. Se negó a comer con la cubertería con mango rosa (¡faltaría!). "Yo con tenedores normales", exclamó horrorizado al ver los cubiertos.
  • Cayetana. Pura sonrisa... Siempre que su padre la llevara a hombros, por supuesto.
  • Mónica. Subió hasta la iglesia de paquete en la bici de su primo y lanzó hechizos de la bruja Kika.
Podría contar mil anécdotas más, mil detalles... Pero, tal vez, una imagen valga más que mil palabras (o varias imágenes...). 


miércoles, noviembre 04, 2009

Doctora House




Hay días en que la autoestima se multiplica por mil. Hoy es uno de ellos.
-Emma, me encuentro fatal. Esta noche no he dormido nada. Me despierto continuamente con sequedad de garganta y carraspeo. Ya no sé qué hacer. A lo largo de este año me han hecho mil pruebas: análisis, han comprobado que no tengo apnea después de dormir una noche en la unidad de sueño... Y no dan con mi mal. ¡Qué desesperación! -se quejó mi padre por teléfono.
-Pero sólo te ocurre por la noche, ¿no?
-Sí, durante el día estoy mejor salvo que estoy cansado por dormir tan mal. No lo entiendo, ayer por ejemplo cené unos mejillones al vapor...
-Papá espera, ahora te llamo, quiero comprobar una cosa.
Bajé como una loca al ordenador y empecé a buscar en Google. ¡Eureka!, grité y llamé rápidamente a mi padre.
-Papá, no te rías de mí, pero te voy a proponer una cosa. No pierdes nada por hacerme caso y puede que así solucionemos tu sequedad de garganta.
-Tú dirás, Emma.
-Al contarme lo que te ocurre me he acordado de un capítulo de House en el que el paciente está a punto de morir hasta que House se percata de que es alérgico a la quinina.
-¿Y?
-Pues que el paciente tomaba gin-tonics y la tónica tiene quinina, en dosis muy bajas pero si eres alérgico te produce grandes daños. Siempre he pensado que tu sintomatología era claramente alérgica, prueba no tomar tónica y así vemos si es que eres alérgico a la quinina.
-Emma, parece de coña.
-Ya, pero todas las noches te tomas un gin-tonic y justo después es cuando empiezas con el malestar.
-Sí, pero...
-Tal vez me equivoque, pero no perdemos nada.
-Está bien, haré lo que tú dices.
Mi padre me hizo caso y, oh, misterios de la vida, esa noche durmió plácidamente, sin despertares bruscos y sin molestias en la garganta.
-¿Qué tal has dormido, papá? -le pregunté a primera hora de la mañana.
-De un tirón, Emma, es increíble... Fíjate que antes había eliminado la ginebra, pero a cambio me tomaba un bote de tónica con hielo. Era peor el remedio que la enfermedad... Es surrealista.
Ha pasado más de una semana. El tratamiento parece que funciona y yo, que soy súper modesta, estoy emocionada por haber dado con el quid de la cuestión, por ser serieadicta y por tener una memoria de elefante que me permitió hacer tan fantástico diagnóstico. ¡Gracias Dr. House!

lunes, noviembre 02, 2009

Terrorífico Halloween


Un esqueleto y un zombi asustaron al vecindario


Una vez tomada la decisión (¡el sábado súper fiesta de Halloween en casa!) y tras comunicársela a mi santo que puso cara de pocos amigos, empecé con los distintos motivos para la decoración: murciélagos, arañas, calabazas... y a elaborar en mi mente un menú terrorífico acorde con las circunstancias. Alonso entraba cada día, observaba y mostraba su sorpresa: la pequeña mesa del salón simulaba ser el ataúd de Drácula, las telas de araña flotaban por cada esquina...
-Emma, tu pasión por organizar fiestas es enfermiza... -decía a media voz intentando que no le oyera.
-¡Qué exagerado Alonso! -contesté mientras los niños me ayudaban a colgar un tétrico esqueleto al que se  le iluminaban los ojos rojos y chillaba como si le estuviesen degollando.
Mi gran optimismo me hizo creer que el viernes iba a tener tiempo para rematar los pequeños detalles que aún me faltaban. Me equivoqué: comida en casa de mi abuela con mis primos Marcos y Carlos, charla de madres al ir a recoger a los niños al colegio... A las siete entré por la puerta de casa, Álvaro y yo invadimos la cocina para preparar la tarta de "ojos con sangre" (¡lo que me costó que los ojos se sumergieran en la gelatina!, una auténtica pesadilla!) y las uñas de vampiro. Miré el reloj y sentí que el tiempo me apresaba. Rápidamente acicalé a mi pequeño, preparé su cena, me restauré como pude y según entró Alonso por la puerta, le besé y me despedí de él.
-Cielo, me voy, tengo cena con las "dominicas". En breve, vendrá Diego que se ha ido a casa de Acasuso, Álvaro ya está duchado... Te quiero... ¡Cuídame a las fieras!... Ah, ten cuidado con las telas de araña y que Lucas no clave sus uñas en el ataúd de Drácula...
Alonso, asintió y ni me contestó (¿pensará que estoy loca?).
Pasé a recoger a Marta y nos juntamos con el resto (Marisa, Sylvia y Mamen) en el restaurante "Tomate" (súper "in", que para eso somos dominicas). La velada estuvo salpicada de anécdotas, risas, alguna que otra crítica (¡que somos dominicas y no lo podemos evitar!, je, je) y muchas dosis de felicidad. Sin darnos cuenta entre mojitos y gin-tonics nos dieron las tres de la mañana. Sonreí feliz, ¡iba a tener ojeras naturales en Halloween!
El sábado brinqué de la cama a las diez, preparé los "mocos con huevo", "las lombrices asquerosas", "el sorbete de monstruo"...
-¿Vas a venir al fútbol? -me preguntó mi Alonso al verme tan atareada.
-Por supuesto, amor.
Y allí me fui yo, la gran forofa del "Santa María de Hispanidad" a gritar como una loca, a animar y a disfrutar, a disfrutar porque ganamos.
Salimos ilusionados y pletóricos del partido.
-Alonso, ahora que lo pienso hay mucha comida para cenar pero nada para comer...
-Venga, vampirilla, nos vamos a un italiano a comer.
Por fin, a las ocho de la tarde comenzó la invasión: vampiros, esqueletos, zombis, brujas, arañas... Las pociones mágicas embrujaron el ambiente, la sangre se diluyó entre ojos sangrantes.... La puerta sonaba cada cinco minutos, momias y dráculas pedían caramelos... Todos reímos, soñamos entre telas de arañas, gritamos con los sustos infantiles... Y, como remate final, los fuegos artificiales hicieron sentir a los pequeños monstruos que vivían en un mundo de ensueño. ¡Feliz Halloween!


IMÁGENES DE HALLOWEEN

viernes, octubre 23, 2009

Gripe D

Unas décimas delataron el ataque. La invasión ha sido lenta y paulatina.
-Yo creo que Diego ha cogido frío. -expliqué a mi prima entre rollito y rollito en el restaurante asiático.
Al día siguiente la fiebre se disparó. Acudí a mi botiquín y empecé con las dosis de Apiretal, Dalsy y muchos mimos. La noche se perturbó con toses, termómetros, medicamentos y mal estar.
-Mamá, no me encuentro bien -balbuceó el lunes Álvaro.
Más fiebre. Hospital de campaña, llamadas al 112 y el temido diagnóstico: "por la virulencia, el contagio y la fiebre parece que sus hijos tienen gripe A", me explicó un sanitario que no sabía que Álvaro al ser asmático no podía tomar Dalsy (¡pedazo profesional!) y cuya única preocupación era que limpiara los pomos (ni que estuviéramos todo el día abriendo y cerrando las puertas), que recluyera a los niños en una habitación y que yo entrara con mascarilla (¡anda ya, bonito!).
Y la juerga nocturna me desveló: Álvaro devolvió, Diego sangró por la nariz, se me rompió el termómetro... Agotada.
-Lo siento no puedo ir a trabajar, tengo 39 de fiebre -me dijo Liset, la cuidadora de los niños a primera hora de la mañana. Y Alonso obtuvo el título de enfermero oficial después de cuidar a sus retoños.
¡Menudo panorama!
A Diego le di el alta el jueves, Álvaro sigue con el tratamiento de mimos en casa, mi hermano me ha prohibido ir a la fiesta del sábado (¡hipocondríaco!)... Y yo, como diría Luis, me mantengo a salvo de la gripe A por mi adicción a la coca-cola light, aunque no me librado de la gripe D, la gripe de la desesperación.

La canción de la semana:
Resistiré para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré...

domingo, octubre 18, 2009

Tengo el cuerpo fatal...

Felipe y Natalia, los novios

Domingo, 12 de la noche, mi mente inconsciente tararea una canción de Alaska: "Tengo el cuerpo fatal, pero una gran vida social". Mi cabeza asiente y mis pies me martirizan un poco más. Sí, tienen razón, pero ¡que me quiten lo "bailao"! Que para bailes los que me marqué el viernes en la boda de Felipe y Natalia a altas horas de la madrugada... Pero antes del baile, tomamos el cóctel entre anécdotas de todos los "femianos" (alumnos del colegio FEM) que recordaban que cuando eran jóvenes jugaban al fútbol en ese mismo terreno y que donde íbamos a cenar estaba la piscina del Club Las Lomas.
La nostalgia desapareció cuando llegaron los novios, guapísimos y divinos. La cena nos entonó con los ricos manjares y los vinos que volaban por nuestras gargantas inauguraron la sesión de risas ("Emma, baja el volumen, que se te escucha mucho", se quejaba mi jaquecoso Alonso). Después del vals de los recién casados, atracamos la barra para tomarnos unas copitas. La música de fondo nos tentó, miré a mi santo con ojos de suplicio y acudió al coche a por mis zapatos de repuesto (ay, que es un sol). Ya no tenía excusa: ¡a bailar! Todos danzamos como locos, cantamos, gritamos y reímos una barbaridad.
A las cuatro de la mañana saciamos el hambre con una fondue de chocolate con frutas (¡menos mal que mi vestido era suelto, si me llegó a poner el del corpiño estallan los corchetes!). Y entre fresas, copas y risas volvimos a casa a altas horas de la madrugada. ¡Viva los novios!
A las diez de la mañana del sábado se me abrieron los ojos, me arrastré hasta el baño, una ducha rápida y al ver mi cara en el espejo casi me pongo a llorar. Con el maquillaje y el rímel hice maravillas. Llegué a trabajar como si hubiera dormido plácidamente ocho horas y al salir se me pinchó una rueda, vino el operario del seguro, la arregló y por la noche: cenita en el Matsuri con mi prima y Víctor, Roberto y Virginia y los seis niños... De madrugada, para seguir la juerga, Diego con fiebre... Como diría Alaska: tengo el cuerpo fatal, pero una gran vida social.




Mi family

domingo, octubre 11, 2009

Érase una vez...

La reina y los infantes

Érase una vez un día soleado y festivo. El rey, don Juan Alonso, propuso a su reina, doña Emma, acudir con los infantes a conocer sus feudos. Los príncipes, don Diego y Álvaro Alonso, brincaron de emoción. La familia real tomó el carruaje hasta sus terrenos: Segovia. La gran joya de la corona, el acueducto, mostraba todo su esplendor.
Tanto monta, monta tanto, llegaron a la catedral y de allí al suntuoso castillo, el Alcázar. Las princesas, Manuela y Cayetana, abrazaron a sus primos los príncipes y pasearon por las distintas estancias. Finalmente el rey indicó por dónde ascender hasta el torreón más alto para divisar el fantástico paisaje.
Y como en todos los cuentos: fueron felices y comieron cordero, que las perdices es una horterada en estas tierras de cordero y cochinillo.
Fin

Príncipes y princesas

lunes, octubre 05, 2009

Sobre fiestas y cuchis

Jueves, 22:00 h.
-Llámame cuando vayas por Cuatro Caminos -me comentó Blanca antes de colgar el teléfono.
-Vale- contesté tranquilamente.
Tras veinte años de amistad sabemos lo bueno y lo malo de cada una, así que a la altura del Bernabéu la llamé, no contestó. Repetí la operación en Cuatro Caminos, tampoco contestó. Intenté relajarme. Al llegar a su casa comprobé que no estaba en el portal. Llamé al fijo. "Ay, Emma, ya bajo". Cinco minutos, diez, quince... Relájate, ya sabes como es ella, siempre ha sido así, siempre llega tarde, vale, tú eres muy puntual pero ella no... Al fin, apareció.
-Eres la leche.
-¿Por qué dices eso?
-Te he llamado dos veces al móvil...
-Ay, lo tenía en silencio.
-Y al fijo y llevo casi veinte minutos esperándote.
-Venga, no refunfuñes tanto que vamos a llegar tarde...
Bufé un poco más y arranqué.
-Emma, yo creo que sería mejor que aparcaras y fuéramos en Metro. Por esa zona no hay quien deje el coche...
Antes de hablar intenté relajarme al estilo zen.
-¿Estás segura?
-Sí, luego volvemos en taxi.
Observé mi adorado coche: un vaso con hielo y coca-cola light reposaba a mi derecha, el cenicero sujetaba un cigarro... El paraíso.
-Si quieres... Yo no tengo ni idea de que línea hay que coger.
-Venga, aparca.
Respiré profundamente, aparqué y sonreí por ser tan lista y haberme cambiado de botas.
Caminamos hacia la parada de Metro.
-Pues yo hubiera ido en coche -solté como si nada.
-Yo también prefería ir en coche.
-Joder, Blanca, me vas a volver loca, pero si me has dicho que querías ir en Metro.
-No, yo lo he dicho pensando en ti, por si te daba pereza meterte por el centro y luego no encontrábamos sitio para aparcar.
-Pues no pienses tanto. Venga, al coche que a mí no se me ha perdido nada en el Metro. Eres la leche.
-Encima que lo he hecho por ti...
Entre risas y confidencias llegamos a la fiesta del décimo aniversario del estudio de diseño de Chino ambientada en la época "cowboy" en pleno Huertas. Brindamos por su éxito, por la futura boda de Felipe y por todos nosotros.
A las dos Blanca y yo abandonamos agotadas el local y, oh, qué suerte, volvimos en coche a casa.
-Mañana nos vemos -dijo Blanca al despedirse.
-¿Por?
-¿No te acuerdas? Tenemos la cena de mujeres...
-Mi marido me va a matar.
-¡Pero si es un santo!
-Santa yo, querida, por aguantaros a todos.

Viernes
Día de ocio (es lo que tiene no trabajar un viernes). Los niños felices. Diego me abandona y se va al cumpleaños de su amiga Paloma, Álvaro se aprovecha e invita a Daniel. La tarde se escurre. A las ocho y media recojo a Diego. Las nueve y yo con estos pelos. Me ducho a toda velocidad, preparo la cena a mis retoños. Álvaro se percata.
-Mamá, ¿vas a salir hoy?
-Sí.
-¿Dónde vas?
-Tengo una cena con mis amigas.
-Pues tú no vas, ayer saliste.
Manda h...
-Querido, tú has estado con tu amigo.
-Eso es distinto.
-Huye rápidamente o tu hijo te ata a la pata de su cama -me susurra Alonso mientras ejerce de padre ejemplar.
A las diez aparezco por Malevos (¡qué originales!) y las historias del verano vuelan entre mi cerveza y sus bebidas sin alcohol.
-Ay, es que mañana me tengo que hacer un análisis de sangre -se queja Nuria.
-¡Qué casualidad, yo también! -afirma Blanca.
-Callad, que me vais a deprimir, estáis muy achacosas.
De pronto aparece el súper hipocondríaco, mi hermano Roberto, y descubre a mi amiga hipocondríaca, Nuria. Las conversaciones se centran en las distintas pruebas médicas a las que se han sometido en el último mes: audiometrías, escáneres, tac cerebral, análisis...
Me agarro con fuerza a la cerveza, miro la cara atónita de Mayte, se cruzan nuestras miradas y sonreímos perplejas. Las anécdotas médicas nos rodean. Al final, como siempre, no podemos evitar llorar de la risa.
-¿Alguien quiere una copa? -pregunta Roberto.
-¡¡No, que mañana me hacen un análisis!! -gritaron Nuria y Blanca al unísono.
-¡Un gin-tonic, por favor, que me va a dar algo!!

Sábado
Pese a mi ajetreada vida nocturna, soy una madre ejemplar.
A las once de la mañana llevé a mis hijos a la piscina. Después, deberes y a las cuatro y media partimos hacia el Juan Carlos I: Diego en su bici (un as), yo con Álvaro y los walkies (¡qué invento!) en el coche y Alonso, pobriño, en casa durmiendo la siesta y viendo el partido del Barça.
Álvaro se colocó sus patines y rodó por la pista, Diego partió a dar una vuelta y yo me aposenté en un murete junto a mi coca-cola light y los walkies.
-¡Diego, dónde estás! Corto.
-En el barco pirata. Corto.
-Ten cuidado.
El hombrecillo que estaba sentado a mi derecha me miraba como hablaba con mi walkie con cara de pocos amigos (¡envidioso!). Un perrito blanco bastante ridículo descansaba a sus pies. De pronto, empezó a gritar.
-¡¡Milady, cinco vueltas más por haberte parado!!
En la pista una bella mujer dominicana intentaba patinar.
-Ay, cuchi, no me digas eso, que estoy cansada.
-Milady, por hablar, seis vueltas más.
Intenté contener mi mala leche y mis ganas de estamparle el bote de coca-cola sobre su fea cara. Atónita, comprobé como "milady" seguía sus órdenes y giraba sobre la pista.
-Ay, cuchi, déjame descansar.
-No, sigue patinando.
Diego había vuelto de su paseo.
-Mamá, no crees que ese hombre es muy brusco con esa mujer.
-Sí, cielo, si llego a ser yo la que estoy en la pista me quito los patines y se los tiro a la cabeza.
-¡Qué graciosa eres!
-Que te lo digo en serio...
Milady siguió patinando, Cuchi mantuvo sus gritos, mi indignación iba en aumento... Era el momento de partir.
Cuchis, mañana más.

miércoles, septiembre 30, 2009

El ritmo de septiembre

Después de varias entrevistas -algunas surrealistas, como la de la mujer mayor que me sugirió que no metiera al demonio en casa contratando a una jovencita que pudiera tentar a mi marido, ya le vale-, empezó a trabajar Liset en casa. Abandoné la horterada y le expliqué cómo hacer las distintas labores del hogar.
Al día siguiente, según entré por la puerta, me dijo que se habían ido los plomos. Me quedé dos segundos paralizada, blanca como la nieve y corrí como una loca por todas las habitaciones desenchufando todos los aparatos electrónicos: ordenador, televisiones, dvds, teléfonos, nevera... Liset me seguía atónita, pensando que estaba en una residencia de locos de atar (¡que no es para tanto!). Una vez desenchufada la casa, retiré el sudor de mi frente, respiré y entrecortadamente logré explicarle mi histeria: "Liset, no te asustes, es que la última vez que se fueron los plomos se quemaron todos los aparatos electrónicos". Su cara aterrada se fue relajando, aunque creo que aún está un poco sorprendida (¡y lo que le queda por ver!).

Diego y Pablo soplan las velas junto a sus amigos

El viernes me ayudó a preparar 70 sandwichs y partí con mi coche al estilo gitano: el maletero rebosante de bandejas con comida, bebidas, sacos, pelotas... En el colegio todos brincaban alrededor, todos querían saber en qué coche iban, todos chillaban, todos estaban felices... Y mi histeria apareció al pensar que se me podía olvidar algún niño. Al final más de treinta se reunieron en el parque Juan Carlos I para celebrar el cumpleaños de Diego y Pablo Barriopedro. Jugaron al fútbol, con los sacos simularon ser bolos, comieron, soplaron las velas, zamparon cientos de chuches, corretearon... Las madres mientras cotorreábamos, controlábamos y disfrutamos de una soleada tarde que se alargó hasta las nueve y media de la noche.
Volvimos a casa. Mi cuerpo no respondía a mis órdenes. El cansancio era demoledor. Diego enseñaba con emoción sus regalos a Álvaro y Enrique, su amigo invitado.
-¡Chicos, a dormir! -exclamé con un hilillo de voz.
Y por una vez me hicieron caso.
El sábado se esfumó entre juegos y parques. Por la noche, el cumple de mi cuñada en Malevos. Por fin me relajé, disfruté de la cena y a la una me pedí un gin-tonic (me lo tenía merecido). Sonó el móvil.
-Emma, nos tenemos que ir -me susurró Alonso-, Álvaro está con asma.
Miré la copa y me despedí de ella y de toda la familia.
Álvaro estaba mejor, Diego le explicó a mi suegra cómo darle la medicación, y su respiración adquirió un ritmo normal.
-Venga, a dormir, no pasa nada, chicos...

Uff, a partir de mañana me paso a la coca-cola light sin cafeína, que tanto estrés me va a matar. Y que acabe septiembre que tanta fiesta y tanto cumpleaños van a acabar conmigo. ¡Divino septiembre!


domingo, septiembre 20, 2009

Horteradas y cumpleaños

El cumpleañero feliz junto a su tarta


Llevo quince días ejerciendo de hortera a tiempo completo y lo llevo fatal. La baja maternal de Ana, cuidadora de los niños y persona que coordina toda mi casa, me ha hundido en una profunda depresión. ¿Quién considera que es divertido quitar el polvo, planchar, pasar el aspirador o limpiar los baños? ¡Una horterada! Rápidamente intenté solucionarlo y comenzó la siguiente tortura: entrevistar a personal para el servicio doméstico. Las innumerables dudas sobre quién me podría interesar me bombardearon. Por fin, me decidí, pero como este año me ha salido torcido resulta que ya estaba trabajando en otra casa. Así que otra vez a entrevistar, a pedir favores a mis amigas (¡¡divino tesoro!! Ángeles, te quiero) y a seguir ejerciendo de hortera.
Agotada y derrengada de tanta horterada percibí que el día 19, cumpleaños de Diego, estaba a la vuelta de la esquina.
-Mamá, este año lo quiero celebrar en el Juan Carlos I, como siempre...
Mi mente me imagino preparando sandwichs como una loca mientras tendía una lavadora y quitaba el polvo de las estanterías.
-Claro, como tú quieras... -contesté a punto de pisarme mis enormes ojeras.
El miércoles entregó las invitaciones, el jueves llovió a cántaros y vi el cielo abierto.
-Diego, lo suspendemos hasta el viernes que viene.
-Jo, mamá
-No sufras, el sábado lo celebramos con la familia...
Alonso apagó el aspirador, me miró atónito y sentenció:
-Emma, en casa no hacemos una fiesta, lo celebramos en un restaurante, que a este paso nos vamos a desmayar.
Ni me quejé, ni rechisté... Asentí con tal fuerza que casi me contracturo el cuello.
El sábado, feliz, Diego celebró su cumpleños en "Matsuri", restaurante asiático, junto a su bisabuela, sus abuelos, Pepe, Pati, y nosotros tres. Álvaro, además, encontró allí a su mejor amigo y presumió de todos sus "Bakugan" (última moda infantil). El vino rosado inundó la mesa; el sushi, los paladares y las risas nos acompañaron hasta que Diego sopló sus 10 velas. Ay, qué mayor
¡Feliz cumpleaños, Diego!

PD. Hoy es mi cumpleaños y a la horterada casera hay que unirle que trabajo. ¡Hortera, que soy una hortera!



Diego con su abuelo y su mamá (en la foto estoy horrorosa, en la realidad, no, je, je)

La parejita haciendo el ganso

martes, septiembre 15, 2009

Reunión de amigas del Saint-Dominique


Una voz ronca salió por mi boca a primera hora de la mañana del domingo.
-¡Buenos días! -exclamé al estilo garganta profunda.
Los niños me miraron atónitos.
-Mamá, ¿tienes gripe A?
Giré la cabeza negativamente.
-No, he debido coger frío... -mentí inocentemente con mi voz masculina.
¿Cómo les iba a decir que estaba afónica por gritar como una loca "vivir así es morir de amor..." de Camilo Sesto a las cuatro de la mañana en la súper fiesta que montó Esther Lillo para reunir a todas las compañeras del Saint-Dominique? ¡Que una tiene que mantener su imagen!
La aventura comenzó gracias a internet. Sin darnos cuenta empezamos a contactar varias compañeras del colegio, los mails volaron con la información de los últimos años y las ganas de vernos se multiplicaron. Esther, la gran anfitriona, dispuso todo para la gran reunión.
Allí aparecimos casi todas, casi todas divinas, con 22 años sobre nuestras espaldas y mil aventuras que contar -unas buenas y otras malas, cosas de la vida- pero con la alegría de reconocernos (¡ay, qué dudas tenía antes de llegar!).
Unos breves datos de cada una de nosotras (estado civil, hijos, perros, trabajo...) rompieron el hielo y surgieron las risas entre copas, canapés y fotos, sobre todo de Marisa que ejerció de reportera gráfica.
A las dos de la mañana -la fiesta se inició a las ocho como cuando éramos pequeñas y celebrábamos un cumpleaños- los efectos del alcohol y la ilusión hicieron su aparición. La música ochentera desató nuestra locura. Bailamos por el local, secundamos con pasión a Nacha Pop, Camilo Sesto, Nena... corrimos de izquierda a derecha y de arriba a abajo como nos mandaba una canción (no recuerdo el nombre del cantante), clic, clic, se oía de fondo alguna cámara de fotos (por Dios, cuidadito con esas imágenes)... Un leve descanso, una copa, más risas...
Algunas abandonaron el local (¡sobre todo las del B, ay, la próxima vez no os dejo) y la juerga continuó hasta que nos echaron...
Bajo la lluvia fina que caía en la calle surgió la pregunta: "¿Dónde vamos?", "¡pero si son las cuatro y media de la mañana, ahora está todo cerrado!"
La noche nos obligó a despedirnos y prometimos repetir el evento antes de los próximos veinte años. ¡Que así sea!

  • Súper premio para Esther que organizó la fiesta y montó un emotivo power point con imágenes de ayer y de hoy.
  • Premio especial para Ángeles y Almudena que vinieron desde París y Valencia... Fantásticas
  • Premio general para todas por estar tan divinas. ¡Faltaría!

jueves, septiembre 10, 2009

Vuelta al cole

La noche anterior al inicio escolar los nervios volaban por las habitaciones. Las mochilas preparadas, los libros forrados (¡qué pesadilla!), los estuches rebosantes de bolígrafos, lápices, gomas...
-Venga, a dormir, que mañana no va a haber forma de despertaros -supliqué varias veces.
-Ay, mamá, me siento tan nervioso como la noche de reyes... No tengo sueño... Tengo tantas ganas de ver a mis amigos... -sollozó Diego.
-Pero si ayer cenamos con muchos de ellos.
-Ya, pero no he visto a Enrique.
-Anda, duérmete.
-¡Qué nervios!
-¡¡¡Mamá!!! -gritó Álvaro desde su habitación.
-¿Qué ocurre?
-Que yo no quiero ser bilingüe. Cuando haya inglés me voy a ir al patio. Habla con doña Carmen y dile que yo no "hago" bilingüe.
-Eso no puede ser.
-¿Por qué?
-Porque si no vas a clase la directora me obligará a cambiarte de cole.
-Bueno, seré bilingüe... Odio el colegio.
A las ocho de la mañana Diego ya estaba vestido y preparado para salir.
-Álvaro, date prisa, que no quiero llegar tarde.
-Pues yo no quiero ir al cole.
Por primer año Álvaro lucía su pantalón gris, polo blanco y jersey rojo con el escudo del colegio... Más guapo, más mayor.
-Álvaro, este año las chicas de tu clase van a ir con falda, va a ser tu primera experiencia -le explicó Diego muy serio.
Intenté contener la risa.
-¿Y cuál es la experiencia? -preguntó Álvaro intrigado.
-¿Sabes lo que hacía yo con mis amigos?
-No, ¿el qué?
-Nos tumbábamos debajo de las escaleras huecas y cuando bajaban las niñas les veíamos la bragas.
-¡¡¡Diego!!! -grité con media sonrisa-, no le cuentes eso a tu hermano, eso no hay que hacerlo.
"Tú hazme caso", oí que le susurró al pequeño.
En el colegio los abrazos de los amigos sonaban por todo el patio, la emoción y las sonrisas contagiaban a los padres que, felices, suspiramos al sentir de nuevo la tranquilidad y el descanso después de unas largas vacaciones.
¡Viva la rutina!

sábado, septiembre 05, 2009

Yo quiero...

-¡Mamá, yo quiero un conejo! -sollozó Jorge.
-¡Mamá, yo quiero un cactus! -suplicó Álvaro.
-¡Mamá, yo quiero una tortuga! -gritó Lucía.
-¡Mamá, yo quiero un hurón! -exclamó Diego.
Y las mamás (Sandra y yo) rogamos a una fuerza divina que nos transformara en petunias y desapareciéramos entre el verdor de "Fronda", el vivero donde acudimos para replantar nuestros jardines castigados por el caluroso verano.
-¡¡Mamá!! -gritó alguno.
Y noté como el pelo de Sandra empezaba a tomar un tono verdusco y que de mis dedos surgían unas leves flores. Antes de la transformación, decidimos salir de allí. Ningún animal nos acompañó (¡bastante teníamos con nuestras fieras!) pero sí dos cactus (¡cualquiera convence a Álvaro!).
-¿Qué hacemos? -me preguntó Sandra entre calada y calada. El runrún de los niños se escuchaba de fondo: ¿Nos vamos al cine?, ¿nos vamos a la bolera?, ¿vamos a comprar cromos?, ay, Jorge me está pegando, que yo no he sido, me he pinchado con el cactus...
-¡¡Al coche!! -grité presa de una ataque de nervios clorofílico- Quedamos todos en mi casa. Que nadie rechiste, que nadie grite o...
Y por un segundo reinó el silencio.
La tarde-noche se esfumó entre gritos, risas, hamburguesas, fútbol en el jardín y súplicas (¿podemos quedarnos a dormir?).
-Emma, la próxima vez quedamos sin niños -sugirió Sandra al desperdirse con su color verdusco.
-Sí, y con unas cuantas botellas de vino -contesté mientras masticaba un pétalo de flor que me había salido por la nariz.
-Sí, sí... - Asintió Alonso que observaba alucinado nuestro estado botánico.

jueves, septiembre 03, 2009

De todo un poco


Un segoviano pasea por el encinar de Saldaña. ¿Quién será?

Misterios tecnológicos
¿Alguien sabe que los iPod de nueva generación sólo se cargan a través de USB y que no tienen cable que conecte con la red eléctrica? Si me hubiera informado antes no me habría equivocado, pero jamás pensé en ese aspecto. Al contrario, acudí a una tienda especializada en productos electrónicos, analicé cuáles eran los altavoces para iPod más monos y más caros (ay, no lo puedo evitar), los cogí y pagué como una buena ciudadana sin saber de mi error.
A las doce y un minuto de la noche los niños se abalanzaron sobre su padre para tirarle de las orejas, felicitarle y darle su regalo. Alonso lo abrió encantado hasta que comprobó que los altavoces (con radio y reloj, lo último de lo último) no tenían entrada USB. Al segundo, mi imperfección generó unos espasmos que convulsionaron todo mi cuerpo y produjeron sudores fríos sobre mi frente.
-Emma, tranquila, mañana lo cambiamos, no pasa nada...
¡Qué fallo, por Dios, cómo he podido errar por una puñetera conexión USB!, ¡y encima nos invita a cenar al Matsuri!... Si es que es un sol...¡Muchas felicidades!

FOTONOTICIAS

Mis hombres en Granada

Álvaro ganó la medalla de bronce en la carrera (dorsal 221). Por la noche le invitaron sus amigos a cenar en la Peña, acudí a las once y media a por él. "Por favor, mamá, déjame un ratito más que vamos a jugar al bingo". Por fin, a las doce y media volvimos a casa. Sólo tiene cinco años, ¡qué haré cuando cumpla quince!

Mis retoños madridistas (¡manda narices cuando la madre es del Atleti!) junto a los peques Barreiro sobre su encina secreta

El trío fantástico en el paraíso marroquí (Saïdia)

Y aquí, mi súper bici

domingo, agosto 30, 2009

El invierno ya está aquí

La buena vida se acabó. Retorno a la capital con la mochila de verano repleta de grandes aventuras: Marruecos, Granada, Segovia... Entro por la puerta y oigo su llamada: "ven aquí, cobarde". Mis temblores bloquean mis fuerzas. Por mi mente desfilan los sabrosos postres marroquíes, el vino rosado de las cenas, el cordero de Segovia que he compartido con tantos amigos, mi jarrita de cerveza todas las mañanas en la piscina junto a unos cacahuetes, la morcilla, los helados almendrados en el cine de verano... Me intento consolar al acordarme de mis rutas con todos mis hombres en bici por las distintas sendas segovianas, mis largos en la piscina, mis paseos entre los chopos.. "Cobarde, ¿por qué tardas tanto?" Me mentalizo, entro en el baño, subo a la báscula y el grito que se escapa de mi boca hace temblar los cimientos del hogar.
-¿Qué ocurre? -pregunta mi Alonso.
-Tres.
-¿Tres qué?
-Que he engordado tres kilos (y medio, pero eso me lo callo).
-Bueno, qué más da.
-Ay, que me voy a poner a llorar...
Noto como una lágrima reposa en mi ojo, la retiro enfadada y pienso: que me quiten lo "bailao", que más valen tres kilos de más y el cuerpo feliz por haber disfrutado de los manjares de distintas tierras, por haber reído, por haber brindado con ricos vinos, por compartir la felicidad... Venga, a disfrutar y a comprar judías verdes que ahora toca sufrir.

Lecturas veraniegas
  • La reina en el palacio de las corrientes de aire (Stieg Larsson) Adicción total
  • El silencio de los claustros (Alicia Giménez Bartlett) Entretenido. Falla la edición
  • La mujer del lunar (Haka Nesser) Policíaco
  • El martillo azul (Ross Macdonald) Un clásico
  • Nadie llora al muerto (Deborah Crombie) Un descubrimiento
  • La mujer de verde (Arnaldur Indridason) Lloré mucho, pero me encantó

sábado, agosto 08, 2009

Me lo tengo merecido

Escribiré, relataré, contaré... Por ahora he cerrado el quiosco, me merezco unos días de asueto... En breve, volveré. Quien quiera, un aperitivo de imágenes.
¡¡Felices vacaciones!!

Mientras, los resúmenes de mi amado:

lunes, agosto 03, 2009

Ataques veraniegos

Estimado inspector de policía:
Quisiera poner en su conocimiento para que traslade a las autoridades pertinentes los sucesivos intentos de asesinato que se están cometiendo sobre mi persona.
Los hechos se iniciaron durante el invierno (caso 1, caso 2) aunque gracias a mi audacia e inteligencia logré sobrevivir. Durante estas fechas veraniegas los "modus operandi" se han modificado y a duras penas logró esquivar los atentados sobre mi persona. No quiero alargar mi relato, así que detallaré punto por punto lo últimos acontecimientos.
Los autores de semejantes atrocidades son todos del género masculino (siempre estoy rodeada por ellos).

PRIMER INTENTO
Hace una semana mi padre nos alegró con su presencia y ejerció de "súper abuelo". Todas las tardes acudía con sus nietos a la piscina. A última hora aparecía yo con mi modelito de bañador que combinaba con el pareo, una cinta en el pelo (también del mismo tono) y mis gafas de sol. Según me veían empezaban a gritar números.
-¡32! Ya llevamos treinta y dos -vociferaban emocionados.
-¿Treinta y dos qué? -pregunté atónita.
-Que ya hemos nadado treinta y dos largos, es decir, 800 metros y vamos a llegar a los 1000 como mínimo. -me explicaba mi padre mientras palmeaba emocionado a Diego.
-Venga, ahora te toca a ti, mamá -gritaron mis hijos.
Lancé mi pareo, mis gafas de sol, mi cinta, me puse mis gafas de nadadora y me tiré a la piscina. Antes de hacer el primer largo Álvaro se lanzó sobre mí.
-Mami, llévame como un caballito -suplicó feliz.
Y seguí nadando con él a mi espalda, con la respiración entrecortada y hundiéndome cada vez más con su peso. A los ocho largos salí por la escalera, extendí mi toalla y asumí mi derrota.
-¡Cuarenta, cuarenta! -aullaban mi padre y Diego por la piscina.
Les miré entre respiración y respiración.
-Emma, ¿harás con nosotros el año que viene el descenso de la ría Navia? Estaría genial que lo nadásemos tres generaciones... -me consultó mi padre.
-Ni lo sueñes, papá...
-Jo, mamá, qué sosa eres -se quejó Diego
Y en ese momento percibí como con antelación y alevosía querían asesinarme en mitad de la ría. ¡¡No lo permitiré!!

SEGUNDO INTENTO
El segundo intento sucedió en Segovia. Mis hijos, tras mermar mis energías matutinas en la piscina, me despertaron de la siesta con gritos de emoción.
-¡Despierta, que nos vamos en bici!
Alonso también estaba pletórico analizando por dónde ir.
-Hoy nos vamos a Santa María de Riaza por el camino que va en paralelo junto al río -informó a toda la tropa.
Llené mi mochila rosa con botellitas de agua, yogures de beber y galletas y la coloqué en la cestita monísma de mi bici de diseño (la admiración del pueblo, que conste). Salí pedaleando toda mona y empecé a botar por el camino de tierra. Mi culo rebotaba sobre el sillín, mi mofletes empezaron a coger un tono rojo congestionado, mis gemelos se endurecieron... ¡Y solo habíamos recorrido dos kilómetros!
Me fijé en Álvaro y vi mi tabla de salvación.
-¡Alonso! -emití en un intento de grito- Para.
-¿Qué ocurre?
-Álvaro está agotado. Si llegamos hasta el final no sé si tendrá fuerzas para volver. ¿Qué te parece si retorno con él a casa?
-Vale, nos vemos luego, sigo con Diego.
Álvaro y yo volvimos derrengados, parando cada 100 metros para beber agua y retomar energías, sudando como pollos, con el viento en contra y cuesta arriba... Por suerte, el segundo intento, fallido.

TERCER INTENTO.
Al día siguiente la excursión ciclista fue hasta Corral (pueblo que dista tres kilómetros de Saldaña). Alonso y Diego se alejaron rápidamente del pelotón y lucieron su estilo de pedaleo. Álvaro y yo, a nuestro ritmo, avanzamos poco a poco. A lo lejos, el campanario de Corral.
-Venga, Álvaro, que no nos queda nada -le dije con ánimo deportista.
Todo el camino era cuesta arriba, mi culo más que culo era puro granito, los gemelos estaban petrificados, los pulmones se ahogaban de tanto aire puro, mi respiración entrecortada no me permitía hablar más, el corazón estaba a la altura de la garganta... Paré y empujé un poco la bici...
-Venga, mamá -dijo Álvaro, que con cinco años tiene más energías que yo.

Sí, me quieren matar, pero yo llego a Corral como sea.

Por fin llegamos. Alonso y Diego descansaban plácidamente en la terraza del bar. Según nos vieron empezaron a aplaudir.
-¡Muy bien, campeones! -elogiaron entre sorbo y sorbo de su coca-cola- Emma, ¿te ha costado mucho?
Intenté hablar pero sentí todos mis órganos descolocados: el corazón en la garganta, los pulmones en los hombros... Giré negativamente la cabeza y aposenté mi culo granito sobre la silla. Al cabo de unos minutos pude articular palabra.
-¡Una coca-cola light, asesinos!

PD. Querido inspector, debo reconocer que la vuelta desde Corral fue fantástica (todo cuesta abajo) pero por la noche cenamos en Ayllón y el desorden de mis órganos me produjo una indigestión nocturna (¿cuarto intento de asesinato?).
En fin, espero que tramiten mi denuncia y estén pendientes de mi integridad física (¿me cambiarán en Marruecos por unos camellos?)

Atentamente
La futura asesinada
¡Viva el deporte!

miércoles, julio 29, 2009

Retazos del verano

Me agobia ver lo abandonado que tengo el blog. Cada mañana me planteo escribir y relatar mis aventuras. Misión imposible. El tiempo se esfuma sin darme cuenta y las energías me abandonan a última hora de noche. Tanta vida ociosa me tiene derrengada, agotada de no parar. Intentaré con unas leves pinceladas describir este fantástico mes de julio.

Los fieras, delante y en segunda fila, José y yo intentado que Álvaro no saliera despedido


PARQUE DE ATRACCIONES. Los niños no aguantaban los nervios. "¡Nos vamos ya, nos vamos ya!", me gritaban por el teléfono. "Chicos, tranquilos, en cuanto salga del periódico...". A las 18:30 h. aterrizamos en la entrada del recinto. Ángeles, Gema, José y yo ejercimos de padres ejemplares y corrimos tras los seis niiños que no paraban de subir y bajar de las atracciones. Mi vocación infantil me obligó a sacarme la pulserita para montar en todos los cachivaches. Como un loca me lancé por los Rápidos. Antes de que se me secaran los vaqueros me deslicé por otra atracción de agua. Después, aviones, barco Misisipi, Jungla... y tres veces por la montaña rusa de troncos (de nuevo, los pantalones encharcados)... Como aún tenía fuerzas mis hijos decidieron aniquilarlas y me obligaron a montar (Álvaro tenía que ir con un adulto) a unos columpios que giran a toda velocidad desde una plataforma. Mis pies volaban y el mareo hizo su aparición. Miré el reloj y respiré tranquila. "Bien, es la hora del cierre", suspiré. Pero mi respiro duró dos segundos, los infantes me rogaron que subiera a unos puñeteros avioncitos que daban vueltas y vueltas mientras subían al cielo de Madrid. Salí haciendo eses como una borracha, mareada de tanto giro y rogando para que el reloj rozara las doce de la noche y, ¡oh, qué pena!, cerraran el Parque de Atracciones.
El cansancio nos llevó hasta casa (bueno, más bien el coche de Ángeles).
-Estoy rota, Alonso. ¿Qué has hecho en tu tarde de libertad?
-Me he ido al cine.
-Y qué has visto.
-"Millenium"


... Yo le mato


Volando en la lanzadera infantil (¡menos mal que a mí no me dejaron subir!)


PISCINA. Todos los días los baños se suceden. Salgo de trabajar, me cambio y me tiro de cabeza para refrescarme. Unas partiditas de cartas (¡qué dominio del tute, el cinquillo, el uno...) y más chapuzones.
El domingo todo estaba listo: la bolsa, las cremas, los bañadores... Hasta que..
-Chicos, ¿habéis visto mi cartera?
-No
-Venga, en serio, que no me hace gracia.
-Jo, mamá, que no la hemos visto.
-Pues todos a buscar...
Alonso, en pijama (tenía que ver la carrera de Fórmula 1), me miraba con esa cara que pone cuando a mí me ocurre algo extraño, esa cara que describe sus pensamientos ocultos, sus quejas sobre mis desastres.
-Venga, Alonso, ayúdanos.
Todos rebuscamos por casa, por el coche... La cartera no aparecía.
Como la última vez que la vi fue en el periódico me desplacé hasta allí con gran pereza. Los de seguridad me miraron atónitos (los domingos por la mañana la redacción está cerrada).
-¿Qué le ocurre?- me preguntaron intrigados al verme con mi vestido veraniego y mi bañador.
-He perdido la cartera. No sé si me la dejé ayer sobre mi mesa o si la tiré a la papelera cuando hice limpia de papeles... Y, claro, tengo las tarjetas de crédito...
-Las mujeres de la limpieza pasaron anoche, como la tirara a la papelera... -me comentó una simpática "segurata" al abrirme la desierta redacción.
La cartera no estaba, las papeleras mostraban su vacío... Corrí a casa, relaté mi aventura, llamé al banco y al Corte Inglés y cancelé todas mis tarjetas.
-Mamá, ¿nos vamos a la piscina? -rogaron los niños.
-Sí, total ya no puedo hacer nada...
Y entonces cogí la bolsa de piscina y me quedé ojiplática al comprobar que sobre las toallas descansaba mi cartera.
-Alonso, no te lo vas a creer...
-De ti me creo cualquier cosa, amor .
-... La cartera estaba en la bolsa de piscina, la debí meter cuando puse las cremas
-Eres la leche.
-Ay, y ahora no tengo tarjetas de crédito, ¡qué horror!

Seguiré con las pinceladas....

lunes, julio 20, 2009

Descanso estival

Hay gente que descansa en verano. No es mi caso. La temporada estival en la familia Alonso-Peña es agotadora y la agenda, más apretada que nunca: Álvaro se va a la piscina de Daniel; Daniel viene una tarde a casa; cenamos con los padres de los amigos de Diego en el campo de San Roque (paraíso escondido que permite a los adultos tomarse unas copas mientras los niños juegan al fútbol), Alejandro, el amigo de Diego, se traslada tres días con nosotros a Saldaña; el lunes me voy a la piscina con mi amiga Ángeles y los cuatro retoños; mañana Diego duerme en casa de Alejandro y yo aprovecharé para ir a cenar con mis amigas; el miércoles organizo cenita familiar en el jardín; el jueves por la noche, parque de atracciones; el viernes... Y la semana que viene: Aquópolis, Harry Potter... Ay, que no puedo más...
-Emma, ¿por qué no montas una guardería? -pregunta Alonso al percibir que todos los niños que hay en casa se han dormido a las dos de la mañana.
-No, una guardería no, pero me encantaría tener el tercero.
-Ay, qué masoca eres...
-Venga, corazón

miércoles, julio 15, 2009

Amada tecnología

"Ocultar no es lo mismo que mentir, si no se lo cuento no le miento...", pensaba al rebuscar por el bolso y en las bolsas de la compra. "¿Por qué me tiene que pasar siempre a mí?, mierda", me decía como una loca en el parking del Arturo Soria Plaza mientras el resto de los transeúntes me miraban y se alejaban de mí. Incluso di unas cuantas pataditas al suelo similares a las que dan los niños cuando tienen una pataleta. "Yo esto no lo cuento. ¡Pero cómo puedo ser tan desastre! Si solo he ido a dos tiendas...", refunfuñé al acercarme a la garita de seguridad.
-Hola, verás... A ver... bueno, que he perdido el tiquet del parking, pero te prometo que acabo de llegar... He comprado unos bañadores en Neck Neck, dos litros de coca-cola light en Sánchez Romero... No sé cómo lo he podido perder... ¿Tendré que pagar todo el día de parking?... Ay, no entiendo qué me ha ocurrido... -solté como una ametralladora.
-Tranquila, todo tiene solución, ¿me puedes decir la matrícula de tu coche?
Por suerte mi memoria no me fallo y se la dije rápidamente.
-Toma, con este tiquet podrás salir. Hasta luego -dijo el amable agente de seguridad.
Perpleja subí al coche, arranqué y elogié el moderno sistema de identificación de matrículas del centro comercial que me salvó del desastre. Uff, me parece que se lo contaré a Alonso a la hora de la cena...

martes, julio 14, 2009

Loft rural

El secreto estaba escondido en las alturas. Cajas amontonadas, restos de útiles que ahora son inútiles, elementos que tanto nos sirvieron cuando los niños eran bebés, aparejos... Todo ello ocultaba las posibilidades de aquel amplio lugar. De pronto, mi mente imaginó cómo quedaría ese enorme espacio, decoró, diseñó, soñó... Alonso se unió rápidamente y planteó mil sugerencias. Peligro, la emoción nos había invadido. Dos fines de semana después la vieja y enorme buhardilla, que en tiempos servía de almacén, empezó a tomar cuerpo. Los trastos inservibles desaparecieron, Alonso pintó las paredes de blanco, con maña hice que las vigas lucieran su bella madera... Aún nos queda mucho: dar un tinte a la madera del suelo (Pablo, el primo de Alonso nos explicó cómo hacer la mezcla de manera tradicional para dar un toque rústico), enfoscar una de las paredes, terminar de lijar algunas vigas, pintar la chimenea... Pero poco a poco el paraíso empieza a brotar. Con dos sofás, una mesa y una televisión de plasma hemos creado un fantástico y amplio cuarto de estar para reponer nuestras fuerzas, leer nuestros libros y que los niños jueguen al tute. En breve este loft rural también albergará nuestro dormitorio, el estudio... Una maravilla, una pasión que nos va a entretener gran parte del verano. ¿Alguien se apunta?

P.D. Cuando acabemos publicaré las fotos del antes y después.

lunes, julio 06, 2009

Seducción gastronómica

Ring, ring, sonó el teléfono el viernes antes de irme a Segovia.
-Hola Emma. Soy Pablo, ¿cuándo puedo ir a tu casa para estar con Diego?
-Huy, hoy no puede ser, pero si quieres vente el lunes y te quedas a dormir.
-Vale -contestó con ilusión.
El lunes por la tarde la casa rebosaba de niños: Diego, Álvaro (los míos) y Pablo y su hermano Nacho que tiene la misma edad que Álvaro. Chapotearon en la piscina, vieron sus dibujos favoritos, comieron palomitas y por fin a la una y media de la mañana después de unos cuantos gritos se durmieron.
A las nueve les estaba preparando el desayuno que les había prometido: tortitas con nata. Según daba vuelta y vuelta a cada tortita notaba como el sudor recorría mi frente. Mi mente me trasladó a Estados Unidos y me imaginé como el típico negro de las películas que no para de hacer hamburguesas frente a la ardiente plancha de cocina. Un grito me devolvió a la realidad. "Mamá, ¡¡queremos más tortitas!!", gritó Diego desde el jardín. Cumplí sus órdenes, me senté con ellos y observé como dos tortitas seguían huérfanas sobre el plato.
-¿No vais a comer más? -interrogué perpleja.
-No, ya estamos llenos -contestaron al unísono y corrieron a jugar.
Allí estaba yo y sobre el plato estaban ellas. Demasiada tentación. Sin darme cuenta noté como me empezaban a engatusar, incluso percibí un seductor guiño de ojo. No, tengo que aguantar, me dije con pleno convencimiento. Las tortitas me miraron con pasión y deseo. Me hice la dura, me encendí un cigarro y evité observar la tentación. Pero, ay, cuando noté como lloraban con desconsuelo me dejé seducir. Sí, lo sé, en materia gastronómica soy muy facilona (en otras materias no lo voy a desvelar) y me daban tanta pena las tortitas. Apagué el cigarro, acerqué el plato y... Y vi al pobre bote de nata montada melancólico y abandonado. Me miró con tristeza y... Y cogí el bote de nata, formé una montaña, me zampé las dos tortitas repletas de nata, gocé de la mezcla de sabores y... Y me entró el cargo de conciencia, pensé en la operación biquini, en los vestidos que me acababa de comprar... Decidido, el lunes retomo la dieta... Pero, ¡qué ricas estaban las tortitas, qué sabrosas, que dulzonas!... Puro placer.