miércoles, julio 29, 2009

Retazos del verano

Me agobia ver lo abandonado que tengo el blog. Cada mañana me planteo escribir y relatar mis aventuras. Misión imposible. El tiempo se esfuma sin darme cuenta y las energías me abandonan a última hora de noche. Tanta vida ociosa me tiene derrengada, agotada de no parar. Intentaré con unas leves pinceladas describir este fantástico mes de julio.

Los fieras, delante y en segunda fila, José y yo intentado que Álvaro no saliera despedido


PARQUE DE ATRACCIONES. Los niños no aguantaban los nervios. "¡Nos vamos ya, nos vamos ya!", me gritaban por el teléfono. "Chicos, tranquilos, en cuanto salga del periódico...". A las 18:30 h. aterrizamos en la entrada del recinto. Ángeles, Gema, José y yo ejercimos de padres ejemplares y corrimos tras los seis niiños que no paraban de subir y bajar de las atracciones. Mi vocación infantil me obligó a sacarme la pulserita para montar en todos los cachivaches. Como un loca me lancé por los Rápidos. Antes de que se me secaran los vaqueros me deslicé por otra atracción de agua. Después, aviones, barco Misisipi, Jungla... y tres veces por la montaña rusa de troncos (de nuevo, los pantalones encharcados)... Como aún tenía fuerzas mis hijos decidieron aniquilarlas y me obligaron a montar (Álvaro tenía que ir con un adulto) a unos columpios que giran a toda velocidad desde una plataforma. Mis pies volaban y el mareo hizo su aparición. Miré el reloj y respiré tranquila. "Bien, es la hora del cierre", suspiré. Pero mi respiro duró dos segundos, los infantes me rogaron que subiera a unos puñeteros avioncitos que daban vueltas y vueltas mientras subían al cielo de Madrid. Salí haciendo eses como una borracha, mareada de tanto giro y rogando para que el reloj rozara las doce de la noche y, ¡oh, qué pena!, cerraran el Parque de Atracciones.
El cansancio nos llevó hasta casa (bueno, más bien el coche de Ángeles).
-Estoy rota, Alonso. ¿Qué has hecho en tu tarde de libertad?
-Me he ido al cine.
-Y qué has visto.
-"Millenium"


... Yo le mato


Volando en la lanzadera infantil (¡menos mal que a mí no me dejaron subir!)


PISCINA. Todos los días los baños se suceden. Salgo de trabajar, me cambio y me tiro de cabeza para refrescarme. Unas partiditas de cartas (¡qué dominio del tute, el cinquillo, el uno...) y más chapuzones.
El domingo todo estaba listo: la bolsa, las cremas, los bañadores... Hasta que..
-Chicos, ¿habéis visto mi cartera?
-No
-Venga, en serio, que no me hace gracia.
-Jo, mamá, que no la hemos visto.
-Pues todos a buscar...
Alonso, en pijama (tenía que ver la carrera de Fórmula 1), me miraba con esa cara que pone cuando a mí me ocurre algo extraño, esa cara que describe sus pensamientos ocultos, sus quejas sobre mis desastres.
-Venga, Alonso, ayúdanos.
Todos rebuscamos por casa, por el coche... La cartera no aparecía.
Como la última vez que la vi fue en el periódico me desplacé hasta allí con gran pereza. Los de seguridad me miraron atónitos (los domingos por la mañana la redacción está cerrada).
-¿Qué le ocurre?- me preguntaron intrigados al verme con mi vestido veraniego y mi bañador.
-He perdido la cartera. No sé si me la dejé ayer sobre mi mesa o si la tiré a la papelera cuando hice limpia de papeles... Y, claro, tengo las tarjetas de crédito...
-Las mujeres de la limpieza pasaron anoche, como la tirara a la papelera... -me comentó una simpática "segurata" al abrirme la desierta redacción.
La cartera no estaba, las papeleras mostraban su vacío... Corrí a casa, relaté mi aventura, llamé al banco y al Corte Inglés y cancelé todas mis tarjetas.
-Mamá, ¿nos vamos a la piscina? -rogaron los niños.
-Sí, total ya no puedo hacer nada...
Y entonces cogí la bolsa de piscina y me quedé ojiplática al comprobar que sobre las toallas descansaba mi cartera.
-Alonso, no te lo vas a creer...
-De ti me creo cualquier cosa, amor .
-... La cartera estaba en la bolsa de piscina, la debí meter cuando puse las cremas
-Eres la leche.
-Ay, y ahora no tengo tarjetas de crédito, ¡qué horror!

Seguiré con las pinceladas....

lunes, julio 20, 2009

Descanso estival

Hay gente que descansa en verano. No es mi caso. La temporada estival en la familia Alonso-Peña es agotadora y la agenda, más apretada que nunca: Álvaro se va a la piscina de Daniel; Daniel viene una tarde a casa; cenamos con los padres de los amigos de Diego en el campo de San Roque (paraíso escondido que permite a los adultos tomarse unas copas mientras los niños juegan al fútbol), Alejandro, el amigo de Diego, se traslada tres días con nosotros a Saldaña; el lunes me voy a la piscina con mi amiga Ángeles y los cuatro retoños; mañana Diego duerme en casa de Alejandro y yo aprovecharé para ir a cenar con mis amigas; el miércoles organizo cenita familiar en el jardín; el jueves por la noche, parque de atracciones; el viernes... Y la semana que viene: Aquópolis, Harry Potter... Ay, que no puedo más...
-Emma, ¿por qué no montas una guardería? -pregunta Alonso al percibir que todos los niños que hay en casa se han dormido a las dos de la mañana.
-No, una guardería no, pero me encantaría tener el tercero.
-Ay, qué masoca eres...
-Venga, corazón

miércoles, julio 15, 2009

Amada tecnología

"Ocultar no es lo mismo que mentir, si no se lo cuento no le miento...", pensaba al rebuscar por el bolso y en las bolsas de la compra. "¿Por qué me tiene que pasar siempre a mí?, mierda", me decía como una loca en el parking del Arturo Soria Plaza mientras el resto de los transeúntes me miraban y se alejaban de mí. Incluso di unas cuantas pataditas al suelo similares a las que dan los niños cuando tienen una pataleta. "Yo esto no lo cuento. ¡Pero cómo puedo ser tan desastre! Si solo he ido a dos tiendas...", refunfuñé al acercarme a la garita de seguridad.
-Hola, verás... A ver... bueno, que he perdido el tiquet del parking, pero te prometo que acabo de llegar... He comprado unos bañadores en Neck Neck, dos litros de coca-cola light en Sánchez Romero... No sé cómo lo he podido perder... ¿Tendré que pagar todo el día de parking?... Ay, no entiendo qué me ha ocurrido... -solté como una ametralladora.
-Tranquila, todo tiene solución, ¿me puedes decir la matrícula de tu coche?
Por suerte mi memoria no me fallo y se la dije rápidamente.
-Toma, con este tiquet podrás salir. Hasta luego -dijo el amable agente de seguridad.
Perpleja subí al coche, arranqué y elogié el moderno sistema de identificación de matrículas del centro comercial que me salvó del desastre. Uff, me parece que se lo contaré a Alonso a la hora de la cena...

martes, julio 14, 2009

Loft rural

El secreto estaba escondido en las alturas. Cajas amontonadas, restos de útiles que ahora son inútiles, elementos que tanto nos sirvieron cuando los niños eran bebés, aparejos... Todo ello ocultaba las posibilidades de aquel amplio lugar. De pronto, mi mente imaginó cómo quedaría ese enorme espacio, decoró, diseñó, soñó... Alonso se unió rápidamente y planteó mil sugerencias. Peligro, la emoción nos había invadido. Dos fines de semana después la vieja y enorme buhardilla, que en tiempos servía de almacén, empezó a tomar cuerpo. Los trastos inservibles desaparecieron, Alonso pintó las paredes de blanco, con maña hice que las vigas lucieran su bella madera... Aún nos queda mucho: dar un tinte a la madera del suelo (Pablo, el primo de Alonso nos explicó cómo hacer la mezcla de manera tradicional para dar un toque rústico), enfoscar una de las paredes, terminar de lijar algunas vigas, pintar la chimenea... Pero poco a poco el paraíso empieza a brotar. Con dos sofás, una mesa y una televisión de plasma hemos creado un fantástico y amplio cuarto de estar para reponer nuestras fuerzas, leer nuestros libros y que los niños jueguen al tute. En breve este loft rural también albergará nuestro dormitorio, el estudio... Una maravilla, una pasión que nos va a entretener gran parte del verano. ¿Alguien se apunta?

P.D. Cuando acabemos publicaré las fotos del antes y después.

lunes, julio 06, 2009

Seducción gastronómica

Ring, ring, sonó el teléfono el viernes antes de irme a Segovia.
-Hola Emma. Soy Pablo, ¿cuándo puedo ir a tu casa para estar con Diego?
-Huy, hoy no puede ser, pero si quieres vente el lunes y te quedas a dormir.
-Vale -contestó con ilusión.
El lunes por la tarde la casa rebosaba de niños: Diego, Álvaro (los míos) y Pablo y su hermano Nacho que tiene la misma edad que Álvaro. Chapotearon en la piscina, vieron sus dibujos favoritos, comieron palomitas y por fin a la una y media de la mañana después de unos cuantos gritos se durmieron.
A las nueve les estaba preparando el desayuno que les había prometido: tortitas con nata. Según daba vuelta y vuelta a cada tortita notaba como el sudor recorría mi frente. Mi mente me trasladó a Estados Unidos y me imaginé como el típico negro de las películas que no para de hacer hamburguesas frente a la ardiente plancha de cocina. Un grito me devolvió a la realidad. "Mamá, ¡¡queremos más tortitas!!", gritó Diego desde el jardín. Cumplí sus órdenes, me senté con ellos y observé como dos tortitas seguían huérfanas sobre el plato.
-¿No vais a comer más? -interrogué perpleja.
-No, ya estamos llenos -contestaron al unísono y corrieron a jugar.
Allí estaba yo y sobre el plato estaban ellas. Demasiada tentación. Sin darme cuenta noté como me empezaban a engatusar, incluso percibí un seductor guiño de ojo. No, tengo que aguantar, me dije con pleno convencimiento. Las tortitas me miraron con pasión y deseo. Me hice la dura, me encendí un cigarro y evité observar la tentación. Pero, ay, cuando noté como lloraban con desconsuelo me dejé seducir. Sí, lo sé, en materia gastronómica soy muy facilona (en otras materias no lo voy a desvelar) y me daban tanta pena las tortitas. Apagué el cigarro, acerqué el plato y... Y vi al pobre bote de nata montada melancólico y abandonado. Me miró con tristeza y... Y cogí el bote de nata, formé una montaña, me zampé las dos tortitas repletas de nata, gocé de la mezcla de sabores y... Y me entró el cargo de conciencia, pensé en la operación biquini, en los vestidos que me acababa de comprar... Decidido, el lunes retomo la dieta... Pero, ¡qué ricas estaban las tortitas, qué sabrosas, que dulzonas!... Puro placer.

Mis inventos


Tener un hijo escayolado en pleno verano activa la imaginación. Por ejemplo, para que se pueda bañar en la piscina he inventado un método genial: envolver el brazo con papel transparente de cocina (ojito, varias vueltas) como si fuera un bocadillo y después protegerlo con la funda que venden en las farmacias (un sacacuartos que no sirve para nada). Gracias a semejante invento Diego buceó en el cumpleaños de su amigo Quique y chapotea como un loco en la piscina de Ayllón.
Emocionada por semejante descubrimiento y analizando mi chaladura constante (esto solo lo puedo decir yo que soy la afectada) decidí llevarle a Saldaña la antigua bicicleta y probar si era capaz de pedalear sin caerse y romperse la escayola. Otro éxito.
Así que el fin de semana de pueblo (cada vez me gusta más esta palabra) ha sido fantástico: los niños desaparecían con sus bicis durante todo el día, la casa poco a poco cogió cuerpo (¡me va a quedar divina!), la tranquilidad nos invadió, nos bañamos en la piscina, dormí como una ceporra y me picaron unos cuantos mosquitos (ay, estoy tan buena que solo me acribillan a mí, qué suerte).

jueves, julio 02, 2009

Sin tiempo

Cayetana y Álvaro asustando a los tiburones

Los niños de vacaciones y la madre desesperada (uséase, yo) sin tiempo para escribir. Ay, si es que no paro. Las noches se alargan en el jardín entre el "Rummy", el "Uno" (juegos de mesa) y nuestras risas. El día que Diego tiene médico aparece el perito del seguro (el de Unión Fenosa debe haberse ido con Curro, el perrito millonario de la primitiva). Hoy, que planeo ir al zoo por la noche con mi hermano "and family", Diego me recuerda que tiene un cumpleaños y empieza el caos: llamo a la madre de Paloma para que se quede con él en caso de que Alonso se retrase un poco, recojo a Álvaro, echo gasolina, compro tabaco a escondidas (¡cómo me martirizan mis hijos!), recorro la Casa de Campo, encuentro el zoo, localizo a la "family", disfruto del paseo entre el oso panda, los leones, los lemures...; cenamos unos sandwichs de Rodilla al estilo dominguero y gozamos del espectáculo nocturno de los delfines con música de Disney de fondo. A las doce y media llego agotada a casa y con el estrés de no haber preparado nada para Segovia, ni maletas, ni las bicis, ni mis nuevas adquisiciones, aunque con unas ganas locas de desconectar del mundo e imbuirme en mis ideas de decoración rural. ¡Cuánto voy a disfrutar!, ¡y los niños allí se lo pasan de maravilla con sus amigos y sus paseos en bici!... Incluso tal vez me dé tiempo a descansar y a zambullirme en el último libro de Larsson. Tocaré madera que con el añito que llevo...

Aquí, la parejita sorprendida al ver lo tarde que era


  • Y cómo no, las fotos de la fiesta del colegio. AQUÍ

domingo, junio 28, 2009

Transformers

¿Alguien tiene alguna duda sobre transformadores o necesita localizar una tienda de electrónica? Desde la subida de tensión de Unión Fenosa (los odio) me he convertido en una experta en cuestiones electrónicas, he entablado una curiosa amistad con un cubano que me asesora y facilita todos los aparatos que necesito y gracias a él he podido reparar la Wii, los discos duros, la pantalla del ordenador... Vamos, que me quiero mucho (estado habitual en mí que no sé qué es la modestia). Además, después de lavarme el pelo con agua gélida y congelar la única neurona que tengo activa a primera hora de la mañana, apareció el técnico de Saunier Duval, cambió un fusible y arregló la caldera; el operario de Telefónica me puso en contacto con el mundo exterior (¡tres días sin internet, una pesadilla!); y compramos una nevera (¡aún tengo la vieja en la cocina porque el perito no se ha dignado a venir por casa!). Pese a las reparaciones y nuevas adquisiciones, tanto estrés acabó con mis energías y noté como mi transformador personal se desconectaba.
-Alonso, no tengo fuerzas, estoy más rota que el televisor -gemí al tumbarme en el sofá.
-No exageres, tú nunca te cansas -contestó sin prestarme gran atención.
-Bueno, te dejo a los peques que tengo cena con las mamás de la clase de Diego.
-Ves como no estás tan cansada... Te conozco como si te hubiera parido...
Le miré con mis ojos asesinos y partí a degustar un refrescante vino rosado, unas suculentas tapitas y un atracón de risas. Volví a casa a las dos y media de la mañana. Mi adicción a internet me obligó a curiosear por twitter y me enganché a todas las noticias relativas a la muerte de Michael Jackson y Farrah Fawcett (¡y corría el rumor de que también había fallecido Jeff Goldblum!)... A las cuatro invadí la cama. "¡Menos mal que estabas súper cansada!", suspiró Alonso al sentirme junto a él. Pensé en darle un codazo y tirarle al suelo, pero el cansancio no encontró las fuerzas... Otro día lo haré, seguro.

martes, junio 23, 2009

Roto al cuadrado

El 21 de junio no es el cumpleaños de nadie que yo conozca, ni mi aniversario, ni nada de nada... Pero desde este año será el día fatídico, el día horroroso, el día en que todo se desmoronó. El drama comenzó a primera hora de la mañana. Alonso me despertó a las nueve. Abrí los ojos con cansancio, sin haberme recuperado de la cena con Javier y Mariluz y recordando mi último gin-tonic.
-¿Por qué me despiertas?
-Ocurre algo extraño. Ven -somnolienta bajé por las escaleras y mi mal humor mostraba mi enfado por haber madrugado un domingo-, han saltado los plomos...
-¿Y?
-Mira qué raro.
Subió de nuevo los plomos y la casa relució como si todos los focos del estadio Bernabéu se hubieran instalado en el salón. Los plomos volvieron a saltar.
-¿Por qué hay tanta luz? -le pregunté cegada por el resplandor.
-Ni idea.
Desde el jardín grité como una italiana a mis vecinos. Ellos tampoco tenían luz. Llamamos a Unión Fenosa y mandaron una patrulla de operarios. La avería -producida por una subida de tensión- parecía severa, picaron la acera y empezaron a buscar la causa. A las dos y media de la tarde volvió la luz.
-Uff, menos mal -suspiré- voy a preparar la comida.
La cocina olía a quemado. El operario nos indicó que ya estaba todo solucionado y que comprobáramos que todo funcionaba. Y comenzó el caos. Alonso empezó a gritarme los desperfectos.
-Han estallado tres bombillas. La caldera no funciona... Sigo comprobando...
De pronto la nevera soltó un chispazo.
-¡No! -grité desesperada.
Al cabo de una hora más que desesperada estaba neurótica perdida. Los daños eran innumerables: televisor, caldera, nevera, wii, equipo de música, teléfonos, dos discos duros, reuter (imagenio, adsl, wifi)... Y lo peor: el ordenador y su pantalla.
Intenté contener las lágrimas.
-Alonso, mañana tengo que presentar un trabajo como haya perdido todo me muero...
-Tranquila.
-¡Pero si hoy es domingo!
-Llama a Pablo a ver si le podemos llevar el ordenador y los discos duros.
Dejamos a los niños en casa de los vecinos y partimos con todo el equipo informático. Tras cientos de operaciones salvó el disco duro y prometió conseguirme la fuente de alimentación para el día siguiente.
Volvimos agotados, sin fuerzas y con una ira incontenible hacia Unión Fenosa. Pero aún nos quedaba más. Según aparcamos fui a recoger a Álvaro.
-¿Dónde está Diego? -pregunté a Silvia.
-Se ha ido con Ives y Stéphan a montar en monopatín. Mira, ya vuelven... ¡Qué raro no han estado ni media hora!
Abrieron la puerta del coche y escuché el llanto de Diego.
-¿Qué ha pasado? -pregunté con el estómago cerrado.
-Ay, Emma, lo siento, Diego se ha caído y le duele mucho la muñeca... -me explicó Ives.
-Tranquilo, no pasa nada... Venga Diego al coche, nos vamos a urgencias... Alonso, me voy al hospital Diego se ha caído.
-Estás de coña, ¿no?
-No, no estoy de coña.
Dos horas en urgencias. El rodete del radio distal roto y una escayola hasta el codo. Mínimo, tres semanas.
-Mamá, se nos rompe la casa entera y ahora me rompo yo. -sollozó mi niño.
-Tranquilo, cielo.
-¿Podré ir al campamento de verano?
-No.
-¿Por qué?
-Porque es un campamento multiaventura con rafting, caballos... Y así no puedes ir.
A las doce llegué a casa sin energías, sin nevera, sin ordenador, sin agua caliente, sin wii, sin... Y con mi hijo escayolado.
Jodido 21 de junio.

PD. Parece que el gafe se ha instalado en mi persona. Un consejo: alejaros de mí...

martes, junio 16, 2009

San Fermín del Rocío

Boleros de fondo, la piscina en el jardín, el sol abrasador... "¡El verano ya está aquí!" grité en mitad de la cocina mientras preparaba un delicioso salmorejo y una ensaladilla rusa ("pa chuparse los dedos"). Decidido, hoy me salto la dieta, ¡qué disfruten mis lorcillas! La emoción me tenía pletórica hasta que descubrí de qué debían ir disfrazados mis hijos en la fiesta de fin de curso: Diego de sanfermín y Álvaro de rociero. ¡Toma ya! Vamos, que a puntito estuvo el salmorejo de convertirse en gazpacho antes de que me diera el soponcio. Céntrate, Emma, céntrate, me dije según picaba los huevos duros de la ensaladilla, que tú puedes con esto y con mucho más, querida. Dejé el salmorejo y la ensaladilla enfriar en la nevera y partí con la visa en mano a la busca de un pantalón blanco, una camiseta, unas zapatillas... Misión cumplida. Lo sencillo estaba apañado pero aún me quedaba lo peor: el pañuelito de sanfermín y el traje de rociero (¡con lo que odio las sevillanas!). Menos mal que las amigas siempre te solucionan los problemas: Yolanda me dejó un pantalón negro, Conchi me compró el sombrero, encontré un fajín rojo en mi baúl de disfraces... Ay, y dónde consigo el pañuelito...
Por la noche Alonso y yo atacamos al salmorejo y la ensaladilla.
-Emma, está todo buenísimo...
-Ya.
-¿Qué te ocurre?
-El pañuelo.
-¿Qué pañuelo?
-El que necesita Diego para su disfraz de fin de curso...
-Por cierto, mañana tengo una presentación con los de turismo de Navarra.
-¡¡¡El pañuelo!!!
-Pero, ¿qué te pasa con el pañuelo?
-Que Diego tiene que ir de sanfermin.
-Y...
-Pues mañana pídeles a los de Navarra que te den un pañuelo...
-Emma, cada día estás peor.
-O me consigues el pañuelo o no comes salmorejo en todo el verano.
-Bueno, tú tranquila... -suspiró rebañando las últimas gotitas de mi delicioso salmorejo.


Preguntas con misterio:
  • ¿Conseguirá el pañuelo?
  • ¿Es cierto que los de sanfermín también llevan un pañuelo rojo atado a la cintura? (¡que me va a dar algo!)
  • ¿Terminaré yo atada a la silla de un loquero?

Tantas preguntas y tan pocas respuestas...

lunes, junio 15, 2009

Desierto

El bosque frondoso de árboles era ruidoso y alegre. Poco a poco se empezó a talar: paulatinamente algunos troncos caían, desde los centenarios a los esquejes que aún no habían asentado sus raíces. Las pequeñas calvas del terreno eran casi imperceptibles. Hasta que un día los motores de una máquina repleta de sierras eléctricas empezaron a rugir. El bosque frondoso ahora es un desierto silencioso y la alegría se ha escondido entre los finos granos de arena. ¿Surgirá algún oasis entre tanta desertización?

sábado, junio 13, 2009

Más piscina

Seis niños, cinco adultos y un día de piscina. Un sábado perfecto para llegar agotada a casa. Agotada de no hacer nada porque mi hermano ha ejercido de tío ejemplar y ha entretenido a los infantes todo el día. ¡Incluso se los ha llevado a ver los trenes! Pero una sesión continua de cotorreo marujil con mi prima María y Virginia, varios chapuzones, zampar de lo lindo y unos vasitos de vino agotan a cualquiera.
-Mamá, en la tele ponen "Terminator3". ¿Te quedas a verla con nosotros? -me suplica Diego a las once de la noche.
El panorama era enternecedor: Álvaro soñando en el sofá, Alonso y Diego disfrutando de la película...
-No, cielo, me subo al cuarto a leer un poco.
Abro el libro y noto como el sueño me empieza a vencer. No doy crédito. ¡Si solo son las doce de la noche! Me dejo mecer por el cansancio. Por fin voy a dormir. A la media hora noto que alguien enciende la tele del cuarto, que dos cuerpos se tumban junto a mí, los instintos asesinos me despiertan y un grito agudo sale de mi boca.
-¡Yo os mato! Para un día que me duermo pronto vais y me despertáis...¡¡#@... Perfecto, ya me habéis desvelado, a ver ahora cómo me vuelvo a dormir
Alonso y Diego miran estupefactos mi ataque de ira.
-Pero si solo faltan dos minutos para que acabe la peli... No exageres, Emma.
-#@$@
Salgo al jardín. Me fumo el único cigarro que tengo. Me planteo como todos los días dejar de fumar. Bajo al ordenardor, rebusco algunas recetas para la thermomix. El llanto de Álvaro me hace subir las escaleras de tres en tres.
-Tengo alergia, mamá -lloriquea sin consuelo.
Polaramine, crema para la dermatitis...
-Venga, duérmete, cielo.
Mi tropa masculina descansa plácidamente. Deambulo por el salón. Bajo al cuarto de estar. No tengo tabaco, no tengo sueño y... ¡Aún no ha salido el tercer libro de Stieg Larsson! Maldito insomnio loco.
  • Pensamiento filosófico: "El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". Si conoces a la persona, le consuelas, le animas, le intentas aconsejar... La tercera vez que tropieza, con cansancio, repites la operación. La cuarta vez asumes que es masoca, que le gusta la piedra y lo mejor es alejarse del camino.

PD. Álvaro lloró más de dos horas. El dolor le martilleaba el oído y parte de la mandíbula.
3 de la mañana. Me visto, cojo el coche y me voy con él a urgencias del Ramón y Cajal. Paperas, otitis... La pediatra no puede diagnosticar con seguridad. Volvemos con toda la medicación a las 5 de la mañana. Los nervios me mantienen despierta hasta las 5,30... Su dolor se disipa, es hora de dormir...

viernes, junio 12, 2009

Primer chapuzón

Los peques invadieron las piscina...

VÍDEO

... y Diego trepó por las paredes

VÍDEO2

Vicios

La culpa como es habitual es de mi Alonso, que fomenta todos mis vicios y así voy a acabar mal, muy mal. Por ejemplo, comienzo la "operación biquini-antilorcillas" y aparece en casa con un "regalito" para mí: helado de tarta de queso de Mercadona (¡el que más me gusta!). Tuerzo el morro y pongo cara mosqueo (¡la tengo súper dominada!).
-Alonso, ¡pero si estoy con mi operación biquini!
-Anda, no seas tonta, que estás fantástica.
Y digo yo, si él opina así me tendré que conceder el capricho.
Dos cucharitas, una serie de televisión y el helado desaparece en un abrir y cerrar de ojos.
-¡No vuelvas a comprar helado hasta el mes que viene! -le grito mientras rebaño los últimos centímetros de helado.
Ahora me regaña porque soy una adicta al ordenador, pero ¿quién me guió hace años a crear mis blogs?, ¿quién me regaló una súper cámara digital para mantener mi facebook al día?, ¿acaso él no es otro vicioso de la tecnología?
Si a esto le unimos mis vicios legendarios: tabaco, coca-cola light... y la apertura de la estación estival, las barbacoas, la piscina... Ay, y esta semana no he ido al gimnasio.
Vuelvo a las andadas.

martes, junio 09, 2009

Mi amiga

Hay amistades que se afianzan con el paso de los años y la nuestra fue así. Comenzamos nuestra andadura profesional en el mismo lugar, hace 16 años. Dos "pipiolas" en mitad de una marabunta. Los cierres hasta altas de la mañana, el buen ambiente que nos rodeaba, las luchas por un contrato, las confidencias... nos fueron uniendo. En unas cuantas líneas no se puede resumir todo lo que hemos vivido, vidas tan parejas. Bodas, nacimientos, risas, cambios de domicilio... Y, cómo no, nuestras cenas de mujeres que se alargaban hasta altas horas de la mañana con un buen vino entre las manos y que siempre mantendremos. Compartíamos hasta la cara ojerosa del día siguiente (¡qué bueno fue mi truco!).
La prohibición de fumar en los lugares de trabajo nos hizo pasear cientos de veces por el interminable pasillo hasta el taller y allí disfrutar de nuestro vicio nicotínico rodeadas de conversaciones dispares: menús de cocina, secretos de mujeres, cotilleos, alguna que otra crítica (¡cómo negarlo!), cine, risas y mucha confianza.
De pronto hace dos meses llegó el batacazo: ella estaba en la lista.
Mañana firma su finiquito y no sé cómo aguantar las lágrimas, cómo decirle que la voy a echar mucho de menos, que no me parece justo, que... Y el doloroso goteo seguirá su curso y el drama se multiplicará.

domingo, junio 07, 2009

Regreso al pasado


El bombardeo de e-mails duró más de una semana. Por fin la cita tomó cuerpo: sábado, 21:30 h., Malevos. Poco a poco todos aparecimos, sonreímos, nos saludamos, nos besamos y empezamos a contar nuestras batallitas. 21 años nos separaban desde la última vez que acudimos juntos a clase. Y, para qué negarlo, estábamos mejor que nunca.
Cervezas, vino, carpaccio de salmón, pulpo a la gallega, gin-tonic, ron con coca-cola... Las bebidas, los picoteos y los cotilleos nos mantuvieron reunidos hasta pasadas las cuatro de la mañana. Un éxito de fiesta.

Tal como somos, tal como éramos. FOTOS

sábado, junio 06, 2009

Malditos roedores

Después de devorarme el segundo libro de Stieg Larsson noto como el sueño me ha dejado en el olvido. Son las dos de la mañana, giro por la cama y me desespero. Desciendo la escalera y voy a la cocina para salir al jardín a fumarme un cigarro. "Tengo que abandonar este vicio", pienso como todos los días. Lucas, el gato, maúlla en una pequeña ventana. Quiere entrar a casa. Me acerco, abro el cristal y veo como una bola gris cae sobre la encimera. Grito. Lucas salta a mis pies y se arremolina en mis piernas para que le ponga algo de comida. Sigo gritando. Cojo a Lucas y lo deposito sobre la encimera.
-¡¡Mátalo, mátalo!!
Lucas me mira perplejo.
-¡¡Venga, mátalo!!
Muevo la thermomix y la pequeña bola gris sale corriendo.
-¡¡Lucas, narices, coge al ratón!!
Desplazo la freidora y siento como el ataque de pánico e histeria me domina.
-¡¡Mátalo!! -vocifero desesperada- ¡¡Alonso, Alonso!!
Alonso, dormido, tampoco me hace caso.
-¡¡¡¡ALONSO!!!
-¿Qué ocurre? -pregunta somnoliento.
-Ha entrado por la ventana un ratón de campo. Ay, qué asco. Haz algo, por Dios -le explico mientras le empujo a la cocina y cierro la puerta con las tres fieras dentro.
Escucho como mueven todos los cacharros de la cocina, como se abre la puerta del jardín y vuelve Alonso con su cara somnolienta.
-Ya no hay ratón. Me voy a dormir. -suspira con voz onírica.
-¡Qué horror, con este susto seguro que ya no duermo! -exclamo en el silencio de la noche. Nadie me contesta.
Salgo al jardín deseosa de fumarme mi cigarro. Observó a Lucas devorar su manjar: el ratón.
-¡Ay, qué asco! -grito en la oscuridad. Me encierro rápidamente en la cocina y decido fumar en la tranquilidad del hogar.
¡¡Malditos roedores!!

miércoles, junio 03, 2009

Resolución final

Martes por la tarde. El optimismo fluye por los pasillos de la redacción. Los miembros del comité animan a los "nominados". "Tranquilos, el ERE no se va a aprobar", aseguran a diestro y siniestro.
Los altibajos anímicos me tienen destrozada. Por un día salgo contenta a recoger a mis hijos. En casa me sumerjo en su mundo paralelo. Sus vocablos me transportan a un planeta extraño: Lugia, Raikuazu, Riolu, Giratina, Picachu, Palquia... (los nombres de los pokémon que tengo que dibujar para que ellos los coloreen y cuelguen en su habitación). "Mamá, eres una artista", gritan felices mientras mi deseo es devorar las últimas páginas de "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", de Stieg Larsson. Después, deberes, duchas... Y Alonso no llega. "¿Qué raro?", pienso al ver las agujas del reloj. Le llamo intrigada.
-¿Tienes mucho follón?
-No. Hay novedades. El Ministerio ha aprobado el ERE.
Me quedo paralizada. Los sentimientos positivos desaparecen en un segundo.
-Pero...
-No sé más, Emma, voy a esperar a ver qué nos cuentan.
Corto la cinta de sajonia de los niños. La tristeza me invade con fuerza. Las lágrimas se asoman a mis ojos, la pena me domina.
-¿Qué te ocurre, mamá? -me preguntan los niños al percibir mi silencio.
-Nada...
¡Cómo explicar este dolor!, ¡cómo contarles que muchos amigos míos se van a ir al paro!, ¡cómo relatar la tristeza vivida estos últimos dos meses!

domingo, mayo 31, 2009

Pura organización

El viernes, en mitad de la cena romántica en el jardín (mejillones en salsa verde, guacamole, rollitos aliñados con salsa agridulce sobre menta y una hojita de lechuga y un refrescante vino rosado), decidí que los niños no irían al fútbol a la mañana siguiente. Mi vida caótica no me lo permitía.
Sin embargo como es habitual mis planes se desmoronaron. A las ocho de la mañana Álvaro saltó sobre mi espalda.
-Venga, mamá, despierta, que no vamos a llegar al partido.
-Ay, cielo, no vas a ir.
Observé desde el único ojo que había abierto como su cara se contraía y empezaba a sollozar.
-Mamá, yo quiero ir, es mi primer partido contra otro colegio...
-Ya lo sé, pero yo hoy trabajo y tu padre tiene que ir a Cercedilla a ver al abuelo... Lo siento, de verdad, pero todo se ha complicado.
-Mamá, no me hagas esto... Por favor, mamá...
Sus lágrimas rodaban sobre sus mejillas...
Clic, clic
Intenté aguantar.
Clic, clic. Conseguido. Mi fibra sensible se había activado y me dominaba.
-Vale, Álvaro, iremos al partido pero en cuanto termine nos vamos. No te puedes quedar jugando con tus amigos. ¿Trato hecho?
-Síiiiiii... Eres la mejor.
-¿Qué hace Álvaro vestido de fútbol? -preguntó Alonso antes de partir con su madre al hospital.
-Lo voy a llevar al fútbol, pobrecito... Me ha llorado y me ha activado la fibra sensible.
-Ay, qué débil eres.
-Lo sé.
Llegar hasta el colegio donde se iba a disputar el partido fue una odisea. El recinto estaba en un barrio periférico de Madrid (¡que yo no domino esas zonas!). Paré cuatro veces, pregunté a otras cuatro personas y por fin descubrí el campo.

Calentando motores para ganar

Álvaro corrió con sus compañeros a calentar. Empezó el partido y las risas. Todos se arremolinaban alrededor de la pelota, intentaban hacer un pase y tropezaban, el balón huía de ellos, Diego vociferaba técnicas a su hermano...
De pronto, el equipo contrario marcó un gol. «Ya empezamos -pensé-, este equipo tampoco me va a dar alegrías». Pero sin saber cómo el partido dio un giro de 180 grados y comenzaron nuestros goles: uno, dos, tres, cuatro, cinco, ¡¡¡seis!!!
Píiiiiii, sonó el silbato del arbitro.

El premio de la victoria

¡Habían ganado 6-1 y encima les entregaron una súper copa y una medalla a cada uno!
Después, a la velocidad de la luz, los dejé en la piscina de mi hermano, corrí a trabajar, observé que la luz de reserva del coche empezaba a parpadear (¡No, ahora no puedo parar!), constaté que la tarjeta de entrada al periódico se me había olvidado (¡No es momento para no fichar!)...
Por fin me senté en mi silla y relajé los ánimos. Tras comer una coca-lihgt (suculento manjar), eché gasolina y me planté en casa de mi hermano y mi cuñada. Los niños chapoteban en el agua, mis sobrinas disfrutaban del nuevo delfín hinchable, las conversaciones fluían plácidamente... De pronto empezó a llover, miré el reloj y grité "¡Las nueve y media de la noche!"
-¡Chicos, al coche, que es tardísimo! -ordené mientras me despedía.
Y yo que pensaba que hoy iba a ser un día tranquilo.

Manuela y Cayetana, las fans número uno de Álvaro

miércoles, mayo 27, 2009

Fiel a mis promesas

Mallas negras, camiseta blanca, sudadera rosa, mochila rosa...
-Mamá, ¿qué haces así vestida? -me preguntaron los peques a primera hora de la mañana con la certeza de que iban a llegar tarde al cole (¡no sé cómo lo hago!).
-Hoy voy a hacer deporte, queridos.
-¿No trabajas?
-Sí, pero antes voy a ir al gimnasio.
-Jo, qué suerte.
-Pues no sé, esto de machacar el cuerpo no va conmigo, pero debo ser fiel a mi operación.
-¿Te van a operar?
-¡¡No!!, quiero decir que es una decisión que debo cumplir... (¡como para explicarles la conjunción de la "operación biquini+operación antilorcillas" y que piensen que su madre está aún más loca de lo que imaginan!)
La mochila transportaba mis últimas adquisiciones: bañador negro de nadadora, toalla rosa, gorro rosa, gafas rosas, zapatillas rosas... ¡Antes muerta que sencilla!
Con gran aplomo entré en el nuevo polideportivo. En la Sala 1, un grupo brincaba bajo las órdenes de un monitor. En la 2, unos cuantos chicos pedaleaban sobre unas bicis estáticas súper modernas mientras seguían el ritmo frenético de la música. En la 3, los puñetazos al aire volaban por todo el aula.
"Ay, qué pereza me da "to". ¿Y yo qué hago?", pensé cansada solo de verles.
Me colé en el vestuario, me planté mi modelito y empecé a mover mis músculos en la piscina.
Uno, dos, tres... ¡veinte largos!, ¡500 metros! ¡Menuda paliza!
Salí con la moral por la nubes y decidí acudir siempre a esas horas tan tempranas para ser la número uno. Lo tengo fácil, el resto de mis competidores superaba la media de 65 años...
Aguanté la tentación durante los eternos veinte largos, luego me dejé llevar y la seducción de las aguas me acaparó. En el spa los chorros de la catarata modelaron mi cuello, las burbujas de la tumbona de gresite relajaron mi cuerpo, un chorro con alta presión retiró mis tensiones... Después, visité la sauna finlandesa, pasé por la ducha de microgotitas y, por último, un baño melódico con agua salina donde mis pocas energías se esfumaron.
¡Qué maravilloso es hacer deporte! 20 minutos nadando y 40 en el spa... ¡Qué bien me lo monto!

martes, mayo 26, 2009

El verano ya está aquí

"Operación biquini", leo en la portada del suplemento MHmujer entre patata frita y patata frita.
-¡Por Dios! ¡Y yo con estas lorcillas! -aúlla mi pensamiento- Esto no puede seguir así. Se acabó, empieza mi "operación antilorcillas".
Mi mente masculló cómo realizar tan compleja operación. El tiempo corría en mi contra. Decidido, habrá que duplicar esfuerzos (dieta+ejercicio ¡qué pereza!).
Por la tarde afronté mi drama. La lluvia había desaparecido y mis hijos suplicaban ir al cine.
-No, al cine no, nos vamos a montar en bici -ordené toda dispuesta con mi mallas negras y mi sudadera rosa chicle.
-¡Jo, mamá! -refunfuñaron.
-Ni jo ni ja. ¡A montar en bici! Además, Diego, así estrenas la bicicleta que te han regalado los tíos.
Delante, en primera posición, desfilaban Diego y Stéphan. Rezagados y a un ritmo delicado, Álvaro y yo.
-¡Alonso, baja luego con el coche al parque que Álvaro no tiene fuerzas para subir todas las cuestas! -grité con mi mochila rosa colgada de mis hombros y mi cestita de la bici repleta de botellas de agua (¡que la deshidratación es muy peligrosa!).
-Tranquila, luego iré.
Descendimos relajadamente por distintas avenidas hasta llegar al parque "Juan Pablo II". Álvaro, emocionado, me suplicaba que no fuera por la carretera y anduviera junto a él por el camino de tierra. "No, cielo, que se pueden pinchar las ruedas", le expliqué y omití la razón: ¡con tantas piedras mi caída era segura!
En el parque observé los bancos. Rápidamente aposenté mi trasero en uno de ellos y contemplé cómo los niños no paraban de correr y trepar. ¡Qué energías!
Al cabo de un rato apareció mi Alonso.
-¿Qué tal la expedición? -preguntó con tono socarrón.
-Fantástica. Soy una deportista nata, amor -contesté con la modestia que me caracteriza.
El sol ya estaba cansado. Antes de que apareciera la luna partimos hacia casa.
"Emma, ¿quieres que vuelva yo con la bici?", preguntó Alonso. "Ni loca, querido, ya te he dicho que soy una súper deportista".
A lo lejos observé dos puntitos (Diego y Stéphan). La cuesta arriba era interminable. Los músculos de mis muslos se estaban bloqueando. El sudor caía por mi frente. Coloqué la quinta marcha y seguí pedaleando. Antes de morir decidí hacer una pequeña parada. Tomé aire, retiré las gotas de sudor que empañaban mis gafas de sol y perdí de vista los dos puntitos que iban delante mío. De pronto, Alonso pasó con su coche que transportaba a Álvaro y su bici. Bajó la ventanilla dejando escapar un golpe de brisa fría del aire acondicionado.
-¿Qué tal vas?
-Genial. Sólo he parado un poco para no tener agujetas. -contesté acercándome al hueco de la ventanilla para robar un poco de aire gélido.
-¿Seguro?
-Sí, todo controlado.
-Anda, déjame la bici y sube tú en coche.
-No, gracias. De verdad, estoy muy bien -solté con respiración entrecortada y un hilillo de orgullo.
-Emma, no seas cabezota. Venga, déjame la bici.
-Bueno... si te pones así... que sepas que lo hago por ti... que hacer deporte es muy bueno.
-Ya, ya. Oye, ¿por qué vas con la quinta marcha?
-Porque es una cuesta arriba.
-Tienes que ir con la primera...
-¡Huy, me habré despistado! -contesté incapaz de reconocer mi gran error mientras mis muslos duros y bloqueados intentaban acomodarse en el asiento del coche.
Hasta entonces la "operación antilorcillas" estaba perfectamente encaminada. Contenta con mi hazaña, esperé a la tropa sudorosa.
-¡¡Mamá!! -gritó Diego antes de llegar a casa- ¿Nos haces tortitas para merendar?
-¡¡¡Síiii, por favor!!! -suplicó Stéphan.
-¡¡¡Síiii!!! -rogó Álvaro.
¡Y cómo me iba a negar con lo ricas que me salen las tortitas con nata!
-Mamá, ¿tú no vas a comer tortitas? -preguntó Álvaro.
-No, gracias.
-¡Pero si has hecho mucho ejercicio! -razonó Diego.
-Pues ahora que lo dices tienes razón. Anda, pásame la nata -contesté y observé que Alonso sonreía para esconder una enorme carcajada.
-No te rías -le bufé mientras zampaba mi tortita con una montaña de nata (¡qué placer!).
-No me estoy riendo.
-Que nos conocemos, Alonso. Verás como antes de verano estoy divina.
-¡Pero si yo no he dicho nada!
-Ya, pero conozco esa mirada, amor... ¿Quién me ha quitado la nata?

domingo, mayo 24, 2009

Orden entre boleros

"En la vida hay amores que nunca,
pueden olvidarse,
Imborrables momentos que siempre guarda el corazón,
Porque aquello que un día nos hizo,
temblar de alegría
Es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor"

La voz desgarrada de Diego el Cigala junto al piano de Bebo Valdés suena de fondo. La ropa se amontona sobre la cama, las cajas invaden el suelo, el armario está vacío, alguna percha cuelga desnuda sobre la barra... Empieza la tortura semestral. Acompaño al Cigala con mi voz desafinada y sonrío con los boleros, recuerdos de mi niñez y gran pasión de mi vida.

"Sufro la inmensa pena de tu extravío

siento el dolor profundo de tu partida
y lloro sin que tú sepas que el llanto mío
tiene lágrimas negras como mi vida"

Mis hombres me han dejado. Aprovecho para oír música española y grito como una flamenca alocada. Mi coca-cola light espera mis sorbos en la estantería. Empieza mi pesadilla. Una bolsa de plástico gigante descansa en el suelo. Poco a poco la voy llenando. Este año no voy a tener compasión. Los jerseys me miran agónicos y sin piedad los lanzo a la bolsa. Solo se salvan los que me he puesto en los últimos seis meses. Lo mismo ocurre con las camisetas, los pantalones... Luego abro las cajas y observo la ropa del verano anterior. También hago limpia.

Se me olvido que te olvide.
Como nunca te encontré
entre las sombras escondidas.
Y la verdad no sé porqué
se me olvido te olvide,
a mí que nada se me olvida.

Un poco de coca-cola, un suspiro y lo peor: probarme la ropa de la temporada pasada. Este vestido me sirve, esto se ha pasado de moda... Entre bolero y bolero escucho unas risas conocidas. Miro de reojo y descubro a mis hijos escondidos al lado de la cama.
-¿Te podemos ayudar? -preguntan.
-Aquí no, pero si queréis podéis ir haciendo limpia de juguetes en vuestros cuartos.

Día de orden, de caos, de organización, de limpieza... Día agotador... Y de fondo, El Cigala.

Qué te importa que te ame
Si tú no me quieres ya
El amor que ya ha pasado
No se debe recordar.

viernes, mayo 22, 2009

Pies para qué os quiero

Intento rozar la perfección pero mi cuerpo averiado me lo complica en exceso. Mi gran talón de Aquiles son los pies (suena a guasa pero es verdad). Tras cientos de dolores y dos operaciones (¡con clavo incluido!) sigo siendo esclava de ellos. Ayer, emocionada por los "súper divinos e ideales" zapatos -ay, qué recursi que soy- que me compré para el primer modelo de la comunión de Diego y que al final no estrené, decidí inaugurar la temporada de verano. Llegué a trabajar con una altura 11 centímetros mayor de lo habitual y luciendo palmito. Sí, muy mona, hasta que los pies empezaron a martirizarme. "¡Ay, que los zapatos "súper divinos e ideales" me han hecho una herida en mi minidedo anular!", lloré en mitad de la redacción. "Carmen, ¿tienes una tirita? -rogué dolorida- No lo soporto más". Y tuve suerte. Volví a la hora de comer a casa con mi tirita y mi andar zancudo. Desesperada, opté por cambiarme de modelo zapatil.
Esta mañana, entre gritos de "¡¡chicos, que no llegamos al cole!!" me he percatado de que mi pie herido no me permitía calzarme. Por fin he localizado unas sandalias de tira que dejaban mis horrorosos dedos al aire y entre las tostadas de Diego y las galletas de Álvaro me he pintado las uñas de los pies.
Todo iba perfecto hasta que me he detenido en la puerta del periódico.
-Emma, ¿qué te pasa? -me ha preguntado Alonso con cara perpleja.
-No te lo vas a creer.
-Emma, no empecemos. ¿Qué te ocurre?
-Que se me ha roto el zapato.
-¿Cómo que se te ha roto?
-Sí, se ha despegado la tira. Mira, mira, no puedo caminar con ellos.
-Anda, vete a casa y cámbiate.
-Sí hombre, con el atascazo que hay los viernes. Me niego. A grandes problemas, grandes soluciones -dictaminé y me retiré el zapato roto, lo metí en el bolso y muy digna entré descalza en el periódico.
-Tápame, Alonso, tápame.
-¿Pero cómo quieres que te tape los pies? -preguntaba atónito.
Descalza pasé por el torno de seguridad, subí las escaleras, recorrí el pasillo y anduve por toda la redacción.
-¿Qué te ocurre, Emma? -me preguntó Carmen al ver mis andares de coja.
-Se me ha roto una sandalia. ¿Me dejas tu grapadora? -supliqué con mi pie descalzo y mi zapato en la mano.
La operación grapa aguantó toda la tarde. Con mis andares amorfos recogí a Diego del colegio, seleccioné las fotos de la comunión y corrí a por Álvaro que estaba en una fiesta de cumpleaños.
Todo parecía tranquilo hasta que una madre entró en el recinto de bolas gritando.
-¿Alguien ha dejado un coche en doble fila? -preguntó sofocada.
-Sí, yo... -contesté con cara de culpable.
-Corre a moverlo. El autobús no puede girar y se ha montado un atasco enorme.
Y corrí lo que pude. Y las grapas de las sandalias saltaron. Y todos los coches pitaban. Y los conductores me miraban con ojos de insulto. Y no era capaz de introducir la llave en el contacto. Y los pitidos me estaban volviendo loca. Y pedía disculpas con una risa histérica... ¡Y me dolían los pies!
Ay, ¡qué he hecho yo para merecer esto!

jueves, mayo 21, 2009

Un gran tipo

La pregunta flotaba en el aire: ¿qué pasó con Alonso el día de la Comunión?
Los días anteriores al gran evento la tensión deambulaba por la casa. Mi mente solo pensaba en los aperitivos, los centros de flores, la decoración del jardín... y la de Alonso intentaba resolver el problemón con la enfermedad su padre. La distancia entre nuestros planetas era de años luz.
Sin embargo el gran día Alonso se transformó, disfrutó de la comunión de su hijo, estuvo pendiente de todos los invitados, ejerció de camarero e hizo que todo el mundo se lo pasara bien. Claro, mi suegra, pobriña mía, ayudó mucho (aguantó el tipo por su nieto y escondió durante unas horas su dolor).
-Emma, ha quedado todo perfecto, deberías montar una empresa de eventos y celebraciones - me elogió mi Alonso a las cinco de la mañana mientras recogíamos los restos de la fiesta- Así por lo menos le sacábamos beneficio.
-No es mala idea -contesté y mi mente empezó a mascar la posibilidad.
No sé cómo pero la conjunción de los astros logró que todo saliera de maravilla y, oh, milagro, evitó la disolución de nuestro matrimonio (uff, qué tranquilidad).
Ahora, tras la paliza de los últimos días, me siento un poco perdida, con demasiado tiempo y sin grandes cosas que hacer.
Y de pronto me acuerdo de los favores que me han pedido: el vecino que redacte una carta a la Junta Municipal para que reconviertan nuestra calle en doble sentido; el AMPA del colegio que diseñe unos carteles para las próximas conferencias; Pedro un texto de Malevos para una revista; Gonzalo, un díptico para la comunión de un amigo suyo; Gema, una pancarta de 3 metros... Vamos, que no me puedo quejar, pero ¿cómo le digo a Alonso que en breve voy a invitar un fin de semana a todos los primos de Diego y Álvaro a dormir en casa? Por ahora me callaré. ¿Podré?

domingo, mayo 17, 2009

Su gran día



El titular está claro: "La Comunión de Diego fue un auténtico éxito". Con la modestia que me caracteriza debo reconocer que salió todo de maravilla. Los invitados disfrutaron, el protagonista más, el tiempo fue fantástico (aguantamos en el jardín hasta las cuatro de la mañana sin ponernos una chaqueta), los niños devoraron la tarta de chuches; los adultos, mis manjares gastronómicos (¡si casi no sobró comida!); las copas nos entonaron a todos; los peques organizaron una "guerra" en la planta baja... Pero vayamos por partes.
El sábado, tras la paliza de los dos días anteriores, llegó con los nervios pellizcando nuestros estómagos. Aún había que emplatar la comida y rematar los detalles del jardín. A las dos finalizamos la misión y nos arreglamos para el gran día de Diego vestido de marinero. En la iglesia nos bombardearon a fotos. Empezó la ceremonia. El cura, un cachondo, nos hizo reír durante toda la homilia. Diego nos miraba emocionado desde el altar. Al terminar, corrió a intercambiar recordatorios con sus amigos y poco a poco los familiares cogieron sus coches.
-Ana, prepárate, en breve llegarán los invitados -dije a la cuidadora de los niños desde el móvil.
Diez, quince, veinte... Al final, 34 personas invadieron la casa y elogiaron lo bonito que había quedado todo. Mi padre actuó como somelier. Ana y yo seguíamos las pautas del menú que (ay, qué lista soy) colgué en la cocina para saber qué platos debíamos ir sacando. Diego, emocionado, abrió todos sus regalos. Después, todos los niños se abalanzaron a la mesa infantil para devorar los aperitivos.
Canapés, brochetas de salmón, salmorejo, tortilla con emulsión de pimientos, rollitos, pulpo a la gallega, jamón ibérico, chorizo, salchichón, guacamole, yakitoris con salsa agridulce...
-¡Emma, la cena ha sido deliciosa! -dijo mi tío Marcos.
-¡Pero si esto sólo es el aperitivo! -exclamé.
Ensalada de piña, merluza a la romana, solomillos de cerdo con salsa de pasas y patatas parís...
-¡Vamos a explotar! -gritó mi cuñado.
Y reí al ver como poco a poco la comida desaparecía de los platos.
Ring, ring, llamaron a la puerta. Por fin llegó la pizza de los niños que devoraron a toda velocidad.
-Y ahora, bajad todos los pequeños al jardín, que voy a darle a Diego su sorpresa -ordené a los infantes.
Descendí con la tarta de chuches (¡tres horas tardé en elaborarla!) y los gritos de emoción y elogios casi me hacen llorar. Diego, feliz, desenvolvió su tarta y me abrazó emocionado.
Los pequeños se atiborraban de chuches y los mayores degustamos el tartare de mascarpone con frutas del bosque y las trufas.
Luego, las copas, las risas, las conversaciones, los niños corriendo por toda la casa, desbartando los juguetes, jugando a la Wii...
-Mamá, ha sido genial -musitó Diego a las cuatro de la mañana.
-Sí, ha sido fantástico -asintieron Alejandro y Pablo, los amigos de Diego que se quedaron a dormir en casa.

Un éxito. Aunque, como suele ocurrir, echamos de menos a dos personas fantásticas: mi suegro, que se recupera muy poquito a poco de su ictus, y mi abuela, que hubiera disfrutado como nadie e incluso nos hubiera cantado un tango.

LAS FOTOS DEL GRAN DÍA (cliquear sobre la imagen para que se amplíe)

PD. Domingo. Estamos todos agotados. "Diego, ¿te gustó tu fiesta?", le preguntó con cara cansada. "Sí, mamá, me encantó, aunque la mejor fiesta eres tú". "Ay, qué cursi, pero ven que te como a besos"

sábado, mayo 16, 2009

Avance 1

4:30 de la mañana. La fiesta de la comunión de Diego acaba de terminar. No tengo fuerzas. Estoy rota. Por ahora, un pequeño ramillete de fotos. Mañana más. Me voy a dormir. Soy un as.

lunes, mayo 11, 2009

Control asfáltico

"¡No puede ser!", grité el viernes al abrir la puerta de casa y comprobar que toda la calle estaba levantada por la obras, repleta de contenedores y grúas que perforaban el asfalto. Intenté sofocar mi taquicardia y corrí a hablar con el jefe de obra.
-Buenos días -le dije con el corazón acelerado.
-Hola -me contestó el operario sumergido en su casco amarillo y con un chaleco fosforito.
-Perdone, ¿hasta cuándo van a estar con la calle levantada?
-Uff, no sé, tenemos que hacer una zanja en el lateral, cambiar unas tuberías y...
-Pero, ¿cuándo creen que terminarán?
-No sé, la semana que viene.
-A ver, es que el sábado celebro en casa la comunión de mi hijo y no me gustaría que la calle estuviese así...
-¿Mañana?
-No, el siguiente sábado.
-Bueno, tranquila, yo creo que terminaremos el jueves o el viernes.
-Eso espero. De todas formas, muchas gracias.
Esta noche las pesadillas han invadido mis sueños y han generado grandes dudas estilísticas: ¿está bien el vestido que me he comprado?, ¿no son demasiado informales los zapatos?... Rápidamente he decidido ir a ver otro modelito (siermpre me ocurre: en cada evento me compro dos vestidos). He salido a la calle, los contenedores seguían delante de mi puerta, la grúa agujereaba el asfalto, pero para mi sorpresa todos los operarios me han saludado con educación, me han deseado un buen día y han parado las máquinas para que pudiera sacar mi coche con facilidad. ¿Pensarán que estoy loca? No, por suerte es gente educada y seguro que finalizan antes del gran evento, además no lloverá y el sol lucirá... ¡Anda que no soy optimista!

Pd. Tengo un vestido nuevo. Ay, mi marido me va a matar.

viernes, mayo 08, 2009

Tesoro de amigos

Falta una semana para el gran evento, la comunión de Diego, y no paro de hacer cosas. Puedo desvelar algunos detalles, aunque las imágenes de todo lo que he elaborado no saldrán a la luz hasta el 17 de mayo para no desvelar los secretos a los lectores del blog que acudan a la fiesta.
Intentar ser perfecta es agotador. Tras diseñar los recordatorios y cortarlos en la guillotina, imprimí las tarjetas. "Ay, les falta un toque de distinción", gruñí al verlas. Rápidamente, Icíar me obsequió con un maletín repleto de tijeras con cientos de cortes distintos. Después de varios tijeretazos envolví los detallitos de las mujeres (¡ay, qué monos me han quedado!) y reservé unas cuantas etiquetas para... (top secret, secreto sumarial).
Al día siguiente me lancé como una compradora compulsiva a la busca y captura de mi vestido. No tardé en encontrarlo, pero localizar el conjunto de complementos y zapatos me estaba histerizando. "Venga, Emma, tranquila, nos vamos luego a la hora de la comida. Seguro que lo solucionamos", me dijo Cristina. Y acertó. A las cinco de la tarde mi coche estaba repleto de zapatos, pendientes, collares, chales...
El menú ha sido otro quebradero de cabeza. Cada día ponía un plato y quitaba otro, o ponía dos más y no retiraba ninguno.
-Alonso -le informé a las once de la noche cuando los niños estaban dormidos- me voy.
-¿Dónde vas a estas horas? -preguntó intrigado.
-He quedado con Pedro para definir el menú y que me dé consejos. No tardo nada.
Pedro me guió por el buen camino y a la una y media de la mañana perfilamos todo el catering.
A la mañana siguiente compré la camisa de Álvaro y los cacharritos para los centros florales de las mesas que tengo que diseñar. A las once y media de la noche repetí las frases del día anterior.
-Alonso, me voy, enseguida vuelvo.
-¿Y ahora dónde vas?
-He quedado con Coque para solucionar lo del postre.
-¿Seguro que no tienes un amante?
-Huy, no... aunque fijo que sería menos agotador que organizar la comunión.
Tras los consejos culinarios de Pedro y Coque, me fui a Makro para comprar los ingredientes, vajillas y bebidas.
Alonso me miró perplejo al ver mi entrada en casa: mil bolsas colgaban de mis brazos, del bolso salían cientos de papeles repletos de menús y mi estado nervioso se palpaba en mis pelos alocados.
-Emma, ¿te has dado cuenta de que tu bolso echa humo? -me preguntó con intriga.
Miré dentro del bolso y omití contestar.
-Venga ayúdame a colocar todo esto -le dije para que olvidara el incidente y no se percatara de que el humo que volaba era de mi tarjeta Visa que está a punto de explotar.

PD. No sé qué tal quedará todo (¡por Dios que no llueva!), pero pase lo que pase mil gracias a Icíar, Cristina, Pedro, Coque y Blanca (su ayuda es top secret). ¡Cuánto valen los amigos!

martes, mayo 05, 2009

Fotos sobre ruedas

Y aquí, las imágenes del día de los karts. ¡Ay, qué estilo tengo!
Espero que Diego haga honor a su apellido ("Alonso") y siga sus pasos.

sábado, mayo 02, 2009

Tratamiento superwoman

Al principio soy dócil e intento cumplir los consejos médicos hasta que noto que no surten efecto. Entonces, me siento y analizo la situación. Sí, los especialistas y mi padre (mi experto quiromasajista) me recomendaron calma, que me relajara para que mis músculos se destensaran. Pero ellos no me conocen, ignoran que lo que más nerviosa me pone es no hacer nada, dejar que el tiempo se escurra sin aprovecharlo, sin que me dé un rendimiento. Decidido, voy a actuar conforme a mi manera de ser: «superwoman hiperactiva».
La noche del jueves, tras el masaje de la médico del periódico y un nolotil, recogí a mis hijos del cole, me traje los clásicos invitados, jugué con ellos... Luego, duchas, cenas... A las 21:45 me miré en el espejo. «Huy, qué mal estás, así no puedes ir a la cena», pensé al verme. En veinte minutos me duché, alisé el pelo, me pinté y a las 22:30 llegaba a Malevos para cenar con Nuria, Mayte y Blanca. Nuestra clásica cita de mujeres mensual. De pronto, los murciélagos dejaron de morder mis músculos y me concedieron el placer de reír entre cervezas, comer las delicias «malévicas» y rematar las risas de féminas con un refrescante gin-tonic que aniquiló las mermadas fuerzas de los animalitos vampíricos.
El viernes, día del trabajador, desperté asustada: las ratas voladoras seguían sin aprisionar mis hombros. Perpleja me fui a trabajar (¡qué pringadita!) y mis hijos se quedaron en casa de unos amigos. A las seis de la tarde corrí al circuito de karts de Los Santos de Humosa. Descubrí a Diego escondido bajo un súper casco, con sus manos al volante y las piernas temblando de nervios. Un pitido indicó la salida. Raudos, pisaron el acelerador y giraron felices por la nueva pista.
-Mamá, yo también quiero conducir -rogó Álvaro.
-Cielo, aún no eres pequeño y no te dejan.
-Pero si conduces tú sí que puedo.
-Pero mis músculos... ¡Que les den! Venga, vamos a sacar un ticket para un kart biplaza.
El volante estaba duro como el hormigón, el casco de Álvaro chocaba contra mis hombros perjudicados, mis intentos de girar en las curvas casi nos sacan del circuito, al acelerador le faltaba «3 en 1»... Pero mi ratón estaba feliz e incluso me dijo que conducía mejor que Fernando Alonso. Salí retorcida del biplaza, los murciélagos hicieron su aparición pero no les permití amargarme.
Parece que mi terapia está funcionando, aunque todavía no me voy a zambullir en el optimismo. Tiempo al tiempo.

jueves, abril 30, 2009

Adicta a "to"

Mis adicciones habituales: coca-cola light, tabaco, helado de tarta de queso, espaguetis carbonara... (el resto de mis adicciones pertenecen al ámbito privado y no es cuestión de desvelarlas en este blog) están perdiendo protagonismo. Gracias a mi malestar continuo y a mis dolores alternos de hombro derecho a hombro izquierdo, me estoy enganchando a mi fisioterapeuta, a la enfermería del periódico, al nolotil y al reflex. Así que mi imagen está perdiendo mucho glamour: mi caminar mantiene su estilo robótico, en vez de oler a Issey Miyake suelto un desagradable tufillo a Reflex y mi bolso está invadido por distintos analgésicos y relajantes musculares.
Ahora entiendo perfectamente al doctor House y casi lo veo como modelo a seguir: en breve mi malhumor irá en aumento (y cuando quiero ser desagradable no me aguanto ni yo), mi mala leche se multiplicará por mil (¡que tiemble el mundo, que lo mío sí que va a ser una pandemia de gritos!) e incluso me puedo convertir en adicta a cualquier medicamento que alivie mis dolores. Pero qué malita estoy y qué poquito me quejo.

domingo, abril 26, 2009

Sábado madrugador

Abro los ojos, miro el reloj y reafirmo mi alto grado de imbecilidad. ¿A quién se le ocurre despertarse un sábado a las ocho de la mañana? Pues a mí que tengo el ciclo de sueño totalmente desbaratado. Giro mi cuerpo enfadado y analizo el trasiego nocturno de mi loca familia. Diego y Álvaro se acurrucan junto a mí; Alonso ha huido ante la invasión infantil. Muevo mi hombro forrado de esparadrapo, no siento un gran dolor y decido aprovechar la situación. Salto de la cama, me ducho y me voy a la galería comercial. Rosa, la frutera, se sorprende al ver que soy la primera clienta. ¿Te has caído de la cama?, me pregunta sonriente. Manolo, el carnicero, y Fernando, el pollero, me repiten la pregunta y a todos les contesto afirmativamente.
A las diez, entre mimos, despierto a todos mis hombres y corremos a la piscina. De allí, al fútbol (jugaron mejor que nunca, perdieron como siempre).
A la hora de la comida apareció mi hermano Pepe.
-Hermanita, espero que me hayas preparado algo rico. Tengo un hambre...
-Te va a encantar. Os vais a comer a un italiano.
-¿Pero tú no vienes?
-No, que sino no quepo en el vestido para el bodorrio.
Entre risas y mofándose de mí, el sector masculino partió y aproveché para darme un baño relajante, peinarme, quitarme los esparadrapos y restaurar con potingues mi cara cansada.
A las seis me embutí como una butifarra en el traje y nos fuimos a la boda de mi primo Javier con Verónica. Nos lo pasamos de maravilla, conocí a familiares fantásticos, también a personajes peculiares, reí una barbaridad (¡cuánto lo necesitaba!), comí (placer divino), bebí, bailé y disfruté de una gran fiesta.
Ahora mi hombro se resiente de nuevo, las ojeras se han multiplicado, el cansancio me invade sin compasión, mis pies lloran por los taconazos de ayer.... Ay, ¡qué mayor estoy!

viernes, abril 24, 2009

Escenas de pareja

Prueba superada. Después de una semana a base de comer judías verdes, cenar judías verdes y no desayunar (me estoy planteando registrar mi dieta), quepo en el vestido para el bodorrio de mañana. Y menos mal, porque con el pastón que me estoy gastando en mis mejoras personales y lo que me va a generar la comunión de Diego no estoy como para comprarme otro modelito. Y encima este cúmulo de situaciones está agravando mi relación de pareja.
-¿Qué tal el día? -pregunta mi Alonso con el cansancio reflejado en sus canas.
-Bien, he estado con Gregorio y me ha dado mi masaje semanal. Fíjate, estoy tan mal que me ha colocado estos esparadrapos estilo Beckam. Me ha dicho que es lo último de lo último.
-Pero si tú no eres deportista.
-Ya, pero, pero... Bueno, qué pesadito estás hoy. Además, he escogido las de color rosa para ir más divina.
-Si te mejoran algo... Por cierto, mañana tengo una comida.
-Huy, qué bien, porque yo tampoco podré venir a casa.
-¿Y eso?
-Tengo hora con Patricia.
-¿Y esa quién es?
-Pues la esteticién.
-Ah, ¿y qué te va a hacer?
-Nada, cosas de mujeres. Y pasado tengo cita con Antonio.
-¿Antonio?
-Sí, el dentista, tengo limpieza de boca.
-Vives como una reina.
-No, querido, si viviera como una reina no tendría todo el cuerpo contracturado, ni sufriría tanto con las tensiones y contrataría el catering de El Bulli. Oye, ¿has pensado lo de las mesas?
-¿Qué mesas?
-Pues las de la comunión de tu hijo...
-No mentes el tema, no mentes el tema, a ver si me voy de viaje ese fin de semana...
-Vale, tú vete de viaje, pero no cuentes con volver, querido.
-Ay, qué poco sentido del humor tienes, querida.
-Sí, querido, si como le he dicho a una amiga: el 16 Diego hace la comunión y el 17 me separo.
-Te noto muy guasona.
-No lo sabes bien, amor.

sábado, abril 18, 2009

¿Rectangular o redonda?

Despierto dolorida por la tensión y la "paliza" que me dio Gregorio. Tengo mil cosas que hacer, pero mi cuerpo desestructurado se niega a seguir mis órdenes. De acuerdo, le digo un poco molesta, hoy descansaremos.
Ring, ring
Descuelgo.
-XXXXX
-¿Pero qué me quieres decir con XXXXX?
-Que el arreglo del coche nos va a costar XXXXX (no pongo la cifra porque mi abuela siempre me dijo que hablar de dinero era de mala educación, que conste).
-¡¡¡#@!!#)!!!, ¡así cómo me voy a relajar!, ¡y justo ahora que tenemos la comunión de Diego! Malditos coches...
-Bueno, relájate.
-Pues no sé cómo. Por cierto, tengo serias dudas sobre la decoración del jardín. Tú qué pondrías: ¿una mesa rectangular o varias mesas redondas? Claro, que como voy a alquilar más de veinte sillas no sé si la mesa grande se comería mucho espacio para que la gente pueda ir al buffet y...
-Emma...
-Y también tengo que decidir si contrato catering o hago yo toda la comida. Aunque ahora que me has dicho lo que nos va costar la reparación del puñetero coche casi que lo hago yo. No sé, porque...
-Emma...
-Ya, si sé que es un follón pero...
-Emma, déjate de rollos y nos vamos a un restaurante.
-No, no...
-Si ya sabes que a mí lo de la comunión...
-Ves, no se puede hablar contigo.
-Pero.
-Hijo, no me entiendes.
-Pero si como siempre vas a hacer lo que tú quieras.
-Ya, ya lo sé, ¿pero qué pongo una mesa rectangular o varias redondas?...
Seguí con mis dudas y contracturas todo el día. Diego, como todos los viernes, invitó a su amigo Alejandro.
-Chicos, portaros muy bien que yo estoy fatal. ¿De acuerdo?
Ambos asintieron y Álvaro se unió a su afirmación.
Ding, dong
Al estilo C3PO abrí la puerta y observé a Stéphan, Alba y Valentina.
-¿Podemos entrar para jugar con Diego y Álvaro? -preguntó el trío al unísono.
Crac, crac, sonaron mis músculos.
-Sí, pero como no os portéis bien... En serio, me encuentro muy mal.
-Tranquila, Emma, seremos buenos.
-Uf, lo dudo.
Pero me equivoqué. Los seis jugaron en el jardín y me dejaron llorar mi malestar. Por la noche el dolor era tan inhumano que me prohibió asistir a la fiesta sorpresa de Félix.
El sábado, con unas ojeras que no sé si algún día desaparecerán, acudí al fútbol y observé con estupefacción como mi hijo corría por el lateral con el balón a sus pies, como el contrario intentaba robársela, como mi hijo saltaba, le regateaba y pasaba a su compañero y: ¡¡¡goool!!!
Salté del banquillo, grité como una histérica y, como mínimo, me ahorré una sesión de fisioterapeuta. Algo es algo

miércoles, abril 15, 2009

Birriosa

Los pocos días de vacaciones se han esfumado. El retorno al trabajo traslada el dolor del hombro derecho al izquierdo. Siento como si una jauría de murciélagos desesperados clavara sus uñas en mis músculos para evitar precipitarse al vacío. Me retuerzo en la silla y elevo los brazos con movimientos estrambóticos para ver si recoloco mi cuerpo. Imposible. Desesperada, acudo al médico del periódico. Cada vez me parezco más al jorobado de Notre-Dame. Me siento y le relato mis males. La médico se levanta, palpa mis hombros y confirma el diagnóstico: "estás totalmente contraturada, se te ha acumulado la tensión en la espalda". "Pues es la primera vez que me ocurre, normalmente en situaciones complicadas me da por adelgazar o engordar, pero esto...", intenté justificarme.
Los murciélagos me atacaron con más fuerza por la noche, tanto que no me dejaron dormir. Desesperada y más neurótica de lo habitual, seguí el consejo de mi hermano: llamé al fisioterapeuta. Acudí a la consulta y dejé mi cuerpo en manos de Gregorio que masajeó con fuerza toda la tensión de mis músculos. "Estás fatal -comentó entre refriega y refriega- ¿estás viviendo alguna situación que te tense". Callé un segundo y de pronto oí como mi boca desembuchaba todos mis males. "Pues no sé, actualmente hay un Ere en mi empresa que afecta a muchos de mis amigos, la situación dentro de la redacción es horrorosa, mi suegro está ingresado porque le ha dado un ictus, celebro la comunión de mi hijo en casa y aún no he preparado nada, tengo una boda dentro de una semana y como no adelgace dos kilos no voy a entrar en el traje, no para de llover, mi hijo está fatal con la dermatitis... Sí, creo que estoy viviendo una situación tensa". Gregorio, mudo por mi relato, asintió e intentó remendar lo irreparable.
El martes le cederé de nuevo mi cuerpo. ¿Será capaz de solucionar mis males?

lunes, abril 13, 2009

C3PO

-¡Nos vamos a la nieve!, ¿te vienes? -gritaron mis hijos emocionados ante la Semana Santa más fría que yo recuerde.
-No, tengo que limpiar el jardín, id vosotros con papá- les contesté sin confesar que estoy "jarta" de nieve, que ya no la soporto, que necesito sol, buen tiempo...
Al cabo de dos horas me observé de arriba abajo: pelos de loca con leves toques florales (más bien pinchos de rosal), jersey gigantesco, pantalón de pintor, calcetines multicolores, zapatillas de deporte... Suspiré. ¡Menuda pinta!, le dije a la tortuga que contoneaba su caparazón por el jardín a la busca y captura de alguna hoja de lechuga... Como siempre no me contestó. De pronto, me acordé de la serie "Mujeres desesperadas" donde doña perfecta arregla sus flores con un delantal de diseño y en una cestita ideal transporta todas las herramientas. ¿Cómo lo hará?, me preguntaba mientras arrastraba por la calle un enorme cubo de basura repleto de hojas secas y rezaba a todos los santos para que no se cruzara en mi camino algún conocido.
El contenedor me recibió con un tufillo asqueroso, abrí la tapa superior e intenté volcar el contenido dentro. ¡Ay, no tengo fuerzas!, lloriqueé en mitad de la carretera. "Tú puedes, nena", me dije para sacar energías de algún sitio y, no sé cómo, lo logré. Tras vaciar más de quince cubos, retirar el pobre árbol que se heló este invierno, arrancar todas las hierbas salvajes, podar los rosales e intentar desatrancar el sumidero del jardín sentí como cada músculo de mi cuerpo gemía.
-¡Menuda paliza te has dado!, ¡estás loca! -Oí decir a toda mi familia.
Intenté mover la cabeza para asentir, pero no pude. Mi cuerpo se agarrotó y se sublevó contra mis órdenes.
Un hilillo de voz salió de mi boca.
-Alonso ponme una coca light, por favor, es mi último deseo antes de morir...
-Tú siempre tan exagerada -contestó con sonrisa picarona.
-¡¡Mamá!! -grité consciente de que ella me mimaría más- ¡No me puedo mover!
-Espera, hija, que te voy a dar un paracetamol de un gramo.
Han pasado dos días donde cada uno de mis movimientos era como los de C3PO, ¡pero oxidado! Y si a mis agujetas le unimos el estrés acumulado durante el último mes "EREtico", la ansiedad de irme con cien niños a una gimkana en el pinar de Carabaña y mi vuelo en tirolina, el resultado es un desastre de mujer... ¡Divinas vacaciones!

lunes, abril 06, 2009

Corazón "partío"


El lunes negro ha comenzado. Los jefes deben informar a los afectados. Incrédula, compruebo que no estoy en la lista del ERE. Tampoco está Alonso. Debería estar contenta, sonreír porque el futuro de mis hijos está garantizado durante un breve plazo de tiempo, porque podré pagar la hipoteca... Pero no es así. La tristeza me invade. Muchos de mis amigos están "nominados": Sandra, Cristina, Ricardo, José Juan, Charo, José Manuel, Marta, Miguel... Tanta, tanta gente con la que he compartido risas y trabajo... Me siento muy mal, muy triste... Y la redacción se percibe rota, repleta de cuerpos desarticulados. Hay que rendir, sacar el trabajo adelante, pero ¿quién tiene fuerzas?

viernes, abril 03, 2009

Desesperados

Jueves 2 de marzo. Empieza la huelga. Me levanto sin dormir, con el estómago cerrado, con los nervios aprisionados en el corazón, con la certeza de que hay que luchar contra la injusticia, con el alma tranquila por defender la dignidad, la honradez, con un deseo incombustible de ser solidaria con mis compañeros, con sus familias...
Dejo a los niños en el cole sin que se percaten del dolor que me está invadiendo. Me reúno con Sandra. Las ojeras muestran nuestra tristeza. Un sonido estrepitoso de pitos nos indica el punto de reunión, la entrada exterior del periódico. Las pancartas invaden la acera y las personas con corazón se animan y solidarizan para intentar evitar nuestro negro futuro. Casi toda la redacción, los buenos, está allí. Sonrío al comprobar que hay gente con valores. Nunca jamás los redactores nos habíamos sumado a una huelga, jamás. Pero ahora todos nos arropamos. Redactores de renombre que valen su peso en oro y con una valía demostrada a lo largo de muchos lustros sujetan las parcartas. Mi alma se encoge al percibir sus lágrimas, su desazón. También veo desfilar a los cobardes, a los que entran refugiados en sus coches o parapetados en un taxi, a la minoría egoísta que respira tranquila porque cree que se va a salvar... Ay, qué ilusos, qué tontos... Vaya, veo entrar con cara avergonzada a una que consideraba amiga... Y a una loca, huy, pero si también se cuela la que lloró el otro día sobre mi hombro.... Pobriña, ella sí que está en la lista... Incluso observo gente que nunca pisa la redacción y hoy hace acto de presencia. Pero son una minoría, una ridícula minoría.
Fuera. Siete horas de pie junto a mis compañeros, siete horas minando mi corazón. Me arrastro rota hasta casa, rota en todos los aspectos, mis lágrimas se deslizan sin consuelo, mi ira enciende la rabia, la decepción me aniquila, la cobardía de algunos... Es el fin.

miércoles, abril 01, 2009

Atroz

Lunes. 4 de la mañana. Llegó sin dormir al polideportivo para apuntar a Diego en la piscina. Puesto 14, se me han adelantado 13. Aún faltan cuatro horas, mucho tiempo. Me meto en el coche con mi abrigo de invierno, mi gorro y mis guantes. Hace frío. Enciendo la calefacción, saco mi coca-cola light y empiezo a leer "Eclipse". No me concentro. Demasiadas cosas que pensar, demasiadas situaciones que analizar. Mi mente me recuerda el primer día que entré en el periódico, un catorce de septiembre de 1992, mi pelo lucía una trencita de colores que me hicieron en París y mi cuerpo transmitía una ilusión desbordante. Poco a poco me hice mi hueco y empecé a conocer gente maravillosa. Una época de muchísimo trabajo, diversión y risas. Tras las prácticas, llegó la colaboración y después de muchas peleas, el contrato fijo. El amor surgió entre esas cuatro paredes, conocí a mi Alonso y en un suspiro nos casamos y creamos nuestra familia. Entre medias, vimos pasar a muchos jefes, unos buenos y otros malos, compañeros, nacimientos y defunciones de suplementos y productos periodísticos... También, con gran dolor, fallecieron amigos. Ha pasado mucho desde entonces y siento como mi ilusión se ha esfumado por el camino. La especie humana hay veces que descuartiza el alma.
6 de la mañana. Noto que el sueño me ataca. Salgo del coche, enciendo un cigarro y paseo por la calle. Dos personas en la cola trabajan con su portátil, otros toman café caliente de su termo. A las ocho y diez consigo la plaza para Diego en el horario que quería.
Somnolienta llego a casa a ver a mis peques antes de que partan hacia al cole. Intento descansar. No puedo. Aparco el coche en el parking del periódico y subo por la escalera que tantos años he pisado con mi ánimo arrastrándose tras de mí. Las noticias turban más mi mente. Todos me hablan y no encuentro fuerzas para contestar. Siento que la paredes de la redacción se estrechan y los nervios aprisionan mi estómago.

Martes. Acudo con Álvaro al hospital para ver qué tal han ido las pruebas de alergia. Cada vez peor: alérgico a todos los frutos secos y a cientos de plantas (arizónicas, plátanos, chopos...). Miró a mi "ratón" y siento haberle transmitido mis genes defectuosos. En ABC sigue la convocatoria de huelga, las conversaciones entre el comité y la empresa son continuas, nuestros representantes cada vez están más agotados, las opiniones son divergentes, los de taller se revolucionan, los que se creen empresa intentan contaminar... Un panorama desolador.

Miércoles. Hoy he dormido. Me levanto nerviosa, mi estado natural últimamente, y opto por arreglarme. "Al mal tiempo, buena cara", pienso al alisarme el pelo y pintarme la raya del ojo. Antes de salir me conecto al correo del trabajo. Me recibe un e-mail de la Dirección, hacen su última propuesta antes de la presentación del ERE. Con desánimo, repto hasta el periódico. Hoy va ser un día duro. Mañana comienza la huelga. Los directivos se reúnen y transmiten su presión, en la calle se concentra la redacción... De pronto, veo a un personajillo, el típico que ha subido como la espuma por ser un pelota (ay, qué fina soy), sonríe, sabe que él está a salvo, que puede respirar tranquilo. Y no lo entiendo. No comprendo cómo se puede sonreír, ¿no se da cuenta del drama que se va a producir?, ¿no es capaz de entender el sufrimiento personal que va a vivir muchísima gente?... Todo pinta negro. Si te echan porque estás en el paro, y si no, porque sabes que va a afectar a gente a la que quieres....

domingo, marzo 29, 2009

Piedras oníricas

"Piedras oníricas"
Domingo. El frío ha vuelto. Comemos en el italiano. Los clásicos dominan la mesa: penne para Álvaro, calzone para Diego y de postre, un tiramisú para Alonso. JF se va al hospital.
-Mamá, ¿podemos ver la tele?
-No.
-¿Jugar a la Wii?
-No. Diego, llama a Stéphan y vete con él en bici a buscar piedras.
-¿Piedras? -pregunta Diego con desidia.
-Sí, piedras.
Vuelven con la mochila cargada. Saco las témperas y creamos las "piedras oníricas". Las horas pasan y ellos se divierten.

Los artistas

Después, dos partidas de Rummy. Cada vez juegan mejor. Me ganan. La radio suena de fondo. Escuchan los pitidos que anuncian que son las ocho.
-¿Podemos ver la tele? -suplican con ojos entornados.
-Sí, ahora sí.
-¡Uff! -resoplan con emoción y trotan escaleras abajo.

viernes, marzo 27, 2009

La piscina

Pensé que el cúmulo de estrés había llegado a su punto álgido, pero me equivoqué. La apertura del nuevo centro deportivo me ha generado una ansiedad incontrolable.
Tras las pruebas de nivel de natación de mis hijos debía inscribirlos en la nueva piscina. El martes era el turno de Álvaro. Ningún problema, pensé yo, mañana iré a primera hora.
Ring, ring.
-Emma, me han dicho que la gente está acudiendo prontísimo a hacer cola para matricular a los niños -me explicó Yolanda.
-¿En serio?
-Sí. Jesús va a ir a las seis y media de la mañana para inscribir a David.
-¿En serio? -repetí atónita y horrorizada al vislumbrar el madrugón que me tendría que dar (¡que yo soy un búho!)
-O incluso antes.
-Pues si no te importa, dile a Jesús que cuando yo llegué me acercaré a él y me haré pasar por su mujer.
-Vale, de acuerdo.
Por la noche coloqué tres despertadores en mi mesilla. Sonaron a las 6:45, salté de la cama, me duché y acudí con mi cara somnolienta al centro deportivo. Según bajé del coche...
-Emma, esto es surrealista. Hay un tío que ha venido a las dos de la mañana con una hamaca y una manta. Yo he llegado a las 6:45, me he apuntado en la lista y no me han dejado inscribirte. Soy el número 42. -me explicó Jesús.
Del susto se me quitó el sueño y me apunté en la famosa lista (¡estoy de listas: lista del ERE, lista de espera para la residencia de rehabilitación, lista de la piscina...!).
-¿En qué puesto estás? -preguntó Jesús.
-El 60.
-¡Qué mal rollo!
A las ocho comenzó la inscripción. Las marujas neuróticas (puestos 4, 5, 6 y 7) gritaron que el primer grupo del martes y jueves ya estaba cerrado.
Sms: "Jesús, te voy a dar disimuladamente los papeles de Álvaro. Intenta colarle. Me veo sin plaza"
Al rato, como un carterista del centro de Madrid, Jesús pasó a mi lado y se llevó mis papeles.
Pasada media hora:
-Por favor, me guardan la plaza, voy a salir a fumar un cigarro -expliqué al señor número 59 y 61.
-Sí, tranquila -contestaron con educación.
Encendí mi pitillo, me alejé un poco de la entrada y llamé por teléfono:
-Jesús, matricula a Álvaro a las 11:05 del sábado y domingo, que a las 10:00 no coincide con Diego.
-Entendido. -contestó desde la terrorífica cola.
Jesús pasó al mostrador de inscripciones, mis nervios se agarraron al estómago. El 59 y 61 me hablaban. Yo no me enterba de nada. Salió, me miró y negó con la cabeza.
-Imposible, Emma. Solo dejan matricular a los propios hijos, he intentado decir que vivíamos juntos, que eras mi segunda pareja... pero me han solicitado el certificado de convivencia.
-Bueno, tú tranquilo.
Veinte minutos hablando y llegó mi turno.
¡¡¡Lo conseguí, Álvaro tiene plaza los sábados y domingos a las 11:05!!
Salimos súper contentos, Alonso apareció después de dejar a los niños en el colegio y nos fuimos los tres a tomar un copioso desayuno y reírnos de todas nuestras hazañas matutinas.
E-mail: "Emma, Jesús ha vuelto a la piscina, ha cambiado el horario de los peques para que coincidan con los tuyos. Besos. Yolanda"
¡¡Bien!!

Y el lunes tengo que matricular a Diego... ¡¡Qué horror!!, ¿a qué hora pongo el despertador?, ¿conseguiré plaza?... ¡¡Qué estrés!!

viernes, marzo 20, 2009

Blanco y negro


BLANCO:
"Operación garbanzo"
El fin de semana pasado nos reunimos casi todo el grupo de amigos del colegio y acudimos a León para comer el famoso cocido maragato. El sábado compartimos vicios: algunos saborearon las especialidades leonesas en Astorga y otros jugaron al golf. A las cinco nos reunimos frente a la puerta de la catedral de León. Tras la visita, acudimos a casa de Chema y Leticia, los anfitriones. No hay palabras para describir el fantástico chalet en el que viven: al contemplar el vestidor soltamos unos cuantos gritos (anuncio de Heineken), mi envidia insana apareció al descubrir la inmensa estantería que abarcaba las dos plantas, una cocina de ensueño, una despensa de lujo... "Me siento como si estuviera en la serie Miami Vice", comentó Antonio al observar el jardín.
Los niños corrieron al ala de juegos infantiles (más que ala, alerón). Chema se colocó su delantal de rayas y comenzó a dar instrucciones culinarias: "Mayte, corta las aceitunas en rodajitas", "Nuria, extiende la sobrasada sobre las tostas y coloca encima un poco de brie"... Las risas, anécdotas y el buen vino amenizaron el trabajo: dar la cena a los infantes y poner la mesa para los padres.
Llegó la calma y aprovechamos para degustar los manjares elaborados por Chema: empanada, pizza, tostas, embutido... David, mientras, nos fotografiaba para trasladarnos a otro tiempo con su pda... Y la noche se escurrió con dulzura y con la promesa de repetir en breve.
Al día siguiente, en Castrillo de Polvazares, saboreamos el famoso y copioso cocido maragato de Casa Maruja. Rebosantes de comida volvimos a nuestros lugares de origen con la sonrisa pegada a la cara y la felicidad de haber vivido un fantástico fin de semana con la mejor compañía posible.
¡Todo un éxito!


NEGRO:
Ictus
Pero la felicidad nos duró poco tiempo. La vuelta al trabajo nos sumergió de nuevo en el ERE, el monotema que nos está amargando la vida y sobrellevamos con dignidad. Pero lo peor estaba por llegar. "Emma, me acaba de llamar mi hermano, a mi padre le ha dado un ictus (infarto cerebral)", dijo Alonso al acercarse a mi mesa. Y... y no tuve palabras que decir... y vi como corría al hospital... y sentí el miedo... y noté como los pilares que sustentan mi vida empezaban a tambalearse (familia, trabajo...)... y el miedo aumentaba... y deseo que acabe este mes de marzo, este negro mes de marzo.

domingo, marzo 08, 2009

Resumen del finde

Manuela cumple cuatro años. ¡¡Bien!!


Viernes. Cena de primos para celebrar el cumpleaños de mi abuela Mary. Un éxito.

Sábado. Acudo por la mañana a trabajar y por la tarde a la celebración del cumpleaños de Manuela. Los niños enloquecieron con los hamsters. Los adultos, con el fútbol. El empate evitó que la sangre llegara al río. Mi pobre Alonso, solo frente a la marabunta.

Domingo. Luce el sol. El buenhumor me invade. Diego, el as del balón, marca un golazo y ganan el partido por 4-1. La emoción nos lleva al nuevo restaurante italiano que han abierto al lado de casa. Antes de traer la cuenta les abandono para venir a trabajar. Pasan cinco minutos. Suena el teléfono.

-Emma, casi me mato -me cuenta Alonso.
-¿Qué ha pasado?
-Me he dado un golpe en el pasillo del restaurante.
-¿Qué?
-Me he despistado mirando la zona de la cocina y me he estampado contra un poste. Tengo la ceja rota y estoy mareado.
-Espera, que voy a casa.
-No, ya estoy mejor.
-¡No os puedo dejar solos! Deberías ir al médico.
-Me he puesto hielo y me ha bajado el hinchazón.
Pasan tres minutos. Vuelvo a llamar.
-En serio que estoy bien, Emma.
Diez minutos. Llama Álvaro.
-Mamá, papá ya está mejor.
Miro en el twitter y mi Alonso relata su aventura: “Casi me parto la crisma al salir de un restaurante. La ceja rota, como en un combate de boxeo. El oponente era un poste que no he visto”

PD. En cuanto le vea, si se deja, le hago una foto. Esta noche dormiré con Rocky Balboa...